Un registro obtenido frente al nordeste de Brasil muestra que la AMOC experimentó dos intensificaciones repentinas mientras permanecía debilitada al final de la última glaciación.
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.
La Circulación Meridional de Retorno del Atlántico, conocida como AMOC por sus siglas en inglés, puede experimentar cambios repentinos de intensidad incluso cuando se encuentra en un estado debilitado. La evidencia procede de sedimentos marinos recogidos frente al estado brasileño de Maranhão y aporta una nueva perspectiva sobre el comportamiento de uno de los sistemas oceánicos más importantes para el clima terrestre.
La AMOC funciona como una enorme cinta transportadora de calor. Lleva aguas cálidas desde las regiones ecuatoriales y tropicales hacia las latitudes altas del Atlántico Norte, mientras que las aguas frías y densas se desplazan hacia el sur a mayor profundidad. Este intercambio modera las temperaturas de Europa y algunas zonas de América del Norte, además de influir sobre los patrones de lluvia en las regiones intertropicales de África y América del Sur.
El calentamiento global está debilitando gradualmente esta circulación. El deshielo de Groenlandia, el calentamiento del océano Ártico y el aumento de las precipitaciones reducen la salinidad y la densidad de las aguas superficiales, dificultando su hundimiento. Las mediciones directas realizadas durante dos décadas también han aportado indicios del descenso reciente del transporte de aguas profundas.
Dos intensificaciones durante un periodo de debilidad
La investigación fue dirigida por Cristiano Mazur Chiessi, de la Escuela de Artes, Ciencias y Humanidades de la Universidad de São Paulo (EACH-USP), en Brasil, y Stefan Mulitza, de la Universidad de Bremen, en Alemania. El equipo encontró evidencias de dos episodios importantes de intensificación de la AMOC entre hace 17.800 y 14.800 años.
Ese intervalo corresponde al Estadial de Heinrich 1, o HS1, una etapa durante la cual la circulación atlántica fue, en general, mucho más débil que en la actualidad. El primer repunte identificado se extendió aproximadamente desde hace 16.500 hasta 15.800 años. El segundo ocurrió alrededor de hace 15.400 años, duró cerca de un siglo y elevó la intensidad de la AMOC por encima de su nivel actual.
Los resultados, publicados en mayo de 2026 en la revista Nature Communications, constituyen la primera demostración de que la AMOC puede atravesar pulsos de fortalecimiento mientras permanece dentro de un periodo prolongado de debilidad. Esto plantea un comportamiento más dinámico que el contemplado por la idea de una circulación debilitada pero relativamente estable durante miles de años.
Chiessi advirtió que las sociedades podrían necesitar prepararse no solamente para una alteración climática abrupta, sino para una sucesión de cambios. La identificación de señales tempranas también es una prioridad en investigaciones sobre la Corriente del Golfo y los posibles puntos críticos de la AMOC.
Un testigo marino recuperado frente a Maranhão
El estudio examinó un testigo de sedimentos extraído del Atlántico ecuatorial a 1.367 metros de profundidad y aproximadamente 189 kilómetros de la costa de Maranhão, en el nordeste de Brasil. La muestra fue obtenida en 2012 durante una expedición del buque científico alemán RV Maria S. Merian.
Durante el HS1 y otros periodos de debilitamiento de la AMOC aumentaron considerablemente las precipitaciones en el nordeste brasileño, mientras disminuyeron en el norte de la Amazonia y en regiones situadas más al norte. Las lluvias intensas produjeron erosión y una elevada acumulación de sedimentos en el lugar de muestreo, lo que permitió reconstruir los cambios con una resolución temporal especialmente detallada.
Para estimar la fuerza de las corrientes antiguas, el equipo utilizó la datación de la ventilación mediante radiocarbono. El procedimiento determina cuánto tiempo permaneció aislada de la atmósfera el agua profunda y, a partir de ello, permite calcular la velocidad de la circulación.
Los investigadores identificaron y fecharon con carbono 14 conchas de foraminíferos planctónicos, habitantes de las aguas superficiales, y bentónicos, que viven en el fondo oceánico. Como el radiocarbono se produce en la atmósfera y llega a las profundidades transportado por las aguas que se hunden cerca de Groenlandia, la diferencia de edad entre ambos grupos sirve como indicador de la intensidad de la AMOC.
La edad de los foraminíferos registra la velocidad del agua
En las condiciones actuales, el agua tarda unos 350 años en llegar hasta el Atlántico ecuatorial profundo. Antes del Estadial de Heinrich 1, la diferencia aparente de edad entre los foraminíferos planctónicos y bentónicos era de 325 años. Durante la mayor parte del episodio de debilitamiento aumentó hasta 960 años.
Los análisis, realizados por Partha Sarathi Jena e Ines Beese durante sus estancias posdoctorales en la EACH-USP y la Universidad de Bremen, revelaron un cambio marcado durante los dos repuntes. La diferencia se redujo a 450 años en la primera intensificación y a 200 años en la segunda, lo que señala una circulación excepcionalmente rápida durante este último episodio.
El registro sedimentario complementa las campañas actuales destinadas a estudiar la respuesta de la circulación oceánica al cambio climático. También permite observar variaciones mucho más antiguas que las cubiertas por instrumentos, satélites y redes modernas de sensores.
Lluvias continentales y dióxido de carbono
El equipo comparó los resultados marinos con reconstrucciones de las precipitaciones obtenidas mediante estalagmitas de la cueva Jaraguá, en Bonito, estado de Mato Grosso do Sul, y de la Gruta da Paixão, en Andaraí, estado de Bahía. Los dos pulsos de intensificación coincidieron con periodos en los que las lluvias abundantes dieron paso a condiciones más secas en el continente.
La reducción de las precipitaciones habría disminuido el aporte de agua dulce al océano. Los mismos intervalos coincidieron con aumentos del dióxido de carbono atmosférico registrados en burbujas de aire conservadas dentro del hielo antártico.
Los investigadores proponen que el fortalecimiento de la AMOC pudo transportar hacia la Corriente Circumpolar Antártica aguas profundas ricas en dióxido de carbono que habían permanecido relativamente estancadas durante la fase de debilidad. Al alcanzar esa región de afloramiento, el carbono habría sido liberado a la atmósfera.
Los autores subrayan que el HS1 no representa un equivalente perfecto del presente. Entonces, la concentración atmosférica de dióxido de carbono era inferior a la registrada antes de la industrialización y las condiciones climáticas eran diferentes. No obstante, el episodio demuestra que una AMOC débil puede cambiar rápidamente, un aspecto relevante para interpretar las variaciones que se propagan por el Atlántico.
El trabajo se desarrolló en el marco del Centro de Investigación sobre la Crisis Climática y la Resiliencia ante Desastres (CLIMARES), un Centro de Investigación, Innovación y Difusión de la Fundación de Apoyo a la Investigación del Estado de São Paulo (FAPESP). La Fundación también respaldó el estudio mediante los proyectos 18/15123-4, 23/00355-5 y 25/05117-0.
Chiessi espera que estos resultados ayuden a perfeccionar las previsiones de la AMOC y a desarrollar sistemas capaces de reconocer señales climáticas precursoras de cambios abruptos. Ese conocimiento podría ampliar el margen disponible para adoptar medidas de adaptación antes de que se produzcan nuevas alteraciones.
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