Un estudio de la Universitat Politècnica de València detecta menos contaminación orgánica en la mayoría de los países analizados; España y Bulgaria figuran entre los casos más preocupantes
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Karem Díaz S.
La calidad del agua de numerosos ríos europeos ha mejorado, pero el ritmo observado resulta insuficiente para alcanzar los objetivos ambientales de 2030 en buena parte de los países estudiados. Esa es la conclusión de una investigación dirigida por María Pachés Giner y Remedios Martínez, del Instituto de Ingeniería del Agua y Medio Ambiente de la Universitat Politècnica de València (UPV), en España.
El equipo analizó datos disponibles entre 2015 y 2021. La contaminación orgánica disminuyó en 14 de los 18 países con información suficiente para evaluar ese indicador, mientras que las concentraciones de fosfatos bajaron en 11 de 16 países. La mejora, sin embargo, no permite asumir que todos avanzan a la velocidad necesaria para cumplir las metas fijadas para el final de la década.
Un indicador compara el estado de los ríos y la velocidad del cambio
Los investigadores desarrollaron el indicador de Presión Humana sobre los Ecosistemas Fluviales, conocido por sus siglas en inglés HPRE. La herramienta transforma datos de Eurostat en una escala comparable de 0 a 100 y combina dos medidas: la demanda bioquímica de oxígeno, relacionada con la contaminación orgánica, y la concentración de fosfatos, asociada con los aportes de nutrientes y la eutrofización.
La distinción central del estudio está entre la situación actual y su trayectoria. Un país puede presentar valores relativamente favorables y, aun así, necesitar medidas adicionales para mantenerlos o mejorarlos antes de 2030. De los países evaluados, los autores identificaron a Eslovenia como el único cuya trayectoria era plenamente compatible con los objetivos considerados. Finlandia, Estonia, Irlanda, Italia y Dinamarca también recibieron una valoración favorable, aunque deben sostener o reforzar sus políticas.
El indicador se concentra en presiones químicas concretas. Los propios autores advierten que una evaluación ecológica completa debe incorporar variables biológicas, características físicas de los cauces y datos sobre otros contaminantes. Esa necesidad de combinar distintas mediciones también aparece en la investigación sobre cómo evaluar los ríos temporales, cuyos cambios de caudal complican el seguimiento ambiental.
España registra más fosfatos pese a reducir la contaminación orgánica
España y Bulgaria presentan las situaciones más críticas descritas por la UPV, al combinar niveles elevados de contaminación con tendencias desfavorables en parte de los indicadores. En España, la carga de contaminación orgánica descendió durante el periodo examinado, pero continuó alta; al mismo tiempo, las concentraciones de fosfatos aumentaron entre 2015 y 2021.
Los fosfatos son relevantes porque un exceso de nutrientes puede alterar el equilibrio de los ecosistemas acuáticos. La presión sobre la calidad del agua puede agravarse durante episodios de bajo caudal, cuando disminuye la capacidad de dilución. Noticias de la Tierra ha documentado cómo la sequía redujo el caudal de grandes ríos europeos en 2026; ese episodio posterior no forma parte de la serie de datos utilizada por el nuevo estudio.
La calidad química tampoco resume por sí sola el estado de un río. Las barreras y otras modificaciones físicas afectan sus hábitats y la circulación de especies. Por ello, las iniciativas de restauración de la conectividad fluvial en Europa atienden una dimensión distinta, aunque complementaria, a la reducción de vertidos y nutrientes.
El diagnóstico apunta a un seguimiento más amplio
La UPV relaciona parte de las mejoras observadas con los avances en la recogida y depuración de aguas residuales y con las normas destinadas a limitar las descargas de nutrientes. Para acelerar los progresos, los investigadores plantean controles más estrictos de los vertidos urbanos, industriales y agrícolas, además de sistemas de vigilancia armonizados y series de datos más completas.
El trabajo ofrece una manera de detectar dónde la presión medida sigue siendo elevada y dónde la mejoría avanza demasiado despacio. Sus resultados corresponden a los países y años con datos suficientes para cada indicador; no constituyen una medición de todos los ríos europeos ni una predicción definitiva de su estado en 2030.
Fuentes referenciales:
Estudio publicado en Environmental Science and Pollution Research
Universitat Politècnica de València




