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Panel de control planetario

Panorama Planetario

Actualización: 2 de agosto de 2026
Resumen ejecutivo. El sistema Tierra inicia agosto bajo una combinación de temperaturas superiores a lo habitual, océanos persistentemente cálidos y un episodio de El Niño en fortalecimiento. La señal dominante no es un fenómeno aislado, sino la interacción entre calor acumulado, cambios en las lluvias, sequedad de la vegetación y una atmósfera con concentraciones elevadas de gases de efecto invernadero. Europa mantiene una emergencia relevante por incendios y déficit hídrico, mientras otras regiones deben prepararse para lluvias intensas, olas de calor y alteraciones en la disponibilidad de agua.
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Temperatura global

Calor generalizado y persistente

Las previsiones estacionales mantienen una probabilidad elevada de temperaturas superiores a la media en gran parte del planeta durante agosto, septiembre y octubre. El calentamiento no será uniforme, pero aumenta el riesgo de olas de calor duraderas, noches cálidas y estrés térmico en ciudades, cultivos y ecosistemas.

Señal: alta
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Océanos

El Pacífico reorganiza el clima

El Niño continúa intensificándose y modifica la transferencia de calor entre el océano y la atmósfera. Su evolución puede desplazar corredores de lluvia, favorecer sequías en unas regiones y precipitaciones excesivas en otras. También se vigilan el Atlántico tropical cálido y el desarrollo de un dipolo positivo en el océano Índico.

Vigilancia reforzada
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CO₂ atmosférico

La acumulación continúa

La concentración de dióxido de carbono permanece en niveles históricamente elevados, alrededor del entorno de las 430 partes por millón durante el ciclo estacional de 2026. Aunque el valor diario cambia según el lugar y la estación, la tendencia de fondo sigue siendo ascendente y prolonga el desequilibrio energético del planeta.

Tendencia: ascendente
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Hielo polar

Ártico en plena temporada de deshielo

Agosto es un periodo decisivo para la extensión mínima anual del hielo marino ártico. La fragmentación, el espesor y la distribución regional importan tanto como la superficie total. En la Antártida, la evolución del hielo marino continúa siendo observada por sus conexiones con el océano, los ecosistemas y la circulación atmosférica.

Seguimiento satelital
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Incendios

Emergencia activa en Europa

Francia, España y Grecia mantienen focos y condiciones favorables para la propagación del fuego. El calor, la sequedad de los combustibles vegetales y los vientos fuertes elevan la dificultad de control. El humo añade riesgos para la salud y puede desplazarse mucho más allá de las zonas directamente afectadas.

Riesgo: muy alto
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Sequías

Reservas bajo presión

Partes de Europa, incluida Inglaterra, atraviesan déficits de lluvia y descensos en ríos, suelos y embalses. La presión se extiende a la agricultura, los ecosistemas acuáticos y el abastecimiento. El fortalecimiento de El Niño obliga además a anticipar sequedad estacional en el sudeste asiático, Australia y sectores de África.

Impacto acumulativo
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Tormentas y extremos

Contrastes más intensos

Una atmósfera más cálida puede retener mayor cantidad de vapor de agua, aumentando el potencial de lluvias intensas cuando coinciden humedad, inestabilidad y mecanismos de ascenso. Al mismo tiempo, los bloqueos atmosféricos pueden prolongar calor y sequedad. La preparación debe considerar ambos extremos, incluso dentro de una misma región.

Patrón: variable
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Sistema climático

Teleconexiones en transición

El fortalecimiento de El Niño no determina por sí solo cada evento meteorológico, pero cambia probabilidades a escala regional. Los efectos dependen también del Atlántico, el Índico, la humedad del suelo y la circulación atmosférica. Los servicios meteorológicos nacionales siguen siendo la referencia para alertas de corto plazo.

Incertidumbre regional

📡 Señal planetaria destacada

Un El Niño fuerte se consolida al comenzar agosto. Su acelerada evolución, combinada con el calentamiento antropogénico, puede amplificar anomalías de temperatura y reorganizar las lluvias durante los próximos meses. Esta ventana de anticipación permite reforzar reservas de agua, prevención de incendios, vigilancia agrícola, planes sanitarios frente al calor y sistemas de alerta temprana.

🔭 Perspectiva para los próximos 7–14 días

La atención inmediata se concentra en nuevos episodios de calor, incendios forestales y humo en el Mediterráneo y el oeste europeo; lluvias localmente intensas asociadas al monzón en Asia; y vigilancia ciclónica en las cuencas tropicales del hemisferio norte. La señal estacional favorece temperaturas elevadas, pero los impactos concretos dependerán de la circulación diaria. Conviene consultar avisos oficiales, reducir actividades que puedan iniciar fuegos y mantener planes locales para calor, inundaciones repentinas y deterioro de la calidad del aire.

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Degradación en la Amazonia: una bomba de relojería para la aparición de enfermedades con potencial pandémico

La sequía histórica en la Amazonia ha provocado la sequía de los ríos en la región de Catalão (AM). Cadu Gomes/VPR, CC BY

Hogar de la mayor biodiversidad del planeta, la Amazonia es también una bomba de relojería para la aparición o resurgimiento de enfermedades con potencial pandémico.


Camila M. Romano, Faculdade de Medicina da USP (FMUSP)


Esto se debe a que la degradación medioambiental y la alteración de los paisajes son factores importantes en este proceso, que se agrava durante los periodos de sequía extrema, como el que afecta actualmente a la región.

En la Amazonia en particular, la pavimentación de la BR-319, que une Porto Velho a Manaus, es una fuente importante de preocupación. Las estimaciones más conservadoras prevén que la deforestación en torno a la carretera podría cuadruplicarse en los próximos 25 años, debido principalmente a la especulación del suelo. Esto se agrava por el hecho de que el 90 % de la zona directamente afectada consiste en áreas de bosque virgen.

La deforestación no es una situación estática, sino dinámica e imprevisible, que provoca la fragmentación de los bosques, aumenta el riesgo de incendios y reduce la biodiversidad de las zonas afectadas. La asociación entre la acción humana en la Amazonia –como la pavimentación de la autopista BR-319 y la explotación ilegal de áreas para la minería–, el cambio climático, la migración desorganizada y el desarrollo social precario crea un entorno favorable para que resurjan enfermedades importantes.

Enfermedades conocidas

Este proceso puede darse de diferentes maneras. La degradación de las zonas conservadas, el desvío de los ríos y las sequías extremas, por ejemplo, provocan escasez de agua y alimentos. Y esto supone una amenaza directa de malnutrición, que afecta a la salud de las poblaciones locales, dejándolas más vulnerables a las enfermedades conocidas.

La falta de agua potable y la higiene deficiente en condiciones de sequía también aumentan el riesgo de enfermedades transmitidas por agua y alimentos contaminados, como el cólera y la hepatitis, y virus que causan diarreas graves, como el rotavirus. Para empeorar las cosas, la incidencia de enfermedades asociadas a la mala conservación del pescado, como la rabdomiólisis (enfermedad de la orina negra) –que no es infecciosa–, también aumenta durante las sequías extremas.

El calentamiento global es, asimismo, un factor crítico en este proceso, ya que permite que se expanda la presencia de mosquitos que transmiten enfermedades como la malaria y el dengue. Un aumento de apenas unos grados en la temperatura media del planeta puede permitir a estos vectores colonizar zonas que antes les eran inaccesibles, ya que requieren condiciones de temperatura y humedad relativamente altas. En las regiones donde están presentes, la degradación del medio ambiente puede aumentar o disminuir los periodos de precipitaciones, favoreciendo las inundaciones y el mantenimiento de aguas estancadas, y facilitando su proliferación.

No es sorprendente que las enfermedades transmitidas por vectores sean casos clásicos de brotes debidos al desequilibrio medioambiental. La reciente crisis humanitaria de los yanomami, una tragedia causada por la minería ilegal, el acaparamiento de tierras y la falta de acceso a los servicios sanitarios, es un ejemplo de ello. Además de la contaminación del agua y del medio ambiente por el mercurio, las actividades mineras han creado un entorno favorable para la reproducción y propagación de especies de mosquitos del género Anopheles, transmisor del protozoo que causa la malaria.

Esto se debe a que la excavación de barrancos para la extracción de oro y minerales crea charcos de agua que actúan como criaderos artificiales. Además, la actividad minera aumenta la población humana en estas regiones remotas, lo que facilita la propagación de la malaria. En términos numéricos, mientras que entre 2008-2012 alrededor del 20 % de los casos de malaria se produjeron en territorio yanomami, entre 2018-2022 casi el 50 % de los casos afectaron a esta población.

Y nuevas enfermedades

Pero sin duda, las enfermedades infecciosas, especialmente las zoonóticas (transmitidas de animales a personas), son las más preocupantes. Mientras que algunos patógenos (agentes causantes de enfermedades como virus y bacterias) son capaces de infectar a una o unas pocas especies huésped, otros están más generalizados y pueden, si hay contacto y oportunidad, infectar a una gran variedad de animales. Este tipo de “salto” de un huésped a otro se produce constantemente entre animales en su hábitat natural, por ejemplo, de murciélagos a primates no humanos, pequeños roedores y otros mamíferos. Sin embargo, suele haber un equilibrio en la circulación de estos agentes.

Pero cuando se destruyen los hábitats, por la razón que sea (causada o no por el hombre), las especies locales emigran a zonas más conservadas en busca de alimento y refugio. Y esto puede ocurrir en zonas cercanas a asentamientos humanos, favoreciendo el contacto entre animales salvajes y personas.

Imposible de predecir, pero posible de vigilar

Por desgracia, prevenir las zoonosis no es tarea fácil. Aunque sabemos que estamos cerca de los límites de una crisis sin retorno, no existe ningún método eficaz que pueda predecir cómo, de dónde o cuál será la próxima enfermedad emergente.

Pero es posible vigilarla. Para ello, vigilamos la circulación de virus y bacterias resistentes en muestras de agua, animales y vectores, así como en seres humanos. Animales centinela como murciélagos, roedores y primates se someten a tecnologías de secuenciación de nueva generación para la detección precoz de agentes circulantes que podrían suponer una amenaza para la salud humana.

Sin embargo, sigue sin ser suficiente. Para ser eficaz, la vigilancia debe ser constante y abarcar los ámbitos local y nacional. Aunque Brasil tiene la capacidad y la infraestructura técnica básica para ello, son pocas las acciones que realmente se ponen en práctica. Además de la vigilancia, necesitamos inversiones en métodos de diagnóstico más rápidos y precisos que puedan marcar la diferencia y ayudar a contener, si no la emergencia, la propagación de una posible nueva enfermedad con potencial pandémico como la covid-19.

Camila M. Romano, Pesquisadora, Faculdade de Medicina da USP (FMUSP)

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.