Los científicos piden que se integren tres objetivos de demanda energética en la política climática para 2035.


Un nuevo artículo publicado en la revista Science argumenta que los gobiernos deberían adoptar tres objetivos integrados de demanda energética para 2035, advirtiendo que la política climática será insuficiente a menos que se centre no solo en cómo se produce la energía, sino también en cómo se utiliza.


por el Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicados


Una propuesta de agenda triple-triple

El documento, titulado «Nuevos objetivos de demanda para la resiliencia energética y climática», fue liderado por investigadores del ISCT (Instituto Universitario de Lisboa) y del Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicados (IIASA). Propone una agenda « triple »: triplicar el progreso en eficiencia energética, electrificación y medidas para frenar el consumo excesivo de energía.

Los autores argumentan que los esfuerzos internacionales en materia de clima y política energética se han centrado en gran medida en ampliar el suministro de energía limpia, prestando mucha menos atención a la demanda final de energía: la energía que se utiliza realmente en el transporte, la vivienda, la calefacción, la refrigeración y la industria.

El aumento de la demanda energética también está haciendo que las economías sean más vulnerables a las crisis energéticas y a las perturbaciones externas, lo que refuerza la necesidad de abordar la demanda de forma más directa.

«La demanda energética todavía se trata con demasiada frecuencia como un subproducto del crecimiento en lugar de como un ámbito estratégico de la política», afirmó el autor principal, Nuno Bento. «Pero es precisamente en la demanda donde se prestan los servicios energéticos, donde las desigualdades son más visibles y donde se pueden lograr algunos de los avances más rápidos en materia de resiliencia y reducción de emisiones».

Desigualdad global en el uso de la energía

El artículo pone de relieve un marcado desequilibrio global: mientras que la mitad de la población mundial vive en condiciones de vida dignas o por debajo de ellas (con un umbral estimado de entre 15 y 18 GJ por persona al año) y más de 700 millones de personas aún carecen de servicios básicos de electricidad, el 2 % de los consumidores más ricos del mundo utiliza más de 300 GJ por persona al año y representa un tercio del consumo energético mundial. En contraste, la mitad más pobre de la población mundial representa apenas alrededor del 10 %.

Según los investigadores, reducir los patrones de consumo excesivo —que a menudo se benefician de impuestos bajos o inexistentes— es esencial no solo para reducir las emisiones, sino también para mejorar la seguridad energética y la equidad social.

Tres objetivos concretos para 2035

El primer objetivo propuesto es triplicar la tasa anual de mejora de la eficiencia energética, elevando la reducción de la intensidad energética final del PIB al 4% anual.

La segunda consiste en triplicar el ritmo de electrificación , aumentando la proporción de electricidad en el consumo final de energía a una tasa de crecimiento anual del 4% y alcanzando el 33% en 2035. Los autores afirman que esto aceleraría la difusión de tecnologías eficientes como los vehículos eléctricos y las bombas de calor.

La tercera propuesta consiste en aplicar una tributación más justa al consumo excesivo de energía, mediante un recargo sobre el consumo superior a 300 GJ por persona al año. El artículo argumenta que una tributación más estricta del consumo de energía de lujo, como el de los aviones privados y los yates, que actualmente gozan de una tributación baja o nula, podría ayudar a frenar el exceso de demanda y generar entre 0,2 y 2 billones de dólares anuales para ampliar el acceso a la energía y apoyar la inversión en tecnologías bajas en carbono.

Vinculando la demanda, la equidad y la resiliencia

Los investigadores afirman que los tres objetivos están diseñados para reforzarse mutuamente. La eficiencia ayuda a limitar el crecimiento general de la demanda. La electrificación facilita la prestación de servicios energéticos de forma más eficiente. Y gravar el consumo excesivo puede reducir la presión sobre los sistemas energéticos y contribuir a financiar una transición más justa.

En lugar de considerar la menor demanda como un efecto secundario de otras políticas, como la descarbonización, el documento la presenta como un objetivo político en sí mismo.

Los autores hacen hincapié en que estos objetivos no tienen que ver con la austeridad ni la privación, sino con ofrecer mejores servicios energéticos con menos desperdicio, menor riesgo y mayor equidad.

«El objetivo del sistema energético es proporcionar niveles adecuados de servicios energéticos limpios y asequibles. Proponemos tres objetivos integrados y sistémicos de demanda energética que, en conjunto, aportarían múltiples beneficios a las personas y al planeta», concluyen los autores Arnulf Grubler y Nebojsa Nakicenovic, ambos distinguidos investigadores eméritos del Grupo de Investigación sobre Soluciones Sociales e Institucionales Transformadoras del Programa de Energía, Clima y Medio Ambiente del IIASA.

Detalles de la publicación

N. Bento et al., Nuevos objetivos de demanda para la resiliencia energética y climática, Science (2026). DOI: 10.1126/science.adz3492