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5 de julio de 2026

Panorama Planetario

Panel general del sistema Tierra: atmósfera, océanos, hielo, carbono y eventos extremos.

Resumen ejecutivo

El sistema Tierra entra en julio con señales de presión acumulada: temperaturas oceánicas excepcionalmente altas, expansión de olas de calor marinas, riesgo de calor extremo en Norteamérica, sequedad en regiones de Europa y monitoreo reforzado sobre incendios, sequías y tormentas. La lectura central es que el calor almacenado en océanos y superficie sigue actuando como combustible para eventos extremos.

🌡️Temperatura global

Copernicus informó que mayo de 2026 estuvo entre los meses más cálidos registrados a escala global. El seguimiento de julio exige atención a la persistencia de anomalías cálidas.

🌊Océanos

Las temperaturas superficiales del mar marcaron récords diarios para la época del año. Las olas de calor marinas afectan ecosistemas, pesquerías y formación de tormentas.

🧪CO₂ atmosférico

La concentración de gases de efecto invernadero mantiene la presión de fondo sobre el clima. El CO₂ sigue siendo el principal indicador estructural del calentamiento de largo plazo.

🧊Hielo polar

El hielo marino ártico y antártico continúa bajo vigilancia por su relación con albedo, circulación oceánica y estabilidad de ecosistemas polares.

🔥Incendios

Las altas temperaturas, la vegetación seca y el viento elevan el riesgo de incendios en regiones forestales y de interfaz rural-urbana.

🏜️Sequías

La sequía aparece como riesgo productivo, hídrico y ecológico en áreas de Europa, Norteamérica, Centroamérica, Sudamérica y Australia.

⛈️Tormentas y extremos

Océanos más cálidos aportan humedad y energía a la atmósfera, aumentando el potencial de lluvias intensas, ciclones y episodios severos localizados.

Señal planetaria destacada

La señal dominante es el océano: el aumento de temperatura superficial y la expansión de olas de calor marinas muestran que el sistema climático sigue acumulando energía. Esto tiene efectos directos sobre biodiversidad marina, lluvias extremas, ciclones, arrecifes y costas.

Perspectiva 7–14 días

El monitoreo debe concentrarse en calor extremo en el oeste y centro de Estados Unidos, persistencia de temperaturas marinas elevadas, riesgo de incendios en zonas secas y evolución de tormentas intensas. Para territorios vulnerables, la prioridad es preparación hídrica, vigilancia de salud pública, control de incendios y alertas tempranas.

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Residuos radiactivos en el Atlántico revelan deterioro de barriles hundidos

Un bidón que muestra una degradación significativa, derrames de materiales en el lecho marino circundante y un dispositivo de muestreo de sedimentos desplegado y posteriormente recuperado por el Nautile en el sitio de almacenamiento de residuos radiactivos del Atlántico Nororiental, a una profundidad de 4700 m. Crédito: Campaña NODSSUM, CNRS, Flota Oceanográfica Francesa

Una campaña del proyecto Nodssum, liderada por el CNRS, documentó a más de 4.700 metros de profundidad barriles degradados, fugas de material y señales de interacción con ecosistemas abisales.


Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Eduardo Schmitz


Entre 1950 y 1990, más de 200.000 barriles con residuos radiactivos fueron arrojados a las profundidades del Atlántico nororiental. Décadas después, una nueva misión científica volvió a esa zona para observar directamente el estado de los contenedores y estudiar cómo interactúan con el ambiente marino profundo.

La campaña forma parte del proyecto Nodssum, liderado por el Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia, CNRS, en colaboración con Ifremer, la Autoridad de Seguridad Nuclear y Radioprotección de Francia, ASNR, y varios socios nacionales e internacionales.

El objetivo de la misión fue explorar áreas de interés identificadas durante una primera campaña realizada entre el 15 de junio y el 11 de julio de 2025. Aquella expedición permitió mapear la zona donde fueron depositados los barriles; la segunda buscó observar puntos concretos y recolectar muestras para análisis posteriores.

Una nueva expedición al fondo del Atlántico

La segunda misión se realizó entre el 27 de mayo y el 28 de junio de 2026 a bordo del buque Pourquoi Pas?. Cerca de 30 científicos participaron en la campaña, que utilizó el sumergible tripulado Nautile, parte de la Flota Oceanográfica Francesa.

El Nautile efectuó 20 inmersiones a profundidades superiores a 4.700 metros, lo que permitió observar varios barriles y su entorno inmediato. Las imágenes y mediciones obtenidas ofrecen una mirada poco frecuente sobre un legado de contaminación marina depositado en una zona abisal difícil de estudiar.

El océano profundo permanece entre los sistemas menos conocidos del planeta. Por eso, investigaciones previas sobre ecosistemas de aguas profundas del Atlántico han insistido en la necesidad de observar directamente estos ambientes para comprender sus amenazas reales.

Barriles deteriorados y materiales filtrados

Las observaciones realizadas con el sumergible y otros instrumentos desplegados desde el buque aportaron nuevos datos sobre los residuos sumergidos. Los científicos documentaron un estado avanzado de deterioro en varios barriles y observaron que algunos habían dejado escapar parte de su contenido hacia el fondo marino circundante.

La misión también permitió identificar distintos materiales usados para encapsular los residuos, entre ellos resina, bitumen y cemento. Esta información es importante porque cada material puede comportarse de manera distinta frente a la presión, la corrosión, la temperatura y las condiciones químicas del fondo oceánico.

Los resultados iniciales no significan que toda la zona presente el mismo estado ni que todos los barriles estén abiertos. La campaña se concentró en áreas de interés previamente identificadas, por lo que el análisis completo dependerá de la interpretación de imágenes, muestras y mediciones que continuará en laboratorio durante los próximos meses.

Radionúclidos por encima de lo esperado

Las mediciones realizadas en el sitio confirmaron la presencia de radionúclidos característicos de este tipo de residuos, con niveles de actividad superiores a los esperados para esa zona del Atlántico. Los análisis de laboratorio permitirán cuantificar con precisión esos radionúclidos e identificar otros que puedan estar presentes.

El CNRS señaló que, pese a esa detección, los niveles medidos durante la misión permanecen bajos y permiten manipular las muestras sin grandes restricciones de radioprotección. Esta distinción es importante: el hallazgo confirma señales químicas y radiactivas asociadas a los residuos, pero no equivale a una emergencia radiológica inmediata.

El punto científico central está en comprender cómo se dispersan esas sustancias en el ambiente, cómo pueden transferirse a sedimentos u organismos y qué papel desempeñan las corrientes, la química del agua y los procesos ecológicos abisales.

Agua, sedimentos y organismos vivos

Durante la campaña se recolectaron muestras de agua, sedimentos y organismos vivos. El objetivo es estudiar los mecanismos de dispersión y transferencia de radiactividad en el medio marino, así como documentar la biodiversidad presente sobre los barriles, alrededor de ellos y en hábitats cercanos.

La presencia de vida sobre estructuras artificiales hundidas no elimina el problema ambiental. Más bien abre preguntas sobre colonización biológica, exposición crónica, transferencia de contaminantes y posibles efectos en redes tróficas profundas. Los ecosistemas abisales suelen ser lentos, frágiles y adaptados a condiciones extremas.

Otros estudios han mostrado que la huella humana ya llegó a zonas oceánicas remotas, desde basura hasta materiales persistentes. En el Mediterráneo, por ejemplo, se han documentado desechos marinos en fondos profundos, lo que muestra que la profundidad no protege automáticamente a los ecosistemas de la contaminación.

Un legado ambiental de la segunda mitad del siglo XX

El depósito de residuos radiactivos en el mar refleja prácticas de gestión ambiental de otra época. Durante décadas, el océano profundo fue tratado por algunos países como un lugar remoto capaz de aislar desechos peligrosos. Hoy, la capacidad de observación directa y modelización permite revisar esas decisiones con criterios científicos más exigentes.

La misión Nodssum no solo busca localizar barriles. También intenta comprender el comportamiento de un legado submarino en el tiempo: deterioro de contenedores, liberación de materiales, movilidad de radionúclidos y relación con organismos que viven en el fondo.

La investigación se suma a un campo más amplio sobre contaminación, océano profundo y residuos persistentes. Estudios sobre el viaje del plástico hacia las profundidades oceánicas han mostrado que los materiales humanos pueden incorporarse al paisaje abisal y permanecer allí durante largos periodos.

Qué falta por analizar

El trabajo más detallado continuará en tierra. Los equipos científicos analizarán las muestras y las imágenes captadas durante la campaña para determinar con mayor precisión qué radionúclidos están presentes, en qué concentraciones aparecen y cómo se distribuyen entre agua, sedimentos y organismos.

También se espera que las observaciones ayuden a identificar el origen de ciertos barriles. Esa información puede ser relevante para reconstruir la historia de los vertidos, los materiales utilizados y las responsabilidades asociadas a los distintos tipos de residuos depositados en el Atlántico nororiental.

El análisis de los próximos meses buscará entender los mecanismos que gobiernan la transferencia y el transporte de radionúclidos en el océano profundo, además de sus interacciones con ecosistemas abisales. Ese conocimiento puede mejorar la vigilancia ambiental de sitios contaminados y orientar futuras decisiones sobre residuos peligrosos en el mar.

El océano profundo como archivo ambiental

La campaña confirma que el fondo oceánico no es un espacio vacío ni desconectado. A más de 4.700 metros de profundidad existen comunidades biológicas, procesos químicos y estructuras físicas que pueden interactuar con materiales depositados por actividades humanas.

La exploración de barriles radiactivos en el Atlántico nororiental muestra la importancia de sostener misiones oceanográficas de largo plazo. Sin observación directa, muchos impactos permanecerían invisibles bajo la superficie, aunque sus señales puedan persistir durante décadas.

El caso Nodssum también recuerda que la contaminación marina no se limita a costas, plásticos flotantes o vertidos recientes. Parte del riesgo ambiental está enterrado en decisiones pasadas, en lugares remotos y bajo condiciones extremas, donde la ciencia apenas comienza a medir con precisión sus efectos.

Fuente(s) referenciales

Phys.org. “Mission documents ecosystem interactions of radioactive waste dumped in the Atlantic between 1950 and 1990”. Publicado el 2 de julio de 2026.