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20-10-2026 | OBSERVATORIO PLANETARIO

Panorama Planetario

El sistema Tierra mantiene señales estructurales de calentamiento, presión sobre el agua, transformación de los océanos y vulnerabilidad de los ecosistemas. La lectura de estos indicadores requiere distinguir entre tendencias climáticas persistentes y variaciones meteorológicas de corto plazo.

Esta edición ofrece una evaluación científica de referencia. No presenta cifras instantáneas que no hayan sido contrastadas con sus respectivas redes de observación.

🌡️ TEMPERATURA GLOBAL

Un planeta bajo calentamiento sostenido

La temperatura media global constituye uno de los indicadores centrales del cambio climático. Su evolución debe interpretarse mediante anomalías respecto de períodos de referencia y no exclusivamente mediante temperaturas absolutas.

Las diferencias entre meses y años responden tanto al calentamiento de origen humano como a la variabilidad natural del sistema climático. Los fenómenos oceánicos, las oscilaciones atmosféricas y los cambios en la circulación pueden amplificar o moderar temporalmente las anomalías.

Indicador prioritario: anomalía térmica global mensual consolidada.

Lectura: una disminución temporal de la anomalía no implica necesariamente que se haya invertido la tendencia de calentamiento.

🌊 OCÉANOS

El océano como regulador del clima

Los océanos absorben gran parte del exceso de calor acumulado en el sistema climático. Esta función amortigua el calentamiento atmosférico, pero también modifica la estructura térmica de las aguas y puede aumentar la vulnerabilidad de los ecosistemas marinos.

Las olas de calor marinas, la estratificación de las aguas y los cambios en la distribución de especies son manifestaciones que deben analizarse con observaciones regionales y series prolongadas.

Indicador prioritario: temperatura superficial marina y contenido de calor oceánico.

Lectura: una anomalía superficial no describe por sí sola la totalidad del calor almacenado en profundidad.

☁️ CO₂ ATMOSFÉRICO

La acumulación de carbono sigue siendo decisiva

La concentración atmosférica de dióxido de carbono refleja el balance entre las emisiones y la absorción realizada por océanos, vegetación y otros reservorios naturales. La evolución estacional incluye oscilaciones relacionadas con la actividad de la biosfera.

Para evaluar el estado de este indicador es indispensable comparar registros homogéneos de estaciones de referencia y promedios globales, evitando confundir mediciones locales con concentraciones planetarias.

Indicador prioritario: concentración mensual de CO₂ expresada en partes por millón.

Lectura: las fluctuaciones estacionales no eliminan la acumulación de largo plazo.

🧊 HIELO POLAR

Dos regiones con dinámicas diferentes

El hielo marino del Ártico y el de la Antártida presentan regímenes estacionales opuestos y respuestas regionales distintas. Su extensión no debe confundirse con el volumen de hielo ni con la masa de los glaciares continentales.

En octubre, la vigilancia del Ártico presta especial atención al desarrollo de la congelación otoñal, mientras que en la Antártida se examina la evolución de la cobertura durante la primavera austral.

Indicador prioritario: extensión diaria y anomalía respecto de la climatología.

Lectura: una recuperación estacional de superficie no equivale a recuperación estructural.

🔥 INCENDIOS

Combustible, meteorología y exposición

El peligro de incendios depende de la humedad de la vegetación, la temperatura, el viento y las condiciones de sequedad acumulada. Las igniciones también están vinculadas a factores humanos y naturales.

Los satélites permiten identificar focos térmicos y estimar emisiones, pero una detección térmica no equivale automáticamente a un incendio de grandes dimensiones. La evaluación debe integrar imágenes, datos meteorológicos y observaciones terrestres.

Indicador prioritario: focos activos confirmados y condiciones de peligro.

Lectura: peligro de incendio y superficie efectivamente quemada son variables diferentes.

💧 SEQUÍAS

Una amenaza que evoluciona lentamente

La sequía meteorológica comienza con déficits de precipitación, mientras que la agrícola y la hidrológica afectan, respectivamente, la humedad disponible para los cultivos y las reservas de agua superficial o subterránea.

La recuperación de estas variables no ocurre necesariamente al mismo tiempo. Episodios intensos de lluvia pueden mejorar algunas condiciones sin reponer completamente acuíferos o reservas acumuladas.

Indicador prioritario: precipitación acumulada, humedad del suelo y almacenamiento hídrico.

Lectura: el seguimiento requiere múltiples indicadores y escalas temporales.

⛈️ FENÓMENOS EXTREMOS

La vigilancia debe considerar impactos

Las tormentas intensas, las precipitaciones extremas, las olas de calor y los episodios de viento fuerte adquieren especial relevancia cuando coinciden con territorios expuestos o infraestructuras vulnerables.

El riesgo no depende únicamente de la intensidad física del fenómeno. La ocupación del suelo, los sistemas de alerta, la calidad de las construcciones y la capacidad de respuesta modifican considerablemente sus consecuencias.

Indicador prioritario: avisos oficiales, pronósticos probabilísticos y exposición territorial.

Lectura: las alertas meteorológicas deben consultarse en los servicios competentes de cada país.

🛰️ SEÑAL PLANETARIA

Observar conjuntamente tierra, mar y atmósfera

La señal más importante para interpretar el estado ambiental del planeta es la convergencia de diferentes observaciones. Los registros atmosféricos, oceánicos, criosféricos y terrestres permiten detectar relaciones que una medición aislada no puede revelar.

Las anomalías persistentes adquieren mayor significado cuando se contrastan con series históricas y con mecanismos físicos conocidos. La integración de datos también ayuda a identificar incertidumbres y evitar interpretaciones exageradas de episodios individuales.

Prioridad científica: combinar indicadores independientes, revisar su cobertura y distinguir observación de proyección.

🔭 PERSPECTIVA | 20 OCTUBRE – 3 NOVIEMBRE 2026

Horizonte de vigilancia de 7 a 14 días

Durante las próximas dos semanas, la evaluación planetaria debe concentrarse en la evolución de los patrones de circulación atmosférica, los cambios de temperatura marina, las condiciones de humedad del suelo y las anomalías de hielo marino.

Los pronósticos subestacionales permiten identificar probabilidades de determinados patrones, pero su capacidad predictiva varía según la región, la variable y el horizonte considerado. No resulta científicamente adecuado presentar un escenario global único como si fuera una predicción meteorológica confirmada.

La vigilancia de precipitaciones intensas debe relacionarse con la capacidad de drenaje y el estado de las cuencas. En el caso de las sequías, conviene seguir tanto las lluvias previstas como la evolución de las reservas hídricas. Para los océanos, la atención se dirige a la persistencia de anomalías térmicas y sus posibles efectos ecológicos.

Conclusión: el seguimiento coordinado de observaciones y pronósticos ofrece una visión más fiable que cualquier indicador aislado. Las decisiones de protección civil deben apoyarse en boletines operativos y avisos oficiales actualizados.

Fecha editorial: 20-10-2026. Referencias científicas: WMO, NOAA, NASA, Copernicus y NSIDC. Panel interpretativo; no constituye un boletín meteorológico en tiempo real.

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La ballena azul: la historia de la caza comercial del mayor cetáceo del planeta en las aguas templadas del Atlántico

La ballena azul es el mayor de todos los cetáceos. Imagen: Àlex Aguilar, UB-IRBio

El Grupo de Investigación Consolidado de Grandes Vertebrados Marinos de la UB analiza el fondo documental de la caza comercial de la ballena azul durante el siglo xx en la franja templada del Atlántico y las costas peninsulares  

La última ballena azul que se pescó en el mundo fue capturada en 1979 por una empresa española (Industria Ballenera S. A.) en aguas de Galicia 

Se calcula que la población actual de ballenas azules en la vertiente oriental del Atlántico norte se encuentra entre los 4.000 y los 5.000 ejemplares 


Barcelona, 2 de mayo de 2022. Con un peso equivalente al de 2.000 personas, la ballena azul es el mayor animal que ha existido nunca. No es de extrañar que este cetáceo fuera la especie más perseguida por su tamaño corporal y su rendimiento económico cuando la pesca ballenera moderna arrancó, a mediados del siglo xix. Las primeras capturas, en el norte de Noruega, se extendieron pronto a otras áreas marinas, y en pocas décadas en el Atlántico norte se capturaron más de 15.000 ejemplares. A principios del siglo xx, las poblaciones de ballena azul, que ya eran relativamente pequeñas, se desplomaron en la mayoría de las zonas del océano Atlántico norte, y la especie fue sustituida por el rorcual como principal objetivo comercial de los barcos balleneros.

Estas son parte de las conclusiones del artículo publicado en la revista Scientific Reports y firmado por los expertos Àlex Aguilar y Assumpció Borrell, de la Facultad de Biología y el Instituto de Investigación de Biodiversidad (IRBio) de la UB. El trabajo recopila la información disponible sobre capturas de ballena azul durante el siglo xx en la franja templada del Atlántico norte, una región oceánica en la que las capturas continuaron hasta 1979 a pesar de la protección de la especie, iniciada en 1954.

Ballena azul en la factoría de Cangas de Morrazo (Galicia) en 1979. Imagen: Manuel Hermelo/Jesús Cancelas, Museo Massó

La ballena azul, el gigante de los mares aún en peligro  

La ballena azul (Balaenoptera musculus) es el mayor de los cetáceos —puede llegar a superar los 30 metros y las 190 toneladas— y pertenece al grupo de los misticetos, ballenas con barbas. Es una ballena migradora de grandes distancias, se nutre sobre todo de krill y de peces pequeños, y está catalogada como especie amenazada en la Lista Roja de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN).  

El nuevo trabajo analiza la documentación interna de la actividad ballenera (cuadernos de bitácora de los buques cazadores, documentación interna de las compañías, etc.) que tuvo lugar en las aguas templadas del Atlántico norte durante el período 1921-1985. Esta información es contrastada con los datos aportados por estudios científicos e informes de inspección de pesca pertenecientes a los años 1981-1987. Las estadísticas oficiales sobre capturas balleneras, hasta ahora las únicas fuentes de información disponibles, «a menudo estaban falseadas y escondían cerca de la mitad de las capturas», explica el catedrático Àlex Aguilar, jefe del Grupo de Investigación Consolidado de Grandes Vertebrados Marinos de la UB. 

Los datos indican un total de 61 capturas de ballenas azules en 55 años (1,12 individuos por año), la mitad de las cuales no fueron declaradas nunca. En concreto, los datos de la década de 1950 revelan capturas de algunos rorcuales comunes (Balaenoptera physalus) de grandes dimensiones, «pero no está claro si esto se corresponde con una identificación errónea de la especie o bien con errores en las medidas de los espécimenes, de manera que no se puede descartar que el número real de ballenas azules capturadas fuera ligeramente superior al número estimado», apunta la profesora Assumpció Borrell, del Departamento de Biología Evolutiva, Ecología y Ciencias Ambientales y del IRBio. 

Cuando las primeras factorías modernas comenzaron a operar en la península ibérica, en 1921, la ballena azul era una especie rara y la explotación se centró en el rorcual común, una ballena más pequeña pero más abundante. «Eso no evitaba, sin embargo, que cuando los arponeros encontraban alguna ballena azul también la pescasen. De hecho, la última ballena azul que se pescó en el mundo fue capturada en 1979 por una empresa española, Industria Ballenera S. A., en aguas de Galicia», puntualiza Aguilar.  

La longitud media de las ballenas azules capturadas en aguas peninsulares, la mayoría juveniles, era inferior a la de los ejemplares de latitudes más altas. «Estos datos indicarían una estratificación geográfica de la población, con una mayor proporción de ejemplares inmaduros en las aguas templadas y la población adulta desplazada hacia latitudes más elevadas y aguas más frías», indican los autores.  

Caza de ballenas a bordo del buque IBSA 3 en 1982. Imagen: Àlex Aguilar, UB-IRBio

De la explotación a gran escala a la captura sostenible  

Durante el siglo xx hubo dos periodos bien diferenciados en la pesca de ballenas en las costas atlánticas. En los años 20 —en plena expansión de las empresas noruegas—, la pesca fue a gran escala, con numerosos barcos y factorías terrestres y flotantes. El resultado fue insostenible y desembocó en una fuerte reducción de las poblaciones de ballena azul.  

En una segunda fase, de los años 40 a 1985, la explotación fue mucho más moderada, con solo factorías terrestres y un número modesto de barcos cazadores. Aunque la Comisión Ballenera Internacional (CBI) reguló la protección de la especie en 1954, en aquella época España aún no era miembro de ella y las capturas de ballenas azules continuaron en el país hasta 1979. Una vez que la Comisión reguló las operaciones en España, con cuotas de captura e inspecciones de pesca, las operaciones fueron plenamente sostenibles. La moratoria en la captura comercial de ballenas, que entró en vigor en 1986 —y que fue aceptada por España—, puso punto final a seis décadas de intensa explotación. 

La población actual de ballenas supera el millar de ejemplares en el Atlántico sur, mientras que en la vertiente oriental del Atlántico norte se estima que hay entre 4.000 y 5.000 ejemplares. «El factor más determinante en la recuperación de la especie en el litoral peninsular ha sido la protección. La recuperación fue lenta al principio —el número de ejemplares era muy reducido—, pero en la última década y media el aumento poblacional de la ballena azul ya es visible, por ejemplo, en aguas de Galicia», subraya Aguilar. 

En la actualidad, la pesca ha dejado de ser un problema para la conservación de las ballenas. Las poblaciones que aún se explotan en Noruega, Japón, Islandia, Estados Unidos o Rusia se encuentran en niveles saludables y las cifras de captura están claramente por debajo de la tasa de reposición de individuos. «Sin embargo, hay otros factores que parecen más alarmantes. En el Mediterráneo, por ejemplo, las muertes de ballenas por colisiones con barcos son demasiado frecuentes. Las consecuencias del cambio climático también son preocupantes, aunque no está claro si realmente tendrá un efecto negativo, e incluso algunos estudios apuntan a que podría favorecer a ciertas especies», indican los autores.  

Aparte del aspecto económico, la caza comercial de ballenas también ha dejado una profunda huella histórica y arquitectónica en algunos países. En el caso de España, las acciones de algunas administraciones para catalogar las factorías balleneras como bienes patrimoniales no han evitado el deterioro de muchos equipamientos, hoy en día desaparecidos o convertidos en escombros o chatarra. 

«En este sentido, la diferencia con otros países de tradición ballenera es notable. Solo hay que pensar en el caso del IBSA I, el último barco cazador español, con 48 metros de eslora. En 1989 fue adquirido por el Museo de Sandefjord (Noruega) por un valor de 1.000 pesetas (6 euros) cuando iba a ser desguazado. Hoy tiene el nombre de Southern Actor y es el principal atractivo de este museo», concluye Àlex Aguilar.  

Artículo de referencia: 

Aguilar, A.; Borrell, A. «Unreported catches, impact of whaling and current status of bluewhales in the South European Atlantic Shelf». Scientific Reports, marzo de 2022. DOI: 10.1038/s41598-022-09570-6