El Met Office proyecta un calentamiento superior a 3 °C en el Pacífico ecuatorial y advierte sobre sequías, lluvias persistentes y alteraciones atmosféricas de alcance mundial
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
El fenómeno de El Niño que se desarrolla durante 2026 podría alcanzar una intensidad sin precedentes en los registros modernos y contribuir a que 2027 se convierta en el año más cálido observado globalmente. La proyección fue divulgada por el Met Office, el servicio meteorológico nacional del Reino Unido, cuyos modelos anticipan anomalías superiores a 3 °C en la región central del Pacífico ecuatorial durante los próximos meses.
Adam Scaife, responsable de predicción a largo plazo del organismo británico, afirmó que nunca había observado una señal de El Niño tan intensa en los pronósticos del Met Office. Un episodio típico produce un aumento de entre 1 y 2 °C en la temperatura superficial del Pacífico ecuatorial, mientras un valor cercano a 2 °C ya se considera muy elevado.
El escenario no constituye todavía una medición definitiva del máximo que alcanzará el fenómeno. Se trata de una previsión estacional que continuará actualizándose a medida que evolucionen el océano, los vientos y la circulación atmosférica durante el segundo semestre de 2026.
El Pacífico muestra una señal térmica excepcional
El Niño se desarrolla cuando las temperaturas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental permanecen por encima del promedio y esos cambios oceánicos se acoplan con la atmósfera. El proceso reorganiza los vientos alisios, la presión y las zonas de formación de lluvias tropicales.
Los pronósticos del sistema GloSea del Met Office muestran valores superiores a 3 °C en la región Niño 3.4, comprendida aproximadamente entre los 5 grados norte y sur del ecuador y los 120 y 170 grados de longitud oeste. Esta área se utiliza habitualmente para seguir la intensidad del fenómeno.
Las observaciones divulgadas durante agosto situaban el calentamiento del Pacífico cerca de 2,6 °C sobre un promedio móvil de 30 años. Algunos conjuntos de pronósticos calculaban un máximo aún mayor para noviembre, aunque esas estimaciones permanecen sujetas a incertidumbre.
La intensificación confirma la tendencia detectada meses antes, cuando El Niño ya figuraba entre los episodios potencialmente más fuertes desde 1950. Desde entonces, los modelos y las observaciones han mostrado una señal oceánica y atmosférica cada vez más marcada.
La expresión “súper El Niño” no es una categoría oficial
Los científicos utilizan criterios basados en la magnitud y persistencia de las anomalías oceánicas para clasificar los episodios como débiles, moderados, fuertes o muy fuertes. Expresiones como “súper El Niño” ayudan a comunicar una intensidad excepcional, pero no forman parte de una categoría operativa universal.
La comparación histórica también depende del indicador, la región oceánica y el periodo de referencia empleados. Por esa razón, la afirmación de que podría ser el mayor episodio en más de un siglo deberá comprobarse con observaciones completas una vez alcanzado y superado su máximo.
El Met Office sostiene, sin embargo, que los valores proyectados superan ampliamente la experiencia reciente. Otros sistemas de predicción muestran señales igualmente extremas, lo que refuerza la necesidad de preparar respuestas incluso mientras se mantiene la vigilancia sobre la incertidumbre.
La evolución coincide con evaluaciones anteriores que ya atribuían una probabilidad elevada a un evento muy fuerte. Un análisis sobre cómo El Niño ganaba intensidad y elevaba el riesgo de extremos globales explicó que una probabilidad alta no constituye una garantía de récord, pero sí una señal relevante para la planificación.
El calentamiento puede impulsar la temperatura mundial en 2027
Los grandes episodios de El Niño liberan más calor del océano hacia la atmósfera y elevan temporalmente la temperatura media mundial. El efecto suele expresarse con mayor claridad durante el año calendario siguiente al máximo invernal del fenómeno.
Nick Dunstone, científico del Met Office, considera muy probable que 2027 reemplace a 2024 como el año más cálido registrado. También proyecta que la temperatura media vuelva a superar temporalmente 1,5 °C respecto al periodo preindustrial.
Una superación anual de ese nivel no significa por sí sola que se haya incumplido definitivamente el objetivo climático de largo plazo del Acuerdo de París, que se evalúa durante periodos prolongados. Sí representa una señal de que el planeta se acerca cada vez más a mantener ese calentamiento de manera persistente.
El Niño no origina el calentamiento global de fondo. Es una oscilación natural que se desarrolla sobre una atmósfera y unos océanos ya calentados por las emisiones humanas de gases de efecto invernadero. Esa superposición permite que un episodio intenso impulse la temperatura hacia valores que no se alcanzaban durante eventos comparables del pasado.
La posibilidad de olas de calor récord durante 2027 depende de esa combinación entre variabilidad natural y calentamiento antropogénico. Los impactos concretos variarán según la circulación regional y la época del año.
La sequía amenaza varias regiones tropicales
El Met Office identifica un riesgo elevado de precipitaciones inferiores a lo normal en América Central, las naciones del Pacífico occidental y sectores de la América del Sur tropical. El monzón de verano de India ya registraba lluvias considerablemente por debajo de la media mientras El Niño continuaba fortaleciéndose.
El riesgo de sequía también aumenta para el sur de África y el noreste de Australia conforme el fenómeno se aproxima a su máximo. Una disminución persistente de las lluvias puede afectar reservas de agua, cultivos, pastizales, generación hidroeléctrica y ecosistemas expuestos al fuego.
Estas señales no significan que todos los territorios mencionados sufrirán sequía simultáneamente ni con la misma intensidad. Otros factores oceánicos y atmosféricos pueden reforzar, desplazar o debilitar la influencia típica de El Niño.
Los pronósticos estacionales expresan cambios en la probabilidad de determinados patrones, no una descripción exacta del tiempo que ocurrirá en cada localidad. Las autoridades necesitarán combinar la señal global con información regional sobre humedad del suelo, embalses, cultivos y vulnerabilidad social.
Perú, Ecuador y el sur de Estados Unidos vigilan las lluvias
El Niño suele favorecer condiciones más húmedas en el Cuerno de África, el sur de Estados Unidos y sectores costeros de Perú y Ecuador. En estos lugares, el riesgo puede desplazarse desde la escasez de agua hacia precipitaciones intensas, inundaciones, deslizamientos y daños en infraestructura.
California ya se encuentra bajo vigilancia debido a que El Niño eleva la probabilidad de lluvias extremas. Aun así, la fuerza del fenómeno no permite anticipar por sí sola dónde caerá cada tormenta ni qué cuencas recibirán los mayores acumulados.
En las regiones andinas, la respuesta depende también del calentamiento cercano a las costas, la circulación atmosférica regional y la estación. Los efectos pueden incluir lluvias torrenciales en algunas zonas y déficits en otras áreas del mismo país.
La preparación requiere revisar sistemas de drenaje, cauces, embalses, carreteras y protocolos de evacuación antes de que comiencen los periodos de mayor riesgo. La atención temprana resulta especialmente importante en asentamientos situados en laderas o planicies inundables.
Europa noroccidental podría afrontar más lluvia y tormentas
La influencia de El Niño se extiende fuera de los trópicos mediante cambios en las corrientes atmosféricas. El Met Office prevé que aumenten las probabilidades de condiciones más húmedas y tormentosas durante el otoño y comienzos del invierno en Europa noroccidental, incluido el Reino Unido.
El organismo espera que esa señal se haga más perceptible alrededor de noviembre. No se trata de un pronóstico diario emitido con meses de antelación, sino de una tendencia hacia condiciones persistentes que pueden favorecer una mayor frecuencia de sistemas lluviosos.
La relación de El Niño con Europa es menos directa que con las regiones tropicales y puede variar de un episodio a otro. La Oscilación del Atlántico Norte, el estado del Ártico y otros patrones pueden modificar la trayectoria de las tormentas.
El Niño también altera la actividad de los ciclones
El calentamiento del Pacífico modifica la circulación en altura y puede influir en las temporadas de ciclones tropicales. En el Atlántico suele aumentar la cizalladura del viento, una diferencia de velocidad o dirección con la altura que dificulta la organización de huracanes.
La reducción estadística de la actividad no elimina el peligro. Una sola tormenta intensa puede causar pérdidas graves si alcanza una zona poblada, por lo que la presencia de El Niño no justifica reducir los preparativos costeros.
En otras cuencas, las condiciones pueden resultar más favorables para determinadas trayectorias o intensidades. La distribución final dependerá de las temperaturas oceánicas regionales y de la configuración atmosférica durante cada etapa de la temporada.
Las previsiones seguirán cambiando con nuevas observaciones
El Met Office continuará ejecutando sus modelos y coordinándose con organismos gubernamentales para evaluar las consecuencias del episodio. Las actualizaciones permitirán comprobar si la anomalía mantiene su trayectoria, supera los 3 °C o alcanza un máximo menor al previsto.
El monitoreo debe distinguir entre la intensidad oceánica de El Niño y sus impactos. Un episodio excepcional aumenta el riesgo de alteraciones globales, pero no produce automáticamente los mismos efectos que otros eventos históricos de magnitud similar.
La señal más sólida es la combinación de un Pacífico ecuatorial extraordinariamente cálido con un planeta que ya mantiene temperaturas elevadas. Esa coincidencia incrementa la probabilidad de que 2027 establezca un nuevo récord térmico y obliga a preparar simultáneamente respuestas frente a sequías, inundaciones, calor e incendios.
Fuentes referenciales:
Phys.org / AFP
Met Office del Reino Unido
