Un análisis satelital encontró 2,5 veces más fuegos en áreas iluminadas que en zonas climáticamente similares sin señales de ocupación humana
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
Los incendios ocurrieron 2,5 veces más frecuentemente en las zonas del Ártico iluminadas por actividades humanas que en áreas sin iluminación nocturna sometidas a condiciones climáticas comparables. Así lo determinó una investigación internacional dirigida por la Universidad de Zúrich que examinó el periodo comprendido entre 2001 y 2013.
El estudio, publicado en Communications Earth & Environment, incorporó la presencia humana al análisis de los incendios de tundra, un fenómeno atribuido principalmente hasta ahora al aumento de las temperaturas, la sequía y los cambios de humedad. Sus autores recalcaron que el clima continúa siendo un factor central, pero que los asentamientos, carreteras y actividades industriales también influyen en la distribución del fuego.
Los científicos no afirmaron que todas las áreas iluminadas causen incendios ni que cada fuego observado tenga origen humano. Los resultados muestran una asociación espacial sólida entre las señales de actividad detectadas desde el espacio y la aparición de incendios dentro o cerca de esas zonas.
La iluminación nocturna permitió rastrear la actividad humana
El equipo reunió investigadores de la Universidad de Zúrich, el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA y la Universidad de Münster. Su objetivo fue evaluar a escala panártica si la presencia humana estaba relacionada con la frecuencia de incendios.
Obtener registros uniformes sobre asentamientos, explotaciones industriales, carreteras y otras infraestructuras en todo el Ártico plantea dificultades debido a la extensión y diversidad administrativa del territorio. Para resolver esa limitación, los investigadores utilizaron la luz artificial nocturna observada por satélites como indicador de actividad humana.
Las áreas iluminadas pueden representar poblaciones, instalaciones industriales y operaciones vinculadas con la extracción de petróleo, gas o minerales. Al comparar esas señales con la distribución de los incendios, los científicos encontraron que el fuego no solo era más frecuente dentro de los espacios iluminados, sino también en sus proximidades.
La investigación amplía el conocimiento sobre una región que experimenta transformaciones aceleradas. El Ártico se calienta a un ritmo muy superior al promedio planetario, una tendencia que modifica la humedad, la vegetación, el hielo y la duración de las temporadas favorables para los incendios.
El clima y las igniciones humanas actúan conjuntamente
Cengiz Akandil, investigador posdoctoral de la Universidad de Zúrich y primer autor del trabajo, explicó que los resultados no convierten la presencia humana en el único factor responsable. Las variaciones de temperatura, humedad y sequía siguen condicionando la capacidad de la vegetación para arder y la facilidad con que se propaga el fuego.
La actividad humana puede añadir fuentes de ignición en paisajes que ya se han vuelto más inflamables. El crecimiento de asentamientos, vías de transporte e instalaciones extractivas aumenta el número de lugares donde una chispa, una operación industrial o una actividad cotidiana podría iniciar un incendio.
Esta interacción impide separar completamente el riesgo climático del territorial. El calentamiento y la sequedad preparan los combustibles vegetales, mientras que la expansión de infraestructura puede elevar las oportunidades de ignición.
El análisis coincide con proyecciones que señalan que el cambio climático incrementará el riesgo mundial de incendios. Sin embargo, el nuevo trabajo indica que reducir las igniciones relacionadas con las actividades humanas puede seguir siendo una medida eficaz incluso bajo condiciones meteorológicas cada vez más adversas.
Las diferencias regionales apuntan a la prevención
El equipo detectó variaciones considerables entre regiones en la frecuencia de incendios alrededor de las áreas iluminadas. Estas diferencias pueden estar relacionadas con la intensidad de la ocupación, las actividades realizadas, las medidas preventivas y la capacidad disponible para detectar y controlar rápidamente un fuego.
Los autores consideran que mejorar la prevención alrededor de asentamientos, carreteras e instalaciones industriales podría disminuir las igniciones y limitar los daños. Las intervenciones pueden incluir vigilancia, protocolos operativos, mantenimiento de infraestructura y preparación de los servicios de respuesta.
La prevención debe adaptarse a las condiciones locales. Las comunidades árticas se encuentran separadas por grandes distancias y muchas dependen de rutas, equipos y servicios cuya disponibilidad puede estar limitada por el clima y el aislamiento geográfico.
Los incendios amenazan viviendas, instalaciones energéticas, rutas de transporte, salud pública y actividades económicas. También pueden afectar paisajes de importancia cultural y ecosistemas que sostienen los modos de vida de comunidades locales e indígenas.
El fuego puede debilitar la tundra y el permafrost
La tundra ártica contiene vegetación y suelos adaptados a temperaturas bajas y temporadas de crecimiento cortas. Cuando un incendio elimina la cubierta superficial, el terreno queda más expuesto a la radiación solar y puede perder parte de su capacidad de aislar las capas congeladas.
El fuego puede acelerar el deshielo del permafrost y favorecer cambios duraderos en la vegetación. Una zona afectada puede evolucionar hacia un estado diferente y, en determinadas condiciones, volverse más susceptible a nuevos incendios.
La degradación del permafrost también representa un riesgo directo para las personas. Investigaciones anteriores han advertido que el deshielo amenaza infraestructuras y comunidades árticas, debido a la pérdida de estabilidad del terreno sobre el que fueron construidas.
La vegetación de las latitudes altas tampoco responde uniformemente a las perturbaciones. Un estudio sobre la pérdida de resiliencia de las plantas del Ártico señaló que los incendios, las sequías y otros impactos pueden reducir la capacidad de recuperación de determinados ecosistemas.
El humo del Ártico atraviesa continentes
Las consecuencias no permanecen dentro de la región polar. Durante el verano de 2025, el humo de grandes incendios en el norte de Canadá cruzó el Atlántico y produjo cielos brumosos en Suiza pese a las condiciones soleadas.
Las columnas de humo pueden desplazarse miles de kilómetros y alterar la calidad del aire lejos de los focos. Las partículas y gases emitidos afectan la visibilidad y pueden elevar los riesgos respiratorios y cardiovasculares, particularmente entre personas vulnerables.
Canadá ha experimentado episodios en los que el humo y las altas temperaturas coinciden. Un análisis sobre la exposición simultánea al calor extremo y al humo de incendios destacó que ambos peligros pueden presentarse conjuntamente y aumentar la presión sobre la salud pública.
Además de partículas, los incendios liberan carbono almacenado en la vegetación y los suelos. Si el fuego acelera la degradación del permafrost, puede contribuir a retroalimentaciones que refuerzan el calentamiento y crean condiciones todavía más favorables para futuros incendios.
La planificación territorial deberá incorporar el fuego
Gabriela Schaepman-Strub, responsable del estudio, sostuvo que la reducción de las igniciones humanas resulta importante tanto para proteger infraestructura como para fortalecer la seguridad y resiliencia de las comunidades árticas.
La expansión de la actividad industrial y de las redes de transporte requiere integrar la prevención de incendios desde las primeras etapas de la planificación. Evaluar la ubicación de instalaciones, preparar recursos de respuesta y mantener vigilancia alrededor de las zonas ocupadas puede reducir riesgos evitables.
Los autores también destacan el valor de combinar información ambiental y humana. Las observaciones de la Tierra permiten estudiar cómo interactúan el clima, los ecosistemas y las transformaciones territoriales, en lugar de analizarlos como sistemas separados.
El periodo examinado concluyó en 2013, por lo que el trabajo no describe directamente toda la expansión industrial ni los incendios posteriores. Sus resultados proporcionan una referencia para ampliar el análisis con registros más recientes y evaluar si la asociación observada se mantiene bajo las actuales condiciones de calentamiento y desarrollo del Ártico.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Communications Earth & Environment
