Los sismos de magnitud 7 o superior registrados hasta agosto dejaron impactos muy desiguales: desde emergencias sin víctimas hasta graves desastres en Venezuela, Colombia y Filipinas
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Karem Díaz S.
Diez terremotos de magnitud igual o superior a 7 se registraron en distintas regiones del planeta durante los primeros ocho meses de 2026, según datos recopilados a partir del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) y del Centro Sismológico Euro-Mediterráneo. Los movimientos afectaron puntos de América Latina, Asia y Oceanía, aunque sus consecuencias humanas y materiales fueron profundamente diferentes.
La magnitud por sí sola no determinó el nivel de destrucción. La profundidad del hipocentro, la distancia respecto de zonas pobladas, las características del terreno, la resistencia de los edificios y la capacidad de respuesta ante emergencias influyeron directamente en el resultado de cada episodio.
La distribución de estos terremotos vuelve a destacar la actividad del Anillo de Fuego del Pacífico, pero también evidencia el riesgo existente en el norte de Sudamérica, donde los movimientos ocurridos en Venezuela y Colombia estuvieron entre los más graves del periodo.
Filipinas registró el terremoto más potente del periodo
El movimiento de mayor magnitud se produjo el 7 de junio frente a la costa de Mindanao, en Filipinas. Alcanzó magnitud 7,8, tuvo una profundidad aproximada de 57 kilómetros y dejó 107 fallecidos. También provocó derrumbes, deslizamientos y un tsunami cercano a un metro en algunos sectores costeros.
Venezuela sufrió el episodio con el mayor balance humano. El 24 de junio, un terremoto de magnitud 7,2 fue seguido apenas 39 segundos después por otro de magnitud 7,5. El segundo movimiento se localizó cerca de Catia La Mar y la costa de La Guaira, a poca profundidad, y la emergencia asociada con la secuencia dejó 6.301 víctimas mortales, de acuerdo con el balance citado por la fuente inicial.
La dimensión territorial de aquel desastre fue reflejada posteriormente en una evaluación según la cual hasta 6,76 millones de personas pudieron verse afectadas en Venezuela. Los daños en viviendas, redes de servicios e infraestructuras críticas dificultaron la atención de numerosas comunidades.
Las observaciones efectuadas desde el espacio también permitieron documentar la deformación causada por la ruptura. Imágenes de radar mostraron cómo los terremotos desplazaron sectores del norte venezolano, con movimientos del terreno de hasta 60 centímetros cerca de Caracas y La Guaira.
Colombia afrontó otro de los desastres más graves
El 10 de agosto, un terremoto de magnitud 7,4 sacudió el occidente de Colombia. El epicentro se ubicó cerca de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, mientras el foco se localizó a más de 100 kilómetros de profundidad. El movimiento fue percibido en una extensa zona y dejó cientos de fallecidos, además de daños materiales en varias localidades.
Aunque ocurrió pocas semanas después de la secuencia venezolana, los análisis disponibles indican que ambos episodios respondieron a sistemas tectónicos independientes. Las diferencias entre los terremotos de Colombia y Venezuela incluyeron su profundidad, el mecanismo de ruptura y las estructuras geológicas involucradas.
El caso colombiano demuestra que un foco profundo no elimina el riesgo. La energía sísmica puede propagarse a grandes distancias y afectar ciudades ubicadas lejos del epicentro, especialmente cuando existen construcciones vulnerables, suelos que amplifican las ondas o una alta concentración de población.
México, Japón e Indonesia registraron sismos de magnitud 7,3 y 7,4
El 17 de julio, un terremoto de magnitud 7,3 se produjo frente a la costa de Chiapas, cerca de Puerto Madero, México. El foco estuvo a unos 22 kilómetros de profundidad y el movimiento se sintió también en Guatemala y El Salvador. No se informaron fallecidos, aunque dos personas resultaron heridas.
Indonesia registró el 1 de abril un terremoto de magnitud 7,4 en la región de las Molucas del Norte, cerca de Bitung. El evento ocurrió a unos 35 kilómetros de profundidad, dejó una persona fallecida y ocasionó daños en viviendas y otras construcciones.
Otro movimiento de magnitud 7,4 se produjo el 20 de abril frente a la costa de Sanriku, en Japón. Las autoridades activaron alertas de tsunami, pero no se registraron consecuencias graves vinculadas con el oleaje. Seis personas resultaron heridas y no se reportaron muertes.
Grandes magnitudes con consecuencias limitadas
El 24 de marzo, un terremoto de magnitud 7,5 ocurrió en aguas cercanas a Vava’u, Tonga. Su considerable profundidad, estimada en unos 229,5 kilómetros, y la ubicación marina redujeron la intensidad de la sacudida en zonas habitadas. No se notificaron víctimas mortales.
Seis días después, el 30 de marzo, Vanuatu registró un sismo de magnitud 7,3 frente a la costa de Sanma, cerca de Luganville. El movimiento se originó a unos 120,6 kilómetros de profundidad y tampoco causó fallecidos.
El primer gran terremoto incluido en el recuento ocurrió el 22 de febrero cerca de Kota Belud, en el estado malasio de Sabah. Alcanzó magnitud 7,1, pero se generó a una profundidad extraordinaria de aproximadamente 629 kilómetros. Esa característica limitó sus efectos en superficie y evitó daños graves o pérdidas humanas.
La vulnerabilidad explica las diferencias en los daños
Los diez episodios muestran que dos terremotos con magnitudes semejantes pueden producir consecuencias opuestas. Un movimiento profundo y alejado de centros urbanos puede ser percibido en una extensa región sin causar destrucción, mientras que otro más superficial y cercano a ciudades vulnerables puede provocar colapsos generalizados.
También influyen la aplicación de normas sismorresistentes, el estado de hospitales, carreteras y sistemas de comunicación, la educación preventiva y la rapidez con que se movilizan los equipos de rescate. La comparación entre países no mide únicamente la energía liberada bajo la superficie, sino también el grado de exposición social y territorial.
La profundidad sigue siendo una variable esencial para comprender el comportamiento de estos fenómenos. Investigaciones recientes han identificado incluso terremotos originados bajo la corteza continental, eventos poco comunes que ayudan a estudiar la dinámica del manto superior.
El balance corresponde a los eventos documentados hasta agosto de 2026 y puede modificarse si se registran nuevos terremotos o si las autoridades actualizan las cifras de víctimas y daños. Los sistemas científicos pueden calcular probabilidades sísmicas, pero actualmente no permiten predecir con precisión la fecha, el lugar y la magnitud de un gran terremoto.
Fuentes referenciales:
Infobae
Servicio Geológico de Estados Unidos: terremotos significativos de 2026
Servicio Geológico de Estados Unidos: actividad sísmica mundial
