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🌍 Panorama Planetario

Jueves, 29 de octubre de 2026

Estado general del sistema Tierra

El planeta continúa bajo la influencia de un calentamiento climático de largo plazo, con repercusiones sobre los océanos, el ciclo del agua, los ecosistemas y la frecuencia de determinadas condiciones meteorológicas extremas. El seguimiento de octubre requiere diferenciar las anomalías climáticas persistentes de las variaciones propias de cada estación.

Este panel presenta señales científicas estructurales y aspectos prioritarios de vigilancia. No atribuye valores diarios a variables que necesitan confirmación mediante series instrumentales actualizadas.

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Temperatura global

Un planeta con mayor acumulación de calor

El aumento de la temperatura media global respecto al período preindustrial sigue siendo la señal principal del cambio climático. Los promedios mensuales y anuales permiten identificar mejor esta tendencia que una lectura aislada de temperatura diaria.

La distribución del calentamiento no es uniforme: continentes, océanos y regiones polares responden de manera diferente. Las anomalías regionales deben interpretarse mediante registros comparables y períodos de referencia definidos.

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Océanos

El almacenamiento de calor condiciona el clima

Los océanos absorben la mayor parte del exceso de energía acumulada en el sistema climático. Este proceso influye en la expansión térmica del agua, el nivel del mar y la intensidad potencial de algunos fenómenos atmosféricos.

Las temperaturas superficiales marinas, las olas de calor oceánicas y el contenido térmico en profundidad constituyen indicadores complementarios. Ninguno de ellos, considerado individualmente, describe todo el estado del océano.

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CO₂ atmosférico

La concentración de gases continúa siendo decisiva

El dióxido de carbono permanece en la atmósfera durante períodos prolongados y contribuye al desequilibrio energético planetario. Sus concentraciones presentan oscilaciones estacionales, superpuestas a una tendencia ascendente de largo plazo.

Para evaluar el estado actual es importante distinguir entre emisiones anuales, concentración atmosférica y crecimiento interanual. Son indicadores relacionados, pero expresan procesos físicos diferentes.

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Hielo polar

Transición estacional en ambos hemisferios

A finales de octubre, el hielo marino del Ártico atraviesa normalmente su fase de expansión otoñal, mientras la Antártida avanza hacia el período de retroceso primaveral.

La extensión del hielo marino, su espesor y su edad ofrecen información diferente. También debe distinguirse el hielo flotante de los glaciares y mantos de hielo continentales, cuya pérdida contribuye directamente al aumento del nivel del mar.

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Incendios

Combustibles secos y meteorología de riesgo

La actividad de incendios depende de la combinación de humedad de la vegetación, temperatura, viento, condiciones del terreno y fuentes de ignición. Los períodos secos pueden aumentar la facilidad de propagación.

Las observaciones satelitales permiten detectar anomalías térmicas y áreas quemadas, pero un punto caliente no equivale necesariamente a un incendio forestal confirmado. La evaluación exige contrastar los datos con información territorial.

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Sequías

El déficit de agua presenta distintas escalas

Una sequía meteorológica puede aparecer antes que sus consecuencias agrícolas, hidrológicas o socioeconómicas. La recuperación de las precipitaciones tampoco garantiza una recuperación inmediata de los embalses o acuíferos.

El seguimiento debe combinar precipitación acumulada, humedad del suelo, caudales y almacenamiento de agua. La estacionalidad local resulta esencial para interpretar cada anomalía.

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Tormentas y extremos

Vigilancia de fenómenos de alto impacto

Octubre coincide con una etapa todavía activa de la temporada de ciclones del Atlántico, que oficialmente se extiende hasta noviembre. También pueden desarrollarse episodios de lluvias intensas, temporales y tormentas severas en diferentes regiones.

La existencia de condiciones estacionales favorables no confirma un ciclón específico. Los avisos operativos deben proceder de los organismos meteorológicos responsables de cada cuenca o territorio.

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Ciclo hidrológico

Mayor capacidad atmosférica para transportar humedad

Una atmósfera más cálida puede contener más vapor de agua, aproximadamente un 7 % adicional por grado Celsius en condiciones comparables de saturación. Esta relación física no significa que todas las regiones reciban más lluvia.

Los patrones de circulación, la disponibilidad de humedad y la topografía determinan dónde se producen precipitaciones intensas y dónde persisten déficits.

🔎 Señal planetaria destacada

La interacción entre calentamiento oceánico y ciclo del agua. El calor almacenado en el océano puede influir en la evaporación y en la energía disponible para determinados sistemas meteorológicos. Sin embargo, los efectos concretos dependen de la circulación atmosférica y de las condiciones regionales.

Por ello, los análisis planetarios deben combinar observaciones de temperatura superficial, contenido térmico oceánico, humedad atmosférica y precipitación, evitando atribuir automáticamente un fenómeno individual al cambio climático.

📅 Perspectiva de vigilancia: próximos 7–14 días

Del 29 de octubre al 12 de noviembre de 2026. Las prioridades generales son la vigilancia de ciclones y lluvias intensas en las cuencas tropicales activas, la evolución de los temporales otoñales del hemisferio norte y el seguimiento de humedad del suelo y riesgo de incendios en regiones vulnerables.

Esta perspectiva identifica variables que conviene vigilar, no constituye una predicción de episodios concretos. Los pronósticos de corto plazo deberán consultarse en los servicios meteorológicos oficiales y actualizarse conforme avance el período.

Referencias científicas institucionales: OMM (wmo.int), Copernicus Climate Change Service (climate.copernicus.eu), NOAA (noaa.gov), NASA Earth Observatory (earthobservatory.nasa.gov) y NSIDC (nsidc.org). Panel de contexto climático, sin mediciones instrumentales diarias verificadas.
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Cómo afectan los incendios forestales a la salud de la población incluso en lugares alejados

Ekrem sahin/Shutterstock

Julio Díaz, Instituto de Salud Carlos III; Cristina Linares Gil, Instituto de Salud Carlos III, and José Antonio López Bueno, Instituto de Salud Carlos III


Los incendios forestales ocurridos en España en lo que va de 2025 han quemado más de 400 000 hectáreas, superando las 300 000 calcinadas en 2022. La superficie quemada este año supera la suma de lo quemado en los años 2019, 2020, 2021, 2023 y 2024.

Esta combustión de biomasa produce emisiones a la atmósfera de gran cantidad de partículas y gases. En el caso del dióxido de carbono (CO₂), las emisiones como consecuencia de los incendios de 2025 en España superan, según datos del Sistema Europeo de Información sobre Incendios forestales (EFFIS), las 13 megatoneladas y en toda Europa, las 20 megatoneladas. En España estas emisiones serían seis veces superiores a las emitidas como consecuencia de los incendios de 2022.

El dióxido de carbono es el principal gas de efecto invernadero que contribuye al calentamiento global. Solamente afecta a la salud humana en el marco del cambio climático, pero estrictamente no puede considerarse un contaminante atmosférico con efectos en la salud.

No ocurre lo mismo con otras sustancias que se emiten también en un incendio forestal y que tienen una clara incidencia en la salud humana a corto plazo. Entre los compuestos generados destaca el material particulado (PM, por sus siglas inglesas), que es bastante tóxico porque contiene hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP), benzopireno y reteno.

Impacto en la salud de los incendios forestales

La toxicidad del material particulado emitido durante los incendios se ha investigado recientemente y se ha comprobado que podemos estar subestimando su impacto en la salud humana hasta en un 93 %.

El estudio analizó el efecto de las PM2.5 (partículas con un diámetro menor o igual a 2.5 micrómetros) originadas durante los incendios forestales y concluyó que, para cuantificar su efecto en la mortalidad, hay que tener en cuenta que estas partículas provienen de un incendio forestal y no de emisiones convencionales del tráfico.

¿Hasta dónde llegan las partículas tóxicas de un incendio?

Generalmente, cuando se tienen en cuenta los daños en salud producidos por los incendios forestales, estos suelen centrarse de forma casi exclusiva en la población que ha estado en contacto de forma directa o expuesta en las proximidades del fuego.

Pocas veces se considera que las sustancias generadas pueden recorrer largas distancias, por efecto del desplazamiento horizontal de las masas de aire que las transporta empujadas por los vientos, llegando a recorrer cientos e incluso miles de kilómetros. Por eso, sus posibles impactos en la salud pueden extenderse a lugares bastante alejados del foco del incendio.

Investigaciones recientes han establecido que el humo de estos incendios forestales, al contener también compuestos orgánicos volátiles (COV), pueden favorecer la formación de ozono troposférico (O₃) a grandes distancias del incendio. Por tanto, la calidad del aire puede verse muy deteriorada como consecuencia del aumento de las concentraciones de partículas y de O₃. Así se ha puesto de manifiesto en los altos valores de las concentraciones de contaminantes que se han registrado en algunas localidades españolas como consecuencia de los incendios forestales producidos recientemente.

Por lo tanto, los impactos en la salud se producen no solo por el aumento en las concentraciones del material particulado PM10 –partículas con un diámetro superior a 10 micrómetros– y PM2.5, sino también como consecuencia de la mayor toxicidad de estas partículas y por el aumento de las concentraciones de otros contaminantes generados, como el ozono troposférico.

A lo anterior hay que añadir que las condiciones meteorológicas óptimas para el desarrollo de un incendio forestal también concurren en ocasiones con temperaturas extremadamente altas (olas de calor), por lo que al efecto de la contaminación atmosférica habría que añadir el efecto en la salud de las altas temperaturas.

Inflamación celular sistémica y estrés oxidativo

Un estudio realizado en España en 2018 sobre el efecto de la combustión de biomasa proveniente de incendios forestales muestra que la mortalidad diaria asociada al material particulado es mayor los días en los que hay transporte aéreo de partículas provenientes de incendios forestales que en aquellos días que no lo hay.

Además, este material particulado no solo tiene efecto a nivel respiratorio. Las partículas más finas depositadas en los pulmones pueden pasar al torrente sanguíneo. Una vez en la sangre, pueden llegar a cualquier parte del cuerpo causando estrés oxidativo. El estrés oxidativo ocurre cuando hay un desequilibrio entre los radicales libres y los antioxidantes en el cuerpo que pueden dañar células y tejidos. Está relacionado con enfermedades cardiovasculares, cáncer, enfermedades neurodegenerativas y el envejecimiento prematuro.

Además, las partículas pueden originar procesos de inflamación celular sistémica, provocando una cascada de reacciones químicas que elevan los niveles de sustancias inflamatorias y la actividad de células inmunitarias en todo el organismo.

Más partos prematuros

En el caso de mujeres en estado gestacional, como ejemplo de situación individual vulnerable, las partículas pueden producir hipertensión, afectando al funcionamiento de la placenta, y provocar un parto prematuro. Así se ha demostrado en un estudio publicado en 2020.

El trabajo revela que en los días en los que debido a la dirección de los vientos dominantes llegaban a cierta población partículas provenientes de un incendio forestal, en ese lugar aumentaban los partos prematuros y los nacimientos con bajo peso en relación a los días en los que el aire no contenía estas partículas.

Efectos en la salud mental

En el caso de la población general, esta inflamación sistémica y el estrés oxidativo también se han relacionado con el aumento de los ingresos hospitalarios urgentes a corto plazo tanto por causas circulatorias, como especialmente por causas respiratorias, así como con el aumento de ingresos hospitalarios con carácter de urgencia debidos a desórdenes mentales y del comportamiento, ansiedad y depresión.

En estos dos últimos estudios, el efecto que tienen sobre los ingresos hospitalarios el ozono troposférico en particular y las altas temperaturas, en algunas regiones, puede superar al efecto de las partículas. Por ello, ceñir el análisis de los impactos a estas podría estar subestimando el efecto a corto plazo de los incendios forestales en la salud de las personas.

Adaptación, prevención y respuesta

La evidencia científica sobre cómo afecta el cambio climático a los factores de propagación de los incendios se conoce desde hace más de una década. Poner en marcha planes de monitorización y vigilancia de los riesgos en salud se hace cada vez más necesario en el contexto de la adaptación.

Prevenir los impactos sobre la salud en esta situación de emergencia no se limita a la vigilancia un solo factor ambiental, como el empeoramiento de la calidad del aire por aumento de las concentraciones de material particulado o de ozono, ni a las altas temperaturas. Debemos tener en cuenta el efecto conjunto de todos los factores de riesgo sobre las poblaciones afectadas, incluyendo además otro tipo de consecuencias como las relativas a la salud mental tanto a corto como a largo plazo.

Julio Díaz, Codirector de la Unidad de Referencia de Cambio Climático, Salud y Medio Ambiente Urbano. Profesor de Investigación. ISCIII, Instituto de Salud Carlos III; Cristina Linares Gil, Codirectora Unidad de Referencia en Cambio Climático, Salud y Medio Ambiente Urbano, Instituto de Salud Carlos III, and José Antonio López Bueno, Investigador en epidemiología ambiental, Instituto de Salud Carlos III

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.