Pequeños humedales elevan el metano global


Un estudio de la Universidad de Texas en Austin identificó unos 160 millones de humedales pequeños que aportan el 24 % de las emisiones de metano de humedales no forestados


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Karem Díaz S.


Los humedales pequeños, muchas veces invisibles para los mapas globales, tienen un peso climático mucho mayor del que se había calculado. Una investigación de la Universidad de Texas en Austin identificó decenas de millones de pequeñas áreas anegadas en distintas regiones del planeta y concluyó que, en conjunto, aportan el 24 % de las emisiones mundiales de metano procedentes de humedales no forestados.

El estudio, publicado en Nature Climate Change, fue liderado por Fa Li, profesor asistente del Departamento de Ciencias de la Tierra y Planetarias de la Jackson School of Geosciences de la Universidad de Texas en Austin. El trabajo combinó imágenes satelitales de alta resolución, aprendizaje automático, mediciones de campo y modelos de emisiones para estimar la contribución real de estos ecosistemas pequeños al presupuesto global de metano.

El resultado cambia la forma de mirar el problema. Aunque cada humedal pequeño puede parecer irrelevante de manera aislada, su número es enorme. Los investigadores identificaron aproximadamente 160 millones de humedales pequeños que no estaban bien representados en las evaluaciones globales de metano debido a su tamaño reducido y a las limitaciones de los sensores usados tradicionalmente.

Un gas potente en ecosistemas difíciles de mapear

Los humedales anegados, como marismas, turberas y pantanos, son la mayor fuente natural de metano del planeta. Este gas de efecto invernadero se forma cuando microorganismos descomponen materia orgánica en suelos saturados de agua, donde el oxígeno no circula con facilidad.

La relevancia climática del metano es elevada porque atrapa mucho más calor que el dióxido de carbono en las primeras décadas después de ser liberado. El artículo recuerda que, en un horizonte de 20 años, el metano tiene un potencial de calentamiento unas 80 veces superior al del CO₂.

La dinámica de este gas ya aparece como una preocupación central en investigaciones sobre emisiones de metano, especialmente porque sus concentraciones atmosféricas han aumentado de forma marcada en las últimas décadas.

El tamaño ocultó el impacto

El estudio se centró en humedales que van desde unos 1.000 metros cuadrados, aproximadamente un cuarto de acre, hasta un kilómetro cuadrado. Algunos pueden tener el tamaño de una piscina olímpica; otros pueden alcanzar unas 250 acres, casi la extensión del parque Zilker de Austin. Aun así, dentro de los mapas globales de baja resolución, muchos de ellos ocupan apenas una pequeña fracción de un píxel.

Esa escala explica por qué estos ecosistemas quedaron subestimados durante años. Los mapas tradicionales de humedales se apoyan en sensores satelitales de resolución gruesa, incluidos sensores de microondas pasivas, útiles para detectar grandes humedales incluso bajo ciertas condiciones de cobertura vegetal, pero menos eficaces para reconocer humedales pequeños y dispersos.

Para superar esa limitación, el equipo recurrió a años de imágenes satelitales de alta resolución. Luego aplicó aprendizaje automático para detectar humedales que no aparecían con claridad en inventarios globales anteriores. La combinación permitió construir una imagen más fina de la distribución de estos ecosistemas en áreas no forestadas.

Un aporte del 24 % al metano de humedales no forestados

El dato más importante es que los pequeños humedales representan el 24 % de las emisiones mundiales de metano de humedales no forestados. Esta proporción confirma que no se trata de una fuente menor dentro del balance climático, sino de un componente que debe incorporarse con mayor precisión en los modelos globales.

Fa Li resumió el problema con una idea clara: los humedales pequeños son fáciles de pasar por alto en un mapa, pero no son pequeños dentro del presupuesto de metano. La investigación muestra que el tamaño físico de cada ecosistema no basta para medir su impacto climático acumulado.

El hallazgo complementa otros trabajos sobre predicción de metano en humedales boreales y árticos, donde la mejora de los métodos de medición resulta clave para reducir incertidumbres sobre las emisiones naturales.

Emisiones que crecieron entre 2003 y 2022

El equipo evaluó cómo estos pequeños humedales se expandieron o redujeron entre 2003 y 2022. Luego combinó esa información espacial con mediciones de metano realizadas en campo y con herramientas de aprendizaje automático para calcular las emisiones durante ese período.

La conclusión fue que las emisiones de metano procedentes de estos humedales pequeños aumentaron un 9,9 % entre 2003 y 2022. Esa tendencia es relevante porque indica que su contribución no solo había sido subestimada, sino que además puede estar cambiando con el tiempo.

La investigación también advierte que el conteo actual probablemente sigue siendo conservador. Existen humedales aún más pequeños que los detectados y otros ubicados bajo cobertura forestal densa, como ciertos pantanos, que no pueden identificarse bien con las imágenes de alta resolución usadas en este trabajo.

Microbios, agua y falta de oxígeno

La producción de metano en humedales depende de condiciones muy específicas. Cuando el suelo permanece saturado de agua, el oxígeno atmosférico no penetra con facilidad. En ese ambiente pobre en oxígeno prosperan microorganismos capaces de descomponer materia orgánica y liberar metano.

Por eso, la superficie de un humedal no es el único factor importante. También importan el nivel de inundación, la temperatura, el tipo de vegetación, la materia orgánica disponible y la actividad microbiana. Estos elementos pueden variar mucho entre regiones, estaciones y años.

El vínculo entre microorganismos, carbono y humedales también ha sido analizado en estudios sobre microbios en humedales y carbono global, donde los procesos biogeoquímicos del suelo explican buena parte de la respuesta climática de estos ecosistemas.

Por qué importa distinguir fuentes naturales y humanas

El estudio recuerda que cerca de dos tercios de las emisiones globales de metano proceden de fuentes antropogénicas, como combustibles fósiles, ganado comercial, gestión de residuos humanos y cultivo de arroz. Esas fuentes suelen ser más directamente controlables mediante políticas, tecnología o cambios de manejo.

Sin embargo, las fuentes naturales también son decisivas porque responden a la dinámica del clima. Si el planeta se calienta, algunas emisiones naturales pueden aumentar y reforzar el calentamiento. Esa retroalimentación es una de las razones por las que los humedales deben medirse con mayor detalle.

La dificultad está en separar con precisión qué parte del aumento del metano atmosférico procede de actividades humanas y qué parte responde a cambios naturales. Investigaciones anteriores sobre fuentes agrícolas e industriales del metano atmosférico muestran que esta atribución sigue siendo una tarea compleja para la ciencia climática.

Una brecha en los modelos climáticos

Los pequeños humedales han permanecido subrepresentados en los modelos globales de metano. Esa omisión puede afectar la precisión de las evaluaciones climáticas, especialmente en regiones donde estas áreas anegadas son numerosas y están distribuidas en mosaicos difíciles de detectar.

El problema no es solo cartográfico. Si un modelo no reconoce una parte importante de la superficie emisora, también puede subestimar la cantidad de metano liberada a la atmósfera. El nuevo trabajo muestra que la escala espacial de los datos es determinante para calcular correctamente el papel de los humedales.

La mejora de los modelos requiere integrar observaciones satelitales, mediciones directas de flujo, datos de campo y registros atmosféricos. Fa Li también participa como coautor en un foro de política científica publicado en Science, donde se plantea la necesidad de un sistema global de observación de metano.

Hacia una vigilancia global del metano

Los investigadores sostienen que una imagen completa de la dinámica mundial del metano debe combinar múltiples fuentes de información. Esto incluye satélites, mediciones desde aeronaves, torres de concentración atmosférica y estaciones de flujo distribuidas en ecosistemas de distintas regiones.

Ese enfoque permitiría verificar mejor cómo cambian las emisiones naturales y cómo interactúan con las emisiones humanas. También ayudaría a detectar posibles retroalimentaciones climáticas antes de que se vuelvan más intensas.

El seguimiento de los humedales pequeños resulta especialmente importante porque estos ecosistemas son numerosos, variables y difíciles de incorporar en mapas globales. Su presencia puede cambiar con lluvias, sequías, temperatura, uso del suelo y modificaciones hidrológicas locales.

Un pequeño tamaño con gran peso climático

La investigación de la Universidad de Texas en Austin demuestra que el presupuesto global de metano no puede basarse solo en grandes humedales visibles desde sensores de baja resolución. Millones de áreas anegadas pequeñas, dispersas y fáciles de ignorar forman una fuente climática considerable cuando se suman a escala planetaria.

El hallazgo no reduce la importancia de controlar las fuentes humanas de metano, pero sí muestra que las fuentes naturales deben observarse con mayor precisión. En un clima más cálido, conocer cómo responden estos humedales será clave para anticipar cambios en el balance de gases de efecto invernadero.

Los pequeños humedales no ocupan grandes manchas en los mapas tradicionales, pero su huella en la atmósfera es medible. Incorporarlos mejor en los inventarios globales puede mejorar la comprensión del metano, afinar los modelos climáticos y fortalecer la vigilancia de una de las retroalimentaciones naturales más sensibles del planeta.

Fuente(s) referenciales

Phys.org. Easily overlooked small wetlands are a big source of global methane.