Un informe científico de 2026 advierte que los bebés y adolescentes de Australia y Nueva Zelanda enfrentan una creciente exposición al calor extremo y consecuencias para su bienestar emocional. La exposición a las olas de calor entre los grupos más vulnerables ha aumentado más del 60 % durante la última década.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Karem Díaz S.
El cambio climático está afectando cada vez más la salud física y emocional de niños y adolescentes en Australia y Nueva Zelanda. Un informe científico publicado el 29 de octubre de 2026 advierte que el aumento de las olas de calor, las restricciones para realizar actividades al aire libre y la preocupación por las consecuencias del calentamiento global están generando riesgos especialmente importantes para las generaciones más jóvenes.
La evaluación corresponde al informe regional de Oceanía de 2026 del programa MJA–Lancet Countdown sobre salud y cambio climático, elaborado por investigadores encabezados por Paul J. Beggs, profesor de la Universidad Macquarie, en Australia.
El documento, publicado en la revista científica Medical Journal of Australia, revela que la exposición a las olas de calor entre bebés y adultos mayores de Australia y Nueva Zelanda ha sido más del 60 % superior durante la última década respecto a los niveles registrados a comienzos de siglo, como consecuencia del cambio climático.
El informe también incorpora los resultados de una encuesta realizada a 16.230 adolescentes australianos de entre 14 y 19 años. Aproximadamente la mitad manifestó sentimientos de preocupación o tristeza relacionados con el cambio climático y sus efectos.
Alrededor de uno de cada siete participantes indicó que esas emociones estaban afectando negativamente su vida cotidiana.
Los resultados muestran que las consecuencias del calentamiento global no se limitan a los cambios ambientales, sino que también alcanzan la salud, las actividades diarias y el bienestar psicológico de las personas más jóvenes.
La exposición de los bebés a las olas de calor aumentó más del 60 %
Uno de los principales resultados del informe es el incremento de la exposición al calor extremo entre dos grupos especialmente vulnerables: los bebés y las personas mayores.
Los investigadores encontraron que la exposición a las olas de calor durante la última década fue más del 60 % superior a la registrada a comienzos del siglo XXI en Australia y Nueva Zelanda.
El indicador refleja una modificación importante de las condiciones climáticas a las que se enfrentan estas poblaciones.
Los bebés presentan una vulnerabilidad particular frente al calor porque sus mecanismos de regulación térmica todavía están en desarrollo y dependen de los adultos para mantener condiciones ambientales seguras.
Las temperaturas elevadas pueden incrementar el riesgo de deshidratación, agotamiento por calor y otras complicaciones, especialmente cuando coinciden con condiciones de humedad elevada o exposición prolongada.
La investigación también advierte que el aumento de los episodios cálidos reduce las oportunidades de realizar actividades físicas seguras al aire libre.
Este efecto puede resultar especialmente relevante para niños y adolescentes, cuya actividad física cotidiana depende en parte de espacios abiertos, instalaciones deportivas y entornos escolares.
La exposición al calor extremo también forma parte de una tendencia global más amplia. Investigaciones sobre el aumento de la población mundial sometida a estrés térmico peligroso han documentado cómo las condiciones de calor intenso afectan a una proporción creciente de habitantes del planeta.
El calor extremo también limita las actividades infantiles
Las consecuencias de las temperaturas elevadas no aparecen únicamente cuando se producen enfermedades relacionadas directamente con el calor.
Los investigadores señalan que el aumento de las olas de calor puede reducir la participación en actividades al aire libre y limitar las oportunidades de realizar ejercicio físico en condiciones seguras.
Durante episodios de calor intenso, las escuelas, familias y organizaciones deportivas pueden necesitar modificar horarios, reducir la duración de las actividades o trasladarlas a espacios protegidos.
Estas adaptaciones pueden disminuir la exposición inmediata a temperaturas peligrosas, aunque también muestran cómo el cambio climático está alterando actividades habituales de la infancia.
La intensidad de los efectos depende de las condiciones locales, la infraestructura disponible y la capacidad de las comunidades para responder a los riesgos.
Las viviendas con aislamiento insuficiente, la falta de sombra y la ausencia de espacios frescos pueden incrementar la exposición, especialmente durante periodos prolongados de temperaturas elevadas.
La experiencia de otras regiones demuestra que la preparación frente al calor requiere medidas que vayan más allá de la reducción de emisiones. Los análisis sobre la necesidad de desarrollar planes de adaptación para proteger vidas durante las olas de calor destacan la importancia de anticipar los riesgos y adecuar las infraestructuras y los servicios públicos.
En el caso de la infancia, estas medidas pueden incluir protocolos escolares, acceso a agua potable, áreas sombreadas y sistemas de alerta que permitan modificar las actividades antes de alcanzar condiciones peligrosas.
La preocupación climática afecta a miles de adolescentes australianos
El informe también examina las repercusiones emocionales del cambio climático sobre la población adolescente.
Los investigadores incorporaron los resultados de una encuesta realizada a 16.230 jóvenes australianos de entre 14 y 19 años.
Aproximadamente el 50 % de los participantes declaró sentirse preocupado o triste por el cambio climático y sus consecuencias.
El dato muestra que la percepción de los riesgos ambientales forma parte de las preocupaciones de una proporción importante de adolescentes.
Sin embargo, sentir preocupación por el cambio climático no equivale necesariamente a presentar un trastorno psicológico.
La inquietud ante amenazas ambientales puede constituir una respuesta emocional comprensible frente a información sobre fenómenos extremos, deterioro de ecosistemas y cambios en las condiciones de vida.
El informe identifica una dimensión adicional: aproximadamente uno de cada siete adolescentes encuestados afirmó que esas emociones estaban afectando negativamente sus actividades cotidianas.
Este resultado sugiere que, para una parte de la población juvenil, la preocupación climática puede convertirse en una carga emocional con consecuencias prácticas.
La encuesta permite conocer las experiencias declaradas por los participantes, pero no demuestra que el cambio climático haya causado directamente un trastorno mental específico en cada adolescente.
La salud mental se incorpora al debate sobre adaptación climática
Las evaluaciones tradicionales de los efectos sanitarios del cambio climático suelen concentrarse en mortalidad, enfermedades infecciosas, lesiones relacionadas con fenómenos extremos y exposición a temperaturas peligrosas.
El informe de Oceanía destaca que el bienestar psicológico también debe considerarse al diseñar respuestas de salud pública.
Los niños y adolescentes pueden experimentar preocupación por acontecimientos ambientales actuales y por las condiciones que podrían enfrentar durante su vida adulta.
La percepción de riesgos futuros, la exposición a noticias sobre desastres y las experiencias personales relacionadas con fenómenos extremos pueden influir en la manera en que los jóvenes interpretan el cambio climático.
No obstante, la intensidad de estas respuestas varía considerablemente entre personas y comunidades.
El estudio no permite afirmar que todos los adolescentes reaccionen de la misma manera ni que la preocupación climática tenga siempre consecuencias negativas.
La información recopilada respalda la necesidad de reconocer estas experiencias dentro de las políticas de salud, educación y adaptación.
Entre las posibles respuestas se encuentran mejorar el acceso a información científica comprensible, fortalecer el apoyo psicológico cuando sea necesario y facilitar la participación de los jóvenes en iniciativas de adaptación ambiental.
Estas medidas deben evaluarse según su eficacia y adaptarse a las necesidades de cada población.
Australia afronta elevados costos asociados a la mortalidad por calor
El informe también cuantifica parte de las consecuencias económicas del aumento de las temperaturas.
En Australia, la mortalidad relacionada con el calor estuvo asociada a costos estimados que promediaron 1.490 millones de dólares estadounidenses anuales entre 2021 y 2025.
Según los investigadores, esta cifra supera en más del doble los costos correspondientes a comienzos de siglo, después de ajustar las comparaciones por inflación.
La estimación refleja el valor económico atribuido a la mortalidad asociada al calor dentro de la metodología utilizada por el informe.
No debe interpretarse como una cantidad equivalente al gasto hospitalario directo ni como una medición de todos los daños económicos provocados por el cambio climático.
El aumento de estos costos muestra que la exposición térmica también representa un desafío para la planificación económica y sanitaria.
El profesor Paul Beggs, investigador principal del informe, destacó que el cambio climático constituye una amenaza sanitaria y económica creciente.
El especialista subrayó la importancia de invertir en mitigación y adaptación para proteger la salud de la población y reducir los costos futuros.
La preocupación coincide con las conclusiones de una evaluación internacional de Lancet Countdown sobre el costo humano de la inacción climática, que identificó un incremento de los riesgos sanitarios relacionados con el calor, la contaminación atmosférica y otros impactos ambientales.
Los sistemas de salud necesitan prepararse para un clima más cálido
La evaluación reconoce que Australia y Nueva Zelanda han registrado avances en determinados aspectos de la respuesta climática, pero considera que todavía existen importantes necesidades de reducción de emisiones y adaptación.
Los investigadores advierten que los sistemas sanitarios deben prepararse para atender las consecuencias de una exposición creciente a temperaturas extremas.
La planificación requiere considerar tanto los episodios agudos de calor como los efectos acumulados sobre la población.
Entre las prioridades se encuentran identificar grupos vulnerables, mejorar los sistemas de alerta temprana y fortalecer la coordinación entre servicios meteorológicos, autoridades sanitarias y comunidades.
La protección de niños pequeños y personas mayores necesita medidas específicas porque su capacidad para evitar la exposición puede depender de familiares, cuidadores e instituciones.
También es importante que las estrategias de adaptación contemplen las diferencias sociales y territoriales.
Las consecuencias de una ola de calor pueden ser distintas entre hogares con acceso a refrigeración y viviendas que carecen de condiciones adecuadas para mantener temperaturas interiores seguras.
La preparación sanitaria debe integrar, por tanto, información climática y datos sobre las características de las poblaciones expuestas.
El cambio climático puede afectar la infancia por múltiples vías
El aumento de las temperaturas constituye uno de los mecanismos más visibles mediante los cuales el cambio climático afecta a los niños, pero no es el único.
Los cambios en las precipitaciones, los fenómenos meteorológicos extremos y las alteraciones de los ecosistemas también pueden influir sobre las condiciones de vida y la salud infantil.
En determinadas regiones, las inundaciones pueden interrumpir el funcionamiento de escuelas y servicios sanitarios, mientras que las sequías pueden afectar la disponibilidad de agua y alimentos.
La intensidad de estos efectos depende de las condiciones ambientales, económicas y sociales de cada territorio.
Una investigación desarrollada en comunidades costeras de 36 países examinó la relación entre las olas de calor marinas y diversos indicadores de salud infantil, identificando asociaciones con problemas nutricionales y de supervivencia en poblaciones vulnerables.
Este tipo de resultados amplía la comprensión de los riesgos climáticos porque muestra que los efectos sobre la infancia también pueden producirse mediante cambios en los sistemas naturales de los que dependen los alimentos y los medios de vida.
Sin embargo, los mecanismos y la magnitud de los impactos no son iguales en todos los lugares.
El informe de Oceanía se concentra específicamente en Australia y Nueva Zelanda, por lo que sus indicadores cuantitativos no deben extrapolarse automáticamente a otros países.
La COP31 representa una oportunidad para priorizar la salud
Los autores relacionan sus conclusiones con las negociaciones internacionales sobre cambio climático previstas para 2026.
Australia desempeña un papel relevante como presidenta de las negociaciones de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, COP31.
El equipo científico considera que esta responsabilidad ofrece una oportunidad para situar las consecuencias sanitarias del calentamiento global entre las prioridades de la cooperación internacional.
Paul Beggs destacó que la protección de la salud debe formar parte de los compromisos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y mejorar la capacidad de adaptación.
El informe plantea que la respuesta climática debe reconocer las consecuencias actuales del calentamiento y no limitarse a proyecciones de impactos futuros.
Los resultados sobre exposición infantil al calor y preocupación emocional entre adolescentes muestran que algunas de esas consecuencias ya pueden documentarse mediante indicadores sanitarios y encuestas.
Las decisiones internacionales sobre mitigación y adaptación pueden influir en la magnitud de los riesgos que enfrentarán las próximas generaciones.
No obstante, el informe no establece que una medida política aislada sea suficiente para eliminar las amenazas identificadas.
La reducción de emisiones, la adaptación de los servicios sanitarios y la protección de comunidades vulnerables forman parte de respuestas complementarias.
Una generación que enfrentará décadas de exposición climática
El informe de 2026 lleva en su título una advertencia central: los niños ya están experimentando consecuencias del cambio climático y todavía tienen por delante toda una vida de exposición potencial a sus efectos.
Esta perspectiva diferencia la situación de las generaciones jóvenes de la de otros grupos de edad.
Los bebés y adolescentes actuales vivirán durante las próximas décadas, cuando la evolución de las temperaturas dependerá tanto de las emisiones futuras como de las medidas de adaptación que se adopten.
La investigación no pretende determinar el destino individual de cada niño, sino documentar riesgos poblacionales que pueden modificarse mediante políticas públicas.
Sus resultados destacan tres dimensiones concretas: el aumento de la exposición al calor extremo, las consecuencias sobre las actividades cotidianas y la preocupación emocional relacionada con el deterioro climático.
La combinación de estos indicadores muestra por qué la protección de la infancia debe formar parte de las estrategias de respuesta al calentamiento global.
Para Australia y Nueva Zelanda, el desafío consiste en transformar la evidencia científica en medidas que reduzcan la exposición, fortalezcan los sistemas sanitarios y permitan a niños y adolescentes desarrollarse en condiciones ambientales más seguras.
Fuentes referenciales:
Beggs, P. J. y colaboradores – The 2026 Oceania Report of the MJA–Lancet Countdown on Health and Climate Change: Children Already Impacted, With a Lifetime of Exposure to Come. Medical Journal of Australia (2026)
Universidad Macquarie / Phys.org – Children bear the brunt of climate change, warns new report, 29 de octubre de 2026




