Registros químicos conservados en corales de las islas Galápagos indican que la variabilidad del fenómeno aumentó cerca de un 40 % frente a la era preindustrial
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.
Los episodios de El Niño registrados durante las últimas cuatro décadas han alcanzado una intensidad sin precedentes dentro de los mil años anteriores a la industrialización, según una investigación de la Universidad de Michigan publicada en la revista Science. El estudio reconstruyó la temperatura histórica del Pacífico tropical mediante corales modernos y fósiles de las islas Galápagos, en Ecuador.
El equipo encontró que la variabilidad asociada con El Niño aumentó cerca de un 40 % respecto del periodo preindustrial. La intensificación se produjo en paralelo con el incremento de la temperatura global y resulta especialmente relevante mientras el Pacífico desarrolla un episodio que podría situarse entre los más fuertes del registro moderno.
Los corales conservaron mil años de temperatura oceánica
La investigación fue dirigida por Julia Cole, profesora y responsable del Departamento de Ciencias de la Tierra y Medioambientales de la Universidad de Michigan. Su equipo estudió corales de las Galápagos porque el archipiélago se encuentra en una de las regiones donde El Niño produce sus cambios térmicos más pronunciados.
Los corales construyen sus esqueletos minerales por capas a medida que crecen. La composición química de cada capa conserva información sobre las condiciones del agua circundante, lo que permite reconstruir variaciones oceánicas ocurridas mucho antes de la aparición de instrumentos modernos.
Los investigadores seleccionaron núcleos con al menos 20 años de crecimiento y tomaron muestras separadas por apenas un milímetro. Después analizaron la proporción entre estroncio y calcio, una relación que cambia con la temperatura en la que se formó el esqueleto.
El equipo complementó esta medición con el análisis de isótopos de oxígeno, otro indicador de temperatura en el entorno de las Galápagos. La combinación de ambas señales permitió elaborar una cronología de las variaciones térmicas del Pacífico oriental durante aproximadamente un milenio.
Un cambio marcado apareció después de 1982
La reconstrucción mostró un patrón relativamente estable de episodios menos intensos durante la mayor parte de los últimos mil años. La situación comenzó a cambiar con la industrialización y se volvió especialmente marcada durante los últimos 40 o 50 años.
Después del intenso El Niño de 1982-1983, los registros exhibieron oscilaciones mayores que las observadas en cualquier otro tramo de la cronología. A ese episodio siguieron otros eventos extraordinarios, incluidos los de 1997-1998 y 2015-2016.
La cifra cercana al 40 % describe el aumento de la intensidad o variabilidad del sistema respecto del periodo preindustrial. No significa que cada nuevo episodio sea exactamente un 40 % más fuerte que el anterior ni permite anticipar por sí sola la magnitud de un fenómeno específico.
Cole indicó que los grandes episodios recientes no aparecen como normales dentro del contexto de los últimos mil años. La claridad de la señal llevó al equipo a investigar si algún proceso natural podía haber producido anteriormente una alteración semejante.
Los modelos no reprodujeron el cambio mediante causas naturales
Los científicos utilizaron simulaciones climáticas que representan el último milenio e incorporan factores naturales como las erupciones volcánicas y las variaciones de la actividad solar. Esos modelos no mostraron cambios de magnitud comparable a la intensificación observada recientemente.
La coincidencia entre el fortalecimiento de El Niño y el calentamiento global respalda la hipótesis de que las emisiones humanas están amplificando esta oscilación natural. La investigación no afirma que el calentamiento haya creado El Niño, sino que habría modificado la intensidad con la que se manifiesta.
El resultado introduce una relación en dos direcciones. El Niño puede elevar temporalmente la temperatura media mundial al transferir calor del océano tropical hacia la atmósfera, mientras que el calentamiento acumulado puede proporcionar una base más cálida capaz de reforzar sus extremos.
Esta superposición ya se observa en el sistema oceánico. El reciente récord global de 21,1 °C en la superficie de los océanos coincide con el fortalecimiento de El Niño, aunque el fenómeno natural no explica por sí solo el calor persistente de los mares.
Cómo El Niño reorganiza el clima mundial
En condiciones normales, los vientos alisios empujan las aguas cálidas del Pacífico ecuatorial desde las costas sudamericanas hacia Australia e Indonesia. Cuando esos vientos se debilitan, el agua caliente se desplaza hacia el centro y el este del océano, dando inicio a El Niño.
La atmósfera responde con un desplazamiento de las zonas de nubes y lluvias tropicales. Las precipitaciones pueden avanzar desde Indonesia hacia el Pacífico central, mientras el oeste de la cuenca queda expuesto a condiciones más secas. Esta respuesta puede debilitar aún más los vientos y mantener el episodio durante meses.
Las alteraciones se propagan a través de conexiones atmosféricas que cambian las rutas de las tormentas, las precipitaciones y las temperaturas en regiones alejadas. En Sudamérica, la intensificación de El Niño eleva riesgos distintos según cada territorio: algunas zonas afrontan más probabilidad de lluvias e inundaciones, mientras otras pueden experimentar sequía y calor.
Un episodio más intenso no produce automáticamente el mismo daño en todas partes. Los impactos dependen de la estación, la ubicación, la vulnerabilidad social, el estado de los suelos y ríos, la exposición de las infraestructuras y la interacción con otros patrones meteorológicos.
El episodio de 2026 podría alcanzar una categoría histórica
El estudio paleoclimático fue divulgado mientras El Niño continúa fortaleciéndose en el Pacífico ecuatorial. Las previsiones disponibles señalan una probabilidad elevada de que alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño y el invierno boreales de 2026-2027.
La NOAA estimó una probabilidad superior al 90 % de que el episodio entre en esa categoría durante varios trimestres próximos a su fase máxima. También calculó un 69 % de posibilidades de que el promedio de octubre a diciembre supere la intensidad de todos los eventos incluidos en sus registros desde 1950.
Estas cifras son probabilidades y no un resultado confirmado. Los modelos pueden cambiar al incorporar nuevas observaciones del océano y la atmósfera. El seguimiento de la posible intensidad histórica de El Niño 2026-2027 deberá actualizarse durante los próximos meses.
La fuerza de un episodio suele medirse a partir de la anomalía térmica en regiones definidas del Pacífico, pero esa variable no resume por completo sus consecuencias. La respuesta de los vientos, la presión, las precipitaciones y la ubicación exacta del calentamiento también determina la distribución de los impactos.
Sequías, inundaciones e inseguridad alimentaria
Un El Niño fortalecido puede aumentar las probabilidades de sequía en Australia, Indonesia, el sudeste asiático y partes del sur de África. En otros territorios puede favorecer lluvias intensas, inundaciones y deslizamientos, con efectos sobre viviendas, carreteras, ferrocarriles y sistemas de abastecimiento.
Los cambios en las precipitaciones y la temperatura también alcanzan la agricultura, los recursos hídricos, los incendios forestales y la salud. Una sequía prolongada puede reducir las cosechas y el caudal de los ríos, mientras las inundaciones pueden contaminar el agua, desplazar comunidades y favorecer determinadas enfermedades.
El episodio actual ya se desarrolla sobre un planeta más cálido. La posibilidad de que contribuya a nuevos récords durante 2027 forma parte de los riesgos climáticos asociados con la combinación de El Niño y el calentamiento global.
Julia Cole advirtió que, si el fenómeno se intensifica junto con el aumento sostenido de las temperaturas, también pueden crecer las pérdidas ecológicas, humanas y de infraestructura. La reducción de las emisiones de combustibles fósiles aparece en el estudio como una medida necesaria para evitar que esa amplificación continúe.
La reconstrucción aporta contexto más allá del registro instrumental
Las mediciones directas de la temperatura oceánica abarcan un periodo demasiado breve para evaluar toda la variabilidad natural de El Niño. Los corales extienden esa perspectiva y permiten comparar las últimas décadas con siglos en los que la influencia humana sobre el clima era mucho menor.
Los registros paleoclimáticos tienen incertidumbres y no reproducen cada episodio con la precisión de una boya o un satélite. Su valor reside en mostrar el rango aproximado de comportamiento del sistema durante periodos extensos y determinar si los cambios recientes quedan fuera de ese rango.
La investigación concluye que el fortalecimiento moderno del componente oriental de la oscilación El Niño-Oscilación del Sur no tiene equivalente en el registro coralino del último milenio. Este resultado refuerza la necesidad de combinar reducción de emisiones, pronósticos estacionales y planes de adaptación frente a sequías, inundaciones, incendios y crisis alimentarias.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Science
Universidad de Michigan




