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NDT · Panel de control planetario

Panorama Planetario

10 de septiembre de 2026
Resumen ejecutivo. El sistema Tierra entra en la segunda semana de septiembre bajo la influencia de un episodio de El Niño excepcionalmente intenso. El calor acumulado en el Pacífico tropical está alterando lluvias, sequías y circulación atmosférica, mientras el humo de incendios en Indonesia agrava la calidad del aire. La vigilancia debe concentrarse en la disponibilidad de agua, la propagación del fuego, el calor oceánico y la evolución de tormentas tropicales.
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Temperatura global

Calor de fondo y fuerte influencia del Pacífico

La temperatura planetaria continúa condicionada por el calentamiento provocado por los gases de efecto invernadero, al que se suma la liberación de calor asociada con El Niño. Esta combinación eleva la posibilidad de anomalías térmicas persistentes y episodios regionales de calor durante el cierre del verano boreal.

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Océanos

El Pacífico tropical reorganiza el clima

Las aguas anormalmente cálidas del Pacífico ecuatorial modifican la circulación tropical y desplazan patrones de lluvia. El océano actúa como amplificador climático: redistribuye energía hacia la atmósfera y puede cambiar la ubicación de sequías, precipitaciones intensas y zonas favorables para ciclones.

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CO₂ atmosférico

La concentración permanece en niveles históricamente altos

La señal estructural no cambia: el dióxido de carbono atmosférico continúa muy por encima de los valores preindustriales. Los incendios de vegetación y turberas añaden pulsos regionales de emisiones, mientras océanos y ecosistemas terrestres absorben solo una parte del carbono liberado por las actividades humanas.

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Hielo polar

El Ártico se aproxima a su mínimo estacional

Septiembre es un periodo crítico para la extensión del hielo marino ártico. Además del área total, importa vigilar el espesor, la fragmentación y la apertura de corredores de agua. En la Antártida, la evolución del hielo invernal sigue siendo esencial para interpretar intercambios entre océano y atmósfera.

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Incendios

Indonesia concentra una señal extrema de emisiones

La sequedad y el calor han favorecido incendios intensos en Kalimantan y Sumatra. Las turberas constituyen una preocupación especial porque el fuego puede avanzar bajo la superficie, resistir las labores de extinción y liberar grandes cantidades de carbono junto con partículas peligrosas para la salud.

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Sequías

Crece la presión sobre agua, cultivos y reservas

Las regiones sensibles a El Niño afrontan un riesgo creciente de déficits de lluvia. Cuando la sequía coincide con temperaturas elevadas, aumenta la evaporación, disminuye la humedad del suelo y se acelera el agotamiento de embalses. La planificación hídrica debe considerar impactos acumulativos, no solo precipitaciones diarias.

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Tormentas y extremos

Vigilancia activa en varias cuencas tropicales

Septiembre coincide con una fase climatológicamente activa en el Atlántico y con actividad habitual en el Pacífico occidental. El Niño no elimina el peligro: las condiciones locales del océano y la atmósfera pueden sostener sistemas capaces de producir lluvias torrenciales, oleaje y crecidas costeras.

⚠️ Señal planetaria destacada

La interacción entre El Niño, sequedad regional e incendios de turberas. Esta combinación conecta varios riesgos: pérdida de vegetación, contaminación transfronteriza, emisiones de carbono, deterioro de suelos y afectaciones sanitarias. La señal exige integrar pronósticos climáticos, detección satelital de focos y respuesta territorial.

🔭 Perspectiva para los próximos 7–14 días

El escenario más probable mantiene una marcada variabilidad regional. Se recomienda seguir las actualizaciones de los servicios meteorológicos por calor, déficit de lluvia, incendios y ciclones. En el Pacífico tropical, la persistencia de aguas cálidas puede reforzar anomalías de precipitación; en áreas secas, incluso tormentas aisladas pueden provocar escorrentías rápidas sin resolver el déficit hídrico acumulado.

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Cómo afectan los incendios forestales a la salud de la población incluso en lugares alejados

Ekrem sahin/Shutterstock

Julio Díaz, Instituto de Salud Carlos III; Cristina Linares Gil, Instituto de Salud Carlos III, and José Antonio López Bueno, Instituto de Salud Carlos III


Los incendios forestales ocurridos en España en lo que va de 2025 han quemado más de 400 000 hectáreas, superando las 300 000 calcinadas en 2022. La superficie quemada este año supera la suma de lo quemado en los años 2019, 2020, 2021, 2023 y 2024.

Esta combustión de biomasa produce emisiones a la atmósfera de gran cantidad de partículas y gases. En el caso del dióxido de carbono (CO₂), las emisiones como consecuencia de los incendios de 2025 en España superan, según datos del Sistema Europeo de Información sobre Incendios forestales (EFFIS), las 13 megatoneladas y en toda Europa, las 20 megatoneladas. En España estas emisiones serían seis veces superiores a las emitidas como consecuencia de los incendios de 2022.

El dióxido de carbono es el principal gas de efecto invernadero que contribuye al calentamiento global. Solamente afecta a la salud humana en el marco del cambio climático, pero estrictamente no puede considerarse un contaminante atmosférico con efectos en la salud.

No ocurre lo mismo con otras sustancias que se emiten también en un incendio forestal y que tienen una clara incidencia en la salud humana a corto plazo. Entre los compuestos generados destaca el material particulado (PM, por sus siglas inglesas), que es bastante tóxico porque contiene hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP), benzopireno y reteno.

Impacto en la salud de los incendios forestales

La toxicidad del material particulado emitido durante los incendios se ha investigado recientemente y se ha comprobado que podemos estar subestimando su impacto en la salud humana hasta en un 93 %.

El estudio analizó el efecto de las PM2.5 (partículas con un diámetro menor o igual a 2.5 micrómetros) originadas durante los incendios forestales y concluyó que, para cuantificar su efecto en la mortalidad, hay que tener en cuenta que estas partículas provienen de un incendio forestal y no de emisiones convencionales del tráfico.

¿Hasta dónde llegan las partículas tóxicas de un incendio?

Generalmente, cuando se tienen en cuenta los daños en salud producidos por los incendios forestales, estos suelen centrarse de forma casi exclusiva en la población que ha estado en contacto de forma directa o expuesta en las proximidades del fuego.

Pocas veces se considera que las sustancias generadas pueden recorrer largas distancias, por efecto del desplazamiento horizontal de las masas de aire que las transporta empujadas por los vientos, llegando a recorrer cientos e incluso miles de kilómetros. Por eso, sus posibles impactos en la salud pueden extenderse a lugares bastante alejados del foco del incendio.

Investigaciones recientes han establecido que el humo de estos incendios forestales, al contener también compuestos orgánicos volátiles (COV), pueden favorecer la formación de ozono troposférico (O₃) a grandes distancias del incendio. Por tanto, la calidad del aire puede verse muy deteriorada como consecuencia del aumento de las concentraciones de partículas y de O₃. Así se ha puesto de manifiesto en los altos valores de las concentraciones de contaminantes que se han registrado en algunas localidades españolas como consecuencia de los incendios forestales producidos recientemente.

Por lo tanto, los impactos en la salud se producen no solo por el aumento en las concentraciones del material particulado PM10 –partículas con un diámetro superior a 10 micrómetros– y PM2.5, sino también como consecuencia de la mayor toxicidad de estas partículas y por el aumento de las concentraciones de otros contaminantes generados, como el ozono troposférico.

A lo anterior hay que añadir que las condiciones meteorológicas óptimas para el desarrollo de un incendio forestal también concurren en ocasiones con temperaturas extremadamente altas (olas de calor), por lo que al efecto de la contaminación atmosférica habría que añadir el efecto en la salud de las altas temperaturas.

Inflamación celular sistémica y estrés oxidativo

Un estudio realizado en España en 2018 sobre el efecto de la combustión de biomasa proveniente de incendios forestales muestra que la mortalidad diaria asociada al material particulado es mayor los días en los que hay transporte aéreo de partículas provenientes de incendios forestales que en aquellos días que no lo hay.

Además, este material particulado no solo tiene efecto a nivel respiratorio. Las partículas más finas depositadas en los pulmones pueden pasar al torrente sanguíneo. Una vez en la sangre, pueden llegar a cualquier parte del cuerpo causando estrés oxidativo. El estrés oxidativo ocurre cuando hay un desequilibrio entre los radicales libres y los antioxidantes en el cuerpo que pueden dañar células y tejidos. Está relacionado con enfermedades cardiovasculares, cáncer, enfermedades neurodegenerativas y el envejecimiento prematuro.

Además, las partículas pueden originar procesos de inflamación celular sistémica, provocando una cascada de reacciones químicas que elevan los niveles de sustancias inflamatorias y la actividad de células inmunitarias en todo el organismo.

Más partos prematuros

En el caso de mujeres en estado gestacional, como ejemplo de situación individual vulnerable, las partículas pueden producir hipertensión, afectando al funcionamiento de la placenta, y provocar un parto prematuro. Así se ha demostrado en un estudio publicado en 2020.

El trabajo revela que en los días en los que debido a la dirección de los vientos dominantes llegaban a cierta población partículas provenientes de un incendio forestal, en ese lugar aumentaban los partos prematuros y los nacimientos con bajo peso en relación a los días en los que el aire no contenía estas partículas.

Efectos en la salud mental

En el caso de la población general, esta inflamación sistémica y el estrés oxidativo también se han relacionado con el aumento de los ingresos hospitalarios urgentes a corto plazo tanto por causas circulatorias, como especialmente por causas respiratorias, así como con el aumento de ingresos hospitalarios con carácter de urgencia debidos a desórdenes mentales y del comportamiento, ansiedad y depresión.

En estos dos últimos estudios, el efecto que tienen sobre los ingresos hospitalarios el ozono troposférico en particular y las altas temperaturas, en algunas regiones, puede superar al efecto de las partículas. Por ello, ceñir el análisis de los impactos a estas podría estar subestimando el efecto a corto plazo de los incendios forestales en la salud de las personas.

Adaptación, prevención y respuesta

La evidencia científica sobre cómo afecta el cambio climático a los factores de propagación de los incendios se conoce desde hace más de una década. Poner en marcha planes de monitorización y vigilancia de los riesgos en salud se hace cada vez más necesario en el contexto de la adaptación.

Prevenir los impactos sobre la salud en esta situación de emergencia no se limita a la vigilancia un solo factor ambiental, como el empeoramiento de la calidad del aire por aumento de las concentraciones de material particulado o de ozono, ni a las altas temperaturas. Debemos tener en cuenta el efecto conjunto de todos los factores de riesgo sobre las poblaciones afectadas, incluyendo además otro tipo de consecuencias como las relativas a la salud mental tanto a corto como a largo plazo.

Julio Díaz, Codirector de la Unidad de Referencia de Cambio Climático, Salud y Medio Ambiente Urbano. Profesor de Investigación. ISCIII, Instituto de Salud Carlos III; Cristina Linares Gil, Codirectora Unidad de Referencia en Cambio Climático, Salud y Medio Ambiente Urbano, Instituto de Salud Carlos III, and José Antonio López Bueno, Investigador en epidemiología ambiental, Instituto de Salud Carlos III

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.