El monte Kenia ha perdido el 96 % de su superficie helada en 115 años y su casquete podría desaparecer en un plazo de tres a cinco años
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
Los glaciares que todavía cubren las cumbres del monte Kenia, el Kilimanjaro y las montañas Rwenzori se aproximan a su desaparición tras décadas de retroceso acelerado. El informe Estado del Clima en África 2025, publicado por la Organización Meteorológica Mundial, estima que la superficie de hielo del monte Kenia se redujo un 96 % durante los últimos 115 años.
Según el documento, el casquete glaciar de la segunda montaña más alta de África podría dejar de existir dentro de tres a cinco años. La pérdida forma parte de una transformación que afecta las tres principales áreas glaciares de África Oriental: el monte Kenia, el Kilimanjaro, en el norte de Tanzania, y las montañas Rwenzori, situadas entre Uganda y la República Democrática del Congo.
El glaciólogo Rainer Prinz, especialista en las relaciones entre el clima y los glaciares, explica que el retroceso actual se encuentra fuera del rango de las variaciones naturales observadas durante siglos. Las mediciones realizadas en la última década indican que África Oriental perdió entre el 40 % y el 60 % de su superficie glaciar en apenas diez años.
Menos nieve acelera la pérdida de hielo
Los glaciares se forman cuando una parte de la nieve acumulada durante sucesivas temporadas permanece sobre la montaña y termina compactándose hasta convertirse en hielo. Para conservar su masa necesitan recibir suficiente nieve nueva que compense las pérdidas provocadas por la fusión y la sublimación.
Las investigaciones citadas por Prinz señalan que el retroceso iniciado a finales del siglo XIX está relacionado principalmente con una disminución de las nevadas. Cuando falta una cobertura frecuente de nieve fresca, la superficie del glaciar se vuelve más oscura, refleja menos radiación solar y absorbe una mayor cantidad de energía.
La reducción de las precipitaciones sólidas está vinculada con cambios en los patrones de temperatura de la superficie del océano Índico. Estas variaciones influyen sobre el transporte de masas de aire húmedo hacia África Oriental y, por tanto, sobre la cantidad de lluvia y nieve que alcanza las montañas.
El proceso no responde únicamente a un aumento directo de la temperatura sobre las cumbres. El calentamiento global también modifica la circulación oceánica y atmosférica, favoreciendo condiciones regionales más secas. Este comportamiento confirma que la respuesta de la criósfera puede involucrar mecanismos diferentes según el territorio, como también muestran las investigaciones sobre los archivos climáticos conservados en los glaciares alpinos.
La sublimación reduce el aporte de agua a los ríos
A diferencia de grandes sistemas glaciares ubicados en otras regiones, los hielos de África Oriental no funcionan como depósitos decisivos para el abastecimiento de agua. Su tamaño es demasiado reducido y una parte importante del hielo pasa directamente al estado gaseoso mediante la sublimación, sin convertirse primero en agua líquida.
En 2022, los glaciares del monte Kenia cubrían aproximadamente 69.000 metros cuadrados y almacenaban cerca de medio millón de metros cúbicos de hielo. De acuerdo con Prinz, si ese volumen se derritiera y se distribuyera sobre toda la montaña, aportaría una cantidad de agua comparable con la de un único episodio de lluvia.
Los bosques de montaña, y no los pequeños glaciares tropicales, constituyen los principales reguladores hídricos de esta región. Por esa razón, la desaparición del hielo tendrá un efecto limitado sobre los caudales actuales, aunque la reducción de las lluvias, la degradación forestal y los conflictos por la gestión del agua sí representan amenazas climáticas importantes.
Esta diferencia regional resulta relevante frente a otros sistemas montañosos donde el deshielo sostiene ríos, consumo humano o generación eléctrica, como sucede con los cambios del caudal glaciar en las altas montañas de Asia.
Ecosistemas y archivos climáticos desaparecerán con el hielo
La pérdida de los glaciares modificará los ecosistemas de las cumbres. Algunas algas y comunidades de microorganismos especializadas en vivir sobre el hielo perderán su hábitat, mientras que especies procedentes de zonas inferiores podrán avanzar hacia mayores altitudes y ejercer presión sobre los limitados ambientes de alta montaña.
También desaparecerán sitios científicos excepcionales. Los hielos tropicales contienen señales acumuladas sobre las nevadas, la circulación atmosférica y otras condiciones climáticas en una franja de la troposfera situada entre cinco y seis kilómetros de altura, donde las observaciones instrumentales son escasas.
La pérdida de estos registros naturales se observa igualmente en otras regiones. El estudio de la estructura interna del glaciar del monte Ararat ha mostrado el valor del hielo de montaña para reconstruir cambios atmosféricos, episodios volcánicos y actividades humanas del pasado.
La tendencia de África Oriental forma parte de una reducción más amplia de la criósfera. En 2024, las 19 regiones glaciares monitoreadas globalmente registraron una pérdida neta de masa por tercer año consecutivo, de acuerdo con la información sobre el retroceso mundial de los glaciares documentado por la ONU.
Las cumbres conservarán nieve ocasional, pero no hielo permanente
Después de la desaparición de los glaciares todavía podrán producirse nevadas ocasionales sobre las montañas. Sin embargo, esa nieve temporal no formará una cubierta de hielo capaz de mantenerse durante años, por lo que las cumbres dejarán de exhibir de manera permanente el característico paisaje blanco visible desde las tierras bajas.
El cambio podría afectar el turismo y el significado cultural y espiritual que estas montañas poseen para las comunidades de la región. La desaparición del hielo no representa solamente una modificación física del paisaje, sino también la pérdida de un elemento incorporado durante generaciones a tradiciones, relatos y prácticas locales.
En términos físicos, el retroceso podría detenerse si se restablecieran las condiciones necesarias para acumular masa glaciar. Prinz calcula que un incremento aproximado del 40 % en la nieve anual permitiría mantener en equilibrio el hielo del monte Kenia. No obstante, incluso los escenarios climáticos regionales más húmedos proyectan temperaturas demasiado elevadas para conservar nevadas permanentes en estas cumbres.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Organización Meteorológica Mundial: Estado del Clima en África 2025
