La mayoría de las igniciones procede de actividades humanas, mientras el calor, la sequía y la vegetación seca favorecen que una chispa se convierta en una catástrofe
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Santiago Duarte
Los grandes incendios que afectan a Europa no pueden explicarse únicamente por la chispa que los inicia ni exclusivamente por el cambio climático. Un análisis del investigador Doug Specht, publicado por The Conversation, plantea que estos episodios tienen dos componentes: una fuente de ignición, predominantemente humana, y unas condiciones ambientales que determinan la rapidez, intensidad y extensión del fuego.
El autor toma como referencia los incendios que arrasaron pinares de Gironda, en el suroeste de Francia, durante julio. Los fuegos fueron identificados inicialmente por los lugares donde se propagaban y esos nombres se consolidaron en la cobertura informativa antes de conocerse su origen. Cuando la superficie afectada alcanzó unas 40.000 hectáreas, la denominación geográfica ya circulaba por toda Europa.
Las investigaciones sobre el inicio del fuego necesitaron más tiempo, al igual que los análisis científicos sobre las condiciones que permitieron su expansión. Esa diferencia temporal influye en la información que recibe el público: el lugar se conoce en horas, la posible responsabilidad aparece en días y la atribución climática puede tardar semanas.
Alrededor del 97% de las igniciones europeas es humano
El análisis indica que aproximadamente el 97% de las igniciones registradas en Europa está relacionado con actividades humanas. En el Reino Unido, una revisión parlamentaria publicada en 2024 también concluyó que prácticamente todos los incendios de vegetación son iniciados por personas.
Ese origen no significa que todos los fuegos sean intencionales. Las causas pueden incluir quemas mal controladas, maquinaria, líneas eléctricas, colillas, fogatas, barbacoas, vehículos, trabajos agrícolas y actos deliberados. Cada caso requiere una investigación específica y no debe atribuirse automáticamente a una causa determinada.
El término inglés empleado habitualmente para estos episodios, “wildfire”, describe técnicamente un fuego de vegetación no planificado y sin control, independientemente de que su origen sea natural o humano. Specht considera, sin embargo, que la palabra puede transmitir al público la impresión de un fenómeno espontáneo y ajeno a las decisiones sociales.
La relevancia de las actividades humanas coincide con análisis que muestran que las sociedades todavía pueden influir sobre dónde y cómo ocurren los incendios. Reducir las fuentes de ignición durante periodos críticos constituye una parte esencial de la prevención.
Una chispa no explica por sí sola la magnitud del incendio
Cuando se identifica a una persona, una actividad o una infraestructura como probable origen del fuego, la atención pública suele concentrarse en esa circunstancia. El problema, según el análisis, es que descubrir la chispa no explica por qué las llamas recorrieron decenas de miles de hectáreas o superaron la capacidad de respuesta de los servicios de emergencia.
El calor extremo, la escasez de lluvia, la baja humedad, el viento y la vegetación deshidratada modifican el comportamiento del fuego. Una ignición que en condiciones húmedas podría apagarse rápidamente puede propagarse con gran velocidad cuando existe combustible seco y continuo en el paisaje.
El cambio climático no enciende directamente cada incendio. Su influencia consiste en alterar la probabilidad y la intensidad de las condiciones favorables para la propagación. Esta distinción permite reconocer simultáneamente la responsabilidad de quien inicia el fuego y los factores ambientales que amplifican sus consecuencias.
Los efectos de esa combinación ya son visibles en las pérdidas ambientales y socioeconómicas provocadas por los incendios en España y Francia. Además de destruir vegetación, los fuegos deterioran suelos, hábitats, calidad del aire, recursos hídricos, explotaciones rurales e infraestructuras.
El calentamiento hizo más probables las condiciones extremas
Los análisis de atribución climática citados por Specht estimaron que las condiciones meteorológicas asociadas con los incendios de julio fueron aproximadamente dos veces más probables en Francia y 20 veces más probables en España debido al calentamiento causado por las actividades humanas.
Estas estimaciones no determinan el origen de una ignición concreta ni prueban que el cambio climático sea la única causa de un incendio. Comparan la probabilidad de las condiciones de calor y sequedad observadas con la que habría existido en un clima sin el calentamiento antropogénico acumulado.
El humo también extiende las consecuencias mucho más allá de la superficie quemada. Durante los incendios recientes del suroeste europeo, columnas de humo alcanzaron niveles elevados de la troposfera, desde donde las partículas pueden viajar grandes distancias y modificar temporalmente la calidad del aire y algunos procesos atmosféricos.
La influencia climática suele incorporarse tarde a la cobertura periodística porque requiere observaciones meteorológicas, modelos y comparación de escenarios. En cambio, la identificación de una negligencia o de un posible acto deliberado puede comunicarse de inmediato y resumirse en pocas líneas.
Una revisión de 12.000 informaciones periodísticas canadienses encontró que el cambio climático apareció en el 16,5% de las noticias sobre incendios, frente al 35% de las piezas dedicadas al calor extremo. Para Specht, esa diferencia ayuda a explicar por qué las condiciones estructurales reciben menos atención que las causas inmediatas.
El nombre del incendio también orienta la interpretación
En numerosos países europeos no existe una convención oficial uniforme para nombrar incendios. En la práctica, suelen identificarse mediante una localidad, carretera, montaña, finca o accidente geográfico cercano. El sistema facilita la coordinación operativa, pero no ofrece información sobre el origen o los factores que impulsaron el fuego.
Estados Unidos cuenta con reglas más formalizadas que recomiendan utilizar referencias geográficas y evitar nombres que atribuyan responsabilidad antes de finalizar las investigaciones. El Camp Fire de California, ocurrido en 2018, tomó su nombre de Camp Creek Road, aunque una línea eléctrica de Pacific Gas and Electric fue señalada como origen. El incendio causó 85 muertes y la empresa se declaró culpable de 84 cargos de homicidio involuntario.
Specht propone considerar expresiones equivalentes a “incendio de paisaje” y acompañar cada episodio con una explicación separada de la ignición y de las condiciones de propagación. El cambio terminológico no sustituiría las investigaciones técnicas, pero podría evitar que el fuego sea presentado como un acontecimiento desligado del territorio y de las decisiones humanas.
Prevenir exige actuar sobre la ignición y sobre el paisaje
La primera línea de prevención consiste en reducir las chispas evitables: controlar quemas, limitar actividades peligrosas durante jornadas extremas, mantener instalaciones eléctricas, vigilar zonas vulnerables y sancionar conductas negligentes o intencionales. Estas medidas disminuyen la posibilidad de que el fuego comience.
La segunda línea debe reducir las condiciones que facilitan su expansión. Incluye gestionar la vegetación, crear discontinuidades en el combustible, recuperar mosaicos agrícolas y forestales, mantener accesos y puntos de agua, proteger viviendas situadas en la interfaz urbano-forestal y establecer planes de evacuación.
La capacidad de extinción sigue siendo indispensable, pero puede resultar insuficiente cuando coinciden varios frentes o cuando el comportamiento del fuego supera determinados niveles de intensidad. Investigaciones sobre los límites de los medios de extinción frente a incendios extremos destacan que la preparación territorial y la prevención deben acompañar a brigadas, aeronaves y sistemas de emergencia.
También es necesario reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para limitar el incremento futuro del calor y la sequedad. Esa intervención opera en una escala temporal distinta a la limpieza de combustible o la restricción de actividades, pero aborda las condiciones climáticas que pueden convertir una ignición ordinaria en un incendio extremo.
Presentar ambas causas en conjunto permite evitar dos interpretaciones incompletas: afirmar que el fuego es enteramente natural o sostener que la existencia de una chispa humana elimina la influencia climática. La investigación de cada incendio debe establecer cómo comenzó, mientras el análisis meteorológico y territorial determina por qué alcanzó una magnitud determinada.
Fuentes referenciales:
Phys.org
The Conversation
