Una anomalía persistente al sur de Groenlandia e Islandia podría alterar corrientes, tormentas y bloqueos atmosféricos que intensifican el calor extremo en Europa
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
La llamada mancha fría del Atlántico Norte vuelve al centro de la ciencia climática europea. Esta región anómala, ubicada al sur de Groenlandia e Islandia, se enfría mientras gran parte de los océanos se calienta, y varios estudios la relacionan con cambios en la circulación oceánica y atmosférica capaces de influir en las olas de calor europeas.
El fenómeno, conocido internacionalmente como cold blob, aparece en los mapas climáticos como una zona azul rodeada por áreas marinas cada vez más cálidas. Su persistencia preocupa porque no representa un enfriamiento aislado, sino una señal vinculada con el comportamiento del Atlántico Norte, la circulación oceánica profunda y el transporte de calor hacia Europa.
Una anomalía en un océano que se calienta
La mancha fría se localiza en el Atlántico subpolar, entre Groenlandia e Islandia. Allí, la temperatura superficial del mar ha descendido hasta cerca de 1 °C respecto de las tendencias previstas, en contraste con el calentamiento general de los mares.
La explicación científica apunta a dos procesos principales. El primero es el debilitamiento de la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico, conocida como AMOC, un sistema que transporta agua cálida desde los trópicos hacia el norte. Cuando ese transporte pierde fuerza, llega menos calor a la región subpolar y el enfriamiento se profundiza.
El segundo factor es el deshielo de Groenlandia. El aporte de agua dulce y fría altera la salinidad y la densidad del océano, modifica la estratificación de la superficie y contribuye a aislar térmicamente esa región marina.
Del océano a la atmósfera
La anomalía no queda confinada al mar. El estudio citado por Infobae describe una cadena de procesos conocida como Mecanismo de Salinidad a Tormentas. El proceso comienza cuando el agua dulce del deshielo se acumula en superficie y forma una capa menos salina y poco profunda.
Durante el invierno, esa capa se enfría con rapidez y refuerza el contraste térmico entre la mancha fría y las aguas circundantes. Esa diferencia puede intensificar tormentas y vientos del oeste, empujando la Corriente del Atlántico Norte hacia latitudes más septentrionales.
En el verano siguiente, el desplazamiento de aguas cálidas puede alterar la corriente en chorro, favorecer bloqueos atmosféricos y permitir la formación de domos de calor sobre Europa. Esa conexión ayuda a explicar por qué el océano puede influir en episodios de olas de calor más intensas en el continente.
Europa bajo bloqueos de calor
La actual temporada europea está marcada por temperaturas extremas, alertas sanitarias y récords en varios países. Francia, España, Bélgica, Reino Unido, Alemania e Italia han emitido advertencias por calor, mientras escuelas, transporte y sistemas energéticos enfrentan presión adicional.
El patrón atmosférico asociado al calor extremo se conoce como bloqueo Omega. En esa configuración, una masa de aire cálido queda rodeada por aire más fresco y avanza lentamente, lo que reduce la ventilación, prolonga las temperaturas elevadas y favorece noches tropicales.
Noticias de la Tierra ha documentado recientemente cómo un domo de calor golpea Europa cuando aire cálido del norte de África queda atrapado bajo altas presiones. La mancha fría del Atlántico añade una pieza oceánica a esa dinámica atmosférica.
La AMOC como señal climática
La AMOC es una de las grandes rutas de redistribución de calor del planeta. Transporta agua cálida y salada desde los trópicos hacia el Atlántico Norte, donde el agua se enfría, aumenta su densidad y se hunde antes de regresar hacia el sur en profundidad.
Cuando esta circulación se debilita, cambia la distribución de calor, salinidad y presión en el Atlántico. Esa alteración puede influir en Europa, el Atlántico Norte, regiones tropicales y sistemas de lluvia. Por eso, la mancha fría ha sido interpretada como una señal relevante dentro del debate sobre el debilitamiento de las corrientes del Atlántico.
También existen estudios que advierten que el Atlántico podría perder parte de la fuerza de sus corrientes durante este siglo, especialmente por el aumento del deshielo en Groenlandia y los cambios de precipitación en el Atlántico Norte. Esos procesos modifican la salinidad del agua superficial y reducen su capacidad de hundirse.
Una clave para anticipar extremos
La persistencia de la mancha fría muestra que el cambio climático no actúa de forma uniforme. Mientras unas regiones oceánicas acumulan calor, otras responden con anomalías que pueden reorganizar vientos, tormentas y bloqueos de presión.
Comprender mejor esa conexión podría mejorar los pronósticos de calor severo con meses de anticipación. El seguimiento satelital, los modelos oceánicos y las observaciones del Atlántico Norte son herramientas esenciales para anticipar episodios de calor extremo en Europa y diseñar estrategias de adaptación.
La mancha fría del Atlántico no explica por sí sola toda la ola de calor europea. El calentamiento global acumulado sigue siendo el factor de fondo que eleva la probabilidad e intensidad de los extremos. Pero esta anomalía oceánica ayuda a entender por qué ciertas configuraciones atmosféricas pueden volverse más persistentes y peligrosas.
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