Una expedición germano-turca examinó el casquete de hielo a más de 5.000 metros de altitud para localizar el mejor punto donde extraer un futuro núcleo climático y arqueológico.
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
Un equipo germano-turco realizó en julio de 2026 el primer estudio geofísico del glaciar del monte Ararat, en el este de Turquía. Durante dos semanas, especialistas en glaciología y arqueología exploraron el hielo situado a más de 5.000 metros sobre el nivel del mar para determinar si conserva un archivo excepcional de la historia climática y cultural de la región.
La expedición trabajó bajo condiciones de viento, frío y baja disponibilidad de oxígeno. El monte Ararat alcanza los 5.137 metros y es la montaña más alta de Turquía. Hasta esta campaña, la estructura y el espesor de su casquete glaciar no habían sido estudiados con el nivel de detalle necesario para planificar una perforación científica.
El proyecto reúne a investigadores de la Universidad de Münster, el Instituto Alfred Wegener y organizaciones científicas turcas. Su propósito inmediato no era extraer hielo, sino identificar la zona donde una futura perforación pueda recuperar el núcleo continuo más largo posible.
Radar y ondas sísmicas examinaron el glaciar
Los investigadores combinaron sondeos de radar desde la superficie con técnicas de sísmica activa. El radar envía ondas electromagnéticas hacia el interior del glaciar y registra sus reflejos, mientras las mediciones sísmicas analizan la propagación de ondas generadas de forma controlada.
La combinación de ambas técnicas permite estimar el grosor del hielo y reconstruir las características del lecho subglacial. Conocer la topografía situada bajo el casquete resulta decisivo para evitar áreas donde el hielo sea demasiado delgado, esté alterado o no contenga una secuencia continua de capas.
Coen Hofstede, investigador del Instituto Alfred Wegener responsable de las mediciones sobre el terreno, confirmó que el equipo obtuvo los datos requeridos pese a las difíciles condiciones ambientales. El análisis posterior permitirá seleccionar el punto de perforación para la siguiente expedición.
Si esa nueva campaña logra recuperar las muestras, serían los primeros núcleos de hielo obtenidos en el monte Ararat. El trabajo se incorporaría así a los esfuerzos internacionales por estudiar los registros climáticos conservados en glaciares de alta montaña.
El hielo podría conservar milenios de actividad humana
Las nevadas depositan sobre los glaciares polvo, ceniza, aerosoles, polen y partículas procedentes de actividades humanas. Cuando la nieve permanece y se compacta, esos materiales quedan atrapados en capas sucesivas que pueden funcionar como una cronología ambiental.
Achim Lichtenberger, director del proyecto en la Universidad de Münster, explicó que este hielo podría proporcionar a la arqueología una fuente de datos diferente de los restos encontrados en el suelo. Una secuencia continua permitiría observar cambios en la actividad humana a lo largo del tiempo mediante señales microscópicas preservadas en cada capa.
El Ararat ocupa una posición estratégica entre Anatolia, Mesopotamia y el Cáucaso, territorios relacionados con algunas de las primeras sociedades agrícolas y con el desarrollo temprano de la minería y la metalurgia. Por esta razón, el hielo podría contener partículas metálicas liberadas por antiguos hornos de fundición o residuos atmosféricos asociados al uso histórico del fuego para despejar terrenos.
Ünsal Yalçın, investigador de la Universidad de Isparta, señaló que estas señales permitirían examinar la historia ambiental de una región fundamental para el desarrollo de actividades agrícolas y metalúrgicas. La hipótesis deberá comprobarse cuando se extraigan y analicen los núcleos.
El potencial recuerda al de un núcleo de hielo alpino que conserva 2.000 años de historia, donde los científicos identificaron rastros de minería medieval, incendios, sequías y erupciones volcánicas.
Un registro regional de atmósfera y volcanes
El interés del glaciar no se limita a la arqueología. Sus capas podrían conservar información sobre la composición atmosférica, el transporte de polvo y las emisiones de antiguas erupciones volcánicas. Los aerosoles y partículas depositados sobre la montaña permitirían relacionar acontecimientos locales con cambios ambientales de mayor alcance.
Los investigadores esperan estudiar cómo se manifestaron en esta región etapas conocidas de la historia climática, entre ellas el Óptimo Climático Romano y la Pequeña Edad de Hielo de la Antigüedad Tardía. Los resultados podrían cubrir un vacío geográfico, porque los archivos glaciares de montaña investigados en el entorno mediterráneo se concentran principalmente en los Alpes.
Los núcleos de hielo ofrecen información que no siempre aparece en sedimentos, documentos históricos o yacimientos arqueológicos. La concentración de polvo, la composición isotópica del agua y la presencia de compuestos volcánicos o contaminantes pueden aportar evidencias independientes sobre temperatura, circulación atmosférica y actividad humana.
Este tipo de investigación también permite ampliar cronologías mucho más extensas. Los estudios de hielo antiguo y gases de efecto invernadero demuestran el valor de las burbujas de aire y los componentes químicos preservados para reconstruir la evolución del clima terrestre.
El calentamiento amenaza el archivo del Ararat
La investigación se desarrolla contra el tiempo. El casquete de hielo del Ararat está reduciéndose a un ritmo acelerado debido al calentamiento global, según la información difundida por la Universidad de Münster. Cada temporada de deshielo puede eliminar capas y alterar la secuencia que los científicos intentan recuperar.
Cuando el agua de fusión atraviesa el glaciar y vuelve a congelarse, puede desplazar o mezclar los compuestos almacenados. El deterioro no representa únicamente una pérdida de volumen: también puede borrar la cronología química necesaria para asignar edades e interpretar correctamente las señales.
Esta amenaza impulsa iniciativas dedicadas a conservar muestras de glaciares antes de que desaparezcan. En la Antártida ya funciona un archivo destinado a proteger núcleos extraídos de montañas amenazadas, donde las bajas temperaturas naturales permitirán mantenerlos durante décadas o siglos.
Los datos geofísicos obtenidos en julio deberán ser procesados para localizar la mayor secuencia continua de hielo. Solo después podrá planificarse la perforación, recuperación y transporte de las muestras sin alterar sus capas.
El futuro núcleo del Ararat podría conectar clima, volcanismo y actividad humana en un mismo registro regional. Su verdadero alcance dependerá del espesor encontrado, la continuidad de las capas y el estado de conservación química del hielo que logre recuperar la próxima expedición.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Universidad de Münster
