Investigadores de Macquarie University prueban en Sídney Occidental si el riego con agua reciclada puede sostener árboles capaces de enfriar zonas urbanas vulnerables
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
Con El Niño declarado oficialmente para el verano de 2026, un equipo de Macquarie University está evaluando el uso de agua reciclada para regar árboles urbanos y ayudar a enfriar Sídney Occidental, una de las regiones más expuestas al calor extremo en Australia.
La investigación es liderada por la doctora Laura Fernandez junto con la profesora Michelle Leishman y la doctora Martyna Kotowska. El proyecto busca responder una pregunta cada vez más urgente para las ciudades: cómo mantener espacios verdes funcionales cuando las olas de calor son más largas, frecuentes e intensas.
Una región especialmente vulnerable al calor
Sídney Occidental ya ha vivido episodios extremos. En enero de 2020, Penrith fue declarada el lugar más caliente de la Tierra durante una jornada de calor excepcional. Seis años después, el calor extremo dejó de ser una anomalía y pasó a formar parte de los riesgos estructurales de la región.
El rápido desarrollo urbano, el uso de materiales que absorben calor y la necesidad de aumentar la cobertura arbórea explican por qué la zona sigue siendo vulnerable. La declaración de El Niño para el verano de 2026 eleva la preocupación por una temporada con temperaturas superiores al promedio.
La señal climática se conecta con advertencias recientes sobre El Niño, fenómeno que puede intensificar sequías, calor extremo, incendios y alteraciones en las lluvias en distintas regiones del planeta.
Árboles, sombra y evapotranspiración
Los árboles urbanos enfrían las ciudades por dos vías principales. La sombra reduce el calentamiento directo de calles, aceras, fachadas y superficies pavimentadas. La evapotranspiración libera humedad desde las hojas y ayuda a disminuir la temperatura del aire circundante.
Pero estos beneficios dependen de una condición esencial: los árboles deben sobrevivir, crecer y mantenerse saludables. En zonas cada vez más secas y calientes, la disponibilidad de agua puede determinar si una estrategia de arbolado urbano funciona o fracasa.
Ese punto ya ha sido observado en investigaciones sobre bosques urbanos y calor extremo, donde la irrigación aparece como un factor decisivo para el establecimiento de árboles jóvenes en ciudades.
Un arboreto experimental con 600 árboles
En colaboración con Sydney Water y Botanic Gardens of Sydney, los investigadores de Macquarie University crearon un arboreto de investigación en el Australian Botanic Garden Mount Annan. Allí han monitoreado durante tres años 600 árboles pertenecientes a 15 especies.
El diseño del experimento compara árboles regados con agua reciclada y árboles regados con agua potable. El objetivo es evaluar si el agua reciclada puede sostener el crecimiento de especies nativas en entornos urbanos y si su uso genera cambios relevantes en el suelo o en las plantas.
Laura Fernandez explicó que comprender cómo el agua reciclada puede mantener espacios verdes urbanos es crítico en ciudades como Sídney, donde el calor y el crecimiento poblacional coinciden y cada gota de agua cuenta.
Agua reciclada como recurso urbano
El agua reciclada ofrece una oportunidad para regar parques, jardines y áreas verdes sin depender exclusivamente de agua potable. Para ciudades expuestas a sequía, estrés térmico y presión demográfica, esta opción puede ayudar a sostener infraestructuras verdes durante los meses más críticos.
El desafío es conocer sus efectos a largo plazo. El agua reciclada puede contener sales, nutrientes u otros componentes que influyen en el suelo y en la fisiología de las plantas. Por eso, el proyecto no solo mide crecimiento, sino también respuestas de las especies y condiciones del sustrato.
La investigación se alinea con estudios que advierten que la vegetación urbana debe adaptarse al clima local. En ciudades secas o sometidas a calor extremo, una mala planificación puede limitar el enfriamiento, por lo que elegir especies, riego y manejo adecuados resulta esencial para evitar errores en la lucha contra la isla de calor urbana.
Más que plantar árboles
El proyecto australiano muestra que la adaptación urbana no consiste únicamente en plantar más árboles. También exige asegurar que esos árboles tengan agua suficiente, espacio para crecer y condiciones adecuadas para sobrevivir a veranos más calurosos.
Si el agua reciclada permite mantener arbolado urbano sin aumentar la presión sobre el suministro potable, podría convertirse en una herramienta importante para ciudades que buscan reducir temperaturas, proteger salud pública y mejorar habitabilidad.
Los investigadores buscan generar evidencia que pueda orientar decisiones de planificación urbana, selección de especies y gestión del agua. En un contexto de calentamiento global, esas decisiones pueden marcar la diferencia entre espacios verdes decorativos y verdaderas infraestructuras climáticas.
Una estrategia de adaptación climática
El uso de agua reciclada para sostener árboles urbanos combina dos necesidades de adaptación: gestionar mejor el agua y reducir el calor en zonas densamente pobladas. En Sídney Occidental, donde las temperaturas extremas afectan de forma desigual a la población, la investigación apunta a soluciones prácticas y medibles.
Los árboles no eliminan el calor extremo ni sustituyen la reducción de emisiones, pero pueden disminuir la exposición local, mejorar el confort térmico y reducir parte de la carga sobre viviendas, calles y espacios públicos.
En ciudades de todo el mundo, los espacios verdes se están convirtiendo en herramientas de salud ambiental. Estudios con datos satelitales también han mostrado cómo los espacios verdes ayudan a refrigerar las ciudades, especialmente cuando se diseñan y mantienen de forma adecuada.
El ensayo continúa bajo veranos más exigentes
La prueba de Macquarie University llega en un momento oportuno. Si El Niño refuerza las temperaturas de 2026, el arboreto experimental ofrecerá información valiosa sobre el desempeño de las especies bajo condiciones reales de estrés térmico.
El proyecto no presenta el agua reciclada como una solución única, sino como parte de un conjunto de medidas: arbolado urbano, selección de especies resistentes, planificación hídrica, reducción de superficies que absorben calor y diseño urbano adaptado a extremos climáticos.
Para Sídney Occidental, la pregunta es concreta: si los veranos serán más calientes, qué tipo de infraestructura natural puede sostenerse con recursos hídricos disponibles. La respuesta puede servir también a otras ciudades que enfrentan calor extremo, sequía y crecimiento urbano acelerado.
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