El calentamiento global redujo el oxígeno en grandes cuencas fluviales desde 1985, con señales críticas en el Amazonas, el Ganges y otras regiones vulnerables
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Karem Díaz S.
La pérdida de oxígeno en los ríos del mundo se ha convertido en una señal silenciosa pero decisiva del deterioro climático. Un estudio internacional difundido por The Associated Press y retomado por Infobae advierte que las principales cuencas fluviales han perdido en promedio un 2,1 % de oxígeno desde 1985, una reducción que ya afecta a ecosistemas emblemáticos como el Amazonas y el Ganges.
El problema no se limita a una variación química del agua. Cuando el oxígeno disuelto cae por debajo de ciertos niveles, peces, invertebrados y otros organismos acuáticos empiezan a perder capacidad de supervivencia. En los casos más graves aparecen zonas de hipoxia o anoxia, espacios donde la vida acuática queda severamente limitada o directamente no puede sostenerse.
La investigación analizó la evolución del oxígeno en más de 21.000 ríos del planeta desde 1985. Los resultados muestran una tendencia sostenida de desoxigenación fluvial que podría intensificarse durante este siglo si continúa el calentamiento global. El fenómeno se suma a otros procesos ya observados en los ríos que se están calentando y perdiendo oxígeno, una señal que preocupa por su impacto directo sobre la biodiversidad y la calidad del agua.
Por qué el calentamiento reduce el oxígeno del agua
La causa principal es física: el agua más cálida retiene menos oxígeno. A medida que aumentan las temperaturas globales, los ríos pierden capacidad para mantener las concentraciones necesarias para sostener la vida acuática. Esta relación convierte al calentamiento del agua en un factor central de presión sobre los ecosistemas fluviales.
El estudio atribuye cerca del 63 % del problema al calentamiento del agua. Otros factores agravan la situación, entre ellos la contaminación por nutrientes procedentes de fertilizantes y residuos urbanos, además de la construcción de represas y las alteraciones en los flujos naturales de los ríos.
Qi Guan, autor principal del estudio, explicó a The Associated Press que la desoxigenación avanza como un proceso muy lento. Esa lentitud no la hace menos grave: cuando el deterioro se mantiene durante años, los efectos sobre los ecosistemas fluviales pueden volverse cada vez más difíciles de revertir.
Amazonas y Ganges, dos señales de vulnerabilidad
El Amazonas aparece entre las regiones donde el problema ya muestra señales relevantes. La frecuencia anual de puntos críticos de bajo oxígeno aumentó aproximadamente 16 días por década desde 1980. Ese dato revela que no se trata solo de una amenaza futura, sino de un cambio medible en uno de los sistemas fluviales más importantes del planeta.
El Ganges, en India, presentó una pérdida de oxígeno a un ritmo veinte veces superior al promedio global a comienzos de este siglo. La situación es especialmente delicada porque grandes ríos tropicales sostienen biodiversidad, pesca, transporte, agricultura y abastecimiento de agua para millones de personas.
El profesor Marc Bierkens, de la Universidad de Utrecht, citado en el análisis, vinculó este deterioro con el aumento del “estrés por oxígeno” en los ríos. A escala mundial, ese estrés habría crecido en 13 días por década, mientras que la presencia de zonas muertas aumentó en casi tres días por década.
Zonas muertas y pérdida de vida acuática
Las zonas muertas se forman cuando la concentración de oxígeno es tan baja que peces y otros organismos no pueden respirar adecuadamente. En ambientes acuáticos, la hipoxia implica una falta parcial de oxígeno; la anoxia, una ausencia casi total. Ambas condiciones alteran cadenas alimentarias, reducen la biodiversidad y degradan la calidad del agua.
Procesos similares ya se han documentado en la bahía de Chesapeake y el lago Erie, donde la combinación de calor, nutrientes y cambios en la dinámica del agua ha favorecido episodios críticos. En los ríos, la expansión de estas condiciones puede comprometer tanto la vida silvestre como la seguridad de comunidades humanas que dependen de los ecosistemas de agua dulce.
La pérdida de oxígeno también se conecta con una crisis más amplia de las aguas continentales afectadas por actividades humanas. Ríos, lagos y humedales no solo cumplen funciones ecológicas, sino que sostienen pesca, consumo, riego, transporte y equilibrio ambiental.
Un riesgo que puede aumentar hacia fin de siglo
Las proyecciones del estudio indican que, si la tendencia actual continúa, la reducción promedio mundial podría sumar otro 4 % hacia finales de siglo, e incluso llegar al 5 % en algunos casos. Las grandes cuencas de India, Sudamérica y el este de Estados Unidos figuran entre las regiones con mayor riesgo de perder suficiente oxígeno como para generar áreas inviables para la vida acuática.
Este escenario refuerza la necesidad de proteger los sistemas fluviales frente al calentamiento global, la contaminación y las alteraciones del caudal. La gestión de embalses, el control de nutrientes y la reducción de emisiones climáticas aparecen como medidas centrales para evitar que la desoxigenación avance hasta niveles críticos.
La advertencia se suma a otros llamados científicos sobre la necesidad de una mejor protección de ríos y lagos frente al cambio climático. En un planeta más cálido, la disponibilidad de oxígeno en el agua se convierte en un indicador clave para medir la salud de los ecosistemas fluviales.
La crisis también se relaciona con la seguridad hídrica del siglo XXI, porque el deterioro de los ríos afecta tanto a la biodiversidad como a la disponibilidad de agua limpia para las sociedades humanas. La pérdida de oxígeno no se ve a simple vista, pero puede marcar un punto de no retorno para muchas cuencas si no se actúa a tiempo.
Referencias
Infobae. “Punto de no retorno”: por qué la pérdida del oxígeno en los ríos alerta a los expertos. Publicado el 19 de mayo de 2026. Autor: Faustino Cuomo.
