Un análisis de líquidos residuales detectó concentraciones elevadas de plomo, cobre, zinc y níquel, además de riesgos para vertederos y plantas de reciclaje
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.
Los vapeadores desechables pueden convertirse en una fuente localizada de contaminación por metales cuando terminan en la basura convencional. Investigadores del Reino Unido y Estados Unidos encontraron concentraciones extremadamente elevadas de plomo y otros elementos en el líquido que permanece dentro de numerosos dispositivos usados, según un estudio publicado en Environmental Monitoring and Assessment.
El trabajo fue dirigido por Andrew Turner, de la Universidad de Plymouth, en colaboración con John W. Scott y Maya C. Dabrowski, del Illinois Sustainable Technology Center. El equipo estudió 44 vapeadores usados de diferentes fabricantes y sabores, además de tres dispositivos nuevos, para conocer tanto la composición de los productos como los riesgos generados después de desecharlos.
Los autores advierten que estos aparatos combinan en una carcasa compacta líquidos con nicotina, plásticos, componentes electrónicos, metales y baterías. Esa mezcla dificulta su desmontaje y reciclaje, al tiempo que aumenta la posibilidad de que sustancias contaminantes lleguen a los lixiviados de los vertederos o expongan a trabajadores durante su almacenamiento y manipulación.
El líquido residual concentró plomo, cobre, zinc y níquel
Los investigadores extrajeron los líquidos con ácido nítrico diluido y analizaron su contenido mediante espectrometría de emisión óptica con plasma acoplado inductivamente. El procedimiento permitió medir diferentes metales y metaloides presentes dentro de los dispositivos.
Elementos como arsénico, bario, cadmio, cobalto, cromo, manganeso y vanadio fueron detectados con poca frecuencia y nunca superaron los 10 miligramos por kilogramo de líquido. La situación fue distinta para el aluminio, cobre, níquel, plomo y zinc, cuyas concentraciones variaron varios órdenes de magnitud entre las muestras.
Los niveles de níquel y plomo superaron con regularidad los 100 miligramos por kilogramo, mientras que el cobre y el zinc llegaron a exceder los 1.000 miligramos por kilogramo. El plomo alcanzó algunas de las concentraciones más altas comunicadas hasta ahora en líquidos de cigarrillos electrónicos.
La presencia de estos elementos refuerza la necesidad de vigilar los residuos tecnológicos como una fuente potencial de contaminación. Otros casos, como la exposición al plomo detectada en comunidades de la Amazonía, muestran que este metal puede desplazarse mediante diferentes rutas ambientales y alcanzar agua, fauna y poblaciones humanas.
La contaminación no procedería únicamente del desgaste
Una de las preguntas centrales consistía en determinar si los metales llegaban al líquido durante el uso del vapeador. El níquel podría explicarse parcialmente por la lixiviación de componentes metálicos que permanecen en contacto con la solución, pero ese mecanismo no justificó las concentraciones de cobre, plomo y zinc.
El equipo también examinó el pH y comparó dispositivos usados con algunos productos nuevos. Los resultados indicaron que parte de la contaminación ya estaba presente en el líquido desde el comienzo y que no se generaba exclusivamente por el deterioro de soldaduras, resistencias u otras piezas internas.
Además, las concentraciones de cobre, plomo y zinc aumentaron a medida que disminuía la cantidad de líquido residual. Esto sugiere que esos metales pueden concentrarse progresivamente mientras el contenido del dispositivo se consume, dejando un pequeño volumen final particularmente contaminado.
Los cálculos de balance de masa plantean que un dispositivo podría permitir la inhalación de hasta 8.000 microgramos de cobre, 500 microgramos de plomo y 6.000 microgramos de zinc. Sin embargo, los investigadores no midieron directamente cuánto metal pasa al aerosol ni qué cantidad llega a los pulmones durante el uso normal, por lo que esas cifras representan estimaciones y no una exposición comprobada.
Los vertederos abren una vía hacia el agua
Cuando un vapeador termina en la basura doméstica, el líquido restante puede escapar si la carcasa se rompe durante la recogida, compactación o procesamiento de residuos. El plomo, cobre, zinc y níquel liberados podrían incorporarse a los lixiviados del vertedero y elevar el riesgo de contaminación de aguas subterráneas si esos líquidos no son recogidos y tratados correctamente.
La movilidad de los metales depende de su forma química, el pH, la humedad y las condiciones del depósito. No todos los dispositivos desechados producirán la misma liberación, pero la enorme cantidad de vapeadores que sale de uso convierte la acumulación en una cuestión ambiental relevante.
El problema se relaciona con la huella del litio liberado desde baterías y residuos tecnológicos. Los materiales útiles durante la vida de un producto pueden transformarse en contaminantes emergentes si su eliminación no mantiene los componentes dentro de circuitos seguros de recuperación.
También existen antecedentes de procesos ambientales capaces de movilizar mezclas de metales hacia los cursos de agua. El fenómeno observado en arroyos árticos acidificados y cargados de metales responde a un mecanismo natural diferente, pero evidencia la importancia del pH y de la química del medio en la liberación y el transporte de estos elementos.
Las baterías dañadas aumentan el riesgo de incendios
Los vapeadores desechables contienen baterías que pueden incendiarse cuando son perforadas, aplastadas o sometidas a presión dentro de camiones recolectores y plantas de clasificación. En el Reino Unido, el manejo incorrecto de estos residuos ha sido asociado con aproximadamente un incendio diario en los sistemas de tratamiento de basura.
Los investigadores comprobaron que extraer las baterías resultaba difícil porque numerosos dispositivos no fueron diseñados para abrirse con facilidad. Esta construcción obstaculiza la separación de materiales, impide recuperar componentes valiosos y aumenta el peligro para las personas encargadas del desmontaje.
El desafío forma parte de una discusión más amplia sobre los costos ocultos de los materiales tecnológicos. La demanda de minerales críticos y sus efectos sobre el agua y la salud comienza con la extracción, pero continúa durante la fabricación, el consumo y la eliminación de cada dispositivo.
Diseño desmontable y recogida diferenciada
El estudio propone mejorar el diseño de los vapeadores para que las baterías puedan retirarse con seguridad, utilizar plásticos reciclables y favorecer sistemas rellenables frente a productos de un solo uso. Separar la batería reduciría el riesgo de incendios y facilitaría la recuperación de algunos materiales.
Los autores también reclaman controles más rigurosos de metales en los líquidos, etiquetados legibles e instrucciones claras sobre la eliminación. En muchos lugares, consumidores y comercios acumulan los dispositivos o los entregan únicamente durante campañas ocasionales de residuos peligrosos porque no existe un sistema permanente y fácilmente reconocible.
La investigación no determina el volumen total de metales que los vapeadores liberan actualmente al ambiente. Su aportación consiste en demostrar que ciertos dispositivos descartados conservan líquidos altamente enriquecidos en elementos tóxicos y que su diseño dificulta una gestión segura.
Establecer programas de devolución, ampliar la responsabilidad de los fabricantes y clasificar estos productos como residuos electrónicos con componentes peligrosos permitiría reducir la llegada de baterías y líquidos contaminados a la basura común. La regulación deberá considerar el ciclo completo del producto, desde la composición del líquido hasta el tratamiento de su última carga residual.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Environmental Monitoring and Assessment
Universidad de Illinois




