Un estudio de la Universidad de Miami evaluó exposición infantil a arsénico, gases y contaminación ambiental en playas con acumulación de sargazo
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
La llegada masiva de sargazo a las playas vuelve a colocar una pregunta práctica sobre la mesa: qué tan seguro es permanecer cerca de estas acumulaciones de algas cuando comienzan a descomponerse. Una investigación reciente de la Universidad de Miami ofrece una respuesta medida, especialmente para familias con niños: el riesgo general es bajo, pero no inexistente.
El estudio, publicado en la revista Exposure and Health, analizó los riesgos de exposición al arsénico asociado al sargazo durante actividades recreativas en la playa. Los resultados indican que los riesgos no cancerígenos por exposición al arsénico durante el juego infantil son mínimos. Sin embargo, el trabajo también identificó pequeños aumentos de riesgo cancerígeno en ciertos escenarios, sobre todo por contacto con la piel e ingestión accidental.
La investigación forma parte de una línea de trabajo desarrollada por especialistas de la College of Engineering de la Universidad de Miami. La profesora de ingeniería ambiental Helena Solo-Gabriele y el profesor asistente de ingeniería mecánica Jiayu Li estudian qué ocurre cuando grandes cantidades de sargazo llegan a la costa, se acumulan sobre la arena y empiezan a descomponerse.
El sargazo no se queda solo en la orilla
El sargazo puede acumular arsénico de forma natural. Cuando llega a las playas, ese contaminante no permanece aislado dentro del alga. En simulaciones de condiciones reales de playa, el equipo encontró que el arsénico puede desplazarse hacia el entorno cercano: filtrarse en el agua, pasar a la arena e incluso entrar al aire durante el proceso de descomposición.
Este punto es clave porque el sargazo no actúa como un residuo estático. Es un material orgánico que cambia rápidamente al contacto con el calor, la humedad, el agua marina y la arena. En las playas afectadas, su presencia puede alterar la calidad ambiental del sitio, especialmente cuando se acumula en grandes pilas y permanece varios días sin retiro.
El fenómeno ya ha sido observado en regiones del Caribe y México, donde el sargazo se ha convertido en una presión ambiental costera con efectos sobre ecosistemas, turismo y salud humana. La nueva investigación agrega una lectura más específica: cómo se mueve el arsénico durante el contacto recreativo con playas afectadas.
Niños, playa y exposición accidental
El estudio presta atención particular a los niños porque sus conductas en la playa pueden aumentar la exposición. Jugar con arena, tocar materia orgánica, llevarse las manos a la boca o ingerir pequeñas cantidades de arena de forma accidental son situaciones que pueden modificar el riesgo real frente a un adulto que solo camina cerca de la acumulación.
Helena Solo-Gabriele explicó que los riesgos están asociados sobre todo con exposiciones prolongadas, repetidas y de larga duración. El escenario más sensible corresponde a niños con pica, una condición que implica tendencia a consumir intencionalmente materiales no alimentarios. En esos casos, la ingestión de arena o fragmentos contaminados puede aumentar la exposición.
La recomendación práctica no es alarmista, pero sí preventiva. Lavarse las manos antes de comer en la playa, evitar que los niños manipulen o ingieran sargazo y ducharse después de regresar a casa puede reducir una exposición que, aunque generalmente baja, no debe ignorarse cuando hay acumulaciones grandes.
Cómo se maneja el sargazo también importa
La forma en que las autoridades o los operadores turísticos manejan el sargazo puede modificar la distribución del arsénico. La investigación encontró que cuando el sargazo se mezcla con la arena en lugar de retirarse, los niveles de arsénico en esa arena pueden ser más altos.
Este hallazgo tiene implicaciones directas para la gestión costera. Enterrar o mezclar las algas puede parecer una solución rápida para mejorar el aspecto visual de la playa, pero puede trasladar parte del problema al suelo arenoso donde juegan niños y descansan visitantes.
En el Caribe, otros trabajos ya han señalado la necesidad de monitorear especies, biomasa y posibles contaminantes asociados al sargazo. En Costa Rica, por ejemplo, instituciones científicas reportaron la llegada de especies de sargazo a costas del Caribe costarricense y plantearon análisis de metales pesados y arsénico para orientar decisiones de salud pública y manejo ambiental.
El olor también es una señal ambiental
El estudio no se limita al arsénico. A medida que el sargazo se pudre, libera gases que pueden afectar la calidad del aire. Las pruebas de laboratorio muestran que las emisiones de gases que contienen azufre, principalmente sulfuro de hidrógeno, pueden aumentar durante los primeros días de descomposición.
Jiayu Li explicó que el olor no es toda la historia. Cuando el sargazo se degrada, puede liberar sulfuro de hidrógeno y otros gases sulfurados. Estas emisiones pueden preocupar cuando las algas se acumulan en grandes montones. Si una persona percibe un olor fuerte a huevo podrido o siente irritación en ojos, garganta o respiración, lo prudente es alejarse del área.
El vínculo entre contaminación costera y aire no es menor. En otros contextos, como el río Tijuana, se ha documentado cómo la contaminación del agua puede dispersarse por el aire mediante aerosoles y malos olores, generando preocupación sanitaria en comunidades cercanas. Ese problema ha sido tratado en relación con la contaminación del aire por aguas tóxicas.
Un problema ambiental dinámico
La investigación describe al sargazo como un sistema ambiental dinámico. No es solo una molestia visual ni un problema turístico. Cuando se acumula en la playa, puede liberar gases, concentrar contaminantes y mover esos contaminantes entre aire, agua y arena.
Eso no significa que toda playa con sargazo sea peligrosa ni que cualquier contacto ocasional represente una amenaza alta. El propio estudio indica que los riesgos generales son bajos. La diferencia está en la duración de la exposición, la cantidad de sargazo acumulado, el estado de descomposición, el manejo del material y la conducta de los visitantes.
La situación también debe entenderse dentro del aumento de floraciones masivas en el Atlántico tropical. En los últimos años, la presencia de grandes manchas de sargazo ha sido vinculada con cambios oceánicos, vientos, nutrientes y circulación marina. Noticias de la Tierra ha abordado cómo una causa asociada a circulación y patrones de viento ayuda a explicar parte de estas floraciones en el Caribe.
Precaución sin alarma
La lectura práctica del estudio es clara: el sargazo cumple funciones ecológicas en el océano, pero su acumulación masiva en playas puede crear condiciones ambientales distintas. Para los visitantes, la prevención básica reduce el riesgo: evitar jugar sobre grandes montones, no manipular algas en descomposición, lavarse las manos antes de comer y alejarse de zonas con olor intenso o irritación respiratoria.
Para las autoridades costeras, el trabajo refuerza la importancia de retirar el sargazo de forma adecuada, monitorear contaminantes y evitar prácticas que lo mezclen con la arena sin evaluación previa. La gestión de estas acumulaciones debe considerar no solo la limpieza visual de la playa, sino también el movimiento de arsénico, agua, arena y gases durante la descomposición.
La temporada intensa de sargazo no exige pánico, pero sí información. La evidencia de la Universidad de Miami muestra que los riesgos para las familias son generalmente bajos, aunque existen escenarios de exposición que merecen atención, especialmente cuando hay niños pequeños, acumulaciones grandes y descomposición avanzada.
Fuente(s) referenciales
Phys.org – How sargassum affects air quality, beach environments and exposure risks for families
