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PANEL DE CONTROL PLANETARIO

Panorama Planetario

Actualización: 31 de agosto de 2026
Resumen ejecutivo. El sistema Tierra cierra agosto bajo una combinación de calor persistente, océanos excepcionalmente cálidos, sequedad acumulada e incendios de elevada intensidad. La señal dominante no procede de un único episodio: es la coincidencia de anomalías que se refuerzan entre sí. El calentamiento marino suministra más humedad y energía a la atmósfera, mientras los suelos secos reducen el enfriamiento natural y favorecen temperaturas extremas. La vigilancia debe concentrarse en las transiciones rápidas entre calor, fuego y precipitaciones intensas.
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Temperatura global

Calentamiento estimado: 1,43 °C

La estimación publicada por Copernicus para julio situó el calentamiento global alrededor de 1,43 °C respecto del nivel preindustrial. El cierre de agosto mantiene una señal térmica elevada, con especial presión sobre Europa occidental, el Mediterráneo y otras regiones afectadas por calor y déficit de humedad.

El dato no describe la temperatura de cada localidad, sino la tendencia del sistema climático. Las anomalías regionales pueden ser mucho más intensas y producir efectos desproporcionados sobre salud, agricultura, bosques y demanda energética.

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Océanos

Máximo diario reciente: 21,1 °C

La temperatura media de la superficie oceánica fuera de las zonas polares alcanzó 21,1 °C el 22 de agosto, un máximo en el registro ERA5. El calor marino afecta arrecifes, cadenas alimentarias, oxígeno disuelto, pesquerías y capacidad de absorción de dióxido de carbono.

Un océano más cálido también incrementa el contenido energético disponible para lluvias torrenciales y ciclones. No determina por sí solo cada tormenta, pero puede aumentar su potencial cuando coinciden las demás condiciones atmosféricas.

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CO₂ atmosférico

426,94 ppm

El promedio semanal preliminar de Mauna Loa para la semana iniciada el 23 de agosto fue de 426,94 partes por millón, frente a 425,14 ppm un año antes. La media mensual de julio alcanzó 429,12 ppm.

La oscilación estacional puede hacer descender temporalmente la concentración semanal, pero no altera la tendencia de fondo: la atmósfera continúa acumulando CO₂ y reforzando el desequilibrio energético del planeta.

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Hielo polar

Vigilancia reforzada

La temporada de deshielo del hemisferio norte se aproxima a su fase final. En Groenlandia, Sentinel-1 documentó en agosto el desprendimiento de unos 76 kilómetros cuadrados de la lengua flotante del glaciar Petermann, una pérdida significativa para este sistema.

El desprendimiento de hielo flotante no eleva directamente el nivel del mar de manera importante, pero puede reducir el efecto de contención sobre el hielo terrestre y facilitar una descarga glaciar más rápida.

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Incendios

Riesgo alto y persistente

El calor prolongado, la baja humedad del suelo y la vegetación seca sostienen condiciones favorables para incendios de rápida propagación. Copernicus destacó que el verano cálido y seco amplió la temporada de fuego en Europa y favoreció columnas de humo capaces de recorrer grandes distancias.

Además de la pérdida de ecosistemas, el humo degrada la calidad del aire lejos de los focos y añade carbono a la atmósfera. La prevención debe continuar incluso cuando disminuyan temporalmente las temperaturas.

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Sequías

Déficit acumulativo

La falta prolongada de humedad sigue afectando suelos, vegetación, caudales y reservas. Los episodios aislados de lluvia pueden aliviar la superficie sin recuperar acuíferos ni restaurar completamente la humedad profunda necesaria para cultivos y ecosistemas.

La lectura más útil combina precipitación, temperatura, evaporación, humedad del suelo y almacenamiento de agua. Esa visión evita confundir una tormenta puntual con el final de una sequía estructural.

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Tormentas y extremos

Atmósfera con mayor energía

Las superficies marinas cálidas elevan la disponibilidad de vapor de agua. Cuando confluyen inestabilidad, circulación favorable y humedad abundante, aumenta la posibilidad de lluvias intensas, inundaciones repentinas y tormentas severas.

El peligro depende también de la exposición territorial: cauces ocupados, suelos impermeabilizados, laderas degradadas y sistemas de drenaje insuficientes convierten un fenómeno meteorológico en una emergencia humana.

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Lectura integrada

Vigilar fenómenos encadenados

Los principales riesgos aparecen ahora como secuencias: calor que seca la vegetación, incendios que eliminan cobertura, y lluvias posteriores que erosionan el terreno quemado. También pueden encadenarse calor oceánico, evaporación intensa y precipitaciones extremas.

La observación terrestre permite relacionar estos procesos mediante datos de temperatura, humedad, humo, vegetación, hielo y superficie marina, mejorando la anticipación de impactos.

🔎 Señal planetaria destacada

El océano funciona como amplificador del riesgo climático. El máximo reciente de 21,1 °C constituye la señal central de esta jornada. Sus consecuencias se extienden más allá del medio marino: mayor expansión térmica, estrés ecológico, alteración de lluvias, posible intensificación de tormentas y menor eficiencia de algunos sumideros naturales de carbono.

🧭 Perspectiva para los próximos 7–14 días

Durante la primera mitad de septiembre será necesario seguir tres transiciones: la continuidad del calor marino, la evolución de los déficits de humedad y la aparición de lluvias intensas sobre territorios secos o quemados. En latitudes septentrionales comenzará el cambio estacional, pero el descenso gradual de la insolación no elimina inmediatamente el riesgo de incendios ni el calor acumulado en el océano.

Las alertas meteorológicas nacionales deben prevalecer para decisiones locales. Este panorama identifica señales globales y no sustituye pronósticos de corto plazo, avisos de protección civil ni evaluaciones hidrológicas regionales.

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Las emisiones de efecto invernadero de la agricultura aumentarán un 5 % en 10 años

Imagen referencial - Noticias de la tierra

Por Newsroom Infobae


París, 2 jul (EFECOM).- Las emisiones de gases de efecto invernadero de la agricultura aumentarán un 5 % en los próximos diez años y un 62 % de ese incremento será responsabilidad de la producción ganadera, según señalan en su informe anual de Perspectivas Agrícolas la OCDE y la FAO.

En su estudio conjunto anual publicado este martes, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y la Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO) destacan que ese incremento de las emisiones será menor que el de la producción agrícola, que subirá a un ritmo del 1 % anual.

La razón de esa menor progresión de los gases causantes del calentamiento climático se explica porque la expansión de la producción se conseguirá sobre todo con mejoras de productividad y sólo marginalmente por una ocupación de mayores superficies.

En cualquier caso, la ganadería reforzará su peso como principal causante del calentamiento dentro del sector primario, seguido del uso de los fertilizantes, que en el próximo decenio supondrán un 34 % de las emisiones adicionales de gases de efecto invernadero.

Los autores del estudio precisan que ahí sólo han tenido en cuenta las emisiones de óxido de nitrógeno generadas durante el proceso de fertilización, ya que si además se añadieran las provocadas durante la fabricación de esos fertilizantes, el efecto suplementario sería de alrededor del 70 %.

La agricultura, las actividades forestales y otros usos de la tierra representan en torno al 22 % de todas las emisiones de efecto invernadero. La mitad proceden del metano y el óxido de nitrógeno causados por las explotaciones agrícolas y ganaderas y la otra mitad de emisiones indirectas de dióxido de carbono (CO2) derivadas del uso de la tierra.

El grueso de ese aumento de emisiones que se va a producir de aquí a 2033 tendrá lugar en países de ingresos medios y bajos, mientras que la región formada por Europa y Asia central será la única en la que se anticipa una disminución debido a una reducción del peso de los animales rumiantes, que producen metano en su proceso digestivo.

En términos relativos, el alza será particularmente fuerte en el África subsahariana (del 0,9 % anual) pero hay que tener en cuenta que el punto de partida allí es relativamente bajo, ya que sólo supone el 16 % de las emisiones de gases de efecto invernadero por la agricultura.

La FAO calcula que para 2030 habrá en el mundo unos 600 millones de personas que afrontarán el problema del hambre y al mismo tiempo alrededor del 13 % de los alimentos producidos se pierden después de su recolección y antes de llegar a los mercados minoristas.

Además, un 19 % se desperdicia durante su gestión por los particulares, la distribución y por la restauración.

En volumen, eso se traduce en que de aquí a 2033 se van a desperdiciar cerca de 700 millones de toneladas entre la fase de cosecha y la comercialización, y otros 1.140 millones de toneladas desde que pasan por los canales de distribución y hasta las casas de los consumidores.

Los autores del estudio estiman que si se redujeran a la mitad todas esas pérdidas y desperdicios, se podría reducir en unos 153 millones las personas que sufren hambre en el mundo, es decir, un 26 %. EFECOM

ac/rcf/ltm