Un estudio reconstruyó la apertura excepcional registrada en la bahía de Breid en 2024 y encontró una combinación de seis ríos atmosféricos, calor oceánico y ascenso de aguas profundas
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Eduardo Schmitz
Una enorme superficie de océano quedó expuesta en pleno invierno antártico dentro de una región que había permanecido cubierta por hielo marino durante los 45 años del registro satelital. El fenómeno ocurrió en agosto de 2024 en la bahía de Breid, en la Antártida Oriental, donde una polinia de mar abierto alcanzó una extensión máxima de 89.121 kilómetros cuadrados, una superficie cercana a la de Portugal.
Una investigación publicada el 27 de septiembre de 2026 en Geophysical Research Letters reconstruyó ahora las condiciones que hicieron posible aquella apertura. El equipo encabezado por Jeebanjyoti Swain determinó que no existió una única causa: seis intensos ríos atmosféricos debilitaron el crecimiento del hielo desde arriba, mientras los vientos favorecieron el ascenso de aguas subsuperficiales relativamente cálidas que aportaron calor desde abajo.
El hallazgo ofrece una nueva perspectiva sobre la sensibilidad del hielo marino de la Antártida Oriental a interacciones extremas entre océano y atmósfera. La región también ha mostrado recientemente otros comportamientos excepcionales, como la extraordinaria acumulación de nieve que aumentó temporalmente la masa de la Antártida Oriental, evidencia de que distintos componentes del sistema polar pueden responder de maneras muy diferentes a las alteraciones atmosféricas.
El hielo pasó de cubrir casi toda la bahía a menos del 25 %
Los investigadores analizaron datos diarios de concentración de hielo marino correspondientes al periodo 1979-2024, imágenes de NASA Worldview, perfiles de flotadores Argo, mediciones oceanográficas realizadas desde barcos y datos atmosféricos del reanálisis ERA5 del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio.
Durante las primeras semanas de julio de 2024, la situación parecía normal. La concentración de hielo marino rondaba el 97 % y se mantenía cerca de los valores climatológicos de la zona. A partir del 17 de julio comenzó, sin embargo, una disminución persistente.
Para el 30 de julio, la cobertura había caído por debajo del 25 %. El 4 de agosto aparecieron tres áreas diferenciadas de agua abierta que sumaban 9.494 kilómetros cuadrados. Después de una reducción temporal, la apertura volvió a expandirse rápidamente: alcanzó 21.632 kilómetros cuadrados el 6 de agosto y 76.643 kilómetros cuadrados al día siguiente.
El máximo llegó el 8 de agosto, cuando la polinia ocupó 89.121 kilómetros cuadrados. Un día después había disminuido a 59.666 kilómetros cuadrados y el 10 de agosto se había reducido a 8.744. Hacia mediados del mes desapareció a medida que continuó la formación invernal de hielo.
El episodio fue excepcional porque, según los autores, se trata de la primera polinia invernal de mar abierto observada en la bahía de Breid desde que comenzó el registro satelital continuo en 1979.
Seis ríos atmosféricos llevaron calor hacia la Antártida
La investigación identificó seis ríos atmosféricos que alcanzaron la región los días 6, 13, 17, 26 y 29 de julio y 6 de agosto. Estos corredores transportaron cantidades extraordinarias de humedad y calor desde latitudes más bajas hacia el continente antártico.
El episodio del 26 de julio fue especialmente intenso. El transporte integrado de vapor superó los 600 kilogramos por metro por segundo en el núcleo del sistema, mientras las anomalías de temperatura del aire llegaron a unos 17 °C por encima de los valores climatológicos de la región. En el conjunto de los episodios analizados, el estudio señala anomalías de calentamiento atmosférico cercanas a 19 °C.
La relación entre estas grandes corrientes de humedad y la temperatura oceánica resulta particularmente relevante. Investigaciones recientes han demostrado que los ríos atmosféricos pueden influir en la formación y evolución de las olas de calor marinas, aunque el resultado depende de la estación, la ubicación y el balance de energía entre océano y atmósfera.
En la bahía de Breid, los ríos atmosféricos aumentaron la humedad, la nubosidad y la radiación de onda larga dirigida hacia la superficie. También transportaron aire cálido y produjeron nevadas relativamente cálidas. Esa combinación redujo la capacidad del océano para perder calor durante el invierno y dificultó el crecimiento normal del hielo marino.
El océano también calentó el hielo desde abajo
La atmósfera explica solo una parte del episodio. Las observaciones oceanográficas revelaron que simultáneamente se estaba produciendo un proceso capaz de llevar calor hacia la superficie desde las profundidades.
Los fuertes vientos generaron una configuración conocida como succión de Ekman. El movimiento de las aguas superficiales favoreció el ascenso de agua subsuperficial relativamente cálida hacia la capa superior del océano. Los investigadores identificaron el levantamiento de Agua Circumpolar Profunda Superior, una masa más cálida y salina situada normalmente debajo de las aguas superficiales frías.
Los perfiles de un flotador Argo situado al suroeste de la polinia registraron un levantamiento pronunciado de la termoclina durante julio y agosto. Mediciones obtenidas durante la Expedición Internacional de Circunnavegación Costera Antártica 2024-2025 también detectaron una capa subsuperficial cálida y salina debajo de las aguas frías superficiales.
La dinámica de las aguas antárticas tiene consecuencias que superan ampliamente la zona donde se producen estos procesos. Otra investigación reciente mostró que el volumen del Agua de Fondo Antártica se redujo aproximadamente un 3 % entre 2002 y 2023, un cambio relevante para la circulación oceánica mundial y el transporte de calor, carbono y nutrientes.
Una ola de calor marina mantuvo abierta la superficie
El ascenso de aguas cálidas coincidió con una ola de calor marina que se extendió entre el 23 de julio y el 14 de agosto de 2024. En la zona donde posteriormente apareció la polinia, las temperaturas de la superficie y de la capa de mezcla alcanzaron anomalías de aproximadamente 0,6 °C.
Aunque una diferencia de seis décimas de grado pueda parecer pequeña, resulta significativa en un ambiente donde el agua se encuentra próxima al punto de congelación. Ese calor adicional contribuyó a impedir que el hielo volviera a formarse con normalidad.
La actividad de remolinos oceánicos también aumentó el transporte vertical de energía. El estudio concluye que la combinación del ascenso impulsado por el viento, la actividad de mesoescala y la ola de calor marina suministró suficiente calor a las capas superiores para complementar el calentamiento procedente de la atmósfera.
Estos procesos muestran por qué el hielo marino antártico no puede analizarse únicamente a partir de la temperatura del aire. El oleaje, los vientos y la circulación oceánica también intervienen en su estructura y distribución. Un ejemplo es la zona marginal del hielo antártico, donde las olas del Océano Austral fragmentan y reorganizan continuamente la cobertura congelada.
Una coincidencia excepcional de extremos
Uno de los resultados más importantes de la investigación es que la polinia no apareció simplemente porque 2024 fuera un año con poco hielo. Desde 2016, el hielo marino antártico ha atravesado un periodo de fuerte disminución, con extensiones invernales excepcionalmente bajas en varios años, pero durante ninguno de esos episodios anteriores se había observado una apertura semejante en la bahía de Breid.
Lo extraordinario en 2024 fue la coincidencia de varios factores. El transporte de humedad asociado con los ríos atmosféricos superó en diferentes episodios el percentil 99 del registro de 1979-2023. También se observaron vientos del norte excepcionalmente fuertes, temperaturas del aire muy elevadas para el invierno y temperaturas superficiales del océano situadas por encima del percentil 99.
El episodio refuerza la importancia de estudiar conjuntamente la atmósfera, el océano y el hielo. La evolución futura de la Antártida depende de interacciones complejas y no de una única variable, algo que también muestran las investigaciones sobre los cambios históricos en la sensibilidad de la capa de hielo antártica frente al clima.
Las polinias alteran el intercambio entre océano y atmósfera
Una polinia no es simplemente un “agujero” en el hielo. Se trata de una región de agua abierta o con una concentración de hielo muy reducida dentro de una superficie marina congelada. Estas áreas pueden modificar el intercambio de calor y gases entre el océano y la atmósfera, la circulación oceánica y diferentes procesos biogeoquímicos.
También pueden influir en los ecosistemas polares al cambiar la disponibilidad de luz, nutrientes y hábitats asociados al hielo. Por esa razón, la aparición de una polinia de casi 90.000 kilómetros cuadrados en un sector que normalmente permanece congelado durante julio y agosto tiene implicaciones más amplias que la simple pérdida temporal de superficie helada.
La Antártida Oriental es especialmente importante para comprender el sistema climático por albergar la mayor capa de hielo del planeta. Estudios recientes han mostrado tanto episodios temporales de acumulación como vulnerabilidades de largo plazo. Una investigación publicada este año reconstruyó incluso cómo la Antártida comenzó a congelarse millones de años antes que el Ártico y destacó el papel combinado de la topografía, la atmósfera y las retroalimentaciones climáticas.
El calentamiento podría favorecer episodios similares
Los autores son cautelosos al proyectar el significado del episodio de 2024. El estudio documenta un acontecimiento concreto y no demuestra que todas las polinias futuras respondan exactamente a la misma combinación de mecanismos.
Sin embargo, investigaciones climáticas proyectan que los ríos atmosféricos pueden intensificarse a medida que una atmósfera más cálida sea capaz de transportar más vapor de agua. Al mismo tiempo, el océano Austral superior ha mostrado señales de calentamiento durante los últimos años.
Si ambas tendencias coinciden con periodos de baja cobertura de hielo y condiciones favorables de viento y circulación oceánica, los investigadores consideran que las polinias podrían aparecer con mayor frecuencia en regiones que históricamente se han mantenido cubiertas durante el invierno.
El equipo plantea como siguiente paso utilizar modelos acoplados de alta resolución capaces de representar simultáneamente océano, hielo y atmósfera. Esas simulaciones permitirán cuantificar cuánto contribuyó cada mecanismo a la apertura de 2024 y estimar con mayor precisión la probabilidad de que un fenómeno semejante vuelva a producirse en la Antártida Oriental.
Fuentes referenciales:
Geophysical Research Letters
Infobae




