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Panel de control planetario

Panorama Planetario

Jueves, 16 de julio de 2026

El sistema Tierra entra en la segunda mitad de julio bajo una combinación de calor persistente, océanos excepcionalmente cálidos, retroceso acelerado del hielo marino ártico y acumulación de riesgos por sequía, incendios e inundaciones. La señal dominante es la reorganización del Pacífico tropical alrededor de un episodio de El Niño en fortalecimiento, capaz de modificar lluvias, temperaturas y circulación atmosférica durante los próximos meses.

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Temperatura global

El calor continúa cerca de los máximos históricos

Junio: 2.º más cálido

Junio de 2026 se situó entre los meses de junio más cálidos observados globalmente, mientras Europa occidental registró su junio más caluroso. Las anomalías térmicas siguen elevando la demanda de refrigeración, el estrés fisiológico, la evaporación de suelos y el calentamiento de ríos, lagos y mares costeros.

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Océanos

Las aguas superficiales refuerzan la señal cálida

Pacífico en transición

Las temperaturas de la superficie marina permanecen muy elevadas en varias cuencas. En el Pacífico ecuatorial central y oriental aumentaron las anomalías cálidas, mientras un Niño costero intenso se consolidó frente a Sudamérica. Esto incrementa la energía disponible para lluvias torrenciales y altera ecosistemas, pesquerías y ciclos de nutrientes.

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CO₂ atmosférico

La concentración continúa por encima de 429 ppm

429,06 ppm

El promedio semanal medido en Mauna Loa para la semana iniciada el 5 de julio fue de 429,06 partes por millón, frente a 428,40 ppm un año antes. El promedio mensual de junio alcanzó 431,44 ppm. La variación estacional no altera la trayectoria ascendente de largo plazo impulsada por las emisiones humanas.

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Hielo polar

El Ártico llegó a mínimos diarios durante junio

Retroceso acelerado

La extensión del hielo marino ártico se mantuvo cerca de mínimos históricos y alcanzó valores diarios récord entre el 20 y el 26 de junio. En la Antártida, la extensión media de junio fue la tercera más baja del registro satelital. La evolución de julio será decisiva para el mínimo boreal de septiembre.

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Incendios

Vegetación seca y olas de calor elevan la amenaza

Riesgo alto regional

El sur y el oeste de Europa afrontan condiciones favorables para incendios por calor, baja humedad, viento y combustibles vegetales secos. También requieren vigilancia el oeste de Norteamérica, áreas mediterráneas, el norte de África y zonas boreales. Los sistemas satelitales continúan detectando focos activos y columnas de humo casi en tiempo real.

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Sequías

La falta de humedad presiona ríos, suelos y energía

Europa bajo tensión

La combinación de temperaturas superiores a lo normal y lluvias insuficientes ha reducido caudales y calentado ríos en sectores de Europa occidental y central. El impacto ya alcanza ecosistemas acuáticos, navegación, riego y generación eléctrica. En otras regiones, la transición hacia El Niño obliga a revisar los escenarios de sequía estacional.

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Tormentas y extremos

El aire cálido aumenta la capacidad de producir lluvias intensas

Amenaza multirregional

Asia oriental mantiene riesgo de inundaciones y deslizamientos tras episodios tropicales con precipitaciones persistentes. Los monzones, las tormentas convectivas y los ciclones pueden intensificar impactos cuando coinciden con suelos saturados, cuencas urbanizadas o costas expuestas. La vigilancia debe centrarse tanto en el viento como en la acumulación total de lluvia.

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Agua continental

Ríos más cálidos revelan una crisis que no depende solo del caudal

Estrés térmico hídrico

El calentamiento fluvial reduce el oxígeno disponible, modifica hábitats y limita el uso de agua para refrigeración industrial y energética. La situación europea muestra que la seguridad hídrica exige controlar simultáneamente cantidad, temperatura y calidad, especialmente durante olas de calor prolongadas y periodos de escasa precipitación.

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Señal planetaria destacada

El Niño pasa a ser el principal reorganizador climático de la segunda mitad de 2026

La actualización de julio de la NOAA indica que El Niño continúa y probablemente se fortalecerá hasta finales de 2026, con una probabilidad muy elevada de persistir hasta comienzos de la primavera boreal de 2027. El calentamiento del Pacífico tropical no genera todos los extremos por sí solo, pero puede desplazar corredores de lluvia, modificar temporadas ciclónicas, agravar sequías en algunas regiones y favorecer inundaciones en otras. Su influencia se superpone al calentamiento global de origen humano, por lo que los impactos pueden superar los patrones históricos asociados a episodios anteriores.

Perspectiva para los próximos 7–14 días

La prioridad inmediata será vigilar nuevas olas de calor y el riesgo de incendios en el Mediterráneo y Europa occidental; lluvias intensas, crecidas y deslizamientos en partes de Asia; tormentas convectivas severas en latitudes medias; y la evolución de los ciclones tropicales en el hemisferio norte. El calor oceánico puede sostener noches muy cálidas en zonas costeras y alimentar episodios de precipitación extrema. En el Ártico continuará la pérdida estacional de hielo, mientras la Antártida avanzará en su temporada de crecimiento con una extensión todavía baja para la época. La perspectiva global no implica un desastre uniforme, sino una mayor probabilidad de extremos simultáneos que exigen alertas locales, seguimiento de cuencas y preparación sanitaria y territorial.

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El deshielo de Groenlandia debilita la AMOC, pero sin colapso abrupto


Un nuevo modelo climático publicado en Science Advances incorporó el aporte de agua dulce de Groenlandia y proyectó una circulación atlántica más débil y superficial, aunque sin un punto de inflexión visible hasta 2300.


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz


El deshielo de Groenlandia puede intensificar el debilitamiento de la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico, conocida como AMOC, pero un nuevo modelo climático no encontró señales de un colapso abrupto durante el período simulado hasta el año 2300.

La investigación, publicada en Science Advances, incorporó el flujo adicional de agua dulce procedente de la capa de hielo de Groenlandia en un modelo climático actualizado. El resultado apunta a una AMOC más débil y menos profunda, aunque no a una interrupción total del sistema en los escenarios evaluados.

Por qué la AMOC es clave para el clima

La AMOC funciona como una gran cinta transportadora oceánica. Lleva agua cálida superficial desde los trópicos hacia el Atlántico Norte y devuelve aguas más frías y profundas hacia el sur. En ese proceso redistribuye grandes cantidades de calor, sostiene ecosistemas marinos y ayuda a mantener patrones meteorológicos globales.

Por esa razón, su posible debilitamiento se ha convertido en uno de los asuntos más vigilados por la ciencia climática. Cambios en este sistema pueden afectar el clima europeo, la distribución de lluvias, las tormentas atlánticas, el nivel del mar regional y la estabilidad de ecosistemas marinos.

La preocupación por la circulación atlántica ya ha sido abordada en análisis recientes sobre debilitamiento de la corriente AMOC, donde se explican sus posibles efectos sobre Europa y el clima global.

El papel del agua dulce de Groenlandia

El agua procedente del deshielo reduce la salinidad superficial del Atlántico Norte. Cuando el agua oceánica es menos salada, también pierde densidad y puede hundirse con más dificultad. Ese hundimiento es una parte esencial del mecanismo que mantiene activa la circulación profunda.

Los autores del nuevo estudio señalaron que muchos modelos centrados en la AMOC no incorporan de forma completa el pulso creciente de agua dulce procedente de Groenlandia. Esa omisión puede dejar fuera un factor importante para entender la evolución futura del sistema.

Para evaluar ese efecto, los investigadores utilizaron el modelo climático EC-Earth3, de clase CMIP6, bajo un escenario de emisiones muy altas hasta 2300. Ejecutaron simulaciones emparejadas con y sin aporte adicional de agua dulce de Groenlandia para aislar su contribución.

Una circulación más débil, pero no apagada

El modelo mostró que el agua de deshielo de Groenlandia sí contribuye de manera significativa al debilitamiento de la AMOC, especialmente después de 2100. Sin embargo, no produjo una caída abrupta ni un colapso completo del sistema durante el período simulado.

Los autores estimaron un debilitamiento adicional de alrededor de 1 sverdrup hasta 2100, equivalente a cerca del 10% del debilitamiento inducido por el dióxido de carbono. Bajo forzamiento muy fuerte, ese efecto alcanzó hasta 4 sverdrups hacia 2300, casi el 40% del debilitamiento atribuido al CO₂.

En lugar de apagarse, la AMOC persistió en el modelo, aunque más débil y menos profunda. La investigación también encontró que su debilitamiento se comportó de forma aproximadamente lineal y escaló con las emisiones acumuladas de CO₂ cuando se añadió el agua de deshielo.

Ese resultado matiza escenarios más extremos discutidos en trabajos previos sobre pérdida de fuerza de las corrientes del Atlántico, donde el aumento de agua dulce y precipitaciones aparece como un factor de riesgo para la circulación oceánica.

Sin punto de inflexión visible en este modelo

El estudio abordó una pregunta central: si el debilitamiento inducido por el agua de deshielo presenta características de punto de inflexión, como brusquedad e irreversibilidad. La respuesta del modelo fue negativa para el período analizado.

Los investigadores realizaron experimentos adicionales. En uno, redujeron el CO₂ después de 2250. En otro, apagaron el aporte extra de agua de deshielo. En ambos casos, la AMOC mostró una recuperación gradual en escalas de varios siglos.

En el experimento de reinicio del agua de deshielo, la anomalía de la AMOC a 40°N disminuyó después de 200 años, lo que sugiere que el sistema no quedó bloqueado en un estado irreversible bajo las condiciones simuladas.

Un resultado importante, pero no definitivo

Los autores advirtieron que las conclusiones proceden de un solo modelo climático. Otros modelos pueden transportar el agua de deshielo de forma diferente o representar una estabilidad distinta de la AMOC.

Por eso, proponen repetir pruebas enfocadas en puntos de inflexión en varios modelos climáticos. La finalidad es comprobar si el resultado no abrupto y reversible se mantiene cuando cambian las estructuras del modelo y las rutas del agua dulce.

La vigilancia del Atlántico Norte también se relaciona con fenómenos como la mancha fría cerca de Groenlandia, una anomalía que ha sido interpretada como señal relevante para observar cambios en la circulación oceánica.

Qué implica para el seguimiento climático

El hallazgo no elimina el riesgo asociado al debilitamiento de la AMOC. Una circulación más lenta puede alterar la redistribución de calor, modificar patrones atmosféricos y afectar regiones sensibles del Atlántico Norte.

Lo que el nuevo modelo plantea es una diferencia importante entre debilitamiento progresivo y colapso abrupto. En este escenario, el deshielo de Groenlandia agrava el proceso, pero no dispara una transición súbita hacia el apagado del sistema.

La investigación también refuerza la necesidad de observar el vínculo entre emisiones acumuladas, deshielo polar y circulación oceánica, como ocurre en estudios sobre campañas oceanográficas para estudiar la circulación atlántica.

Fuente(s) referenciales

Phys.org