Un estudio en Reino Unido revela que solo una fracción mínima de los edificios cumple criterios básicos de cercanía y disponibilidad de áreas verdes

Redacción Noticias de la Tierra
La presencia de árboles y espacios verdes en entornos urbanos es un componente clave para la calidad de vida, pero en varias ciudades de Inglaterra ese acceso continúa siendo marcadamente bajo. Un estudio liderado por la Universidad de Leeds evaluó de manera sistemática la disponibilidad real de naturaleza urbana en barrios de Leeds, Bradford, Wakefield, York, Manchester, Stoke-on-Trent y Plymouth, y los resultados dibujan un panorama restrictivo: en el mejor de los casos, solo 2% de los edificios en cualquier región urbana analizada cumple simultáneamente con los tres componentes del criterio utilizado para medir el acceso.
El trabajo se apoyó en un marco de evaluación en tres partes ampliamente reconocido para valorar la proximidad y disponibilidad de árboles y áreas verdes en vecindarios urbanos. Esta metodología permite ir más allá de la simple existencia de parques o arbolado en una ciudad y observar, con mayor precisión, si los residentes pueden acceder a estos espacios de forma efectiva, cercana y funcional. La conclusión general es consistente: incluso en los escenarios más favorables, la proporción de edificios que satisfacen todos los requisitos es mínima, lo que indica una brecha estructural entre la planificación urbana y el acceso cotidiano a la naturaleza.
Un marco de medición que expone carencias persistentes
El estudio aplicó un enfoque tripartito para evaluar el acceso a árboles y zonas verdes, lo que permitió examinar simultáneamente distintos aspectos de la disponibilidad de estos recursos en los barrios. Este tipo de medición evita interpretaciones simplistas basadas únicamente en la cantidad total de áreas verdes dentro de una ciudad y pone el foco en la experiencia real de los residentes: qué tan cerca están los árboles, qué tan accesibles resultan los espacios verdes y si esos elementos forman parte efectiva del entorno cotidiano.
Al analizar siete ciudades inglesas con este marco, los investigadores observaron que el cumplimiento conjunto de los tres criterios es excepcional. En términos prácticos, esto significa que la mayoría de los edificios, y por extensión de los hogares, no cuentan con un acceso adecuado a la combinación de arbolado y áreas verdes que el marco considera deseable. El dato del 2% como techo máximo subraya que el problema no es marginal ni localizado, sino un patrón repetido en distintos contextos urbanos del país.
Resultados consistentes en ciudades con perfiles distintos
Las ciudades incluidas en el análisis presentan realidades urbanas diversas, desde grandes áreas metropolitanas como Manchester hasta núcleos urbanos de menor tamaño como York o Plymouth. Aun así, el patrón de acceso limitado se repite. Esto sugiere que la carencia de árboles y espacios verdes cercanos a los edificios no es un fenómeno aislado de una sola región, sino una tendencia extendida en distintos tipos de tejido urbano en Inglaterra.
El hecho de que ninguna de las regiones evaluadas supere de forma significativa ese umbral del 2% refuerza la idea de que la planificación histórica y las dinámicas de crecimiento urbano han dejado a amplios sectores de la población con opciones reducidas de contacto directo con la naturaleza. La consistencia de los resultados en ciudades con tamaños y funciones diferentes apunta a un desafío estructural más que a problemas puntuales de gestión local.
La distancia entre la presencia de áreas verdes y su acceso real
Uno de los aportes centrales del estudio es mostrar la diferencia entre tener áreas verdes en una ciudad y garantizar que la población pueda acceder a ellas de manera práctica. Una ciudad puede contar con parques, corredores verdes o zonas arboladas, pero si estos espacios no están distribuidos de forma que resulten cercanos y accesibles para la mayoría de los edificios residenciales, su impacto cotidiano se reduce de forma considerable.
El uso del marco de tres componentes hace visible esta brecha. La evaluación no se limita a contabilizar superficies verdes, sino que examina si esas superficies están integradas al tejido urbano de un modo que beneficie efectivamente a los barrios. Los resultados indican que, en la práctica, la mayoría de los residentes vive en entornos donde esa integración es insuficiente, lo que limita el potencial de los árboles y los espacios verdes como elementos de bienestar urbano.
Implicaciones para la planificación urbana en Inglaterra
Los hallazgos plantean preguntas relevantes para la planificación urbana en Inglaterra. Si solo una proporción mínima de los edificios cumple con criterios básicos de acceso a naturaleza urbana, queda en evidencia que los modelos de desarrollo vigentes no han priorizado de forma sistemática la distribución equitativa de árboles y zonas verdes dentro de las ciudades. Esta situación no se explica únicamente por limitaciones de espacio, sino también por decisiones históricas de uso del suelo y por la forma en que se han densificado los entornos urbanos.
El estudio sugiere que mejorar el acceso no pasa solo por crear nuevos parques en la periferia o en zonas específicas, sino por reconfigurar la relación entre el arbolado, los espacios verdes y los barrios residenciales. La integración de estos elementos en el tejido cotidiano de la ciudad aparece como un desafío clave si se busca que el acceso deje de ser una excepción y se convierta en una característica habitual de los entornos urbanos.
Un indicador de desigualdad ambiental en el entorno urbano
La baja proporción de edificios con acceso adecuado también puede leerse como un indicador de desigualdad ambiental dentro de las ciudades. Aunque el estudio no se centra en comparar barrios específicos, el hecho de que el cumplimiento sea tan bajo en todas las regiones analizadas sugiere que amplios sectores de la población enfrentan limitaciones similares en su contacto cotidiano con árboles y espacios verdes.
En términos de políticas urbanas, este tipo de diagnóstico pone de relieve la necesidad de considerar el acceso a la naturaleza como un componente estructural del diseño de ciudades, y no como un añadido opcional. La distribución de áreas verdes y arbolado, cuando es desigual o insuficiente, termina reflejándose en patrones de exclusión ambiental que afectan a grandes segmentos de la población urbana.
Un panorama que invita a repensar el modelo urbano
El trabajo liderado por la Universidad de Leeds ofrece una radiografía clara de la situación en varias ciudades de Inglaterra: el acceso efectivo a árboles y espacios verdes es limitado y, en la mayoría de los casos, no cumple con estándares básicos cuando se evalúa con un marco integral. El hecho de que el mejor resultado posible sea que solo el 2% de los edificios cumpla los tres componentes del criterio subraya la magnitud del desafío.
Para audiencias internacionales, este caso ilustra cómo incluso en países con tradición de planificación urbana y con presencia de parques y áreas verdes, el acceso real y cotidiano puede quedar muy por debajo de lo deseable. La brecha entre la existencia de espacios naturales y su disponibilidad efectiva para la población urbana se presenta como un tema central en el debate sobre el futuro de las ciudades y su relación con el entorno natural.
Referencias
Phys.org: “Access to trees and greenspaces is consistently low across English cities”, estudio liderado por la University of Leeds.
Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.
