La región europea se calienta a más del doble de la media mundial y las olas de calor ya son crisis recurrentes, más frecuentes, intensas y duraderas.
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
La Organización Mundial de la Salud, OMS, advirtió que la prevención funciona frente a las olas de calor que afectan a Europa, una región que se calienta a un ritmo superior al doble de la media mundial. La organización llamó a reforzar planes de acción, sistemas de alerta temprana, espacios climatizados y medidas de protección para los colectivos más vulnerables.
Hans Kluge, director de la Oficina Regional de la OMS para Europa, señaló durante una rueda de prensa celebrada el 30 de junio que las olas de calor ya no son episodios aislados ni excepcionales. Son crisis recurrentes, cada vez más frecuentes, más intensas y más duraderas.
Europa frente a un riesgo climático creciente
El calor extremo se ha convertido en uno de los riesgos climáticos más visibles del continente. La región europea registra un calentamiento más rápido que el promedio global, una tendencia que ya se refleja en episodios térmicos más tempranos, prolongados y peligrosos para la salud pública.
Este contexto confirma lo que distintos análisis climáticos recientes vienen mostrando: Europa se calienta más rápido que otras regiones y enfrenta veranos con mayor presión sobre ciudades, sistemas sanitarios, infraestructura, energía, trabajo al aire libre y población vulnerable.
Planes de calor que salvan vidas
Kluge subrayó que los planes de acción frente al calor, los sistemas de alerta temprana, los espacios climatizados y las iniciativas para contactar a personas vulnerables no son trámites burocráticos. Son herramientas que ya están salvando vidas durante los episodios actuales.
La OMS indicó que, en la ola de calor europea de 2023, las muertes relacionadas con el calor habrían sido un 80 % más elevadas sin las medidas de adaptación implantadas. En personas de 80 años o más, el número de fallecimientos podría haber sido el doble.
Sin embargo, la organización alertó que cerca de la mitad de los países de la región europea todavía no cuenta con un plan integral de salud frente al calor. Esa brecha deja a millones de personas más expuestas durante eventos extremos.
Medidas básicas para reducir riesgos
La OMS insistió en acciones simples pero decisivas: mantenerse hidratado, evitar la exposición al sol durante las horas centrales del día, buscar lugares frescos y prestar atención especial a personas mayores, pacientes crónicos, niños pequeños, trabajadores al aire libre y otros grupos vulnerables.
La prevención también incluye reducir actividad física intensa durante los picos térmicos, ventilar viviendas cuando la temperatura exterior baja, revisar el estado de personas solas y actuar rápido ante síntomas de agotamiento, mareo, confusión o golpe de calor.
El riesgo sanitario aumenta cuando el calor se prolonga durante varios días y las noches no ofrecen alivio. En ese escenario, el cuerpo pierde capacidad de recuperación, una situación ya observada en episodios de estrés por calor extremo que afectan a más población mundial.
Ejemplos de adaptación urbana
La OMS citó como buenas prácticas la ampliación de refugios climáticos en Barcelona, la activación en París de sistemas de seguimiento para personas mayores y vulnerables, y las restricciones al trabajo al aire libre durante las horas de mayor calor en algunas regiones italianas.
Estas medidas muestran que la adaptación requiere coordinación entre salud pública, protección civil, municipios, servicios sociales, meteorología, vivienda, transporte y trabajo. No basta con emitir alertas: es necesario llegar a quienes tienen menos capacidad de protegerse.
Las ciudades concentran parte del problema porque acumulan calor en superficies, edificios y calles. Por eso, la planificación urbana, la sombra, el arbolado, los refugios frescos y el acceso al agua son elementos centrales frente a olas de calor más intensas.
Presión sobre los sistemas sanitarios
La organización también alertó sobre la presión que soportan los sistemas sanitarios. En Francia, las llamadas a servicios de emergencias médicas aumentaron hasta un 50 % en algunas ciudades. En Londres, el servicio de ambulancias registró la semana anterior el mayor número de avisos por emergencias potencialmente mortales en un solo día.
En España, el sistema de monitorización de la mortalidad estimaba ya más de 300 muertes en exceso asociadas al calor en apenas unos días. Según la OMS, alrededor del 60 % de los ingresos hospitalarios tras la atención en urgencias durante esta ola de calor corresponde a personas de 75 años o más.
La exposición al calor puede agravar enfermedades cardiovasculares, respiratorias y renales, además de causar deshidratación, agotamiento y golpe de calor. El impacto puede aumentar cuando coincide con contaminación atmosférica, como muestran investigaciones sobre mortalidad durante olas de calor.
Prepararse para episodios más severos
La Oficina Regional de la OMS para Europa anunció una reunión para el 6 de julio con responsables nacionales de emergencias, medio ambiente y cambio climático. El objetivo será extraer lecciones de la emergencia actual, evaluar la respuesta de los países y reforzar la preparación frente a futuros episodios.
La OMS considera que los eventos venideros pueden ser aún más severos. En ese escenario, la prevención sanitaria debe combinarse con adaptación climática, reducción de emisiones, mejora de alertas tempranas y protección de las personas que viven solas, trabajan al aire libre o habitan viviendas mal preparadas para el calor extremo.
El mensaje central es que el calor ya no puede tratarse como una molestia estacional. En una Europa que se calienta rápidamente, cada verano exige preparación anticipada, respuesta coordinada y medidas concretas para evitar muertes prevenibles.
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