El Planetary Health Check 2026 advierte que las siete fronteras ya transgredidas continúan deteriorándose, mientras bosques, océanos y otros sistemas naturales pierden capacidad para amortiguar las presiones humanas
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
La Tierra se encuentra fuera del espacio considerado seguro en siete de los nueve procesos fundamentales utilizados por la ciencia para evaluar la estabilidad y resiliencia del sistema planetario. El Planetary Health Check 2026, elaborado por más de 60 científicos y publicado por el Planetary Boundaries Science Lab del Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático (PIK), concluye además que la presión continúa aumentando en las siete fronteras que ya han sido transgredidas.
La evaluación, publicada el 21 de septiembre de 2026, analiza procesos interconectados que regulan las condiciones ambientales en las que se han desarrollado las sociedades humanas. Los límites rebasados corresponden al cambio climático, la integridad de la biosfera, el cambio del sistema terrestre, el cambio del agua dulce, los flujos biogeoquímicos, las entidades nuevas —que incluyen sustancias químicas sintéticas y otros contaminantes— y la acidificación de los océanos.
Siete indicadores se encuentran fuera del espacio seguro
El marco de los límites planetarios no establece que superar una frontera provoque automáticamente un colapso ambiental. Su función es identificar zonas en las que aumenta el riesgo de alteraciones importantes y potencialmente irreversibles a medida que la presión humana aleja al sistema terrestre de las condiciones relativamente estables que caracterizaron el Holoceno.
La actualización de 2026 señala un elemento especialmente preocupante: las siete fronteras transgredidas registran sus mayores niveles de presión hasta ahora. Solo el agotamiento del ozono estratosférico y la carga de aerosoles atmosféricos permanecen dentro del espacio operativo seguro a escala global, aunque el informe advierte que esta evaluación mundial puede ocultar problemas regionales relacionados con los aerosoles.
La combinación de diferentes presiones es importante porque los procesos planetarios no funcionan de manera independiente. El calentamiento puede debilitar ecosistemas, la pérdida de vegetación modifica los ciclos del agua y del carbono, mientras los cambios oceánicos repercuten sobre organismos esenciales para las redes alimentarias. Investigaciones recientes han mostrado, por ejemplo, que los extremos de calor y acidificación pueden coincidir en los océanos con una frecuencia considerablemente superior a la esperada si ambos fenómenos actuaran de manera independiente.
El cambio climático aumenta la presión sobre otros sistemas
El calentamiento global constituye una de las fronteras transgredidas y, al mismo tiempo, interactúa con otras dimensiones evaluadas. Las temperaturas récord de los océanos, las sequías, las inundaciones, los incendios forestales y los episodios de calor extremo aparecen en el informe como manifestaciones de un sistema terrestre sometido a una presión creciente.
Los ecosistemas pueden absorber parte de esas perturbaciones, pero esa capacidad depende de que conserven su estructura y funcionamiento. Cuando coinciden calentamiento, pérdida de biodiversidad, deforestación, alteraciones hídricas y contaminación, disminuye el margen disponible para responder a nuevas perturbaciones.
Esta interacción también se observa en ecosistemas terrestres especialmente sensibles. Un análisis sobre la evolución de la vegetación tropical advirtió que el cambio climático podría transformar los trópicos en apenas unas décadas, con modificaciones de bosques, sabanas y zonas áridas que obligarían a las especies y ecosistemas a responder a una velocidad excepcional.
Los sumideros naturales de carbono muestran señales de debilitamiento
La edición 2026 dedica especial atención a los sumideros de carbono. Bosques, suelos y océanos retiran una parte importante del dióxido de carbono liberado por las actividades humanas y moderan así el ritmo al que este gas se acumula en la atmósfera. Si esos sistemas pierden eficiencia, una proporción mayor de las emisiones puede permanecer en el aire.
El problema no depende únicamente de cuánto carbono absorben los ecosistemas, sino de la estabilidad de los propios depósitos. Deforestación, incendios, sequías, degradación del suelo y calentamiento pueden disminuir la capacidad de almacenamiento e incluso favorecer la liberación de carbono previamente acumulado.
Un ejemplo reciente procede de África, donde una investigación determinó que la deforestación ha convertido extensas áreas forestales de sumideros en fuentes netas de carbono. El resultado ilustra el tipo de retroalimentación que preocupa a los especialistas: la pérdida de ecosistemas no solo afecta a la biodiversidad, sino también a mecanismos naturales que ayudan a regular el clima.
La Amazonía concentra riesgos para biodiversidad, agua y carbono
El estado de los grandes bosques tropicales ocupa un lugar relevante en esta evaluación debido a las múltiples funciones que desempeñan. La Amazonía almacena carbono, recicla enormes cantidades de agua y alberga una proporción extraordinaria de la biodiversidad terrestre, por lo que su degradación puede afectar simultáneamente varias dimensiones del sistema planetario.
El informe destaca las señales de estrés que experimentan grandes ecosistemas forestales y el riesgo de aproximarse a cambios difíciles de revertir. Incendios, tala, sequías y aumento de temperatura pueden actuar conjuntamente, debilitando la resiliencia del bosque y su capacidad de recuperación.
Una investigación publicada recientemente sobre más de tres millones de hectáreas del estado brasileño de Pará concluyó que proteger los bosques amazónicos existentes ofrece grandes beneficios para la biodiversidad y el almacenamiento de carbono. Evitar incendios y tala selectiva puede conservar funciones ecológicas que no se recuperan inmediatamente mediante la restauración posterior.
La acidificación confirma la presión creciente sobre los océanos
La acidificación oceánica se convirtió en 2025 en el séptimo límite planetario considerado transgredido. El fenómeno está directamente relacionado con la absorción por el océano de una parte del dióxido de carbono generado por las actividades humanas. Cuando ese CO₂ se disuelve en el agua, modifica su química y reduce el pH.
La absorción oceánica de carbono ha amortiguado parte del incremento de CO₂ atmosférico, pero tiene consecuencias químicas para los ecosistemas marinos. Una menor disponibilidad de determinados compuestos de carbonato dificulta la formación de estructuras calcáreas de organismos como corales, moluscos y parte del plancton.
Los efectos pueden alcanzar además procesos vinculados al ciclo global del carbono. Experimentos científicos han encontrado que la acidificación puede reducir la producción primaria de determinados grupos de fitoplancton en aguas tropicales y subtropicales pobres en nutrientes, mostrando cómo una alteración química del océano puede repercutir sobre funciones ecológicas de escala mucho mayor.
El agua dulce también está fuera del límite planetario
El cambio del agua dulce constituye otra de las fronteras transgredidas. Su evaluación no se limita a medir cuánta agua utilizan las sociedades humanas: incorpora alteraciones en los caudales de ríos, la humedad del suelo y otros componentes del ciclo hidrológico que sostienen ecosistemas y actividades humanas.
El Planetary Health Check 2026 incluye evaluaciones a escala de cuenca que permiten observar desviaciones significativas en sistemas fluviales de distintas regiones. El cambio climático, la transformación del territorio, la extracción de agua y otras presiones pueden modificar tanto la disponibilidad como la distribución temporal de este recurso.
Estas transformaciones tienen consecuencias ecológicas y sociales porque los sistemas de agua dulce conectan clima, vegetación, agricultura, energía y abastecimiento humano. La gestión de los recursos hídricos en un contexto de creciente presión climática requiere por ello considerar cuencas, humedales, acuíferos y ecosistemas como componentes interdependientes.
Los límites planetarios interactúan entre sí
Uno de los mensajes centrales de la evaluación es que no resulta suficiente analizar cada frontera de manera aislada. La pérdida de bosque puede reducir el almacenamiento de carbono y alterar las precipitaciones; el calentamiento modifica océanos y ecosistemas terrestres; la contaminación por nutrientes afecta sistemas acuáticos; y la pérdida de biodiversidad disminuye funciones que contribuyen a estabilizar los ciclos naturales.
El informe también dedica atención especial a las denominadas entidades nuevas, una categoría que comprende sustancias y materiales introducidos por la actividad humana, desde compuestos químicos sintéticos hasta determinados plásticos y otros contaminantes. La producción y liberación de estos materiales supera la capacidad disponible para evaluar y controlar adecuadamente sus impactos a escala planetaria.
El marco científico no plantea las nueve fronteras como nueve crisis independientes, sino como partes de un mismo sistema físico, químico y biológico. La pérdida simultánea de resiliencia en varios componentes aumenta la preocupación por cambios abruptos y por la posibilidad de que determinadas alteraciones refuercen otras.
La recuperación de la capa de ozono muestra que la trayectoria puede cambiar
El panorama del informe no es uniforme. El agotamiento del ozono estratosférico constituye uno de los ejemplos de una presión ambiental global cuya trayectoria pudo modificarse mediante acuerdos internacionales y eliminación progresiva de sustancias responsables de destruir la capa de ozono.
El comportamiento de esta frontera demuestra que los indicadores planetarios pueden responder a intervenciones coordinadas. Sin embargo, el desafío actual es más amplio porque siete procesos se encuentran simultáneamente fuera del espacio seguro y todos ellos muestran una presión creciente.
El Planetary Health Check plantea por ello que la protección climática, la conservación y restauración de ecosistemas, el manejo sostenible del agua, la reducción de contaminantes y una utilización más eficiente de nutrientes deben abordarse de manera conjunta. La evaluación de 2026 no describe un único punto de colapso, sino un aumento acumulativo del riesgo a medida que el sistema terrestre se aleja de las condiciones que favorecen su estabilidad y resiliencia.
Fuentes referenciales:
Infobae
Planetary Health Check 2026
Potsdam Institute for Climate Impact Research




