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Incendios forestales elevan el ozono y deterioran la calidad del aire


Un estudio en Estados Unidos advierte que el humo de los incendios está revirtiendo avances logrados contra la contaminación atmosférica y aumenta los riesgos sanitarios lejos de las zonas quemadas.


Redactor: Luis Ortega
Editor: Eduardo Schmitz


Los incendios forestales no solo liberan humo, partículas y carbono. También están impulsando un aumento de la contaminación por ozono superficial en diversas regiones de Estados Unidos, un contaminante atmosférico que afecta la salud respiratoria, perjudica la vegetación y complica la gestión de la calidad del aire.

El ozono superficial se forma cerca del suelo cuando compuestos orgánicos volátiles y óxidos de nitrógeno reaccionan bajo la luz solar. A diferencia del ozono estratosférico, que protege frente a la radiación ultravioleta, este ozono a nivel del suelo actúa como contaminante y puede agravar enfermedades respiratorias.

Un retroceso en la calidad del aire

La investigación revisó el comportamiento del ozono superficial en Estados Unidos entre 2003 y 2024. Durante años, las políticas de reducción de emisiones de óxidos de nitrógeno ayudaron a disminuir este contaminante, pero esa tendencia comenzó a cambiar a partir de 2015.

El avance de los incendios forestales aparece como un factor decisivo en ese giro. El humo puede transportar precursores químicos a grandes distancias y favorecer la formación de ozono lejos del lugar donde ocurre el fuego, un fenómeno que ya se relaciona con contaminación por ozono incluso en regiones remotas.

Más exposición y mayor riesgo sanitario

El estudio estima que la incidencia de muertes prematuras relacionadas con ozono procedente de incendios creció un 46% después de 2013 en Estados Unidos. Los autores calcularon un incremento de 318 muertes prematuras por año vinculadas a este fenómeno desde ese periodo.

Solo en 2023, se registraron 7.974 muertes prematuras atribuibles al smog, es decir, al ozono superficial. Entre 2022 y 2024, los incendios expusieron a 43 millones de personas a condiciones que no cumplen con los estándares de calidad del aire.

El humo viaja más allá del incendio

Uno de los aspectos más relevantes es que la contaminación no queda limitada a las zonas quemadas. Los contaminantes emitidos durante los incendios pueden desplazarse cientos o miles de kilómetros, mezclarse con otros compuestos atmosféricos y modificar la calidad del aire en ciudades, áreas rurales y regiones alejadas.

La relación entre incendios, calor y contaminación urbana ya había sido observada en estudios sobre calidad del aire en megaciudades estadounidenses, donde el humo se combina con emisiones locales, altas temperaturas y compuestos volátiles para generar nuevos episodios de contaminación secundaria.

Satélites, estaciones terrestres y aprendizaje profundo

Para elaborar la radiografía diaria del ozono, el equipo desarrolló una base de datos de alta resolución sobre concentraciones de ozono superficial en Estados Unidos. La metodología combinó información de aproximadamente 1.000 estaciones terrestres con datos satelitales y técnicas de aprendizaje profundo.

Los investigadores dividieron el país en una cuadrícula de un kilómetro por un kilómetro para calcular niveles de ozono y estimar exposición poblacional. Este tipo de análisis se suma a herramientas recientes, como los modelos que mejoran la previsión de la contaminación por ozono.

Incendios más frecuentes, políticas más complejas

La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos fija los estándares nacionales de calidad del aire, pero la gestión de episodios concretos recae en estados y municipios. El problema es que, cuando el ozono proviene de incendios lejanos, las autoridades locales deben demostrar ese origen para justificar excepciones regulatorias.

La investigación advierte que el aumento de los incendios, asociado al cambio climático, puede hacer menos efectiva esa respuesta. En 2023, los incendios de Canadá generaron niveles de ozono que superaron estándares federales para 148 millones de estadounidenses, el 44% de la población del país.

Un contaminante ligado al clima y al fuego

El ozono superficial se está convirtiendo en una señal ambiental cada vez más difícil de controlar porque depende de varias condiciones simultáneas: emisiones, radiación solar, temperatura, transporte atmosférico y presencia de humo. Por eso, el avance de los incendios obliga a revisar estrategias que antes se concentraban sobre todo en fuentes industriales, urbanas o vehiculares.

La dimensión atmosférica del problema también se conecta con investigaciones sobre cómo los incendios pueden emitir más contaminantes de lo previsto, como se ha observado en estudios sobre contaminación del aire asociada a incendios forestales.

Fuente(s) referenciales

Infobae