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VIERNES · 06 NOVIEMBRE 2026

🌎 Panorama Planetario

El sistema Tierra mantiene señales de calentamiento oceánico y atmosférico, mientras la variabilidad asociada a El Niño introduce nuevos desafíos para la vigilancia de lluvias, temperaturas y fenómenos extremos.

Este panel reúne los últimos indicadores globales publicados y las señales relevantes para los próximos días. Las cifras mensuales corresponden al período observado indicado y no representan mediciones instantáneas del 6 de noviembre.

🌡️ TEMPERATURA GLOBAL +1,63 °C

Septiembre entre los más cálidos

Copernicus situó septiembre de 2026 como el segundo septiembre más cálido de su registro ERA5. La temperatura media mundial alcanzó 16,27 °C, equivalente a 0,82 °C por encima de la referencia 1991-2020 y 1,63 °C sobre la estimación preindustrial.

La superación de 1,5 °C durante un mes no equivale por sí sola a superar permanentemente el objetivo climático del Acuerdo de París, que se evalúa mediante tendencias de largo plazo.

🌊 OCÉANOS Récord mensual

Persistencia del calor marino

La temperatura superficial media de los océanos extrapolares alcanzó en septiembre el valor más alto registrado para ese mes, según Copernicus. La acumulación de calor oceánico influye sobre la evaporación, los ecosistemas marinos y los intercambios energéticos con la atmósfera.

El comportamiento del Pacífico tropical merece especial atención por el fortalecimiento de El Niño, que puede modificar la distribución de las precipitaciones en regiones alejadas de su origen.

🏭 CO₂ ATMOSFÉRICO Tendencia ascendente

Concentraciones que requieren seguimiento

El dióxido de carbono continúa siendo un indicador fundamental del desequilibrio energético terrestre. Su concentración atmosférica refleja emisiones humanas, absorción oceánica y terrestre y variaciones naturales del ciclo del carbono.

Las estaciones de referencia, como Mauna Loa, permiten observar la evolución de fondo. No se presenta aquí una concentración diaria sin una lectura instrumental confirmada para esta fecha.

🧊 HIELO POLAR −10 %

Extensión ártica de septiembre

La extensión mensual del hielo marino ártico se situó aproximadamente un 10 % por debajo de su promedio de referencia en septiembre. El mínimo estival diario ocupó el decimocuarto puesto entre los menores del registro satelital.

El balance polar exige distinguir el comportamiento del Ártico y la Antártida, cuyos ciclos estacionales son opuestos. La cobertura de hielo marino también debe diferenciarse de la masa de los glaciares continentales.

🔥 INCENDIOS Vigilancia activa

Combustible vegetal y condiciones meteorológicas

La propagación de incendios depende de la humedad de la vegetación, el viento, la temperatura y las fuentes de ignición. Los satélites permiten identificar anomalías térmicas, aunque no todas representan incendios forestales confirmados.

La interpretación del riesgo debe realizarse mediante información regional, porque una señal global no permite establecer el peligro en una localidad concreta. Las autoridades nacionales siguen siendo la referencia para alertas operativas.

🏜️ SEQUÍAS Estrés hídrico

Persisten efectos de la sequedad europea

El último análisis mensual de Copernicus identificó condiciones secas extendidas durante septiembre en sectores occidentales, centrales y orientales de Europa. Algunas zonas de la península ibérica, Francia, Italia y los Balcanes registraron una intensificación respecto de agosto.

La recuperación de los suelos y acuíferos puede requerir más tiempo que un episodio de lluvia. Por ello, conviene evaluar simultáneamente precipitación acumulada, humedad del suelo y almacenamiento de agua.

⛈️ FENÓMENOS EXTREMOS Observación reforzada

Inundaciones y ciclones bajo seguimiento

El registro de activaciones para desastres asociado a la observación terrestre incluye inundaciones en Perú y Bután durante los primeros días de noviembre, además del seguimiento del ciclón Arnab en India iniciado a finales de octubre.

Una activación satelital indica necesidad de información geoespacial para la respuesta, pero no determina por sí misma la magnitud final de los daños ni las cifras de personas afectadas.

🌬️ CIRCULACIÓN PLANETARIA El Niño

El Pacífico condiciona la perspectiva estacional

La actualización estacional de la Organización Meteorológica Mundial para octubre-diciembre de 2026 proyectó un fortalecimiento importante de las condiciones de El Niño.

Este fenómeno altera las interacciones entre océano y atmósfera y modifica probabilidades de lluvia y temperatura en distintas regiones. No determina de manera automática el tiempo meteorológico de cada ciudad ni sustituye las previsiones nacionales.

🔎 Señal planetaria destacada

El calentamiento de la superficie marina y la evolución de El Niño convergen como dos elementos fundamentales de la vigilancia climática. El primero describe el estado térmico del océano; el segundo, una reorganización de la circulación tropical que puede repercutir sobre las lluvias y temperaturas continentales.

Su combinación exige observar tanto los promedios globales como las diferencias regionales. Un océano más cálido puede proporcionar energía y humedad a determinados sistemas atmosféricos, pero la aparición de un episodio extremo depende de múltiples factores adicionales.

📅 Perspectiva del 6 al 20 de noviembre

Durante los próximos 7 a 14 días, la atención científica se concentrará en la evolución de El Niño, las anomalías oceánicas y los sistemas de lluvia intensa en regiones tropicales y subtropicales. La vigilancia de inundaciones continuará apoyándose en pronósticos hidrometeorológicos y observaciones satelitales.

En el hemisferio norte, la transición hacia el invierno aumenta la importancia de los patrones de circulación atmosférica, mientras que en el hemisferio sur se aproxima la temporada cálida. Estas diferencias estacionales impiden aplicar una sola interpretación meteorológica a todo el planeta.

El 9 de noviembre está prevista la presentación de la actualización del Estado del Clima 2026 de la OMM, que permitirá contrastar nuevos indicadores de temperatura, gases de efecto invernadero, océanos, hielo y fenómenos extremos.

Esta perspectiva constituye una orientación de vigilancia y no un pronóstico determinista de episodios meteorológicos específicos.

Fuentes: Copernicus Climate Change Service, boletín de septiembre de 2026; Organización Meteorológica Mundial, perspectiva estacional octubre-diciembre de 2026 y programa COP31; NASA, registro de activaciones para desastres.

Copernicus · OMM · NASA

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Degradación en la Amazonia: una bomba de relojería para la aparición de enfermedades con potencial pandémico

La sequía histórica en la Amazonia ha provocado la sequía de los ríos en la región de Catalão (AM). Cadu Gomes/VPR, CC BY

Hogar de la mayor biodiversidad del planeta, la Amazonia es también una bomba de relojería para la aparición o resurgimiento de enfermedades con potencial pandémico.


Camila M. Romano, Faculdade de Medicina da USP (FMUSP)


Esto se debe a que la degradación medioambiental y la alteración de los paisajes son factores importantes en este proceso, que se agrava durante los periodos de sequía extrema, como el que afecta actualmente a la región.

En la Amazonia en particular, la pavimentación de la BR-319, que une Porto Velho a Manaus, es una fuente importante de preocupación. Las estimaciones más conservadoras prevén que la deforestación en torno a la carretera podría cuadruplicarse en los próximos 25 años, debido principalmente a la especulación del suelo. Esto se agrava por el hecho de que el 90 % de la zona directamente afectada consiste en áreas de bosque virgen.

La deforestación no es una situación estática, sino dinámica e imprevisible, que provoca la fragmentación de los bosques, aumenta el riesgo de incendios y reduce la biodiversidad de las zonas afectadas. La asociación entre la acción humana en la Amazonia –como la pavimentación de la autopista BR-319 y la explotación ilegal de áreas para la minería–, el cambio climático, la migración desorganizada y el desarrollo social precario crea un entorno favorable para que resurjan enfermedades importantes.

Enfermedades conocidas

Este proceso puede darse de diferentes maneras. La degradación de las zonas conservadas, el desvío de los ríos y las sequías extremas, por ejemplo, provocan escasez de agua y alimentos. Y esto supone una amenaza directa de malnutrición, que afecta a la salud de las poblaciones locales, dejándolas más vulnerables a las enfermedades conocidas.

La falta de agua potable y la higiene deficiente en condiciones de sequía también aumentan el riesgo de enfermedades transmitidas por agua y alimentos contaminados, como el cólera y la hepatitis, y virus que causan diarreas graves, como el rotavirus. Para empeorar las cosas, la incidencia de enfermedades asociadas a la mala conservación del pescado, como la rabdomiólisis (enfermedad de la orina negra) –que no es infecciosa–, también aumenta durante las sequías extremas.

El calentamiento global es, asimismo, un factor crítico en este proceso, ya que permite que se expanda la presencia de mosquitos que transmiten enfermedades como la malaria y el dengue. Un aumento de apenas unos grados en la temperatura media del planeta puede permitir a estos vectores colonizar zonas que antes les eran inaccesibles, ya que requieren condiciones de temperatura y humedad relativamente altas. En las regiones donde están presentes, la degradación del medio ambiente puede aumentar o disminuir los periodos de precipitaciones, favoreciendo las inundaciones y el mantenimiento de aguas estancadas, y facilitando su proliferación.

No es sorprendente que las enfermedades transmitidas por vectores sean casos clásicos de brotes debidos al desequilibrio medioambiental. La reciente crisis humanitaria de los yanomami, una tragedia causada por la minería ilegal, el acaparamiento de tierras y la falta de acceso a los servicios sanitarios, es un ejemplo de ello. Además de la contaminación del agua y del medio ambiente por el mercurio, las actividades mineras han creado un entorno favorable para la reproducción y propagación de especies de mosquitos del género Anopheles, transmisor del protozoo que causa la malaria.

Esto se debe a que la excavación de barrancos para la extracción de oro y minerales crea charcos de agua que actúan como criaderos artificiales. Además, la actividad minera aumenta la población humana en estas regiones remotas, lo que facilita la propagación de la malaria. En términos numéricos, mientras que entre 2008-2012 alrededor del 20 % de los casos de malaria se produjeron en territorio yanomami, entre 2018-2022 casi el 50 % de los casos afectaron a esta población.

Y nuevas enfermedades

Pero sin duda, las enfermedades infecciosas, especialmente las zoonóticas (transmitidas de animales a personas), son las más preocupantes. Mientras que algunos patógenos (agentes causantes de enfermedades como virus y bacterias) son capaces de infectar a una o unas pocas especies huésped, otros están más generalizados y pueden, si hay contacto y oportunidad, infectar a una gran variedad de animales. Este tipo de “salto” de un huésped a otro se produce constantemente entre animales en su hábitat natural, por ejemplo, de murciélagos a primates no humanos, pequeños roedores y otros mamíferos. Sin embargo, suele haber un equilibrio en la circulación de estos agentes.

Pero cuando se destruyen los hábitats, por la razón que sea (causada o no por el hombre), las especies locales emigran a zonas más conservadas en busca de alimento y refugio. Y esto puede ocurrir en zonas cercanas a asentamientos humanos, favoreciendo el contacto entre animales salvajes y personas.

Imposible de predecir, pero posible de vigilar

Por desgracia, prevenir las zoonosis no es tarea fácil. Aunque sabemos que estamos cerca de los límites de una crisis sin retorno, no existe ningún método eficaz que pueda predecir cómo, de dónde o cuál será la próxima enfermedad emergente.

Pero es posible vigilarla. Para ello, vigilamos la circulación de virus y bacterias resistentes en muestras de agua, animales y vectores, así como en seres humanos. Animales centinela como murciélagos, roedores y primates se someten a tecnologías de secuenciación de nueva generación para la detección precoz de agentes circulantes que podrían suponer una amenaza para la salud humana.

Sin embargo, sigue sin ser suficiente. Para ser eficaz, la vigilancia debe ser constante y abarcar los ámbitos local y nacional. Aunque Brasil tiene la capacidad y la infraestructura técnica básica para ello, son pocas las acciones que realmente se ponen en práctica. Además de la vigilancia, necesitamos inversiones en métodos de diagnóstico más rápidos y precisos que puedan marcar la diferencia y ayudar a contener, si no la emergencia, la propagación de una posible nueva enfermedad con potencial pandémico como la covid-19.

Camila M. Romano, Pesquisadora, Faculdade de Medicina da USP (FMUSP)

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.