Un nuevo modelo predice qué ecosistemas resistirán mejor las sequías extremas


Investigadores de la Universidad de Minnesota demostraron que los registros ecológicos de largo plazo pueden anticipar con alta precisión la resistencia de pastizales frente a eventos climáticos extremos


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Karem Díaz S.

Un equipo de ecólogos de la Universidad de Minnesota desarrolló un modelo capaz de anticipar qué ecosistemas pueden resistir mejor una sequía extrema antes de que ocurra. El trabajo, publicado en la revista Nature, utilizó décadas de registros ecológicos del Cedar Creek Ecosystem Science Reserve, en el centro de Minnesota, para probar si las variaciones naturales de un ecosistema sirven como señal temprana de su respuesta frente a choques climáticos.

La investigación llega en un contexto de creciente presión económica y ambiental. Un informe reciente de la Minnesota Pollution Control Agency estimó que el cambio climático podría costar a los habitantes de Minnesota más de 20.000 millones de dólares al año para 2040. Esa cifra refleja un problema local dentro de una crisis global: la estabilidad de los ecosistemas sostiene agricultura, bosques, vivienda segura, infraestructura, almacenamiento de carbono y otros servicios esenciales.

El desafío científico ha sido identificar con anticipación cuáles ecosistemas son más vulnerables a las sequías, inundaciones, olas de calor u otros extremos climáticos. En ese punto, el estudio aporta una herramienta nueva para entender la capacidad de los ecosistemas terrestres para enfrentar perturbaciones cada vez más frecuentes.

Una sequía permitió probar las predicciones

En 2021, una sequía extrema golpeó el centro de Minnesota. Fue el primer episodio seco de una magnitud cercana a uno cada diez años en casi tres décadas de mediciones en Cedar Creek. Para entonces, el equipo ya había generado predicciones sobre cómo responderían las parcelas experimentales de pastizal ante una perturbación climática severa.

Las predicciones resultaron sorprendentemente precisas: el modelo anticipó la resistencia de los ecosistemas con un error promedio cercano al 3 %. Este resultado permitió demostrar que los datos ecológicos de largo plazo no solo sirven para reconstruir el pasado, sino también para anticipar respuestas futuras ante extremos climáticos.

Forest Isbell, autor principal del estudio y profesor asociado en el College of Biological Sciences de la Universidad de Minnesota, destacó que los ecólogos han medido durante mucho tiempo cómo responden los ecosistemas después de sequías y otros extremos. La novedad es comenzar a prever cuáles resistirán mejor antes de que el impacto ocurra.

Resistencia, recuperación, estabilidad y resiliencia

El equipo desarrolló un marco matemático para relacionar cuatro dimensiones de la estabilidad ecológica. La resistencia describe cuánto cambia un ecosistema durante una perturbación, como una sequía. La recuperación mide qué tan rápido vuelve hacia condiciones normales después del impacto. La estabilidad temporal indica cuánto fluctúa a lo largo de muchos años. La resiliencia muestra qué tan cerca se mantiene de su estado normal poco después de una perturbación.

Estas cuatro dimensiones han sido debatidas en ecología desde la década de 1980, pero su relación seguía abierta. El estudio encontró que la estabilidad de largo plazo está gobernada en gran medida por la resistencia de corto plazo frente a una perturbación. En cambio, la resiliencia suele depender más de la recuperación posterior.

El hallazgo es importante porque resistencia y recuperación no son equivalentes. Un ecosistema no puede perder resistencia y compensarla simplemente con una recuperación más rápida sin afectar su estabilidad temporal y su resiliencia. Esa diferencia resulta clave para la gestión de territorios expuestos a cambios climáticos que afectan la biodiversidad y el funcionamiento de los sistemas naturales.

El valor de los datos ecológicos de largo plazo

Para elaborar las predicciones, los investigadores usaron datos de estabilidad acumulados entre 1996 y 2020. Con esa base pudieron anticipar la resistencia a la sequía a escala de ecosistema. El trabajo también mostró que la estabilidad de largo plazo durante un cuarto de siglo podía predecirse, en muchos casos, a partir de la resistencia frente a un evento climático húmedo extremo ocurrido en 2002.

Este punto revela una idea central: los ecosistemas dejan huellas medibles de su comportamiento ante perturbaciones pasadas. Si esas huellas se registran durante suficientes años, pueden convertirse en señales útiles para anticipar riesgos futuros.

El estudio también establece un límite práctico. Las predicciones fueron más confiables a escala de ecosistema que para especies individuales. Además, se necesitaron al menos 17 años de datos antes de que los pronósticos a escala ecosistémica fueran estadísticamente sólidos.

Por qué importa para agricultores, bosques y planificación territorial

El modelo puede ayudar a gestores de tierras, agricultores y responsables ambientales a prevenir los peores impactos de la sequía y del clima extremo. Saber qué áreas tienen menor resistencia permite priorizar restauración, conservación, cambios de manejo o adaptación antes de que una perturbación cause pérdidas mayores.

La estabilidad ecológica no es un concepto abstracto. De ella dependen la producción de alimentos, la salud de los bosques, la protección frente a inundaciones, la seguridad de viviendas e infraestructura y la captura de carbono. Por eso, anticipar qué ecosistemas se debilitan más frente al clima extremo puede mejorar la preparación territorial.

La utilidad de esta información se relaciona con otros trabajos sobre riesgo ecológico de la superficie terrestre, que advierten que la pérdida de integridad funcional de los ecosistemas puede afectar servicios esenciales para las sociedades humanas.

Un método que aún debe probarse fuera de los pastizales

Los autores advierten que el marco necesita más desarrollo en distintos tipos de ecosistemas. La investigación se probó en pastizales experimentales, pero deberá evaluarse en bosques, sistemas agrícolas, humedales y ecosistemas acuáticos para comprobar su alcance real.

También será necesario definir cuáles perturbaciones son más importantes para cada sistema. En algunos ecosistemas, la sequía puede ser el factor dominante; en otros, el riesgo principal puede venir de inundaciones, calor extremo, incendios, cambios de estación, plagas o pérdida de cobertura vegetal.

Este tipo de monitoreo cobra relevancia en una etapa en la que la crisis climática y la pérdida de biodiversidad no pueden tratarse como problemas separados. La restauración, la conservación y la adaptación requieren información capaz de orientar decisiones concretas, como ya se observa en investigaciones sobre humedales restaurados y resiliencia ante la sequía.

Mirar hacia adelante con datos del pasado

El estudio cambia la forma de valorar los registros ecológicos históricos. Los datos de largo plazo suelen verse como archivos del pasado, pero en este caso permitieron anticipar con precisión la respuesta de parcelas de pastizal ante una sequía futura.

Forest Isbell resume la importancia del trabajo en esa dirección: los datos ecológicos de largo plazo también pueden ayudar a mirar hacia adelante. Con más pruebas y refinamiento, el modelo podría aplicarse a bosques, granjas, pastizales y ecosistemas acuáticos para fortalecer su manejo en una era de extremos climáticos más frecuentes.

Referencias

Phys.org – A new model for predicting plant resistance can help prepare for climate change