Una investigación identifica cómo los sistemas meteorológicos de Australia y Nueva Zelanda pueden interrumpir los vientos que enfrían la Gran Barrera de Coral, favoreciendo olas de calor marinas y episodios de blanqueamiento.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Eduardo Schmitz
La Gran Barrera de Coral de Australia podría enfrentar condiciones especialmente peligrosas si el actual episodio de El Niño coincide con determinados patrones atmosféricos capaces de mantener el océano en calentamiento durante períodos prolongados. Una investigación internacional ha identificado cómo la interacción de sistemas meteorológicos situados a miles de kilómetros puede debilitar los vientos que normalmente enfrían las aguas del arrecife y aumentar el riesgo de blanqueamiento masivo de corales.
El estudio, publicado en octubre de 2026 en la revista científica Weather and Climate Dynamics, fue dirigido por Lara Richards, quien desarrolló la investigación doctoral en la Universidad de Monash, Australia, vinculada al Centro de Excelencia ARC para el Tiempo del Siglo XXI, antes de incorporarse a la Universidad de Reading, en el Reino Unido.
Los resultados revelan que determinados sistemas de baja presión sobre el este de Australia, combinados con bloqueos atmosféricos próximos a Nueva Zelanda y perturbaciones tropicales, pueden crear condiciones de vientos débiles, escasa nubosidad y calentamiento persistente de la superficie marina.
La investigación aporta una explicación de los mecanismos meteorológicos que favorecen estos episodios y ayuda a comprender por qué algunas situaciones de calma atmosférica duran mucho más que otras.
Los vientos que protegen naturalmente a la Gran Barrera de Coral
En condiciones habituales, los vientos alisios del este atraviesan el mar del Coral y contribuyen a regular la temperatura de las aguas que rodean la Gran Barrera de Coral.
Estos vientos favorecen la mezcla de las capas superficiales del océano y facilitan la disipación de parte del calor acumulado. Su presencia constituye uno de los mecanismos físicos que limitan el calentamiento excesivo del agua.
Sin embargo, existen períodos conocidos en meteorología como doldrums, caracterizados por vientos débiles, menor cobertura de nubes y aire seco descendente.
Durante estos episodios, el océano recibe radiación solar mientras disminuye la capacidad de los vientos para redistribuir y disipar el calor.
Cuando las condiciones persisten, la temperatura superficial del mar puede aumentar rápidamente y favorecer el desarrollo de una ola de calor marina.
Para los corales, la exposición prolongada a temperaturas elevadas representa una amenaza importante porque puede alterar su relación simbiótica con las microalgas que viven en sus tejidos.
La pérdida de estas algas o de sus pigmentos produce el fenómeno conocido como blanqueamiento coralino. Si el estrés térmico es intenso o prolongado, los organismos pueden sufrir daños graves e incluso morir.
Las ondas de Rossby pueden interrumpir el enfriamiento del océano
Uno de los principales descubrimientos de la investigación se relaciona con las ondas de Rossby atmosféricas, grandes perturbaciones de presión y circulación que se desplazan por la atmósfera.
Los científicos encontraron que determinadas secuencias de estas ondas pueden favorecer la formación de sistemas de baja presión capaces de generar vientos inusuales del oeste sobre la Gran Barrera de Coral.
Estos vientos se oponen a los alisios habituales del este y reducen su capacidad de enfriar las aguas.
La duración del episodio depende en buena medida del comportamiento posterior del sistema meteorológico.
Cuando la baja presión avanza rápidamente hacia el océano Pacífico, los vientos alisios pueden restablecerse y las condiciones de calma tienden a desaparecer.
En cambio, si el sistema permanece estacionario sobre el este de Australia, los vientos anómalos pueden continuar y prolongar el calentamiento del océano.
Los investigadores relacionaron este estancamiento con episodios repetidos de ruptura de ondas de Rossby sobre Australia, un proceso que modifica la trayectoria de la corriente en chorro en niveles altos de la atmósfera.
Esta reorganización puede debilitar la circulación habitual de oeste a este y reforzar un sistema de alta presión bloqueante cerca de Nueva Zelanda.
La combinación de la baja presión australiana y el bloqueo atmosférico neozelandés ayuda a mantener el patrón meteorológico durante más tiempo.
Un mismo sistema puede provocar inundaciones y blanqueamiento
La investigación también encontró una relación especialmente relevante entre los sistemas meteorológicos que producen lluvias extremas sobre el este de Australia y aquellos que favorecen el calentamiento de la Gran Barrera de Coral.
Un ejemplo ocurrió a comienzos de 2022, cuando varios sistemas de baja presión persistentes contribuyeron a las inundaciones registradas en el norte de Nueva Gales del Sur y el sur de Queensland.
Durante ese mismo período, la Gran Barrera de Coral experimentó un episodio de blanqueamiento masivo.
La circulación atmosférica asociada con las bajas presiones transportó aire húmedo hacia el litoral oriental australiano, favoreciendo precipitaciones abundantes.
Simultáneamente, el movimiento de la atmósfera permitió que aire más seco procedente del interior continental se desplazara hacia el norte y alcanzara la región del arrecife.
El resultado fue una combinación de condiciones meteorológicas aparentemente contradictorias: lluvias intensas e inundaciones en una región y condiciones favorables al calentamiento oceánico en otra.
Este episodio ocurrió durante una fase de La Niña, no de El Niño, lo que demuestra que los sistemas atmosféricos de latitudes medias pueden contribuir al riesgo de blanqueamiento independientemente de la fase del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur.
La diferencia resulta importante para interpretar las actuales advertencias climáticas, porque el calentamiento del Pacífico no es el único factor capaz de generar condiciones peligrosas para los arrecifes.
Las perturbaciones tropicales pueden prolongar las condiciones de calma
Además de los sistemas de latitudes medias, los investigadores analizaron la influencia de fenómenos atmosféricos tropicales que modifican los vientos, la nubosidad y las precipitaciones.
Entre ellos se encuentra la oscilación de Madden-Julian, una perturbación de gran escala que se desplaza hacia el este por las regiones tropicales y alterna fases de mayor y menor actividad convectiva.
También intervienen las ondas de Rossby ecuatoriales, que pueden propagarse hacia el oeste e influir sobre la circulación atmosférica tropical.
El estudio identificó que, durante los episodios de calma más prolongados, las fases secas de ambos patrones tenían una mayor probabilidad de coincidir sobre la Gran Barrera de Coral.
Esta coincidencia reforzaba los vientos anómalos del oeste y dificultaba el restablecimiento de los alisios.
Los investigadores también rastrearon el origen del aire seco descendente que reduce la nubosidad sobre el arrecife.
Sus resultados indican que parte de ese aire procede de latitudes medias y es conducido sobre el interior seco de Australia antes de descender hacia la región coralina.
El mecanismo permite comprender cómo procesos atmosféricos alejados del arrecife pueden modificar directamente las condiciones térmicas de sus aguas.
El Niño aumenta el riesgo, pero no provoca por sí solo estos episodios
El episodio fuerte de El Niño que se desarrolla durante 2026 constituye un factor adicional de preocupación para los investigadores.
Este fenómeno climático modifica las temperaturas superficiales del Pacífico tropical y reorganiza distintos componentes de la circulación atmosférica mundial.
Sin embargo, los autores advierten que las condiciones de calma estudiadas pueden presentarse en cualquier momento y no son causadas directamente por El Niño.
El peligro aparece cuando varios factores coinciden. Un océano que ya presenta temperaturas elevadas puede calentarse todavía más si se interrumpe durante un período prolongado la acción refrigerante de los vientos.
En ese escenario, aumenta la posibilidad de que se desarrollen olas de calor marinas capaces de someter a los corales a estrés térmico.
La intensidad de El Niño tampoco permite determinar automáticamente la magnitud del daño que podría experimentar la Gran Barrera de Coral.
Como muestran los antecedentes sobre la redistribución mundial de lluvias y fenómenos extremos durante El Niño, las consecuencias regionales dependen de múltiples procesos atmosféricos y oceánicos que interactúan entre sí.
El nuevo estudio permite identificar algunos de esos procesos y explica por qué resulta necesario vigilar la evolución meteorológica regional, además de las temperaturas del Pacífico ecuatorial.
La circulación atmosférica será clave para anticipar nuevos episodios
Los resultados amplían el conocimiento sobre la vulnerabilidad de los arrecifes coralinos ante fenómenos meteorológicos extremos.
Hasta ahora, numerosos estudios se habían concentrado en las condiciones locales que favorecen el calentamiento de la Gran Barrera de Coral, especialmente la debilidad de los vientos y la reducción de la nubosidad.
La nueva investigación incorpora una perspectiva más amplia al conectar esos cambios con sistemas atmosféricos que se desarrollan sobre Australia, Nueva Zelanda y las regiones tropicales del Pacífico.
Esta relación también resulta relevante para comprender otros efectos regionales del actual episodio de El Niño, incluidos los riesgos de elevación temporal del nivel del mar e inundaciones costeras en California, aunque estos procesos responden a mecanismos oceánicos y atmosféricos diferentes.
El equipo científico considera que el siguiente paso consiste en determinar hasta qué punto los episodios prolongados de calma pueden anticiparse mediante los modelos meteorológicos disponibles.
Yi Huang, investigador de la Universidad de Melbourne y coautor del trabajo, señaló que comprender adecuadamente los episodios de blanqueamiento requiere modelos climáticos acoplados de alta resolución, capaces de representar conjuntamente las interacciones entre el océano y la atmósfera.
Esta aproximación permitiría evaluar cómo la evolución de las ondas atmosféricas, los sistemas de presión y las condiciones tropicales puede favorecer períodos prolongados de calentamiento marino.
La investigación no establece que un nuevo blanqueamiento masivo sea inevitable durante El Niño de 2026. Identifica, en cambio, una combinación de procesos meteorológicos que podría aumentar considerablemente el peligro si se presenta sobre aguas que ya registran temperaturas elevadas.
Para la Gran Barrera de Coral, uno de los ecosistemas marinos más extensos y reconocidos del planeta, comprender estos mecanismos resulta esencial para mejorar la vigilancia de las condiciones ambientales que preceden a los episodios de estrés térmico.
Los resultados muestran que el riesgo para los corales no depende únicamente de cuánto se caliente el océano, sino también de la duración de las condiciones atmosféricas que impiden su enfriamiento natural.
Fuentes referenciales:
Weather and Climate Dynamics – The development and persistence of doldrums over the Great Barrier Reef
ARC Centre of Excellence for 21st Century Weather – Investigación sobre los patrones atmosféricos y el riesgo de blanqueamiento en la Gran Barrera de Coral




