El único ejemplar conocido de Dendroseris neriifolia sobrevive en un acantilado de la isla Robinson Crusoe. Científicos de Chile y del Real Jardín Botánico de Kew trasladaron embriones viables al Reino Unido para impedir su desaparición definitiva.
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Karem Díaz S.
Un árbol de casi 150 años que crece en un acantilado de la isla Robinson Crusoe representa el último ejemplar silvestre conocido de Dendroseris neriifolia, una especie endémica del archipiélago chileno de Juan Fernández.
Su ubicación, en una pared rocosa de gran inclinación y difícil acceso, ha permitido que sobreviva frente a algunas de las amenazas que destruyeron el resto de su población. Sin embargo, esa misma posición obliga a recurrir a escaladores profesionales para vigilarlo y recolectar su material reproductivo.
Un equipo internacional coordinado por especialistas del Real Jardín Botánico de Kew, en el Reino Unido, logró recuperar semillas y trasladar embriones viables al Banco de Semillas del Milenio. El objetivo es propagar nuevos ejemplares y mantener una reserva genética que evite la extinción absoluta de la especie.
El último representante silvestre de una especie única
Dendroseris neriifolia pertenece a un género formado por 11 especies que solo existen de manera natural en el archipiélago de Juan Fernández, situado en el Pacífico Sur frente a la costa de Chile.
El aislamiento geográfico de estas islas favoreció la evolución de una flora singular, con especies que no habitan en ninguna otra parte del planeta. Esa exclusividad también las hace especialmente vulnerables cuando sus ecosistemas son alterados.
La pérdida de un único árbol en estas condiciones puede significar la desaparición de toda una línea evolutiva. Casos semejantes muestran la fragilidad de las especies con poblaciones pequeñas, como ocurre con otros árboles insulares amenazados y restringidos a territorios muy reducidos.
Los científicos estiman que el ejemplar chileno tiene cerca de 150 años. Su supervivencia en el acantilado constituye una excepción dentro de un paisaje donde la degradación del hábitat impidió la regeneración natural de la especie.
Una recolección extrema en la isla Robinson Crusoe
El árbol crece en una ladera comparable por su altura e inclinación con la pared de un rascacielos de aproximadamente cincuenta pisos. Llegar hasta sus ramas requiere conocimientos técnicos de escalada y condiciones meteorológicas favorables.
La operación se complica porque la floración y la producción de frutos son irregulares. Durante algunas temporadas, el ejemplar no genera semillas fértiles, lo que reduce las oportunidades disponibles para obtener material genético.
En la campaña más reciente, los conservacionistas recolectaron 400 semillas. Los análisis iniciales determinaron que solo 29 presentaban una posible viabilidad.
Después de examinarlas en laboratorios especializados, los investigadores comprobaron que únicamente 24 contenían embriones suficientemente desarrollados para intentar su cultivo.
La baja proporción de semillas viables refleja el grave cuello de botella reproductivo que atraviesa la especie. Al existir un solo individuo silvestre, las posibilidades de reproducción natural y renovación genética son extremadamente limitadas.
Los embriones fueron trasladados al Reino Unido
El material rescatado se envió al Banco de Semillas del Milenio, administrado por el Real Jardín Botánico de Kew en Wakehurst, Reino Unido.
Los 24 embriones viables fueron distribuidos en tres grupos de ocho. Esta división permite realizar pruebas de germinación y propagación sin utilizar simultáneamente todo el material disponible.
El primer grupo fue empleado para comprobar el método de germinación en condiciones controladas. Los resultados permitieron validar el protocolo necesario para iniciar el crecimiento de nuevas plantas.
Una segunda tanda será utilizada para continuar los ensayos de brotación y cultivo. Las ocho muestras restantes permanecerán almacenadas a largo plazo en condiciones de conservación para proteger la especie frente a una posible pérdida de las plantas propagadas.
Los bancos de semillas funcionan como una medida de seguridad frente a la desaparición de poblaciones silvestres. Conservan material genético que puede utilizarse en investigación, propagación y futuros programas de restauración ecológica.
La deforestación histórica degradó su hábitat
La desaparición de Dendroseris neriifolia en gran parte de la isla está relacionada con la degradación del suelo y la deforestación histórica del archipiélago.
La pérdida de vegetación nativa modificó las condiciones necesarias para la germinación y el crecimiento de nuevos árboles. También favoreció la erosión en un territorio caracterizado por pendientes pronunciadas.
Cuando una especie desaparece de zonas donde anteriormente podía desarrollarse, no siempre significa que las condiciones climáticas sean completamente inadecuadas. La tala, los incendios, la fragmentación y otras presiones humanas pueden producir pérdidas invisibles de poblaciones vegetales antes de que ocurra la extinción total.
En el archipiélago de Juan Fernández, estas alteraciones redujeron drásticamente la capacidad de recuperación de los bosques y dejaron a numerosas especies endémicas confinadas a espacios pequeños y difíciles de alcanzar.
Las plantas invasoras desplazan a la flora nativa
Las plantas introducidas por los seres humanos constituyen otra de las principales amenazas. Algunas especies invasoras crecen rápidamente, ocupan el suelo disponible y compiten por agua, luz y nutrientes.
Las islas son particularmente sensibles a estas invasiones porque sus especies evolucionaron durante largos períodos de aislamiento y no siempre cuentan con mecanismos para competir con organismos llegados desde otros territorios.
Las plantas invasoras ya superan en número a las nativas en una parte importante de los ecosistemas insulares del planeta. El calentamiento y las alteraciones del paisaje pueden favorecer además la expansión de especies vegetales invasoras.
En la isla Robinson Crusoe, su crecimiento limita los espacios donde podrían germinar las semillas de Dendroseris neriifolia y de otras plantas exclusivas del archipiélago.
Cabras y roedores impiden que prosperen las plántulas
La introducción de mamíferos también transformó el ecosistema. Las cabras asilvestradas y los roedores consumen brotes, semillas y plantas jóvenes antes de que puedan consolidarse.
El acantilado donde permanece el último árbol se convirtió paradójicamente en su refugio. La dificultad de acceso que complica el trabajo de los científicos también reduce la presencia de algunos herbívoros invasores.
Fuera de ese entorno, una plántula recién germinada tendría pocas probabilidades de alcanzar la madurez sin medidas de protección.
La supervivencia de una especie vegetal no depende únicamente de obtener semillas fértiles. También requiere que las plantas jóvenes encuentren suelo adecuado, suficiente humedad y protección frente a los animales que pueden consumirlas.
La pérdida del árbol afectaría a otras especies
La desaparición de Dendroseris neriifolia no representaría únicamente la pérdida de una planta. Sus flores y su néctar forman parte de las relaciones ecológicas que sostienen a insectos polinizadores y aves endémicas.
Entre las especies más vulnerables se encuentra el colibrí de Juan Fernández o picaflor rojo, también conocido como colibrí coronado de fuego de Juan Fernández, que está clasificado en peligro crítico de extinción.
Esta ave depende de la floración de árboles y arbustos nativos para obtener parte de la energía necesaria para sobrevivir. La reducción de esas plantas disminuye la disponibilidad de alimento y aumenta la presión sobre una población ya amenazada.
Las relaciones entre animales y plantas son esenciales para mantener la reproducción y regeneración de los ecosistemas. La pérdida de aves y mamíferos puede reducir hasta un 60 % la propagación de semillas, como mostró una investigación sobre la disminución de los dispersores y sus efectos sobre las plantas.
En sentido inverso, cuando desaparecen las plantas que proporcionan alimento o refugio, también disminuyen las posibilidades de supervivencia de la fauna asociada.
La conservación fuera de la isla no será suficiente
La germinación en el Reino Unido puede impedir la pérdida inmediata del material genético, pero no resuelve las amenazas que persisten en el hábitat original.
El objetivo a largo plazo es propagar nuevos ejemplares y devolverlos a Chile para reconstruir una población silvestre en la isla Robinson Crusoe.
Antes de realizar una reintroducción será necesario controlar las plantas invasoras, reducir la presencia de mamíferos que destruyen las plántulas y proteger las áreas donde puedan establecerse los árboles jóvenes.
Los investigadores también deberán determinar si los ejemplares cultivados pueden adaptarse a las condiciones ambientales de la isla y producir semillas fértiles.
La recuperación requerirá inversión sostenida, vigilancia y coordinación entre instituciones chilenas y británicas. Plantar nuevos individuos sin eliminar las causas del declive podría conducir a la pérdida de las plantas reintroducidas.
Un rescate entre laboratorios y acantilados
Las primeras germinaciones permiten conservar una representación viva de la especie fuera de su hábitat, mientras las semillas almacenadas ofrecen una reserva ante posibles fallos de cultivo.
El proyecto combina conservación en laboratorio, almacenamiento de germoplasma y restauración ecológica. Cada una de estas estrategias responde a una fase distinta del rescate.
La prioridad inmediata es mantener con vida los embriones obtenidos del último árbol. La siguiente será producir plantas saludables y reunir los conocimientos necesarios para cultivarlas.
El regreso a Chile dependerá de que el archipiélago pueda ofrecer nuevamente condiciones seguras. La erradicación o el control de las especies invasoras y la protección efectiva del hábitat serán indispensables antes de establecer una nueva población.
Mientras ese proceso avanza, el ejemplar centenario continúa aferrado al acantilado de la isla Robinson Crusoe como el último representante silvestre conocido de su especie.
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