Después del fuego: los incendios forestales pueden contaminar el agua potable durante años


Una revisión de 23 estudios en 28 cuencas advierte que cenizas, sedimentos, metales y químicos contra incendios pueden llegar a ríos, embalses y sistemas de abastecimiento tras las lluvias


Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.

Cuando se habla de incendios forestales, la atención suele concentrarse en las llamas, el humo, las evacuaciones y la pérdida inmediata de vegetación. Sin embargo, una parte crítica del daño puede comenzar después de que el fuego ha pasado. En muchas comunidades, el incendio deja atrás un paisaje desnudo, cubierto de cenizas y restos quemados, donde el suelo queda más expuesto a la erosión y el agua de lluvia puede arrastrar contaminantes hacia ríos, arroyos y embalses.

El problema fue analizado por Qingshi Tu, Loretta Li y Raul de Leon Rabago en un artículo publicado por The Conversation y difundido por Phys.org. Los investigadores revisaron 23 estudios realizados en 28 cuencas para reunir evidencia sobre cómo los contaminantes asociados a incendios forestales afectan las fuentes de agua. Su advertencia central es directa: los impactos del fuego no terminan en el borde del área quemada, porque pueden desplazarse aguas abajo y alcanzar los recursos hídricos que las personas utilizan todos los días.

La preocupación se vuelve especialmente relevante en un contexto de mayor riesgo de incendios forestales, donde las temporadas de fuego más intensas aumentan también la presión sobre la seguridad hídrica. El incendio crea las condiciones iniciales, pero muchas veces es la primera tormenta posterior la que transporta el golpe ambiental hacia las fuentes de agua potable.

La lluvia puede convertir un incendio en un problema de agua

Después de un incendio, los árboles y la vegetación que antes frenaban la lluvia y ayudaban a mantener el suelo en su lugar desaparecen parcial o totalmente. La superficie queda cubierta por cenizas, escombros quemados y material orgánico alterado. Cuando llegan las lluvias, ese material puede ser arrastrado de forma repentina hacia cursos de agua, reservorios y sistemas de abastecimiento.

Uno de los primeros signos de deterioro es la turbidez, es decir, el enturbiamiento del agua por partículas suspendidas. La turbidez alta complica el tratamiento del agua potable, puede obstruir filtros, interferir con procesos de desinfección y obligar a las plantas de tratamiento a trabajar bajo condiciones más difíciles. El problema se agrava cuando una tormenta arrastra grandes cantidades de ceniza, suelo y materia orgánica en un periodo corto.

Los incendios también pueden aumentar la presencia de hidrocarburos aromáticos policíclicos, conocidos como PAH por sus siglas en inglés. Algunos de estos compuestos son cancerígenos o sospechosos de serlo. Muchos pueden adherirse a cenizas, hollín y partículas finas, lo que facilita su desplazamiento por la cuenca cuando se produce escorrentía. Otros, de menor peso molecular, pueden aparecer disueltos en el agua, lo que dificulta su monitoreo y tratamiento.

Cenizas, metales y retardantes llegan a ríos y embalses

La contaminación posterior al fuego no procede de una sola fuente. Además de cenizas y sedimentos, los incendios pueden movilizar metales, materia orgánica disuelta y otros contaminantes hacia lagos, ríos y embalses. En algunos casos, los químicos usados para apagar incendios también pueden afectar la calidad del agua, especialmente cuando contienen fosfatos que añaden demasiados nutrientes a cuerpos de agua.

Ese exceso de nutrientes puede favorecer desequilibrios ecológicos, sobre todo en sistemas acuáticos sensibles. La llegada repentina de grandes cantidades de material quemado puede alterar la química del agua y afectar tanto a comunidades humanas como a especies acuáticas. En investigaciones previas ya se había advertido que las cenizas de incendios forestales pueden modificar ambientes acuáticos y transportar sustancias con impacto ecológico.

No todos los incendios producen el mismo nivel de contaminación. La gravedad depende de la intensidad del fuego, la pendiente del terreno, el tipo de suelo, la vegetación presente, la cercanía de la zona quemada a ríos o embalses y el tiempo que pasa antes de una lluvia fuerte. En muchos casos, el incendio deja preparada la cuenca para la contaminación, pero el evento de lluvia posterior es el que empuja los contaminantes hacia el agua.

Un daño que puede durar mucho más que las llamas

Los investigadores insisten en que la gestión del riesgo no debe limitarse a la emergencia inmediata. Las llamas pueden durar días o semanas, pero los efectos sobre el agua pueden mantenerse durante años. Esto ocurre porque el suelo quemado queda más vulnerable, la vegetación tarda en recuperarse y los sedimentos pueden seguir desplazándose en episodios de lluvia posteriores.

El daño tampoco se limita a la zona quemada. Los contaminantes pueden viajar aguas abajo y afectar comunidades que quizá no estuvieron directamente expuestas al fuego. Por eso, tratar los incendios solo como un problema de evacuación, humo o pérdida forestal deja fuera una dimensión crítica: la protección de las cuencas que abastecen agua potable.

Esta mirada coincide con otras alertas sobre la seguridad del agua tras los incendios forestales, especialmente en territorios donde los sistemas de abastecimiento dependen de cuencas vulnerables. El riesgo aumenta cuando las infraestructuras son antiguas, los recursos financieros son limitados o las comunidades no cuentan con sistemas flexibles de tratamiento.

Preparación contra incendios también significa proteger cuencas

La primera medida propuesta por los autores es reconocer que la protección del agua debe formar parte de la preparación frente a incendios. Los servicios públicos y los gobiernos necesitan identificar qué cuencas son más vulnerables al fuego severo y a la escorrentía posterior. La planificación contra incendios, el manejo de cuencas y la gestión del agua potable suelen abordarse por separado, pero el estudio advierte que esa separación deja vacíos importantes.

El segundo paso es mejorar el monitoreo después de incendios grandes. Las comunidades necesitan información oportuna sobre lo que está entrando a sus fuentes de agua. Sin datos rápidos, los operadores de agua quedan obligados a reaccionar cuando la calidad ya se ha deteriorado. Esto puede retrasar decisiones, aumentar costos y elevar el riesgo para la salud pública.

El tercer punto es reforzar los sistemas de tratamiento, sobre todo en comunidades pequeñas y rurales. Las grandes ciudades suelen contar con más alternativas, mayor capacidad técnica y sistemas de respaldo. En cambio, las comunidades con menos recursos pueden enfrentar interrupciones más largas, menor capacidad de respuesta y mayor exposición a contaminantes.

Un problema ambiental, sanitario y de equidad

La contaminación del agua después de incendios forestales no afecta a todas las comunidades por igual. Los lugares con menos recursos financieros, infraestructura envejecida o capacidad limitada de tratamiento pueden sufrir impactos más prolongados. En esos casos, el incendio no solo deja una huella ambiental, sino también una carga sanitaria y social.

La revisión plantea que la política sobre incendios debe guiarse tanto por la ciencia como por la equidad. Proteger el agua potable después del fuego no es únicamente un asunto ambiental: también involucra salud pública, infraestructura básica y justicia territorial. Las comunidades que dependen de cuencas vulnerables necesitan prevención antes del incendio, monitoreo después del fuego y sistemas capaces de responder cuando la lluvia arrastra contaminantes.

La creciente intensidad de los incendios obliga a ampliar la forma de entender sus consecuencias. El humo afecta el aire, las llamas destruyen vegetación y viviendas, pero el agua puede cargar durante mucho más tiempo con los residuos invisibles del desastre. En un mundo más cálido, la resiliencia frente al fuego dependerá también de proteger los ríos, embalses y sistemas de agua que sostienen la vida cotidiana.

Fuente(s) referenciales

Phys.org: After the flames, wildfires pollute drinking water for years