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6 DE OCTUBRE DE 2026 · OBSERVATORIO PLANETARIO

🌍 Panorama Planetario

Lectura integrada del estado ambiental del sistema Tierra

Resumen ejecutivo. El sistema climático continúa operando sobre una base térmica excepcionalmente elevada. El calor acumulado en los océanos, la persistencia de concentraciones altas de gases de efecto invernadero y los contrastes regionales de humedad mantienen un escenario propicio para extremos de precipitación, sequedad e incendios. La señal de fondo sigue siendo la de un planeta más cálido, aunque la expresión meteorológica varía considerablemente entre regiones.
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Temperatura global

La temperatura media del planeta permanece dentro del régimen cálido establecido durante los últimos años. La tendencia de largo plazo continúa dominada por el calentamiento antropogénico, mientras las oscilaciones naturales redistribuyen temporalmente el calor entre atmósfera y océanos.

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Océanos

Los mares siguen constituyendo el principal depósito del exceso de energía del sistema climático. Temperaturas oceánicas elevadas aumentan la evaporación disponible para tormentas, favorecen olas de calor marinas y mantienen presión sobre arrecifes, ecosistemas costeros y pesquerías.

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CO₂ atmosférico

La concentración de dióxido de carbono permanece en niveles históricamente altos. Su acumulación continúa reforzando el desequilibrio energético terrestre, por lo que las variaciones meteorológicas de corto plazo no alteran la trayectoria climática fundamental.

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Hielo polar

Tras el mínimo estacional boreal de septiembre, el Ártico entra en su fase anual de recongelación. La velocidad y distribución espacial de esa recuperación serán indicadores importantes de las condiciones térmicas del océano y la atmósfera durante el otoño boreal.

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Incendios

El riesgo de incendios continúa desplazándose geográficamente con la transición estacional. Vegetación seca, viento y déficit de humedad del suelo pueden mantener focos de peligro incluso cuando disminuyen las temperaturas máximas respecto del verano.

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Sequías

Los déficits hídricos acumulados siguen siendo más importantes que una lluvia aislada. Las regiones con sequía prolongada requieren varias semanas o meses de precipitación favorable para recuperar humedad profunda del suelo, embalses y caudales.

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Tormentas y extremos

Octubre mantiene activa la vigilancia de ciclones tropicales y episodios de lluvia intensa en distintas cuencas. Una atmósfera cálida puede transportar mayor cantidad de vapor de agua, aumentando el potencial de precipitaciones fuertes cuando coinciden mecanismos dinámicos favorables.

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Ciclo del agua

Continúan los fuertes contrastes entre territorios con déficit persistente y áreas expuestas a lluvias concentradas. Esta distribución desigual del agua es una de las expresiones más relevantes del cambio climático para ciudades, agricultura y ecosistemas.

📡 SEÑAL PLANETARIA DESTACADA El océano continúa siendo el gran regulador del clima global. Su elevada carga térmica no solo condiciona las temperaturas superficiales, sino que influye en humedad atmosférica, nivel del mar, ecosistemas marinos y capacidad potencial de intensificación de algunos fenómenos extremos.
🔭 Perspectiva · próximos 7–14 días
La vigilancia ambiental debe concentrarse en la evolución de las anomalías térmicas oceánicas, ciclones tropicales todavía posibles durante octubre, episodios regionales de precipitación intensa, transición del hielo marino ártico hacia la congelación y persistencia de déficits de humedad en territorios afectados por sequías prolongadas.
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Alergias mortales, infartos o cólera: los devastadores efectos del calentamiento global en África

La fuerza del viento que azota las ciudades de la provincia del Cabo Oriental, en Sudáfrica, es capaz de generar energía.


Lenore Manderson, University of the Witwatersrand


Pero en un día seco y caluroso, esos vientos pueden acumular brasas y verterlas en la sabana y el bosque, secos como yesca, y destrozar cosechas, forrajes y hogares, además de cobrarse vidas.

Los incendios forestales crean sus propios sistemas meteorológicos y generan tormentas de fuego con efectos devastadores.

El calentamiento global aumentará el número de días de calor intenso, y esto creará unas condiciones idóneas para los incendios. En los últimos meses, el sur de Europa y el norte de África han experimentado temperaturas récord e incendios feroces con terribles efectos sobre las vidas humanas, el hábitat y el medio ambiente. El hemisferio sur será el próximo en vivir esta situación.

No obstante, la principal causa de muerte en todo el mundo es el calor, no el fuego. Las temperaturas extremas registradas en Europa y EE. UU. auguran cambios futuros a escala mundial. En los países de África meridional, algunas zonas de África oriental y Madagascar se prevé un rápido aumento de las temperaturas hasta finales de este siglo.

Soy antropóloga y académica en el ámbito de la salud pública y trabajo en Australia y en Sudáfrica. Estos dos países se ven afectados de forma recurrente por El Niño-Oscilación del Sur y el consiguiente aumento del nivel del mar, con inundaciones, sequías y un aumento de la temperatura a su paso. La combinación del calentamiento global y El Niño apunta a que en los próximos años los efectos devastadores serán cada vez mayores.

Calor, calidad del aire y salud

Los informes de organismos multilaterales como el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático y de organismos nacionales como el Programa de Investigación sobre el Cambio Global de EE. UU., ponen de manifiesto que las altas temperaturas pueden ser mortales y que en todo el mundo hay vastas poblaciones vulnerables a esta situación.

Las altas temperaturas provocan insolaciones, golpes de calor, infartos, derrames cerebrales y otras enfermedades cardiovasculares.

En Sudáfrica se producirán más olas de calor, lo que aumenta la probabilidad de muertes relacionadas con este fenómeno. Las personas que son especialmente vulnerables al estrés por exceso de calor son aquellas que viven en asentamientos precarios y en edificios en mal estado y abarrotados.

Las ciudades también son puntos calientes: el calor que absorben las carreteras y los edificios provoca el efecto “isla de calor” urbano, al tiempo que un mayor uso de energía para la refrigeración aumenta las emisiones de gases de efecto invernadero.

Menos alimentos, menor nutrición

En el continente africano, la seguridad alimentaria se ve directamente amenazada por los fenómenos extremos, pero también, de forma más general, por el cambio climático y el calentamiento global. En Sudáfrica, la sequía hace estragos de forma recurrente en la agricultura de subsistencia, la ganadería y los cultivos comerciales. Esta situación ya ha despertado un interés por las estrategias locales para hacer frente a la inseguridad alimentaria.

El impacto de la sequía en la alimentación y la nutrición recaerá sobre los más vulnerables, como los bebés, los niños pequeños y las mujeres embarazadas, y sobre quienes ya viven en o por debajo del umbral de la pobreza.

En todo el continente, muchas personas dependen de la agricultura de subsistencia y, en ausencia de alimentos o agua, probablemente se producirá un aumento de las migraciones y de las crisis humanitarias.

En Sudáfrica, una gran parte de la población también depende de la agricultura de subsistencia o de otro tipo de agricultura a pequeña escala. Las malas cosechas y la sequía, junto con el aumento del coste de los alimentos por la alteración de los recursos alimentarios mundiales, nos acabarán perjudicando a todos.

Cada gota cuenta

A los factores de riesgo anteriormente mencionados, se suma la escasez de agua. Los seres humanos necesitan una correcta hidratación para sobrevivir. La escasez de agua, combinada con el aumento de las temperaturas, aumenta el riesgo de fallo orgánico y muerte.

Además, el hecho de depender de un agua de mala calidad y contaminada tiene consecuencias en la higiene doméstica y personal, así como en las infecciones intestinales.

El vibrio cholerae –la bacteria que causa el cólera– está presente en los canales de agua de todos los países, tanto de renta alta como baja. La infección provocada por esta bacteria puede ser leve. Sin embargo, si no se interviene rápidamente para evitar una deshidratación grave, el aumento de la concentración de la bacteria puede ser letal. El brusco aumento del cólera y otras enfermedades diarreicas en todo el mundo está relacionado con el aumento de las temperaturas y la sequía.

Enfermedades desatendidas

También es probable que otras enfermedades infecciosas víricas y bacterianas –especialmente prevalentes en África– aumenten con el calentamiento global. Las denominadas “enfermedades olvidadas de la pobreza” incluyen enfermedades parasitarias y víricas transmitidas por vectores, como la fiebre del valle del Rift, la malaria, la filariasis, la esquistosomiasis, el dengue, el chikungunya y la gripe, además de arbovirus, como los diferentes patógenos de la gripe.

El modo en que el cambio climático afectará a las distintas enfermedades transmitidas por vectores variará. Uno de los factores de riesgo son las aguas estancadas y contaminadas.

Cada vez hay más evidencias de la migración de mosquitos a mayores altitudes, que infectan a personas nunca antes expuestas.

Al mismo tiempo, hay cada vez más pruebas del cambio de comportamiento de los vectores y de su resistencia a los insecticidas en algunos entornos, como es el caso de la región de Ifakara, en Tanzania.

¿En qué situación nos encontramos?

Cuando en 1988 se creó el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, disponíamos de una alternativa para frenar el cambio climático y ralentizar el calentamiento global.

La globalización, las políticas nacionales y el capitalismo mundial nos han hecho fracasar y, 35 años después, nos enfrentamos a una crisis inevitable.

Esto no significa que no podamos hacer nada para detener la destrucción de vida en el planeta.

Se necesita un cambio urgente y radical de la forma en que se suministra y utiliza la energía, de la forma en que vivimos y de las condiciones de vida de aquellos que, por las circunstancias de su día a día, están más expuestos a los efectos letales del calentamiento global.


Este artículo ha sido traducido con la colaboración de Casa África. Traducción: Inmaculada Ortiz.


Lenore Manderson, Distinguished Professor, Public Health and Medical Anthropology, University of the Witwatersrand

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.