El deshielo de Groenlandia pudo liberar metano atrapado bajo el fondo marino


Un estudio internacional publicado en Nature Geoscience advierte que el agua de deshielo puede desestabilizar hidratos de metano en sedimentos submarinos del Ártico.


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Karem Díaz S.

El deshielo de Groenlandia no solo está transformando la superficie visible del Ártico. Un nuevo estudio internacional publicado en Nature Geoscience plantea que el agua procedente del retroceso glaciar también pudo alterar reservas de metano atrapadas bajo el fondo marino, un proceso menos evidente pero relevante para comprender los riesgos climáticos de las regiones polares.

La investigación se centró en la plataforma continental del noroeste de Groenlandia, donde los científicos encontraron evidencias de que el agua de deshielo penetró en sedimentos submarinos y desestabilizó hidratos de metano. Estas estructuras, similares al hielo, almacenan gas bajo condiciones de baja temperatura y alta presión, y forman parte de los grandes depósitos naturales de carbono presentes en márgenes continentales y zonas polares.

El hallazgo añade una capa de complejidad al seguimiento del deshielo de Groenlandia, porque muestra que los cambios no se limitan a glaciares que retroceden, icebergs que se desprenden o nuevas costas que quedan expuestas. También pueden afectar procesos ocultos bajo el lecho oceánico, donde la química del agua y la estabilidad de los sedimentos influyen en la liberación de gases.

Agua de deshielo bajo el fondo marino

Durante años, la degradación de los hidratos de metano se relacionó principalmente con el aumento gradual de la temperatura del océano o con cambios de presión. El nuevo trabajo plantea un mecanismo distinto: el agua dulce procedente del deshielo habría actuado como un agente capaz de modificar rápidamente las condiciones químicas de los sedimentos marinos.

Esa infiltración pudo alterar el equilibrio que mantenía estable el metano atrapado. En lugar de una liberación lenta asociada únicamente al calentamiento oceánico, el estudio describe una vía más rápida, vinculada al paso de agua de deshielo a través de los sedimentos durante fases de retroceso glaciar.

La investigación se apoya en muestras obtenidas durante la Expedición 400 del Programa Internacional de Descubrimiento Oceánico. Los núcleos de sedimento analizados proceden de la zona frente a la bahía de Melville, en Groenlandia, donde los científicos detectaron capas con concentraciones de metano menores de lo esperado.

Señales de fugas antiguas de metano

La reducción de metano en determinadas capas de sedimento no apareció como una simple anomalía. Los investigadores la conectaron con imágenes sísmicas 3D de alta resolución, que permitieron identificar estructuras del fondo marino asociadas a escapes de fluidos y gases.

Entre esas señales aparecen pockmarks, pequeños cráteres formados por la salida violenta de gases o fluidos desde el subsuelo marino. También se observaron rasgos geológicos que apuntan a migraciones rápidas de metano desde capas profundas hacia zonas más superficiales.

El conjunto de evidencias sugiere que durante el último ciclo glacial pudo producirse un episodio de liberación masiva de metano. Para la escala geológica, ese tipo de evento puede ser breve, pero sus implicaciones ayudan a entender cómo responden los depósitos submarinos cuando cambian las condiciones del hielo, del agua y de los sedimentos.

Por qué importa el metano en el clima

El metano es menos abundante que el dióxido de carbono, pero tiene una capacidad de calentamiento mucho más intensa en el corto plazo. El artículo original recuerda que, durante los primeros 20 años después de su emisión, puede atrapar alrededor de 80 veces más calor que el CO₂.

Ese comportamiento explica la atención científica sobre los hidratos de metano. Mientras permanecen encerrados en el fondo marino, no tienen efecto climático directo. Pero si se liberan y alcanzan la atmósfera, pueden reforzar el calentamiento. La relación entre metano oceánico y cambio climático sigue siendo una de las áreas donde la investigación busca distinguir entre riesgos inmediatos, procesos amortiguados por el océano y posibles respuestas abruptas.

El nuevo estudio no afirma que Groenlandia vaya a provocar un evento climático extremo por sí sola. Su aporte principal es demostrar que existen mecanismos capaces de liberar metano con mayor rapidez de la asumida en determinados contextos polares.

El Ártico como zona sensible del planeta

El Ártico se calienta con mayor rapidez que la media global, y Groenlandia pierde hielo en un contexto de aumento sostenido de las temperaturas. Esa pérdida libera grandes volúmenes de agua dulce hacia el océano, cambia condiciones locales de salinidad y puede influir en la química de los sedimentos submarinos.

El problema es que los sistemas polares están conectados. Un cambio en la capa de hielo puede repercutir en el océano, en el fondo marino y en reservas antiguas de gases atrapados. Por eso el hallazgo encaja con otras señales de transformación observadas en el Ártico que se derrite, desde la actividad microbiana hasta la liberación de gases en ambientes fríos.

En ese escenario, el metano no debe verse como un fenómeno aislado. Forma parte de una red de procesos que incluye deshielo, sedimentos, microorganismos, océanos y atmósfera. El estudio ayuda a mostrar que el calentamiento acumulado puede activar respuestas que todavía no están completamente integradas en la percepción pública de la crisis climática.

Impactos ambientales bajo vigilancia

La liberación de metano desde el fondo marino puede tener efectos distintos según la profundidad, la actividad microbiana y la capacidad del océano para oxidar parte del gas antes de que llegue a la atmósfera. Una parte puede transformarse en dióxido de carbono dentro del agua, mientras otra podría escapar si las condiciones lo permiten.

También existen impactos oceánicos. La oxidación del metano consume oxígeno y puede contribuir a cambios químicos en el agua marina. En ecosistemas sensibles, estos procesos pueden afectar organismos bentónicos, especies adaptadas a aguas frías y comunidades que dependen de condiciones estables en el fondo del océano.

El tema se conecta con una preocupación más amplia: las emisiones de metano siguen siendo uno de los grandes factores de presión climática. Aunque muchas fuentes actuales son humanas, los depósitos naturales antiguos pueden convertirse en una variable adicional si el calentamiento modifica los ambientes que los mantienen contenidos.

Herramientas para observar lo que no se ve

Uno de los aspectos centrales del estudio es el uso combinado de núcleos de sedimento, análisis geoquímicos y sísmica 3D. Estas herramientas permiten reconstruir procesos que no son visibles desde la superficie y que pueden haber ocurrido durante fases anteriores de retroceso glaciar.

La vigilancia de regiones polares requiere justamente esa combinación de técnicas. Satélites, sensores submarinos, perforaciones científicas y vehículos autónomos ayudan a identificar cambios en zonas donde el acceso directo es difícil y donde los procesos climáticos pueden avanzar con rapidez.

La pérdida de hielo en el océano Ártico y el retroceso de glaciares en Groenlandia son señales visibles de una transformación mayor. Lo que este trabajo añade es la advertencia sobre una dimensión submarina del deshielo: reservas antiguas de metano que pueden responder a cambios químicos y físicos provocados por el agua que libera el hielo.

Fuente(s) referenciales

EcoInventos – Nuevo estudio descubre que el deshielo de Groenlandia liberó grandes reservas de metano atrapadas bajo el fondo marino