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27 DE OCTUBRE DE 2026

🌍 Panorama Planetario

Estado del sistema Tierra: atmósfera, océanos, hielo, agua y fenómenos extremos.

El planeta mantiene señales estructurales de calentamiento, presión sobre los recursos hídricos y transformación de los ecosistemas. Esta lectura distingue las tendencias científicas consolidadas de los fenómenos meteorológicos que requieren seguimiento operativo. Los indicadores no representan mediciones instantáneas del 27 de octubre.

TEMPERATURA GLOBAL

🌡️ Persistencia del calentamiento

Referencia: +1,5 °C

El umbral de 1,5 °C respecto al período preindustrial constituye una referencia central del Acuerdo de París. Superarlo durante un año individual no equivale, por sí solo, a confirmar que se haya rebasado permanentemente el objetivo climático de largo plazo.

El seguimiento debe considerar las anomalías mensuales y anuales, las diferencias entre continentes y océanos y la evolución de los registros instrumentales. Las variaciones naturales pueden modificar temporalmente la temperatura observada, pero no eliminan la tendencia de calentamiento asociada a los gases de efecto invernadero.

OCÉANOS

🌊 Calor acumulado bajo la superficie

El contenido de calor oceánico permite evaluar una parte fundamental del desequilibrio energético terrestre. Los océanos absorben la mayor parte del exceso de calor del sistema climático y responden con cambios en la estratificación, la circulación y las condiciones de los ecosistemas marinos.

Las temperaturas superficiales pueden variar rápidamente por vientos y corrientes, mientras que el calentamiento de las capas profundas presenta una evolución más persistente. Para interpretar el estado oceánico conviene combinar observaciones satelitales, boyas y perfiles de temperatura.

CO₂ ATMOSFÉRICO

☁️ Concentración y acumulación

Referencia histórica: más de 420 ppm

Las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono han superado las 420 partes por millón en registros recientes. Esta referencia histórica no debe interpretarse como una medición puntual de octubre de 2026.

El CO₂ presenta un ciclo estacional relacionado con la actividad de la vegetación, especialmente en el hemisferio norte. Sin embargo, la trayectoria de varias décadas refleja una acumulación sostenida. Para evaluar la situación actual se necesitan promedios actualizados y series comparables de estaciones de referencia.

HIELO POLAR

🧊 Transición estacional entre hemisferios

Durante octubre, el hielo marino del Ártico suele encontrarse en fase de expansión después del mínimo estival, mientras que la Antártida transita hacia su temporada de retroceso. Esta diferencia estacional impide interpretar ambos polos mediante una única señal.

La extensión del hielo debe compararse con la climatología correspondiente a cada región y fecha. También importa su espesor, antigüedad y distribución geográfica, factores que condicionan la estabilidad de la cubierta helada y su respuesta a los cambios atmosféricos y oceánicos.

INCENDIOS

🔥 Combustibles secos y riesgo variable

El peligro de incendios depende de la humedad de la vegetación, la temperatura, el viento, la disponibilidad de combustible y las actividades humanas. No existe una única temporada mundial de incendios: cada región presenta calendarios y condiciones ambientales diferentes.

Las anomalías de precipitación y los períodos prolongados de calor pueden incrementar la inflamabilidad de determinados paisajes. La observación satelital permite identificar focos térmicos y superficies afectadas, aunque una detección de calor no siempre corresponde a un incendio forestal.

SEQUÍAS

💧 Déficit hídrico y recuperación desigual

Las sequías meteorológicas, agrícolas e hidrológicas pueden evolucionar a velocidades distintas. Una precipitación intensa puede aliviar temporalmente el déficit superficial sin recuperar de inmediato acuíferos, embalses o caudales de los ríos.

El seguimiento requiere combinar lluvia acumulada, humedad del suelo, evapotranspiración y reservas disponibles. Las condiciones antecedentes son decisivas para determinar la recuperación efectiva de una cuenca y anticipar consecuencias sobre ecosistemas, abastecimiento y producción de alimentos.

FENÓMENOS EXTREMOS

⛈️ Temporales y amenazas compuestas

Las lluvias torrenciales, los vientos intensos, las inundaciones y las olas de calor deben evaluarse considerando tanto la intensidad del fenómeno como la exposición de la población. Un episodio meteorológico no produce necesariamente el mismo impacto en territorios con distinta infraestructura y capacidad de respuesta.

En esta época del año todavía pueden formarse ciclones tropicales en el Atlántico norte, aunque su actividad concreta exige consultar avisos oficiales actualizados. Las alertas deben prevalecer sobre cualquier descripción general del panorama planetario.

SEÑAL PLANETARIA

🛰️ La importancia de integrar observaciones

Una señal ambiental adquiere mayor valor cuando se confirma mediante instrumentos independientes. Satélites, estaciones terrestres, boyas oceánicas y redes hidrológicas proporcionan perspectivas complementarias sobre los cambios que experimenta el planeta.

La comparación entre fuentes permite identificar errores, distinguir fluctuaciones de tendencias y mejorar la interpretación de episodios extremos. Esta integración resulta especialmente importante cuando las observaciones disponibles presentan diferencias de resolución, cobertura geográfica o frecuencia temporal.

PERSPECTIVA · 27 OCTUBRE–10 NOVIEMBRE

🔭 Horizonte de seguimiento para los próximos 7–14 días

La vigilancia de corto plazo debe concentrarse en la evolución de los sistemas de bajas presiones, las anomalías térmicas regionales, la humedad del suelo y las condiciones que favorecen precipitaciones intensas. Los pronósticos de una a dos semanas poseen incertidumbre creciente, especialmente en la ubicación y magnitud de los eventos.

También conviene observar la transición estacional del hielo marino, las temperaturas superficiales oceánicas y las posibles interacciones entre humedad atmosférica y circulación regional. Estas variables ofrecen contexto para comprender amenazas meteorológicas, pero no constituyen por sí mismas predicciones de desastres.

Las decisiones de protección civil deben fundamentarse en los servicios meteorológicos e hidrológicos competentes. Para esta edición no se atribuyen anomalías específicas ni alertas activas sin verificación instrumental correspondiente a la fecha.

Fuentes científicas de referencia: Copernicus C3S · NOAA GML · NSIDC · OMM. Indicadores históricos y criterios de vigilancia; no representan un boletín instrumental en tiempo real.
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La aridificación del clima, una silenciosa pero implacable amenaza global

The Art of Brani/Shutterstock

El pasado mes de diciembre se celebró en Riad (Arabia Saudí) la 16 Conferencia de las Partes (COP) de la Convención de las Naciones Unidas para la lucha contra la Desertificación, en la que se presentó el informe The Global Threat of Drying Lands: Regional and Global Aridity Trends and Future Projections, en cuya elaboración participamos los firmantes de este artículo.


Enrique Morán Tejeda, Universitat de les Illes Balears and Sergio Vicente Serrano, Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC)


En el informe se analizan, por un lado, las tendencias pasadas en el índice de aridez (cómputo del ratio entre la precipitación y la evapotranspiración potencial) sobre la superficie terrestre y las proyecciones para escenarios futuros de cambio climático. Y se sintetiza, por otro lado, la literatura científica disponible hasta la fecha sobre los impactos que el incremento en la aridez climática tiene sobre los ecosistemas, las poblaciones y la sociedad en general.

Un clima se considera árido cuando la precipitación no llega al 75 % de la demanda evaporativa de la atmósfera (o evapotranspiración potencial), condiciones que limitan la disponibilidad de agua para el desarrollo de la vegetación y, por tanto, para los ecosistemas y sociedades. De ese valor para abajo se establecen diferentes niveles de aridez, hasta los climas hiperáridos, caracterizados por sus paisajes desérticos.

Un mundo cada vez más árido

Los resultados del informe indican que entre 1990 y 2020 el 70 % de las tierras emergidas experimentaron condiciones de mayor aridez que en las décadas anteriores y el 30 % restante condiciones de mayor humedad. Además, se incrementó en un 3 % (4 millones de km², el equivalente a la mitad de Australia) la extensión del territorio categorizado dentro de los tipos de clima áridos.

Las regiones que experimentaron un mayor incremento de la aridez se sitúan al oeste de los Estados Unidos, la península de Yucatán, el noreste de Brasil, la región Mediterránea, el Sahel y el Rift Valley en África, el sudeste de Australia y grandes extensiones de China y Mongolia.

Esta expansión de los climas áridos, unida al aumento demográfico, significa que en las últimas tres décadas se ha duplicado la población mundial que vive bajo condiciones de aridez, pasando de 1 200 millones en 1990 a 2 300 millones de habitantes en 2020. Las proyecciones climáticas a futuro indican que esta cifra podría subir hasta los 5 000 millones y que otro 3 % de las actuales regiones con clima húmedo pasarán a tener un clima árido a finales de siglo.

Una consecuencia del cambio climático

El cambio climático antropogénico está detrás de buena parte de esta tendencia a la aridificación del clima.

Un principio básico de la termodinámica indica que la cantidad de vapor de agua que puede contener el aire se incrementa a medida que aumenta la temperatura de este (un 7 % más por cada grado). En lenguaje técnico, se incrementa el déficit de presión de vapor, lo que en términos coloquiales equivale a decir que conforme aumenta su temperatura, más “sediento” se vuelve el aire.

Tanto las observaciones como las simulaciones climáticas sobre una atmósfera cada vez más cálida corroboran este fenómeno que hace incrementar la evaporación de las superficies, contribuyendo a aumentar la aridez de los climas terrestres, a pesar de que se estén registrando mayores precipitaciones en algunas regiones. En concreto, el informe estima que la aridificación de 1.5 millones de km² está directamente relacionada con el calentamiento global derivado del incremento de gases de efecto invernadero en la atmósfera por la actividad humana.

El incremento en la aridez climática tiene unos efectos lentos, pero sostenidos y estructurales, sobre los ecosistemas y las poblaciones humanas. El descenso en la disponibilidad de agua incrementa el estrés hídrico de las plantas, afecta al ciclo de nutrientes, a la microbiota y a la fertilidad del suelo. Ello deriva en un descenso en la productividad vegetal y en la biodiversidad, contribuyendo a una degradación sistémica de la cubierta vegetal y del suelo, proceso conocido como “desertificación”.

Más incendios, erosión y problemas de salud

Una atmósfera más sedienta y una vegetación más seca contribuyen asimismo a incrementar el riesgo de incendios, como tristemente se está observando en las regiones con clima mediterráneo. Un ejemplo son los devastadores incendios recientes en California.

La degradación de la vegetación y los suelos incrementa su exposición a la erosión por los agentes atmosféricos, aumentando asimismo el riesgo y la peligrosidad de las inundaciones o las tormentas de arena.

El descenso en la productividad afecta igualmente a los cultivos y los pastos, comprometiendo en gran medida la seguridad alimentaria de países con gran dependencia en el sector primario, e incrementando las tasas de pobreza de las poblaciones que dependen directa e indirectamente de una agricultura y ganadería basadas en escasas y erráticas precipitaciones o en sistemas de regadío poco sostenibles.

En casos extremos la escasez de alimentos, de agua y el incremento de la pobreza contribuyen, junto a otros factores socioeconómicos, a potenciar los movimientos migratorios en masa como los que afectan desde hace décadas al Sahel.

En última instancia, la escasez hídrica, la infraalimentación, el peligro de incendios o las tormentas de arena, derivados de la aridez climática, están relacionados con un incremento de la morbilidad, en un amplio rango de afecciones a la salud humana –incluyendo problemas cardiorrespiratorios, digestivos y musculoesqueléticos– o generando muertes directas e incrementando la mortalidad infantil.

Todos estos impactos, que suceden de forma escalonada y con complejas interacciones, han sido documentados en el informe, y demuestran la amenaza global que supone la aridificación del clima.

¿Qué podemos hacer?

La constatación de esta realidad climática y sus efectos urge a la implantación de medidas de mitigación, como la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, aunque a corto plazo no servirían para revertir la tendencia al aumento de la aridez. Por ello, el informe recomienda fortalecer la gobernanza e impulsar políticas que favorezcan la inversión pública y privada en la implementación de medidas de adaptación.

Estas medidas deben integrar tanto el conocimiento tradicional de las poblaciones que se han adaptado históricamente a estas condiciones –por ejemplo, adecuando las técnicas y especies de cultivo o de pastoreo–, como soluciones que apliquen las nuevas tecnologías, por ejemplo, en un uso más eficiente del agua.

Se recomienda igualmente incrementar el conocimiento y la información de las poblaciones afectadas con programas educativos, con sistemas de información climática y monitoreo de la aridez, desarrollando programas de evaluación de impactos y guías de buenas prácticas e integrando a las comunidades más afectadas en los procesos de toma de decisión. Es un reto, se concluye, que debe implicar transversalmente a todos los sectores de la sociedad.

Enrique Morán Tejeda, Profesor de Climatología , Universitat de les Illes Balears and Sergio Vicente Serrano, Profesor de Investigación. Climatología, Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC)

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.