Un estudio en Nature propone usar almacenamiento temporal de carbono para compensar contaminantes de vida corta como el metano
Redactor: Luis Ortega
Editor: Eduardo Schmitz
La eliminación temporal de carbono puede tener un papel válido dentro de las políticas climáticas, pero solo si se usa para el tipo correcto de emisiones. Esa es la conclusión central de una investigación publicada en Nature, que plantea una forma más precisa de contabilizar el almacenamiento temporal de carbono frente a contaminantes climáticos de vida corta, especialmente el metano.
El estudio fue realizado por científicos del International Institute for Applied Systems Analysis, Peking University, la Chinese Academy of Sciences, la University of Maryland en Estados Unidos y el Laboratoire des Sciences du Climat et de l’Environnement en Francia. Su propuesta llega en un momento de creciente debate sobre la credibilidad de las compensaciones de carbono, las metas de cero emisiones netas y la dificultad de reducir emisiones persistentes en sectores como la agricultura y la ganadería.
El problema de compensar gases distintos como si fueran iguales
La eliminación de dióxido de carbono, conocida como CDR por sus siglas en inglés, se considera una herramienta importante para alcanzar los objetivos climáticos del Acuerdo de París. Sin embargo, muchas formas actuales de remoción no almacenan carbono de forma permanente, sino durante periodos limitados. Eso ha generado dudas sobre cómo deben tratarse estas soluciones en los mercados de carbono y en los sistemas nacionales de contabilidad climática.
La investigación parte de una distinción clave: el almacenamiento temporal no puede cancelar directamente emisiones de dióxido de carbono. El CO₂ puede permanecer en la atmósfera durante siglos o milenios, por lo que una captura que solo dure unas décadas no equivale físicamente a evitar una emisión fósil. Esta diferencia ya había sido señalada en debates sobre cero emisiones netas y sobre el riesgo de tratar como equivalentes soluciones climáticas que tienen duraciones muy distintas.
El nuevo trabajo no intenta presentar el carbono temporal como una solución general para todo tipo de emisiones. Su pregunta es más precisa: si no sirve para compensar CO₂ de larga permanencia, ¿qué puede compensar de manera legítima y cuantificable?
Una función específica frente al metano
El equipo concluye que la eliminación temporal de carbono encaja mejor con contaminantes climáticos de vida corta, como el metano. La razón es física: el metano tiene una permanencia atmosférica mucho más breve que el dióxido de carbono, y su impacto climático se concentra en escalas temporales más cercanas a las del almacenamiento temporal.
Yue He, autora principal del estudio, investigadora de Peking University y científica invitada en IIASA, explicó que el equipo desarrolló un marco basado en física para identificar dónde la eliminación temporal de dióxido de carbono puede tener un papel válido dentro de la contabilidad climática. El objetivo fue definir no solo lo que esta herramienta no puede hacer, sino también en qué condiciones sí aporta valor climático real.
El enfoque resulta especialmente relevante para las emisiones de metano procedentes de actividades difíciles de eliminar por completo. En sectores como la ganadería, el metano sigue siendo un desafío persistente, y países con industrias pecuarias importantes, como Nueva Zelanda y Brasil, enfrentan límites prácticos para su reducción total en el corto plazo.
Cuánto carbono temporal haría falta
El estudio calculó relaciones concretas de compensación usando métricas climáticas ya incorporadas en sistemas internacionales de reporte, incluidas las utilizadas por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático y la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.
Los autores encontraron que neutralizar el impacto climático de un kilogramo de metano requeriría retirar aproximadamente 498 kilogramos de CO₂ almacenados durante 20 años, por ejemplo en bioplásticos. Si el almacenamiento dura 100 años, como podría ocurrir en materiales duraderos de construcción con madera, la cantidad necesaria bajaría a unos 101 kilogramos de CO₂.
Estos resultados indican que las relaciones de compensación permanecen relativamente estables en distintos horizontes temporales. Esa estabilidad hace que el marco sea potencialmente útil para responsables de política pública, compiladores de inventarios y sistemas que necesitan diferenciar entre contaminantes de vida corta y gases de larga permanencia.
No reemplaza la reducción directa de emisiones
Thomas Gasser, coautor del estudio e investigador sénior de IIASA, subrayó que no todos los gases de efecto invernadero se comportan de la misma manera y que no todo almacenamiento de carbono necesita ser permanente para resultar útil. La condición es que se asigne a las emisiones adecuadas.
La advertencia es importante: el almacenamiento temporal no debe utilizarse como excusa para retrasar reducciones directas cuando esas reducciones son posibles. La investigación plantea que puede complementar la acción climática, no sustituirla. En ese sentido, conecta con la discusión más amplia sobre tecnologías de eliminación de carbono, cuyo despliegue se considera necesario en muchos escenarios, pero no suficiente para resolver el calentamiento global sin recortes profundos de emisiones.
Keywan Riahi, director del programa de Energía, Clima y Medio Ambiente de IIASA y coautor del trabajo, señaló que forzar la eliminación temporal de carbono dentro de un marco diseñado para soluciones permanentes distorsiona la contabilidad y puede socavar los objetivos climáticos. La propuesta del equipo es reconocer un papel legítimo y medible para estas soluciones, particularmente en sectores donde las emisiones son difíciles de abatir.
Un sistema de dos canastas para contar mejor
Para aplicar este enfoque, los investigadores proponen avanzar hacia un sistema de “dos canastas”. En una se tratarían los contaminantes climáticos de vida corta, como el metano. En la otra se ubicarían los gases de larga duración, como el dióxido de carbono. La separación evitaría presentar como equivalentes impactos climáticos que tienen comportamientos atmosféricos distintos.
Este punto es decisivo para los mercados de carbono. Una compensación basada en carbono almacenado durante unas décadas no debería venderse como si neutralizara una emisión fósil de CO₂ que permanecerá durante siglos. Pero sí podría tener valor si se usa para equilibrar emisiones continuas de metano, siempre que el almacenamiento temporal también se mantenga de forma continua en el tiempo.
La investigación también muestra por qué la contabilidad climática necesita más precisión. Las promesas de cero emisiones netas de gobiernos y empresas dependen cada vez más de compensaciones, remociones y tecnologías emergentes. Sin reglas físicas claras, esas estrategias pueden exagerar beneficios o esconder retrasos en la reducción real de emisiones.
Una herramienta útil solo bajo reglas estrictas
El valor del almacenamiento temporal de carbono depende de su uso correcto. Puede contribuir a metas climáticas cuando se vincula a contaminantes de vida corta, se calcula con relaciones transparentes y no sustituye reducciones directas. Fuera de ese marco, puede crear una falsa equivalencia y debilitar la acción climática.
La investigación aporta una vía concreta para ordenar un debate que hasta ahora ha estado marcado por posiciones opuestas: aceptar sin matices las compensaciones temporales o rechazarlas por completo. El marco propuesto permite una lectura intermedia, basada en la duración real de los gases, la permanencia del almacenamiento y el tipo de emisión que se intenta compensar.
En sectores como la agricultura, donde el metano sigue siendo una de las fuentes más difíciles de eliminar por completo, este enfoque podría ofrecer una herramienta adicional. Pero su aplicación exigiría transparencia, continuidad y una separación estricta entre compensar metano y pretender neutralizar emisiones fósiles de CO₂.
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