El proyecto en Holcombe Moor busca restaurar turberas dañadas, retener agua en la superficie y favorecer el regreso del musgo Sphagnum, clave para que estos ecosistemas vuelvan a funcionar como sumideros de carbono
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
Miles de pequeñas cavidades están apareciendo en las colinas Pennine, en el norte de Inglaterra, como parte de un esfuerzo de restauración ecológica orientado a recuperar turberas dañadas y mejorar su capacidad de almacenar carbono. Lejos de ser una señal de degradación reciente, estas aberturas forman parte de una intervención planificada para devolver humedad a suelos que durante décadas perdieron vegetación, agua y estabilidad.
El trabajo se desarrolla en Holcombe Moor, en los West Pennines, donde en 2021 se crearon 3.000 estructuras conocidas como bunds, y en 2024 se añadieron otras 700 dentro del programa Nature for Climate Peatland Grant Scheme de Natural England. El objetivo es sencillo en apariencia, pero importante para el clima: retener agua de lluvia, ralentizar la escorrentía y crear condiciones favorables para que el musgo Sphagnum vuelva a crecer.
Por qué las turberas son tan importantes para el clima
Las turberas son ecosistemas formados por acumulación lenta de materia vegetal parcialmente descompuesta. Cuando están sanas, mantienen suelos saturados de agua que limitan la descomposición y permiten que el carbono permanezca almacenado durante largos periodos. Por eso, la restauración de estos ambientes se ha convertido en una herramienta relevante dentro de las estrategias climáticas basadas en la naturaleza.
El problema aparece cuando las turberas son drenadas, erosionadas o pierden su vegetación. En ese estado, dejan de comportarse como depósitos de carbono y pueden convertirse en fuentes de gases de efecto invernadero. A escala global, alrededor del 15% de las turberas ha sido drenado, una cifra que ayuda a entender por qué proyectos de recuperación como el de los Pennines tienen importancia más allá del paisaje local.
La situación conecta con una preocupación ambiental más amplia: el futuro de las turberas del Reino Unido depende tanto de la restauración activa como de la capacidad de estos ecosistemas para resistir sequías, calor extremo y presiones heredadas de usos industriales anteriores.
Un paisaje marcado por contaminación industrial
Las colinas Pennine tienen una larga historia de minería de plomo y carbón. Durante la revolución industrial, el carbón alimentó fábricas en ciudades como Manchester, Leeds y Sheffield, mientras el humo transportaba impurezas de metales pesados, incluidos plomo y arsénico, hacia las zonas altas.
Ese legado dejó concentraciones elevadas de metales cerca de la superficie del suelo, dificultó el crecimiento de plantas y favoreció la pérdida de vegetación. En los sectores más afectados, la erosión abrió profundas cárcavas y dejó paisajes desnudos, comparados en el texto original con superficies lunares.
Lo que se erosionó en pocas décadas había tardado miles de años en formarse. Gran parte de los Pennines está cubierta por turberas de manta, un tipo de humedal frío y húmedo que necesita un equilibrio delicado: suficiente agua para frenar la descomposición de la materia vegetal, pero condiciones que aún permitan el crecimiento de plantas especializadas.
El papel del musgo Sphagnum
El Sphagnum es una pieza central de las turberas. Este musgo puede retener hasta 20 veces su peso en agua y ayuda a mantener las condiciones saturadas que permiten la formación de turba. En un ecosistema sano, el Sphagnum nuevo crece sobre capas más antiguas, eleva gradualmente el nivel de humedad y deja material vegetal sumergido que se descompone de forma incompleta.
Ese proceso es lento. Las turberas pueden crecer apenas milímetros por año, pero durante milenios acumulan metros de turba rica en carbono. En el Reino Unido, las turberas almacenan más de 3.000 millones de toneladas de carbono, aproximadamente diez veces más que las reservas de carbono de todos los bosques del país.
La función climática de estos sistemas explica por qué cada vez se presta más atención a los humedales y su relación con el carbono, especialmente cuando el calentamiento, la desecación o la alteración del suelo pueden cambiar el equilibrio entre almacenamiento y emisión.
Qué son los bunds y por qué se están excavando
Las estructuras abiertas en Holcombe Moor son pequeños estanques o depresiones en forma de media luna, creados con excavadoras de bajo impacto. Su función es capturar el agua superficial que, de otro modo, correría rápidamente colina abajo después de la lluvia.
Al retener esa agua, los bunds ayudan a mantener condiciones más húmedas en la superficie de la turbera. Ese ambiente favorece el regreso del Sphagnum en zonas de meseta donde los métodos tradicionales, como bloquear cárcavas profundas con piedra o madera, no siempre resuelven el problema.
El proyecto es acompañado por investigaciones de largo plazo del National Trust en colaboración con la Universidad de Manchester, con el propósito de evaluar si esta técnica puede funcionar como método de restauración para turberas más planas y degradadas.
Primeras señales después de la sequía de 2025
Cinco años después del inicio del proyecto, las primeras estructuras ya muestran cambios visibles. Los bunds originales están cubiertos por pastos y muchos estanques contienen Sphagnum, lo que los hace parecer más cercanos a pequeñas pozas naturales de turbera.
La sequía de 2025 ofreció una prueba importante. Ese año siguió a una de las primaveras más secas de Inglaterra en más de un siglo. El monitoreo preliminar indicó que las áreas con bunds permanecieron húmedas durante más tiempo que la turba sin restaurar, ayudando a conservar condiciones favorables cerca de la superficie.
Esta capacidad de retener humedad puede ser clave no solo para almacenar carbono, sino también para reducir riesgos asociados a incendios y degradación futura. En esa línea, la restauración de humedales ha sido documentada como una herramienta capaz de aportar beneficios climáticos y de resiliencia, como muestran estudios sobre humedales restaurados y sequía.
Restaurar agua para recuperar carbono
La intervención en los Pennines muestra que la restauración de una turbera no consiste únicamente en plantar vegetación. Primero debe recuperarse la hidrología: frenar la pérdida de agua, reducir la erosión y crear las condiciones físicas que permitan a las plantas especializadas volver a establecerse.
Si el Sphagnum regresa y se mantiene, la turbera puede reconstruir gradualmente su función ecológica. Eso significa mayor retención de agua, menor exposición de turba desnuda, más estabilidad frente a extremos climáticos y mejores condiciones para que el carbono permanezca en el suelo.
El caso también recuerda que los ecosistemas dañados pueden necesitar décadas de trabajo y monitoreo. La restauración de cuencas y paisajes húmedos funciona cuando combina intervención técnica, seguimiento científico y comprensión del agua como estructura básica del ecosistema.
Una reparación del daño industrial
Las máquinas que hoy trabajan en estas colinas no representan un regreso a la explotación industrial que dañó el paisaje, sino un intento de reparar parte de sus consecuencias. Donde antes hubo contaminación, pérdida de vegetación y erosión, ahora se busca reconstruir humedad, musgo y capacidad de almacenamiento de carbono.
El proyecto en Holcombe Moor no promete resultados inmediatos ni convierte por sí solo a las turberas en una solución total frente al cambio climático. Su importancia está en mostrar cómo una intervención localizada puede devolver funciones ecológicas a un sistema dañado y reforzar una idea central: proteger el carbono del suelo requiere conservar el agua, la vegetación y los procesos lentos que sostienen la vida de los humedales.
Fuente(s) referenciales
Phys.org: The Pennine hills are full of holes—here’s how they’re helping fight climate change
