Una investigación con 34 usuarios de redes sociales del Reino Unido y Polonia muestra que las visualizaciones del cambio climático provocan distintas emociones, pero también pueden excluir experiencias locales. El caso de Tonga revela los límites de representar un problema global sin suficiente detalle territorial.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Karem Díaz S.
Los mapas, gráficos y representaciones visuales del cambio climático permiten comprender fenómenos ambientales complejos, pero no siempre muestran cómo afectan a las comunidades más vulnerables. Una investigación desarrollada por Monika Frątczak, publicada en 2026 en la revista Information, Communication & Society, encontró que estas herramientas pueden despertar emociones intensas y estimular conversaciones sobre el clima, aunque también dejan fuera experiencias de personas y territorios que no aparecen suficientemente representados en los datos.
El estudio examinó las reacciones de 34 usuarios de redes sociales del Reino Unido y Polonia ante diferentes visualizaciones climáticas. Los participantes expresaron preocupación, miedo, tristeza y enfado, pero también curiosidad, sorpresa e interés. Estas respuestas mostraron que la manera de presentar la información influye en cómo las personas interpretan el calentamiento global.
Uno de los hallazgos más significativos surgió de la experiencia de un meteorólogo originario de Tonga, en el Pacífico Sur. Al observar una representación visual de las temperaturas, descubrió que no podía consultar información específica para las islas de su país, pese a que su comunidad se encuentra entre las poblaciones expuestas a importantes riesgos climáticos.
El caso ilustra un problema que trasciende el diseño gráfico: una visualización puede ser científicamente correcta a escala mundial y, al mismo tiempo, resultar insuficiente para quienes necesitan comprender los cambios ambientales en su propio territorio.
Las visualizaciones transforman datos científicos en experiencias emocionales
La investigación se concentró en una cuestión que suele recibir menos atención que la precisión estadística: qué sienten las personas cuando observan información climática convertida en imágenes.
Los gráficos de temperaturas, las animaciones de inundaciones, los mapas de incendios y las representaciones de emisiones de gases de efecto invernadero son herramientas habituales en la comunicación ambiental.
Su principal ventaja consiste en sintetizar grandes cantidades de información que serían difíciles de interpretar mediante cifras aisladas.
Sin embargo, Frątczak observó que estas imágenes no funcionan únicamente como instrumentos de transmisión de datos. También pueden generar respuestas emocionales que modifican la relación de los espectadores con el problema representado.
Algunos participantes manifestaron inquietud o tristeza cuando comprendieron el significado de las tendencias mostradas. Otros expresaron sorpresa y curiosidad, especialmente cuando las imágenes ofrecían formas visualmente atractivas de presentar información compleja.
El estudio plantea que estas reacciones forman parte de la experiencia de comprender el cambio climático y pueden influir en las conversaciones y decisiones posteriores de los usuarios.
Las franjas climáticas muestran el calentamiento mediante colores
Uno de los ejemplos utilizados en la investigación fue la representación conocida como warming stripes, o franjas climáticas, desarrollada por el climatólogo Ed Hawkins, de la Universidad de Reading.
Esta herramienta representa la evolución de las temperaturas mediante una secuencia de franjas de colores, generalmente azules para los períodos relativamente fríos y rojas para los más cálidos.
La versión correspondiente a Polonia, utilizada en el estudio, abarca el período comprendido entre 1901 y 2021.
Una de las personas participantes describió inicialmente la composición como una imagen bonita e interesante. Sin embargo, su reacción cambió cuando comprendió que la transición hacia tonos rojos representaba el aumento de las temperaturas.
La experiencia demuestra que el significado de una visualización no depende exclusivamente de sus características estéticas. También interviene el conocimiento que adquiere el espectador al interpretar los datos.
Una composición sencilla puede despertar interés y facilitar el acercamiento a la información científica, pero la comprensión de su contenido puede producir preocupación ante las tendencias ambientales representadas.
Esta relación entre representación y percepción también aparece en las imágenes de la Tierra observada desde el espacio, que ofrecen perspectivas visuales capaces de conectar procesos planetarios con la experiencia de quienes los contemplan.
El caso de Tonga revela una limitación de los datos globales
La experiencia del meteorólogo de Tonga permitió identificar una de las principales dificultades de las visualizaciones climáticas de alcance mundial.
El participante había encontrado las franjas climáticas compartidas en redes sociales y quiso consultar una versión específica para su país.
Posteriormente accedió a la herramienta interactiva que permite generar representaciones de temperatura para distintas localidades, pero descubrió que los datos disponibles no ofrecían el nivel de detalle necesario para representar individualmente las islas de Tonga.
La visualización sí incluía información sobre regiones amplias del Pacífico, pero esa escala no respondía a las necesidades del usuario.
Para una comunidad insular, las diferencias entre territorios pueden resultar importantes al estudiar las condiciones ambientales y comunicar los cambios observados.
La ausencia de una representación local no significaba que los datos generales fueran incorrectos. El problema era que su escala espacial no permitía mostrar adecuadamente la experiencia del territorio que el participante deseaba consultar.
Ante esa limitación, el meteorólogo compartió la situación con sus colegas y decidieron desarrollar una representación semejante utilizando información propia.
La reacción muestra que una visualización incompleta puede impulsar nuevas iniciativas, pero también evidencia la importancia de disponer de datos suficientemente detallados para comunidades que no siempre aparecen en las herramientas internacionales.
La vulnerabilidad climática no siempre coincide con la visibilidad estadística
La investigación destaca que muchas poblaciones altamente vulnerables al cambio climático viven en regiones de África, Asia y pequeñas islas del Pacífico.
Estos territorios pueden enfrentar amenazas relacionadas con el aumento del nivel del mar, las alteraciones de las precipitaciones, los fenómenos meteorológicos extremos y la transformación de sus ecosistemas.
Sin embargo, las representaciones globales suelen organizar la información mediante grandes regiones geográficas o promedios nacionales que no siempre permiten identificar diferencias locales.
En el caso de los pequeños Estados insulares, esa falta de detalle puede dificultar la comunicación de condiciones particulares que resultan importantes para sus habitantes.
La investigación de Frątczak no establece que todas las visualizaciones climáticas excluyan sistemáticamente a estas comunidades. Su aportación consiste en mostrar, mediante las experiencias de los participantes, que la escala y la disponibilidad de los datos condicionan quién puede reconocerse en una representación.
Esta cuestión se relaciona con las diferencias en la cobertura internacional de sequías e inundaciones, donde la presencia de imágenes impactantes y otros factores influye en qué acontecimientos reciben atención informativa.
Ambos problemas muestran que la disponibilidad de información ambiental no garantiza por sí sola una representación equilibrada de los territorios afectados.
La precisión de un gráfico no garantiza que todos se sientan representados
Los especialistas que elaboran visualizaciones suelen evaluar su precisión, claridad, legibilidad y facilidad de interpretación.
Estos criterios son fundamentales para evitar representaciones engañosas o errores en la comunicación de resultados científicos.
Sin embargo, el nuevo estudio propone incorporar preguntas adicionales: quién aparece en la información, qué territorios quedan fuera y qué experiencias humanas pueden reconocerse a partir de los datos.
Una representación de temperaturas globales puede describir correctamente la evolución del calentamiento planetario y, al mismo tiempo, ofrecer poca información sobre las condiciones de una isla, una ciudad o una comunidad concreta.
El problema se vuelve especialmente relevante cuando los datos se utilizan para comunicar riesgos o promover medidas de adaptación.
Las personas necesitan comprender no solamente la magnitud general del cambio climático, sino también cómo puede relacionarse con su entorno cotidiano.
Una investigación anterior sobre la importancia de mencionar la localidad de residencia en los mensajes de preparación ante desastres identificó que las referencias territoriales pueden aumentar la atención y la disposición a adoptar medidas preventivas.
El trabajo de Frątczak aborda una dimensión complementaria: la necesidad de que las representaciones visuales permitan reconocer experiencias locales dentro de fenómenos ambientales globales.
Las emociones intensas no siempre se convierten en acciones climáticas
Otro resultado importante de la investigación fue que las reacciones emocionales ante los gráficos no produjeron automáticamente cambios de comportamiento.
Los participantes describieron respuestas que, en algunos casos, los llevaron a compartir información, conversar con otras personas o reconsiderar determinadas prácticas cotidianas.
En otras situaciones, la preocupación y el miedo no se tradujeron en acciones concretas.
La autora observó que las personas tendían a describir una mayor disposición a actuar cuando también percibían que existían medidas posibles a escala local o nacional.
Este componente, relacionado con la percepción de capacidad de acción, resulta importante para interpretar el efecto de las comunicaciones climáticas.
Una imagen puede mostrar una tendencia preocupante, pero el espectador también necesita comprender qué posibilidades de respuesta existen en su contexto.
La investigación no demuestra que un tipo particular de gráfico garantice cambios de conducta. Más bien señala que las emociones y la percepción de capacidad de acción interactúan de formas complejas.
El resultado coincide parcialmente con el debate sobre las limitaciones de las imágenes apocalípticas en la comunicación ambiental, donde se plantea que representar únicamente la destrucción puede dificultar que algunas audiencias identifiquen posibilidades de respuesta.
La diferencia es que el estudio de Frątczak se concentra específicamente en la experiencia emocional y social de las visualizaciones de datos, no solamente en fotografías de desastres.
Las redes sociales amplifican el alcance de los datos visuales
Las plataformas digitales permiten que una representación climática circule rápidamente entre usuarios de distintos países y contextos culturales.
Herramientas como las franjas de temperatura pueden compartirse sin necesidad de conocimientos especializados en climatología, lo que amplía su alcance potencial.
Sin embargo, la circulación de una imagen no asegura que todos los usuarios interpreten correctamente su significado.
La comprensión puede depender de la información que acompaña a la representación, del conocimiento previo y de las experiencias personales relacionadas con el clima.
El estudio muestra que los espectadores no son receptores pasivos: interpretan los gráficos, reaccionan emocionalmente, los comparten y, en algunos casos, buscan información adicional o intentan elaborar sus propias representaciones.
La experiencia del participante de Tonga constituye un ejemplo de esta interacción, porque una imagen compartida en redes sociales terminó motivando una iniciativa para representar datos de su territorio.
Frątczak considera que comprender estas respuestas resulta necesario para evaluar el verdadero alcance de las herramientas de comunicación climática.
Cómo mejorar las visualizaciones del cambio climático
Los resultados plantean la conveniencia de diseñar representaciones que combinen precisión científica, contexto territorial y una explicación comprensible de los fenómenos mostrados.
Una posibilidad consiste en ofrecer distintas escalas de observación, de manera que los usuarios puedan pasar de tendencias globales a información regional o local cuando existan datos suficientes.
También resulta importante explicar las limitaciones de cobertura, especialmente cuando determinados territorios no cuentan con observaciones detalladas.
Las visualizaciones deberían evitar que la ausencia de información se confunda con ausencia de riesgo climático.
Otro aspecto consiste en incorporar el contexto humano de los fenómenos representados, sin sustituir la evidencia científica por mensajes exclusivamente emocionales.
La autora destaca que las personas pueden experimentar el cambio climático mediante su relación con el territorio, el mar, sus comunidades y sus actividades cotidianas.
Por ello, las representaciones que conectan los datos con experiencias reconocibles pueden contribuir a una comprensión más completa del problema.
Estas propuestas deben interpretarse como implicaciones del estudio y no como soluciones cuya eficacia haya sido demostrada experimentalmente en todas las poblaciones.
Una investigación que abre preguntas sobre la comunicación ambiental
El trabajo de Monika Frątczak aporta evidencia cualitativa sobre las emociones y respuestas de un grupo de usuarios ante las visualizaciones climáticas.
Su muestra de 34 participantes permite examinar experiencias individuales con detalle, pero no constituye una encuesta representativa de la población mundial.
Por tanto, sus resultados no permiten determinar qué proporción de personas experimenta miedo, tristeza, curiosidad o disposición a actuar al observar determinados gráficos.
La investigación tampoco establece una relación causal general entre el diseño de las visualizaciones y la adopción de medidas ambientales.
Su principal contribución consiste en ampliar las preguntas que deben plantearse quienes utilizan datos para comunicar el cambio climático.
Además de verificar que una representación sea correcta y comprensible, resulta necesario considerar qué territorios aparecen, cuáles quedan excluidos y qué posibilidades tienen los espectadores de relacionar la información con su propia realidad.
El caso de Tonga demuestra que la escala global puede ocultar necesidades locales incluso cuando los datos representados son válidos. La investigación propone que una comunicación climática más completa debe permitir reconocer tanto las tendencias planetarias como las experiencias de las comunidades que viven sus consecuencias.
Fuentes referenciales:
Information, Communication & Society — Data visualisation as an ‘emotional repository’ (2026)
The Conversation / Phys.org — When climate data is transformed into visuals, some people and places get overlooked (22 de octubre de 2026)




