Un hallazgo que reescribe lo que creíamos sobre el comportamiento del magma
Redacción Noticias de la Tierra
La explosividad de un volcán ha sido tradicionalmente explicada a partir de un principio simple: a medida que el magma asciende, la presión disminuye y se forman burbujas de gas; si estas burbujas se acumulan rápidamente, la erupción es violenta. Esta visión ha dominado durante décadas los modelos y sistemas de monitoreo volcánico en todo el mundo. Sin embargo, nueva investigación publicada por especialistas citados por Phys.org plantea que la realidad es mucho más compleja y que el comportamiento interno del magma podría estar gobernado por procesos que ocurren incluso antes de que comience su ascenso hacia la superficie.
Un estudio reciente demuestra que la formación de burbujas no solo depende del descenso de presión durante el ascenso magmático, sino también de interacciones químicas y físicas internas que pueden empezar a ocurrir mientras el magma aún permanece en las profundidades. Este descubrimiento abre la puerta a una reinterpretación de los mecanismos que determinan si una erupción será tranquila o extremadamente explosiva, y podría aportar herramientas valiosas para mejorar la predicción volcánica en zonas de alto riesgo.
Burbujeo profundo: un proceso que comienza antes del ascenso
Durante mucho tiempo, la comunidad científica asumió que la nucleación de burbujas era un fenómeno directamente asociado al ascenso del magma. La lógica era sencilla: la presión disminuye, los gases disueltos en el material fundido escapan y se forman burbujas, lo que alimenta la explosividad. Pero la investigación basada en experimentos y modelajes avanzados muestra que las burbujas pueden empezar a formarse mucho antes, en condiciones de presión elevada.
Estas burbujas profundas pueden permanecer atrapadas en el interior del magma durante períodos prolongados, acumulando energía latente. La posibilidad de que dicho proceso esté ocurriendo de manera silenciosa y previa a cualquier señal superficial implica que un volcán puede estar acercándose a un episodio eruptivo explosivo sin que los sistemas de monitoreo detecten cambios inmediatos en la sismicidad o en la deformación del terreno.
En esta investigación reciente, los científicos demuestran que la interacción entre cristales, temperatura y composición del magma puede favorecer la creación temprana de núcleos de gas. Esta dinámica transforma por completo el entendimiento de los modelos tradicionales y sugiere que un magma aparentemente estable puede estar generando condiciones internas capaces de derivar en una erupción súbita y violenta.
Qué implica esto para la predicción de erupciones
Comprender la formación temprana de burbujas no es solo una curiosidad geológica: tiene consecuencias directas en la seguridad de las poblaciones cercanas a volcanes activos. La mayoría de los sistemas de vigilancia modernos dependen de señales indirectas como:
- Cambios en la sismicidad
- Variaciones en los gases emitidos
- Inflación o deflación de la corteza volcánica
- Aumento de la temperatura superficial
Pero si las burbujas comienzan a formarse en profundidad antes de que se produzcan estas señales, los modelos actuales podrían estar subestimando el riesgo o detectándolo demasiado tarde.
Por esta razón, los investigadores sugieren integrar parámetros adicionales y desarrollar nuevas técnicas capaces de captar señales más sutiles asociadas al comportamiento interno del magma. La evolución química del material, la presencia de cristales y el ritmo de crecimiento de las burbujas podrían convertirse en variables tan importantes como la presión o la temperatura.
El estudio también resalta la necesidad de mejorar los modelos numéricos que describen la dinámica magmática. Con una comprensión más completa de cómo se forman y evolucionan las burbujas antes del ascenso, los especialistas en vulcanología podrán obtener simulaciones más realistas que ayuden a anticipar comportamientos eruptivos inusuales o fuera de patrón.
Una mirada más profunda a la explosividad
La explosividad volcánica depende de tres grandes factores:
- La cantidad de gas disponible.
- El tamaño y la distribución de las burbujas.
- La velocidad con la que estas burbujas pueden escapar o fragmentar el magma.
El nuevo estudio aporta evidencia de que estos factores pueden estar interactuando desde etapas mucho más tempranas de lo que se creía. Saber que las burbujas pueden generarse incluso sin cambios en la presión externa obliga a reconsiderar los modelos clásicos de desgasificación, usados en prácticamente todos los observatorios volcánicos del mundo.
Esto también podría explicar por qué algunas erupciones explosivas ocurren sin señales precursoras claras. Si el magma ya viene “preparado” desde la profundidad con una alta proporción de burbujas atrapadas, basta un estímulo menor —incluso un cambio leve en temperatura o en aporte de nuevo magma— para desencadenar una fragmentación violenta.
Los autores del estudio señalan que una parte importante de su análisis se centró en la evolución temporal de las burbujas, un aspecto que hasta ahora se había estudiado de manera incompleta. Observar no solo cuándo se forman, sino cómo crecen, se agrupan y liberan energía podría ser clave para comprender el ritmo y la intensidad de una erupción.
Hacia una vulcanología más precisa y preventiva
Las implicaciones prácticas de este hallazgo apuntan a la necesidad de revitalizar los métodos de estudio del magma. En lugar de centrarse exclusivamente en señales superficiales o en la dinámica del ascenso, los investigadores sugieren que los modelos deben integrar procesos microscópicos y profundo-subterráneos, los cuales podrían estar moldeando el destino eruptivo de un volcán desde mucho antes de que aparezcan señales visibles.
Para regiones con alta exposición volcánica —como los Andes, el Anillo de Fuego del Pacífico, Indonesia, Japón o el Mediterráneo— este tipo de avances científicos representa una herramienta clave para la reducción de riesgos. Sistemas de alerta temprana más sensibles, capaces de detectar las primeras fases del comportamiento eruptivo, pueden beneficiar no solo a las comunidades locales, sino también a sectores como la agricultura, el transporte aéreo y el turismo.
Conocer mejor cómo se forman y evolucionan las burbujas de gas dentro del magma podría convertirse en uno de los pilares científicos más importantes para anticipar futuros episodios explosivos. El estudio demuestra que la ciencia continúa desafiando sus propias ideas previas y abriendo caminos hacia una comprensión más profunda del planeta.
Una pieza más en el rompecabezas geológico
El hallazgo no cierra el debate, sino que lo amplía. La vulcanología es un campo multidisciplinario donde convergen geofísica, química, mineralogía y modelaje matemático. Los autores subrayan que aún queda mucho por explorar, especialmente sobre la interacción entre cristales, gases y fusión parcial en profundidad.
La presencia temprana de burbujas podría ser solo uno de los mecanismos implicados en la preparación de una erupción. Sin embargo, es un avance crucial que invita a repensar el comportamiento volcánico desde sus etapas más silenciosas. Este descubrimiento reafirma que, para comprender realmente la explosividad, debemos mirar más allá del ascenso magmático y profundizar en los procesos invisibles que actúan bajo nuestros pies.
Referencias
Phys.org. (2025). Volcanoes don’t need to rise to start forming bubbles. https://phys.org/news/2025-11-volcanoes-dont.html
Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.
