La Organización Meteorológica Mundial confirma una concentración histórica de CO₂ en 2025 y advierte que el intenso fenómeno de El Niño de 2026 podría acelerar su acumulación en la atmósfera.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Karem Díaz S.
La concentración de los principales gases de efecto invernadero volvió a alcanzar niveles históricos durante 2025, según el nuevo Boletín sobre los Gases de Efecto Invernadero presentado este 27 de octubre de 2026 por la Organización Meteorológica Mundial (OMM), organismo especializado de Naciones Unidas. El informe advierte que el dióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso continúan acumulándose en la atmósfera, mientras un episodio excepcionalmente intenso de El Niño amenaza con agravar el desequilibrio climático.
Las mediciones sitúan la concentración media mundial de dióxido de carbono (CO₂) en 426,8 partes por millón durante 2025, frente a las 377,5 partes por millón registradas en 2004. La cifra representa aproximadamente un 53 % más que los niveles preindustriales y confirma que la atmósfera sigue incorporando cantidades crecientes de gases capaces de retener calor.
La advertencia adquiere especial importancia porque el calentamiento acumulado coincide con una fase extraordinariamente intensa de El Niño, cuya evolución durante los últimos meses de 2026 podría modificar las precipitaciones, intensificar las temperaturas y reducir temporalmente la capacidad de determinados ecosistemas para absorber carbono.
El dióxido de carbono continúa acumulándose en la atmósfera
La subsecretaria general de la OMM, Ko Barrett, explicó durante una comparecencia en Ginebra que las concentraciones de gases de efecto invernadero de larga permanencia siguen aumentando y que cada incremento adicional de dióxido de carbono contribuye a retener más energía en el sistema climático.
El problema no depende únicamente de las emisiones producidas durante un año determinado. El CO₂ puede permanecer durante períodos extremadamente prolongados en el sistema climático, de manera que las emisiones actuales se suman a las acumuladas durante generaciones anteriores.
Esta persistencia ayuda a explicar por qué alcanzar las emisiones netas cero no produciría un enfriamiento inmediato del planeta. La respuesta climática depende tanto de la reducción de nuevas emisiones como del comportamiento del carbono que ya permanece en la atmósfera y los océanos.
La OMM también confirmó nuevos máximos para el metano y el óxido nitroso, otros dos gases que contribuyen significativamente al calentamiento global. Aunque sus concentraciones son inferiores a las del dióxido de carbono, sus propiedades físicas y su capacidad para absorber radiación infrarroja los convierten en componentes importantes del balance energético terrestre.
El Niño podría impulsar un nuevo aumento del CO₂ durante 2026
Una de las principales preocupaciones expresadas por los especialistas está relacionada con la evolución de El Niño, el fenómeno climático natural caracterizado por un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental.
La OMM prevé que el episodio actual alcance una intensidad excepcional hacia finales de 2026. Sus proyecciones indican que las anomalías de temperatura superficial del mar podrían situarse alrededor de 3,8 grados Celsius por encima de los valores normales durante el período comprendido entre noviembre de 2026 y enero de 2027.
Esta previsión supera los valores observados durante algunos de los episodios más intensos documentados y plantea incertidumbres importantes sobre la magnitud de sus efectos regionales.
El fenómeno ya había motivado advertencias sobre el aumento del riesgo de extremos climáticos asociado con El Niño, especialmente por sus efectos sobre la distribución de las lluvias y las temperaturas.
Sin embargo, la nueva evaluación incorpora una preocupación adicional: las alteraciones climáticas pueden afectar la capacidad de los ecosistemas naturales para retirar dióxido de carbono de la atmósfera.
Oksana Tarasova, especialista científica de la OMM, explicó que durante los episodios de El Niño las sequías tropicales pueden someter a la vegetación a un estrés considerable. Cuando disminuye la disponibilidad de agua, las plantas pueden reducir su actividad fotosintética y absorber menos carbono.
Al mismo tiempo, las condiciones de calor y sequedad pueden favorecer procesos que liberan carbono almacenado en los ecosistemas terrestres. Esta combinación puede contribuir a un crecimiento más rápido de las concentraciones atmosféricas de CO₂.
Los especialistas subrayan que El Niño no es la causa principal del calentamiento global provocado por las actividades humanas. Se trata de una oscilación natural que puede amplificar temporalmente determinados efectos sobre un planeta que ya presenta temperaturas elevadas.
Los océanos también muestran señales de vulnerabilidad
La capacidad de los océanos para absorber dióxido de carbono constituye otro componente fundamental del equilibrio climático. Durante décadas, las aguas marinas han retirado de la atmósfera una parte considerable del carbono liberado por las actividades humanas.
Sin embargo, el aumento de la temperatura del agua y los cambios en la circulación oceánica pueden modificar ese intercambio. La OMM advierte que existe preocupación por una posible reducción de la absorción de CO₂ en determinadas condiciones de calentamiento.
Las respuestas no son uniformes. Investigaciones recientes sobre el intercambio de carbono entre el océano Índico y la atmósfera han identificado diferencias importantes entre regiones y estaciones, lo que demuestra la complejidad de los mecanismos que regulan los sumideros oceánicos.
La combinación de un océano más cálido, alteraciones en las precipitaciones y cambios en el funcionamiento de los ecosistemas terrestres podría aumentar la proporción del carbono emitido que permanece en la atmósfera.
Esta posibilidad no significa que todos los océanos o bosques estén perdiendo simultáneamente su función como sumideros. La magnitud y duración de los cambios dependen de múltiples factores físicos, químicos y biológicos que continúan bajo observación científica.
Un gas vinculado a la infraestructura eléctrica preocupa a la OMM
El nuevo informe también presta atención al hexafluoruro de azufre (SF₆), un gas sintético utilizado en determinados equipos eléctricos, especialmente en sistemas de aislamiento y conmutación de alta tensión.
Según los datos presentados por la OMM, su concentración atmosférica aumentó un 249 % entre 1995 y 2025. Aunque su abundancia sigue siendo muy inferior a la de los principales gases de efecto invernadero, presenta características que justifican una vigilancia especial.
El SF₆ puede permanecer en la atmósfera durante aproximadamente 3.200 años y posee un potencial de calentamiento global superior a 24.000 veces el del dióxido de carbono cuando se comparan cantidades equivalentes bajo el horizonte temporal utilizado para esta evaluación.
La expansión de las redes eléctricas y de determinadas infraestructuras energéticas hace especialmente importante controlar las fugas, mejorar los sistemas de mantenimiento y desarrollar alternativas tecnológicas que reduzcan la dependencia de este compuesto.
Los responsables de la OMM señalaron que la transición energética sigue siendo necesaria, pero debe acompañarse de una gestión adecuada de los gases industriales utilizados en sus instalaciones.
Más calor acumulado y mayor exposición a fenómenos extremos
El incremento sostenido de los gases de efecto invernadero está modificando el balance energético del planeta. Una mayor cantidad de energía retenida contribuye al calentamiento de la superficie terrestre, la atmósfera y los océanos.
En ese contexto, las olas de calor, las precipitaciones intensas y determinados fenómenos meteorológicos pueden desarrollarse bajo condiciones ambientales más favorables para alcanzar intensidades elevadas.
La relación entre calentamiento global y eventos extremos no implica que cada inundación, sequía o tormenta pueda atribuirse directamente al aumento de CO₂. La influencia del cambio climático sobre acontecimientos concretos requiere análisis específicos de atribución.
La vulnerabilidad también depende de las condiciones locales. Las ciudades con sistemas de drenaje insuficientes, las comunidades expuestas a sequías prolongadas y los territorios con limitada capacidad de respuesta pueden experimentar consecuencias especialmente graves.
Por esta razón, la preparación de las ciudades frente a los extremos climáticos asociados con El Niño incluye tanto infraestructura como sistemas de alerta temprana, planificación territorial y protección de las poblaciones vulnerables.
La vigilancia atmosférica será decisiva durante los próximos meses
La OMM destacó que los resultados del boletín proceden de observaciones reales de la atmósfera y no exclusivamente de simulaciones climáticas. La red internacional de vigilancia permite seguir la evolución de las concentraciones de gases y detectar variaciones relevantes en su ritmo de crecimiento.
Las mediciones de 2025 también plantean interrogantes sobre la respuesta de los sumideros naturales, debido a que el crecimiento del dióxido de carbono fue elevado incluso sin que ese año estuviera dominado por un episodio de El Niño.
Los especialistas consideran necesario continuar investigando cuánto carbono pueden absorber los ecosistemas terrestres y marinos bajo condiciones de calentamiento sostenido y mayor variabilidad climática.
La OMM tiene previsto presentar una actualización sobre el estado del clima mundial durante la COP31, incorporando información sobre las consecuencias del incremento de los gases de efecto invernadero.
Mientras tanto, la evolución de El Niño durante el cierre de 2026 y los primeros meses de 2027 será objeto de especial seguimiento. Las previsiones apuntan a una fase de intensidad extraordinaria, pero sus impactos concretos dependerán de las condiciones atmosféricas y oceánicas de cada región.
El nuevo récord de concentraciones confirma que el calentamiento de origen humano continúa acumulándose en el sistema terrestre. La coincidencia con un episodio excepcional de El Niño añade presión sobre los ecosistemas y refuerza la importancia de las observaciones atmosféricas, la reducción de emisiones y los sistemas de prevención climática.
Fuentes referenciales:
Naciones Unidas en Ginebra — Presentación del Boletín sobre los Gases de Efecto Invernadero, 27 de octubre de 2026
Organización Meteorológica Mundial — Evolución de las temperaturas del Pacífico y fortalecimiento de El Niño, 8 de octubre de 2026
Naciones Unidas — Conferencia conjunta OMM/OCHA sobre los riesgos de El Niño, 21 de octubre de 2026




