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Jueves, 2 de julio de 2026

Panorama Planetario

Estado general del sistema Tierra: océanos cálidos, calor persistente y señales de estrés hídrico.

Resumen ejecutivo

El sistema Tierra llega a julio con señales simultáneas de presión térmica, oceánica e hídrica. Copernicus informó temperaturas marinas excepcionalmente elevadas al cierre de junio, mientras Europa arrastra una ola de calor intensa y varias regiones mantienen riesgos por sequía, incendios o lluvias extremas. La lectura planetaria del día no apunta a un solo evento aislado, sino a una combinación de océanos más cálidos, atmósfera cargada de energía, suelos secos en zonas vulnerables y mayor exposición de poblaciones y ecosistemas a extremos climáticos.

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Temperatura global

La señal térmica sigue alta. Europa cerró junio con calor extremo en varias zonas, y los registros recientes confirman que los episodios cálidos son más frecuentes, más largos y más difíciles de gestionar para ciudades, agricultura y salud pública.

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Océanos

Las temperaturas superficiales del mar se mantienen como una alerta central. Mares más cálidos aportan energía y humedad a la atmósfera, favorecen tormentas más intensas y aumentan el estrés sobre arrecifes, pesquerías y ecosistemas costeros.

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CO₂ atmosférico

La concentración de dióxido de carbono continúa siendo el trasfondo estructural del calentamiento. Su persistencia prolonga el desequilibrio energético del planeta y refuerza la tendencia de calor acumulado en océanos y continentes.

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Hielo polar

Copernicus mantiene bajo observación el hielo marino ártico y antártico, con extensiones recientes por debajo de promedios históricos. Menos hielo reduce reflectividad, acelera absorción de calor y afecta hábitats polares.

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Incendios

Las altas temperaturas, los suelos secos y la vegetación estresada elevan el riesgo de incendios en regiones mediterráneas, boreales y subtropicales. El fuego ya no es solo un fenómeno estacional: se ha vuelto un indicador de vulnerabilidad territorial.

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Sequías

El estrés hídrico sigue afectando agricultura, abastecimiento urbano y ecosistemas. En zonas donde las lluvias no compensan la evaporación, la sequía avanza aunque existan episodios puntuales de precipitación intensa.

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Tormentas y extremos

Una atmósfera más cálida puede retener más vapor de agua, aumentando la intensidad de lluvias extremas. El riesgo combina inundaciones repentinas, erosión de suelos, daños a infraestructura y presión sobre sistemas de alerta temprana.

Señal planetaria destacada

La señal más importante del día es el calor oceánico. Cuando el océano se calienta de forma persistente, no solo cambia la vida marina: también cambia la atmósfera. Esto puede intensificar tormentas, modificar patrones de lluvia, elevar el estrés costero y aumentar la incertidumbre para pesca, agricultura y planificación urbana.

Perspectiva para los próximos 7–14 días

La vigilancia debe concentrarse en tres ejes: continuidad del calor en Europa y zonas del hemisferio norte, evolución de temperaturas marinas y aparición de extremos de lluvia o sequía. Para autoridades y comunidades, la prioridad práctica es reforzar monitoreo hídrico, prevención de incendios, protección de población vulnerable y lectura diaria de alertas meteorológicas oficiales.

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Cambio climático: el semiárido brasileño puede perder más del 90% de comunidades de mamíferos hacia 2060

La zarigüeya (Didelphis albiventris) es una de las especies que pueden perder completamente sus hábitats en la Caatinga debido a las alteraciones climáticas


AGENCIA FAPESP/DICYT – El panorama de cambio climático que se pronostica en la Caatinga, el bioma semiárido del nordeste de Brasil, es catastrófico para la mayoría de las especies de mamíferos terrestres que habitan en dicha región. En un estudio publicado en la revista Global Change Biology, científicos vinculados a la Universidad de Campinas (Unicamp) y a las universidades federales de Paraíba (UFPB) y de Minas Gerais (UFMG) –las tres en Brasil− prevén la pérdida de especies en un 91,6 % de las comunidades de estos animales de dicho bioma, con un 87 % de las especies que perderán sus hábitats hacia el año 2060.

“Ese es el escenario optimista, en el cual la humanidad cumple el Acuerdo de Paris, reduce las emisiones de gases de efecto invernadero y disminuye el ritmo del calentamiento previsto para las próximas décadas”, explica Mario Ribeiro de Moura, investigador del Instituto de Biología (IB) de la Unicamp apoyado por la FAPESP y coordinador del estudio. El equipo de investigadores cruzó los más recientes pronósticos de temperaturas futuras divulgados por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), con bancos de datos de existencias de especies de mamíferos que habitan en la Caatinga.

Se utilizaron distintos modelos estadísticos para capturar las tolerancias fisiológicas de las especies al clima actual. Dichos modelos se exploraron entonces en futuros escenarios climáticos, con resultados similares entre sí. Para 2060, según el IPCC, las temperaturas medias subirían 2,7 °C en el norte de América del Sur, con un aumento de 21 días secos consecutivos en la estación seca.

Toda vez que son necesarios miles o millones de años para que los animales se adapten a cambios tan drásticos, los modelos apuntan que solamente algunas pocas especies encontrarían otras áreas climáticamente adecuadas en el futuro, entre ellas los armadillos, los agutíes y los venados, todas de gran porte. Pero ciertas especies de primates, por ejemplo, perderían sus áreas adecuadas.

Pequeños mamíferos cuyos ejemplares adultos pesan menos de un kilo se ubicarán entre los más damnificados. Estos animales constituyen el 54 % de los mamíferos de la Caatinga. En total, 12 especies (un 12,8 %) perderían completamente sus hábitats en 2060, en el escenario más optimista. No obstante, de acuerdo con el modelo más pesimista, serían 28 especies (un 30 %) sin áreas adecuadas hacia el año 2100.

Tatu galinha UFMG (<i>foto: Mário R. Moura/Unicamp</i>)» src=»https://agencia.fapesp.br/files/upload/50015/wiedomys-pyrrhorhinos-01-itaguacu-da-bahia-bahia-sarah-mangia.jpg»><br><em>Rato-bico-de-lacre</em> (rata de nariz lacre, <em>Wiedomys pyrrhorhinos</em>), una especie que forma parte del 54 % de pequeños mamíferos que se verán más perjudicados con los cambios climáticos en la Caatinga (<em>foto: Sarah Mangia</em>)</p>



<p class=Entre los pequeños roedores y marsupiales, animales tales como la marmosa grácil ágil (Gracilinanus agilis), el rato-da-árvore (rata de árbol, Rhipidomys mastacalis) y el rato-de-espinho (rata de espina, Trinomys albispinus) serán algunos de los más perjudicados.

“Para el 70 % de las comunidades de mamíferos habrá una homogeneización, con pocas especies generalistas que reemplazarán a aquellas que son raras y especialistas. Esto implica una pérdida de funciones ecológicas como la dispersión de semillas, y todo el ecosistema se volverá menos resiliente”, comenta Ribeiro de Moura.

En un trabajo anterior, Ribeiro de Moura y otros coautores también utilizaron modelos estadísticos y bancos de datos para prever de qué manera se verían afectadas las plantas de la Caatinga por el cambio climático.

Entre los resultados, también está prevista una homogeneización del 40 % de las comunidades de plantas, con un reemplazo de especies arbóreas por gramíneas, por ejemplo (lea más en: agencia.fapesp.br/44892).

La zona de transición

Ribeiro de Moura explica que aun cuando los mamíferos puedan modificar sus comportamientos para escapar de las temperaturas más altas, muchas especies podrán utilizar el período del día con clima más llevadero al mismo tiempo, y esto puede generar una mayor competencia por recursos, lo que también puede tener efectos sobre las chances de supervivencia.

En todos los escenarios, la parte más afectada del bioma se ubica en el este. En dicha área se sitúa la transición con el Bosque Atlántico. La mayor humedad proveniente de la costa genera como una de sus consecuencias que vivan allí más especies. “Esta también es la parte de la Caatinga en donde se encuentran las mayores ciudades de la región. El desmonte, la caza y otras prácticas históricas contribuyen para que la situación sea aún más complicada allí, lo que puede amplificar los efectos del cambio climático”, afirma el investigador.

Por eso, los autores sostienen que el éxito de las políticas socioambientales y de la planificación de la conservación a largo plazo depende de que se contemplen los pronósticos sobre la biodiversidad.

Aparte del proyecto coordinado por Ribeiro de Moura, este trabajo contó con financiación a través de una Ayuda de Investigación otorgada a Mathias Mistretta Pires, docente del IB-Unicamp y coautor del artículo.