Un estudio publicado en Ecological Economics proyecta que el deterioro de los arrecifes por el cambio climático afectará actividades recreativas como natación, snorkel y buceo, con mayor impacto en comunidades vulnerables.
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
El deterioro de los arrecifes de coral impulsado por el cambio climático podría costar a los residentes de Hawái entre 1.800 millones y 3.000 millones de dólares en actividades vinculadas a los arrecifes hacia 2100.
La estimación procede de un nuevo estudio publicado en Ecological Economics, que advierte que las pérdidas no se distribuirán de forma uniforme. Las comunidades de menores ingresos y los grupos socialmente desfavorecidos podrían enfrentar impactos desproporcionados.
La investigación fue liderada por científicos de la Universidad de Hawái en Mānoa, desde el College of Tropical Agriculture and Human Resilience, junto con especialistas de la Norwegian University of Life Sciences y la University of Trento.
Arrecifes, economía local y vida cotidiana
Los arrecifes de coral cumplen funciones ecológicas, culturales y económicas en Hawái. Sostienen biodiversidad marina, protegen costas, favorecen actividades recreativas y forman parte de prácticas comunitarias relacionadas con la pesca, la recolección y el cuidado de aguas costeras.
Ashley Lowe Mackenzie, autora principal del estudio y afiliada al Department of Natural Resources and Environmental Management de la Universidad de Hawái en Mānoa, señaló que los arrecifes son fundamentales para la vida en Hawái desde el punto de vista cultural, ecológico y económico.
El deterioro coralino se relaciona con procesos ya observados en otros sistemas marinos, como el blanqueamiento masivo de arrecifes asociado al calentamiento prolongado del océano.
Cómo se calcularon las pérdidas
El equipo utilizó el modelo ecosistémico Atlantis para proyectar cómo cambiará la cobertura de coral en los sistemas arrecifales costeros hasta 2100. Las simulaciones evaluaron tres trayectorias climáticas: bajas, intermedias y altas emisiones globales.
Después, los investigadores conectaron esos cambios ecológicos con un modelo de demanda recreativa. Así estimaron pérdidas económicas para residentes a una resolución de 1 kilómetro, considerando actividades como natación, snorkel y buceo.
Los autores destacaron que la cifra de 1.800 millones a 3.000 millones de dólares representa un piso del daño total, porque solo incluye uso recreativo local y no incorpora todos los valores culturales, ecológicos, turísticos o de protección costera asociados a los arrecifes.
Dónde aparecerían primero los daños
El estudio proyecta que las pérdidas más tempranas y severas se concentrarán en las costas de sotavento, al oeste y sur, de la isla de Hawái y Maui. A mediados de siglo, los impactos recreativos se extenderían hacia el norte, hasta Oʻahu.
Bajo un escenario de altas emisiones, los arrecifes costeros enfrentarían un colapso casi total hacia 2100. En un escenario de bajas emisiones, algunas costas de barlovento, al este y norte, mostrarían señales de recuperación parcial hacia finales de siglo.
La presión climática sobre los corales hawaianos también aparece en investigaciones sobre acidificación de los corales en aguas de Hawái, donde el cambio químico del océano se suma al aumento de temperatura como amenaza para los arrecifes.
Impactos desiguales en comunidades vulnerables
Para evaluar la dimensión social, los investigadores usaron la herramienta de justicia ambiental EJScreen de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos. El análisis mostró que comunidades desfavorecidas pueden enfrentar mayores pérdidas de bienestar por persona.
El resultado es relevante porque los métodos económicos tradicionales suelen proyectar pérdidas monetarias más bajas para grupos de menores ingresos. En este caso, la exposición territorial a zonas con deterioro severo de arrecifes cambia la lectura: las comunidades vulnerables quedarían más expuestas a la pérdida de beneficios cotidianos.
Brian Neilson, administrador de la Hawaiʻi Division of Aquatic Resources, afirmó que perder arrecifes significa perder oportunidades recreativas, prácticas culturales y calidad de vida asociadas a vivir en Hawái.
Gestión local y reducción de presiones
Los hallazgos se conectan con esfuerzos estatales como la Holomua Marine Initiative, que trabaja con comunidades y conocimientos indígenas para diseñar manejo arrecifal específico por sitio.
Kirsten L.L. Oleson, autora sénior y profesora del Department of Natural Resources and Environmental Management, sostuvo que la magnitud de las pérdidas potenciales debe funcionar como una señal de alerta para proteger los ambientes costeros.
La investigadora destacó que la acción local puede lograr avances, especialmente mediante la reducción de contaminación procedente de tierra y la disminución de la sobreexplotación. Esas medidas no sustituyen la reducción global de emisiones, pero pueden mejorar la resiliencia de los arrecifes.
El vínculo entre calentamiento oceánico, ecosistemas marinos y pérdida de servicios ambientales también se observa en análisis sobre temperaturas récord en los océanos, donde las olas de calor marinas aparecen como una amenaza directa para corales y biodiversidad.
Un costo que va más allá del turismo
La investigación no mide solo una pérdida turística. El estudio se centra en actividades locales de residentes, por lo que visibiliza una dimensión cotidiana del deterioro: menos acceso a recreación, menos contacto con el mar y menor continuidad de prácticas culturales vinculadas al arrecife.
La protección de estos ecosistemas también tiene una dimensión climática más amplia. Estudios sobre arrecifes de coral y ciclo del carbono muestran que estos sistemas han tenido un papel relevante en la historia climática de la Tierra.
El estudio fue apoyado por el Ocean Acidification Program de la NOAA y plantea una advertencia concreta: cuanto más avance el deterioro coralino, mayor será el costo económico, cultural y social para las comunidades que dependen de esos ecosistemas.
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