Un análisis de 854 áreas urbanas de 30 países estima 50.391 fallecimientos relacionados con las altas temperaturas durante el verano. Aproximadamente 32.619 se atribuyen al calentamiento provocado por actividades humanas, según investigadores de Imperial College London y la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Karem Díaz S.
El verano de 2026 dejó una cifra estimada de 50.391 muertes relacionadas con el calor en 854 áreas urbanas europeas, el mayor balance registrado en la serie analizada desde el año 2000. Una investigación presentada el 23 de octubre por científicos de Imperial College London y la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres (LSHTM) concluyó que aproximadamente 32.619 de esos fallecimientos, cerca del 65 %, estuvieron asociados con el aumento de las temperaturas provocado por el cambio climático de origen humano.
El análisis abarcó los meses de junio, julio y agosto en ciudades de los 27 países de la Unión Europea, Reino Unido, Noruega y Suiza. En conjunto, las áreas estudiadas representan aproximadamente el 40 % de la población de esos 30 países, por lo que las cifras no constituyen un balance completo de todas las muertes relacionadas con el calor en Europa.
Los investigadores utilizaron observaciones meteorológicas, modelos climáticos y relaciones estadísticas entre temperatura y mortalidad para estimar tanto el impacto total del calor como la proporción atribuible al calentamiento global.
Los resultados muestran que el verano de 2026 superó ampliamente los registros de 2022 y 2003, hasta ahora considerados los episodios estivales más mortíferos por calor dentro de la misma serie de ciudades.
El estudio también advierte que las consecuencias de las temperaturas extremas ya no se concentran exclusivamente en el sur de Europa. Las ciudades occidentales y septentrionales, históricamente menos acostumbradas a veranos muy calurosos, registraron impactos importantes sobre la mortalidad.
El verano de 2026 superó ampliamente las cifras de 2022 y 2003
La comparación histórica permite dimensionar la excepcionalidad del último verano europeo.
Según la reconstrucción realizada por el equipo científico, las mismas 854 áreas urbanas registraron aproximadamente 29.480 muertes relacionadas con el calor durante el verano de 2022 y 28.462 durante el de 2003.
La estimación de 50.391 fallecimientos para 2026 representa un incremento cercano al 71 % respecto de 2022.
Los investigadores señalan que la magnitud del episodio responde a una combinación de temperaturas excepcionalmente elevadas, olas de calor sucesivas y una exposición prolongada de las poblaciones urbanas.
Durante el verano, amplias regiones europeas experimentaron anomalías térmicas que superaron considerablemente los valores habituales para la estación.
Europa occidental presentó una temperatura media aproximadamente 2,9 °C superior al promedio del período 1991-2020. En determinadas jornadas, las temperaturas llegaron a situarse hasta 12 °C por encima de los valores estacionales de referencia.
El impacto territorial de esta temporada ya había sido identificado mediante las observaciones de Copernicus sobre el calor extremo que afectó al 52 % de Europa durante el verano de 2026.
La nueva investigación añade una dimensión fundamental a ese balance meteorológico: una estimación de las consecuencias del calor sobre la mortalidad urbana y de la influencia específica del calentamiento antropogénico.
Dos semanas concentraron casi un tercio de las muertes
El período comprendido entre el 17 de junio y el 1 de julio fue especialmente crítico.
Durante esas dos semanas, las temperaturas medias diarias en las áreas analizadas superaron en más de 5 °C los valores de referencia de 1991-2020.
Los investigadores estimaron que cerca de un tercio de las muertes relacionadas con el calor de todo el verano se concentró en ese intervalo.
El resultado demuestra que una sucesión relativamente breve de jornadas extremadamente cálidas puede representar una parte considerable del impacto sanitario de toda una estación.
Las temperaturas elevadas afectan la capacidad del organismo para regular su temperatura interna, especialmente cuando la exposición se prolonga durante varios días.
El riesgo aumenta cuando las noches también permanecen cálidas, porque disminuyen las oportunidades de recuperación fisiológica después de las horas de mayor exposición.
La duración y la intensidad de los episodios pueden agravar enfermedades cardiovasculares, respiratorias y otras condiciones preexistentes.
Durante el verano europeo ya se habían publicado estimaciones provisionales de más de 30.000 muertes en exceso asociadas con la temporada de calor, elaboradas a partir de diferentes sistemas nacionales de vigilancia.
La nueva evaluación no constituye una simple actualización aritmética de esos balances. Utiliza una metodología de atribución específica, una cobertura territorial definida y un período de observación comprendido entre junio y agosto.
El cambio climático explica aproximadamente dos tercios del impacto
Uno de los principales objetivos de la investigación fue distinguir entre la mortalidad relacionada con las altas temperaturas y la parte de ese impacto que puede atribuirse al calentamiento provocado por actividades humanas.
Para realizar esa separación, los científicos compararon dos escenarios climáticos.
El primero representaba las condiciones reales experimentadas durante el verano de 2026, en un planeta cuya temperatura media global se ha elevado aproximadamente 1,4 °C respecto de los niveles preindustriales.
El segundo simulaba un clima hipotético sin el calentamiento adicional producido por las emisiones humanas de gases de efecto invernadero.
Los investigadores aplicaron a ambos escenarios relaciones estadísticas previamente establecidas entre temperaturas diarias y mortalidad, ajustadas a las características de cada ciudad y grupo de edad.
La diferencia entre los resultados permitió estimar cuántos fallecimientos adicionales estuvieron asociados con el cambio climático antropogénico.
El cálculo atribuyó aproximadamente 32.619 muertes al calentamiento provocado por actividades humanas, dentro del total estimado de 50.391.
Esto no significa que se haya identificado individualmente la causa climática de cada fallecimiento. Se trata de una estimación estadística de mortalidad atribuible, construida mediante modelos epidemiológicos y climáticos.
Los investigadores consideran que el resultado muestra cómo un aumento de temperatura que puede parecer relativamente pequeño en términos de promedio global incrementa considerablemente los riesgos durante los episodios de calor extremo.
Las personas mayores concentraron la mayor vulnerabilidad
El análisis confirmó que la mortalidad relacionada con el calor fue especialmente elevada entre las personas de edad avanzada.
Los mayores de 85 años representaron más de la mitad de los fallecimientos estimados durante el verano.
Este grupo presenta una vulnerabilidad particular debido a factores como una menor capacidad de regulación térmica, enfermedades crónicas, determinados tratamientos farmacológicos y mayores dificultades para adaptarse a temperaturas extremas.
Sin embargo, los resultados también muestran que el calor intenso no constituye un riesgo exclusivo de las personas mayores.
El equipo estimó aproximadamente 6.000 muertes relacionadas con el calor entre personas menores de 65 años.
Dentro de ese grupo se incluyeron más de 800 fallecimientos de personas de entre 20 y 44 años, según los resultados divulgados por los investigadores.
Pierre Masselot, epidemiólogo y profesor de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, destacó que los impactos observados demuestran la necesidad de considerar el calor extremo como un problema que afecta a toda la población.
La exposición laboral al aire libre, las condiciones de vivienda, la disponibilidad de refrigeración y las características individuales pueden modificar el riesgo, aunque el estudio no permite atribuir cada fallecimiento a uno de esos factores por separado.
El norte de Europa también registró una mortalidad elevada
Las regiones meridionales y occidentales de Europa concentraron algunos de los mayores impactos del verano, pero el análisis identificó consecuencias importantes en territorios septentrionales tradicionalmente caracterizados por temperaturas estivales más moderadas.
En Reino Unido, los investigadores estimaron aproximadamente 4.500 muertes relacionadas con el calor en las 135 áreas urbanas incluidas en el estudio.
Esta cifra se refiere exclusivamente a las localidades examinadas y no representa necesariamente el balance nacional completo.
La investigación plantea que muchas ciudades europeas no están suficientemente preparadas para afrontar temperaturas que superan con frecuencia los valores utilizados históricamente en el diseño de viviendas, edificios públicos e infraestructuras.
Los problemas pueden agravarse en áreas urbanas con escasa vegetación, superficies que acumulan calor y edificios que dificultan la ventilación durante las noches.
La falta de adaptación resulta especialmente relevante cuando las olas de calor se prolongan durante varios días consecutivos.
Una evaluación anterior sobre el aumento de los riesgos climáticos para la salud en 845 ciudades europeas ya había identificado una expansión de la mortalidad atribuible al calor en la gran mayoría de las localidades estudiadas.
El nuevo trabajo confirma que la combinación de calentamiento global y vulnerabilidad urbana puede producir consecuencias graves incluso en regiones donde las temperaturas extremas fueron históricamente menos frecuentes.
Cómo se calculan las muertes relacionadas con el calor
Una de las principales dificultades para evaluar la mortalidad térmica es que el calor no siempre aparece identificado en los certificados de defunción.
Las temperaturas extremas pueden contribuir al fallecimiento de personas con enfermedades cardiovasculares, respiratorias o metabólicas sin que la exposición térmica figure como causa inmediata.
Por esa razón, los investigadores utilizan métodos epidemiológicos que relacionan las variaciones de temperatura con los cambios observados históricamente en la mortalidad.
El estudio empleó funciones estadísticas específicas para cada ciudad y grupo de edad, considerando la temperatura asociada con el menor riesgo de fallecimiento.
Cuando las temperaturas se alejan de ese nivel, los modelos permiten estimar el incremento esperado de mortalidad.
Posteriormente, el equipo combinó esas relaciones con las temperaturas registradas durante junio, julio y agosto de 2026.
La metodología también incorporó simulaciones climáticas para calcular qué parte del impacto habría ocurrido en ausencia del calentamiento provocado por actividades humanas.
Los autores reconocen que los resultados dependen de supuestos sobre las poblaciones expuestas, las relaciones entre temperatura y mortalidad y la representación de las condiciones climáticas.
Por tanto, las cifras deben interpretarse como estimaciones científicas sujetas a incertidumbre, no como recuentos de fallecimientos individualmente certificados por exposición al calor.
Los investigadores señalan que aplicaciones anteriores de métodos semejantes han producido resultados relativamente próximos a los balances publicados posteriormente por autoridades sanitarias, aunque las diferencias de cobertura y metodología impiden comparaciones directas en todos los casos.
Una reconstrucción de 26 veranos muestra una tendencia preocupante
El estudio correspondiente a 2026 fue presentado junto con otra investigación del mismo equipo, publicada en Nature Health, que examinó la mortalidad relacionada con el calor durante los veranos comprendidos entre 2000 y 2025.
Ese análisis retrospectivo estimó 430.365 muertes asociadas con las altas temperaturas en las mismas 854 ciudades durante los 26 años estudiados.
Más de la mitad de esa mortalidad acumulada fue atribuida al calentamiento provocado por actividades humanas.
La investigación también identificó un aumento de la proporción de fallecimientos vinculados específicamente al cambio climático.
Según los resultados divulgados por los autores, esa proporción pasó de aproximadamente el 40 % al comienzo del período a más de dos tercios en 2025.
La comparación permite situar el verano de 2026 dentro de una tendencia de largo plazo, en lugar de interpretarlo únicamente como un episodio meteorológico excepcional.
Los científicos relacionan esta evolución con el aumento de las temperaturas medias y la intensificación de los períodos de calor extremo como consecuencia de las emisiones de gases de efecto invernadero.
Sin embargo, el impacto de cada verano también depende de factores demográficos, condiciones locales y medidas de protección disponibles.
Por ello, los investigadores consideran necesario combinar la reducción de emisiones con estrategias de adaptación capaces de disminuir la vulnerabilidad de las poblaciones urbanas.
La adaptación urbana puede reducir la exposición al calor
Los autores identifican varias medidas prioritarias para limitar los efectos de las temperaturas extremas sobre la población.
Entre ellas destacan los sistemas de alerta temprana que permiten anticipar episodios peligrosos y activar protocolos de protección antes de que se produzcan las condiciones más severas.
También consideran importante mejorar las características térmicas de las viviendas y de los edificios destinados a servicios sanitarios.
La ampliación de espacios verdes, la disponibilidad de sombra y una planificación urbana que reduzca la acumulación de calor pueden contribuir a disminuir la exposición en determinados entornos.
Estas intervenciones requieren especial atención en barrios con población vulnerable, viviendas deficientemente aisladas o acceso limitado a sistemas de refrigeración.
Los investigadores destacan que las medidas de adaptación deben acompañarse de una reducción rápida de las emisiones de gases de efecto invernadero.
La razón es que una adaptación más eficaz puede disminuir la exposición y la vulnerabilidad, pero no elimina la causa física del aumento progresivo de las temperaturas.
Clair Barnes, investigadora de Imperial College London y autora principal de ambos trabajos, subrayó la necesidad de acelerar la transición energética y aplicar intervenciones dirigidas específicamente a proteger a quienes enfrentan mayores riesgos.
La reducción de emisiones sigue siendo esencial para limitar el riesgo
Los resultados refuerzan la relación entre las emisiones de gases de efecto invernadero, el aumento de las temperaturas y las consecuencias del calor extremo sobre las poblaciones humanas.
El uso de carbón, petróleo y gas continúa siendo una de las principales fuentes de dióxido de carbono que contribuyen al calentamiento global.
La acumulación de estos gases modifica el balance energético del planeta y eleva la temperatura media, aumentando la probabilidad de que determinados episodios cálidos alcancen niveles peligrosos.
La investigación muestra que ese calentamiento adicional puede traducirse en miles de fallecimientos atribuibles dentro de una sola temporada estival.
También destaca que las consecuencias no dependen únicamente de alcanzar temperaturas récord. La persistencia de condiciones cálidas y la exposición acumulada durante varias semanas pueden producir efectos importantes sobre la mortalidad.
Los autores consideran que el verano de 2026 evidencia la necesidad de integrar las evaluaciones climáticas y sanitarias en la planificación de las ciudades europeas.
El estudio aporta una estimación de la mortalidad asociada con el calor en una parte considerable de la población urbana del continente y permite distinguir la contribución del calentamiento antropogénico mediante un análisis contrafactual.
La cifra de 50.391 muertes estimadas, de las cuales aproximadamente 32.619 se atribuyen al cambio climático de origen humano, muestra la magnitud del impacto observado durante los meses de junio a agosto. Los investigadores advierten que reducir las emisiones y fortalecer la protección frente al calor serán medidas complementarias para disminuir la mortalidad durante los próximos veranos.
Fuentes referenciales:
Imperial College London y LSHTM — Heat-related urban mortality attributable to human-induced climate change in Europe in summer 2026
Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres — Comunicado institucional del 23 de octubre de 2026
Nature Health — Heat-related urban mortality attributable to human-induced climate change in Europe from 2000 to 2025
Phys.org — Summer 2026 heat toll exceeded 50,000 deaths in European cities, analysis estimates




