Un análisis de imágenes satelitales de la Antártida relacionó la disponibilidad de hielo con el consumo de peces o kril y con la evolución de las colonias
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
Un equipo internacional encabezado por la Universidad de Clemson reconstruyó desde el espacio la dieta de los pingüinos de Adelia en casi toda la Antártida. El estudio reveló que estas aves consumieron más peces en lugares y años con mayor presencia de hielo marino, mientras que dependieron más del kril cuando la cobertura helada fue menor.
La investigación, publicada en la revista Current Biology, examinó un periodo de 30 años, entre 1984 y 2013. Los resultados muestran una asociación entre las variaciones anuales del hielo, la alimentación de los pingüinos y los cambios de largo plazo registrados en sus poblaciones.
El guano permitió reconstruir tres décadas de alimentación
Los científicos utilizaron imágenes del programa Landsat de la NASA para analizar la firma espectral del guano acumulado en las colonias. Esta medición cuantifica su color en longitudes de onda visibles e infrarrojas y permite distinguir si la alimentación estuvo dominada por kril o por peces.
Casey Youngflesh, primer autor del trabajo, recolectó muestras en colonias antárticas y estudió sus propiedades espectrales en el laboratorio. El equipo también aplicó análisis de isótopos estables para ubicar cada muestra dentro de un gradiente alimentario que iba desde una dieta basada principalmente en kril hasta otra con mayor proporción de peces.
Con esos datos, los investigadores construyeron un modelo que vinculó la composición de la dieta con el color del guano. Después aplicaron ese modelo al archivo histórico de Landsat, lo que hizo posible estudiar regiones remotas y periodos mucho más amplios que los alcanzables mediante campañas de campo convencionales.
El método complementa otras aplicaciones de la observación orbital en la región, como los mapas satelitales de los hábitats marinos del Océano Austral, empleados para seguir transformaciones relacionadas con el fitoplancton, el kril y las salpas.
Más hielo se asoció con una mayor presencia de peces
El análisis mostró diferencias dietarias pronunciadas entre distintas zonas del continente. La presencia de más hielo marino se correspondió con un mayor consumo de peces, especialmente especies vinculadas a ese hábitat, mientras que la reducción del hielo estuvo asociada con una dependencia más alta del kril antártico.
La relación también apareció al comparar la alimentación con la trayectoria de las colonias. Las poblaciones cuya dieta contenía más kril presentaron una mayor probabilidad de estar disminuyendo que aquellas con una alimentación más orientada hacia los peces. El resultado identifica una asociación ecológica y no demuestra, por sí solo, que la dieta sea la única causa de esas variaciones poblacionales.
Investigaciones anteriores indican que los polluelos alimentados con una proporción mayor de peces pueden alcanzar más tamaño y tener mejores perspectivas de supervivencia que los que reciben principalmente kril. Por ello, una menor disponibilidad de peces relacionada con el retroceso del hielo podría imponer una desventaja nutricional a determinadas colonias.
La pérdida de hielo altera la red alimentaria antártica
El hielo marino funciona como hábitat para organismos que sostienen la red trófica del Océano Austral. Su reducción puede modificar la distribución de las presas y las zonas de alimentación de los depredadores. Este proceso se suma a los efectos descritos en estudios sobre la transformación de la cadena alimentaria polar.
El kril es una pieza esencial del ecosistema antártico y sirve de alimento para pingüinos, focas y ballenas. Sin embargo, la nueva investigación sugiere que una dieta con mayor proporción de este crustáceo no necesariamente representa la alternativa más favorable para los pingüinos de Adelia cuando reemplaza a los peces.
La preocupación adquiere mayor relevancia ante los recientes descensos de la extensión del hielo antártico. Los registros sobre los mínimos de la cobertura mundial de hielo marino muestran que las regiones polares atraviesan cambios capaces de repercutir sobre sus ecosistemas.
Los escenarios climáticos para la Península Antártica también advierten que una reducción persistente del hielo afectaría a especies dependientes de este entorno. Un análisis sobre los posibles impactos del calentamiento en la Antártida identifica a los pingüinos de Adelia y al kril entre los organismos expuestos a esas alteraciones.
Una herramienta para vigilar el ecosistema desde el espacio
Los autores consideran que la combinación de imágenes históricas, análisis geoquímicos y modelos estadísticos ofrece una nueva herramienta para observar la respuesta de la fauna al cambio ambiental. Los pingüinos de Adelia resultan especialmente útiles como indicadores porque se reproducen alrededor del continente y dependen de un conjunto relativamente reducido de presas.
El trabajo fue desarrollado por especialistas de la Universidad de Clemson, la Universidad de Stony Brook, la Universidad de California en Santa Cruz, el Servicio Geológico de Estados Unidos, la Universidad de Wisconsin-Madison y el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA.
Los datos analizados terminan en 2013, por lo que no incorporan directamente los mínimos de hielo observados posteriormente. No obstante, el método permite ampliar el seguimiento y evaluar si el avance de dietas dominadas por kril continúa acompañando la transformación de las colonias antárticas.
Fuentes referenciales:
El Confidencial
Estudio publicado en Current Biology
Universidad de California en Santa Cruz vía Phys.org
