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Panel de control planetario

Panorama Planetario

Actualización: 11 de agosto de 2026
Resumen ejecutivo. El sistema climático mantiene señales de calor persistente, océanos excepcionalmente cálidos y una transición hacia un episodio de El Niño más consolidado. Julio de 2026 fue el segundo julio más cálido a escala mundial, empatado con 2024, mientras la temperatura superficial de los océanos extratropicales alcanzó un máximo para ese mes. Las condiciones actuales elevan la vigilancia sobre olas de calor, incendios, sequías de rápida aparición y episodios de lluvia intensa.
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Temperatura global Calor sostenido en el sistema climático

Julio se ubicó como el segundo más cálido registrado globalmente, empatado con julio de 2024. Europa occidental acumuló su periodo junio-julio más cálido de la serie, una señal de persistencia térmica que aumenta la presión sobre la salud, los suelos, el agua y la vegetación.

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Océanos Máximo mensual fuera de las regiones polares

La temperatura media de la superficie marina entre 60°S y 60°N alcanzó 20,96 °C en julio, el valor más alto documentado para ese mes. El Pacífico tropical conserva extensas anomalías cálidas vinculadas al fortalecimiento de El Niño durante los próximos meses.

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CO₂ atmosférico La acumulación continúa marcando el fondo climático

Las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono permanecen en niveles históricamente elevados. Aunque las variaciones diarias responden al ciclo natural de la vegetación, la tendencia de largo plazo continúa dominada por las emisiones humanas y refuerza el calentamiento del aire y los océanos.

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Hielo polar Cobertura inferior al promedio en ambos polos

La extensión del hielo marino ártico fue la sexta más baja registrada para julio. En la Antártida alcanzó aproximadamente 15,4 millones de kilómetros cuadrados, un 6,4 % por debajo del promedio 1991–2020 y el quinto valor más bajo para julio en la era satelital.

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Incendios Vegetación expuesta tras episodios prolongados de calor

La combinación de altas temperaturas, humedad reducida y combustibles vegetales secos sostiene un entorno favorable para incendios en sectores del hemisferio norte. La atención se concentra en áreas mediterráneas, bosques boreales y regiones donde varias olas de calor han reducido rápidamente la humedad del suelo.

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Sequías Riesgo de deterioro rápido en zonas agrícolas

La escasez previa de humedad y la previsión de lluvias limitadas favorecen sequías de rápida aparición en partes de las llanuras centrales y meridionales de Estados Unidos y en los valles del Mississippi. En otras regiones, los déficits acumulados siguen condicionando embalses, cultivos y ecosistemas.

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Fenómenos extremos Calor dominante y lluvias intensas localizadas

Los contrastes térmicos y la elevada humedad atmosférica pueden favorecer tormentas severas y precipitaciones concentradas. El monzón norteamericano mantiene posibilidades de lluvia fuerte en el área de las Cuatro Esquinas, mientras persisten riesgos asociados al calor en amplias zonas continentales.

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Trópicos El Niño modifica el escenario de ciclones

El calentamiento del Pacífico tropical altera los patrones de viento y precipitación a escala mundial. En el Atlántico, el aumento de la cizalladura asociado a El Niño puede limitar parte de la actividad ciclónica, pero no elimina la posibilidad de huracanes destructivos durante el tramo central de la temporada.

📡 Señal planetaria destacada

La coincidencia entre un océano extratropical récord en julio y el fortalecimiento de El Niño representa la señal central del día. Un océano más cálido almacena energía, incrementa la evaporación y puede intensificar tanto el estrés térmico marino como determinados episodios de lluvia extrema. Sus efectos no son uniformes: cada región responderá según la circulación atmosférica y sus condiciones locales.

🔭 Perspectiva para los próximos 7–14 días

Se mantiene la vigilancia por calor extremo en el centro y sur de Estados Unidos, con posible expansión hacia el valle del Mississippi, el sudeste y el Atlántico medio. También existe riesgo de sequía rápida en territorios agrícolas estadounidenses y de precipitaciones intensas en el suroeste. En Europa, el calor acumulado conserva elevada la vulnerabilidad de suelos y vegetación, aunque los episodios concretos dependerán del desplazamiento de los sistemas regionales.

Referencia técnica: Copernicus Climate Change Service, NOAA Climate Prediction Center y observaciones satelitales disponibles al 11 de agosto de 2026.
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La gran avalancha que sepultó el pueblo suizo de Blatten nos deja lecciones para un futuro más cálido

El glaciar Birch, cubierto de rocas que cayeron del Kleines Nesthorn. La foto fue tomada el 23 de mayo de 2025, cinco días antes de que el glaciar se derrumbara. KEYSTONE /Jean-Christophe Bott/ETH Zürich

El miércoles 28 de mayo de 2025, el glaciar de Birch (Valais, Suiza) colapsó, generando una gran avalancha de bloques de hielo, derrubios y rocas que enterró la mayor parte del pueblo de Blatten. Aunque inicialmente el volumen movilizado se estimó en tormo a los 3 millones de m³, podría superar la decena de millones de m³. Asociado al desplazamiento de esa gran cantidad de material tuvo lugar un seísmo de magnitud 3.1.


Javier Lillo Ramos, Universidad Rey Juan Carlos


Ya en diciembre de 1993 y diciembre de 1999 tuvieron lugar dos importantes avalanchas de hielo y nieve en el glaciar de Birch, por lo que ha sido objeto de monitorización desde entonces. Desde finales de la pasada década, la parte inferior del glaciar –separada de la parte superior desde aproximadamente el año 2000– ha avanzado unos 50 metros.

Ese avance inusual se atribuye a un aumento de la aceleración del flujo de hielo, en esa zona donde la superficie del glaciar está protegida de la radiación solar por la acumulación de rocas procedentes de los desprendimientos desde las zonas altas circundantes. Así, a diferencia de la parte superior donde el glaciar se adelgazó, el espesor del hielo en el frente glaciar aumentó hasta 20 metros entre 2017 y 2023.

¿Por qué ocurrió la última avalancha?

La gran avalancha del miércoles 28 de mayo es la consecuencia de lo que los científicos llamamos “efecto cascada” que, en este caso, representa la concatenación secuencial de diferentes procesos que generan efectos acumulativos entre sí.

El evento tuvo su origen en la inestabilidad de una cumbre situada en el circo de cabecera del glaciar, el pico Kleines Nesthorn (3 934 m), formado por un tipo de roca (metamórfica) cuya naturaleza favoreció su rotura, deslizamiento, caída y acumulación en la zona inferior del glaciar.

Los primeros deslizamientos se detectaron el 14 de mayo. El 17 de mayo las avalanchas de derrubios fueron de tal magnitud que llegaron a aproximarse peligrosamente a la localidad, por lo que en esa fecha se iniciaron las evacuaciones de la población.

Imágenes del glaciar cubierto de material rocoso tras los deslizamientos
Deslizamientos previos a la gran avalancha del 28 de mayo. La foto A muestra la zona deslizada en la ladera del pico Kleines Nesthorn. La foto B muestra el frente glaciar tras el deslizamiento del 17 de mayo. ETH Zürich/Radiotelevisión Suiza (SRF), CC BY-SA

Entre el 19 y el 22 de mayo, el Servicio Sismológico de Suiza registró movimientos sísmicos de cierta magnitud, relacionados con los sucesivos deslizamientos rocosos desde el pico Kleines. Para el 19 de mayo, las autoridades habían evacuado a toda la población.

La acumulación de derrubios en el glaciar se estima que pudo alcanzar los nueve millones de toneladas. La sobrecarga del material rocoso en un área relativamente pequeña (0,14 km²) tiene dos efectos. Por una parte da lugar a un aumento de peso de la masa glaciar. Por otra, en un glaciar templado como este, favorece la fusión del hielo por presión tanto en la base del glaciar como en su interior, generando agua en el interior del glaciar, reduciendo de esta manera la resistencia y la fricción basal y, con ello, aumentando la velocidad del flujo glaciar.

¿Tuvo algún efecto el cambio climático?

Dada la altitud a la que se encuentra el glaciar, se descarta la fusión del permafrost (capa de suelo congelado) como causa primaria de los deslizamientos rocosos, que podrían haber ocurrido independientemente del calentamiento global. Sin embargo, no se pueden despreciar los efectos negativos en la estabilidad de la ladera rocosa relacionados con una mayor presencia de agua líquida (por fusión o por precipitación) en las grietas de las rocas.

Mapa de las montañas donde se encuentra el glaciar con diferentes colores según la cantidad de permafrost
Distribución del permafrost en las montañas donde se encuentra glaciar. El pueblo de Blatten aparece marcado con un círculo en el valle. Instituto Federal Suizo de Bosques, Nieve y Paisaje, CC BY-SA

Las áreas montañosas (y especialmente las de altas altitudes) son más sensibles al calentamiento global que otras regiones del planeta, experimentando una mayor tasa de aumento de temperatura. Dicho ascenso está modificando la dinámica de procesos naturales que siempre han tenido lugar en las montañas, como avalanchas de hielo y nieve, deslizamientos, caídas de rocas, inundaciones, etc., muchos de ellos provocados o condicionados por el propio relieve (circos y cuencas con laderas de fuertes pendientes), la litología y la tectónica (debido a rocas muy fracturadas).

Tales impactos no siempre se concretan en un aumento de la inestabilidad, con mayor frecuencia o intensidad de los fenómenos de movimiento en masa. Y así, los efectos de las variaciones climáticas se van a manifestar de manera diferente dependiendo de la altitud: parece que aumentará la frecuencia de desprendimientos rocosos en zonas de alta montaña mientras que ocurrirán menos aludes de nieve y de menor tamaño debido a la escasez de nieve en cotas bajas y medias.

Sin embargo, y en consonancia con el análisis preliminar de las causas de la avalancha de Birch, no se ha constatado un patrón climático bien definido en las avalanchas de derrubios ni tampoco en el caso de las avalanchas de hielo.

Vista de montañas nevadas y el glaciar que se extiende de las montañas al valle
Vista general del valle y la ladera donde tuvo lugar la avalancha que muestra el alcance y la zona afectada. European Union, Copernicus Sentinel-2 image, 30 May 2025, CC BY-SA

Necesitamos vigilar las zonas de montaña

La gran avalancha del glaciar de Birch puede ser considerada como un buen ejemplo de la necesidad del seguimiento, monitorización y análisis de los factores que pueden contribuir a una situación de peligro que dé lugar a un riesgo no aceptable en las áreas de montaña.

Vamos abocados a un escenario climático diferente, del que poco sabemos cómo evolucionará y cuál será el alcance de sus impactos en la dinámica de los procesos que ocurren en las zonas de media y alta montaña. Por eso, la vigilancia tiene que hacerse (sin dilación) de una manera integradora, combinando diferentes herramientas de observación en tiempo real y modelización. Y considerando las características (fisiográficas, geológicas, hidrográficas, etc.) particulares de cada área. Solo así, como ha sucedido en Blatten, se podrán mitigar las consecuencias catastróficas en las poblaciones de estas regiones.

Javier Lillo Ramos, Profesor de Geodinámica e investigador en geología y cambio global, Universidad Rey Juan Carlos

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.