La circulación del océano podría estar amplificando el deshielo antártico y alterar las proyecciones del nivel del mar hacia 2100
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
La pérdida de hielo en la Antártida podría estar siendo subestimada por los modelos climáticos actuales. Una investigación liderada por Madeleine Youngs, científica de la Universidad de Maryland, plantea que el deshielo no solo añade agua al océano y eleva el nivel del mar, sino que también modifica la propia circulación oceánica que rodea al continente helado.
El estudio, publicado el 15 de mayo de 2026 en Nature Geoscience, identifica una retroalimentación clave: cuando el hielo antártico se derrite, el agua dulce altera la temperatura, la densidad y el movimiento de las masas de agua. Ese cambio puede permitir que corrientes más cálidas lleguen con mayor facilidad a la base de las plataformas de hielo, acelerando el derretimiento desde abajo.
La investigación cobra relevancia porque la circulación oceánica global es uno de los mecanismos que regula el intercambio de calor entre el océano profundo, la atmósfera y las regiones polares. Si esa circulación cambia alrededor de la Antártida, también cambia la forma en que el calor llega al hielo.
Una retroalimentación que puede acelerar el deshielo
El punto central del trabajo es que el deshielo antártico no debe entenderse como un proceso fijo. Youngs y su equipo encontraron que el agua de deshielo puede debilitar una capa fría y densa que normalmente actúa como barrera cerca del fondo oceánico. Esa barrera ayuda a impedir que aguas profundas más cálidas entren en contacto directo con la base de las plataformas de hielo.
Cuando el agua dulce procedente del hielo diluye esa capa fría, la protección se reduce. El resultado es una entrada mayor de agua cálida bajo las plataformas, más fusión basal y, a su vez, más agua dulce en el sistema. Es una cadena de causa y efecto que puede alimentarse a sí misma.
Este mecanismo ayuda a explicar por qué algunos escenarios de deshielo antártico y nivel del mar podrían estar incompletos si tratan la fusión de las plataformas como una variable estática. La investigación sostiene que el hielo y el océano interactúan de forma dinámica, y que esa interacción puede modificar la velocidad real de la pérdida de hielo.
El mar de Weddell aparece como una zona especialmente sensible
El estudio distingue comportamientos regionales dentro de la Antártida. En zonas como el mar de Weddell, la retroalimentación positiva puede intensificar el riesgo. Allí, el aporte de agua dulce desde áreas donde el hielo se derrite aguas arriba puede erosionar la barrera de agua fría y facilitar la llegada de corrientes más cálidas hacia las plataformas.
Ese patrón convierte al océano en un acelerador del proceso. No se trata solamente de una atmósfera más cálida actuando sobre el hielo, sino de una reorganización del océano alrededor del continente antártico. Por eso, la investigación advierte que las proyecciones que no incorporan estas retroalimentaciones pueden quedarse cortas.
El hallazgo se suma a otras señales recientes sobre la fragilidad del sistema polar, incluida la influencia del calentamiento de los océanos en el hielo marino antártico y en las plataformas flotantes que ayudan a contener el flujo de hielo continental hacia el mar.
La Antártida Occidental muestra un comportamiento más complejo
El equipo también encontró que no todas las regiones responden del mismo modo. En la península Antártica Occidental y en el mar de Amundsen, donde se encuentra el glaciar Thwaites, el agua de deshielo transportada desde zonas aguas arriba puede formar una capa fría de agua dulce que, al menos temporalmente, actúa como barrera frente a corrientes oceánicas más cálidas.
Ese efecto negativo puede ofrecer cierta protección de corto plazo en regiones consideradas muy vulnerables. Sin embargo, el propio estudio advierte que esa protección depende de una condición preocupante: que ocurra una gran cantidad de deshielo aguas arriba. Es decir, el aparente alivio local puede estar vinculado a pérdidas severas de hielo en otras partes del sistema antártico.
Esta diferencia regional refuerza una idea clave: la Antártida no responde como un bloque uniforme. Sus plataformas, mares circundantes y corrientes locales generan efectos distintos, por lo que los modelos necesitan representar mejor esas interacciones si se quiere estimar con más precisión el futuro del nivel del mar.
Un punto ciego en los modelos climáticos actuales
Youngs advierte que muchos modelos climáticos usados para orientar políticas internacionales no incorporan esta retroalimentación entre el agua de deshielo y la circulación oceánica. En esos modelos, la fusión de plataformas suele tratarse como una entrada fija, cuando el estudio muestra que puede ser un proceso interactivo capaz de modificar el océano que la rodea.
El trabajo plantea que esta omisión puede tener consecuencias importantes. La investigación señala que estas retroalimentaciones podrían contribuir al aumento del nivel del mar tanto como los efectos directos de una atmósfera más cálida. En escenarios de altas emisiones, el IPCC ha estimado que el derretimiento de la Antártida podría sumar entre 28 y 34 centímetros al nivel del mar para 2100.
Incluso un aumento adicional moderado tendría efectos relevantes sobre zonas costeras bajas, marejadas, inundaciones permanentes y ciudades expuestas. Más de 680 millones de personas viven en áreas costeras bajas vulnerables al aumento del nivel del mar, por lo que ajustar las proyecciones no es un detalle técnico menor.
La investigación también conecta con el debate más amplio sobre las retroalimentaciones climáticas asociadas al deshielo antártico, un proceso en el que pequeñas alteraciones físicas pueden desencadenar respuestas mayores en el sistema hielo-océano.
Simulaciones más precisas hasta 2100
El equipo de Youngs ya trabaja en una nueva fase de simulaciones de mayor resolución. El objetivo es proyectar trayectorias desde el presente hasta el año 2100 incorporando los procesos de retroalimentación entre agua de deshielo, circulación oceánica y fusión basal de plataformas.
La prioridad será identificar qué plataformas de hielo se acercan más a puntos de no retorno y en qué regiones la retroalimentación positiva podría acelerar el proceso con mayor fuerza. La pregunta científica ya no es solo cuánto hielo puede perder la Antártida, sino cuándo, dónde y bajo qué condiciones el océano puede empujar al sistema hacia cambios más rápidos.
Referencias
Phys.org / University of Maryland. “Scientists identify hidden accelerant in Antarctic ice loss”. Publicado el 15 de mayo de 2026. https://phys.org/news/2026-05-scientists-hidden-antarctic-ice-loss.html
