En la Antártida occidental, científicos plantean una infraestructura submarina de gran escala para intentar desacelerar la pérdida de hielo del llamado “glaciar del Juicio Final”
Redacción Noticias de la Tierra
En la Antártida occidental, el acelerado deshielo del glaciar Thwaites ha impulsado una propuesta científica sin precedentes: la construcción de un muro submarino de 80 kilómetros destinado a reducir el contacto del hielo con corrientes de agua cálida que favorecen su debilitamiento. La iniciativa surge como respuesta a la preocupación creciente por la inestabilidad de este glaciar, conocido por su papel crítico en el equilibrio de los mantos de hielo antárticos y por el potencial impacto global que tendría su colapso.
El planteamiento no se presenta como una solución definitiva al problema del calentamiento global, sino como una intervención de ingeniería pensada para ralentizar procesos de pérdida de masa en un punto considerado especialmente vulnerable. En la Antártida, el comportamiento del Thwaites es observado de cerca por la comunidad científica debido a su conexión con otras masas de hielo de la región y a su influencia en la estabilidad de amplias zonas del hielo continental.
El glaciar Thwaites en la Antártida occidental y su papel crítico
El glaciar Thwaites, ubicado en la Antártida occidental, ha sido objeto de atención internacional por su ritmo de retroceso y por la magnitud de hielo que drena hacia el océano. Su dinámica está estrechamente vinculada al intercambio de calor con el agua marina que circula bajo las plataformas de hielo. En este contexto, la intrusión de corrientes de agua relativamente más cálida bajo el frente glaciar contribuye al adelgazamiento de la base del hielo, debilitando su anclaje al lecho marino.
La importancia del Thwaites radica en su función como un “punto de sujeción” del sistema glaciar regional. En la Antártida occidental, varios glaciares están interconectados de manera dinámica, por lo que cambios en uno de ellos pueden tener efectos en cadena sobre otros. La aceleración del deshielo en esta zona ha llevado a considerar al Thwaites como un elemento clave para entender la evolución futura de los mantos de hielo del continente.
En este marco, la propuesta del muro submarino surge como una intervención focalizada en un punto estratégico del sistema. La idea central es interferir en el flujo de agua cálida que llega a la base del glaciar, uno de los factores que más contribuyen a su debilitamiento estructural.
Un muro submarino de 80 kilómetros: la propuesta de ingeniería
La propuesta científica contempla la construcción de una estructura submarina de aproximadamente 80 kilómetros de longitud frente al glaciar Thwaites. Este muro actuaría como una barrera física entre el frente del glaciar y las corrientes de agua más cálida del océano, con el objetivo de reducir la tasa de derretimiento basal del hielo.
La infraestructura se concibe como una intervención de gran escala en un entorno extremo. En la Antártida occidental, las condiciones ambientales —temperaturas extremadamente bajas, presencia de hielo marino y dinámicas oceánicas complejas— plantean desafíos técnicos significativos para cualquier obra de este tipo. El muro debería ser diseñado para resistir presiones del hielo, corrientes marinas y las condiciones propias de un entorno polar.
Desde el punto de vista conceptual, la barrera no busca “detener” el deshielo por completo, sino ganar tiempo frente a un proceso que se considera difícil de revertir con las herramientas disponibles actualmente. La intervención se presenta como una forma de reducir la velocidad de pérdida de hielo en un sector particularmente sensible del sistema antártico.
Objetivo de la intervención: ralentizar el derretimiento del hielo
El propósito central del muro submarino propuesto para el glaciar Thwaites es ralentizar el avance del deshielo en la Antártida occidental. Al disminuir el contacto directo del hielo con aguas más cálidas, los científicos plantean que podría reducirse la erosión de la base del glaciar, uno de los mecanismos que aceleran su inestabilidad.
En la dinámica de los glaciares antárticos, el derretimiento basal juega un papel determinante. Cuando la base del hielo se adelgaza, el glaciar pierde parte de su anclaje al lecho marino y se vuelve más susceptible al retroceso. En este contexto, una barrera que modifique el flujo de agua puede alterar las condiciones térmicas en la interfaz hielo-océano.
La propuesta no se presenta como una alternativa a las políticas de reducción de emisiones o a las estrategias globales frente al cambio climático, sino como una medida puntual de ingeniería frente a un problema localizado. En la Antártida, donde los procesos físicos operan a escalas de tiempo largas pero con consecuencias potencialmente abruptas, la posibilidad de intervenir directamente en un glaciar concreto introduce un debate sobre los límites y alcances de la geoingeniería en entornos naturales extremos.
Retos técnicos y ambientales en la Antártida
La construcción de un muro submarino en la Antártida occidental plantea retos técnicos de gran magnitud. El entorno polar presenta dificultades logísticas evidentes, desde el acceso al área hasta la operación de maquinaria en condiciones de frío extremo y hielo marino persistente. Además, la instalación de una estructura de decenas de kilómetros bajo el agua implicaría un nivel de planificación, recursos y coordinación sin precedentes en la región.
Junto a los desafíos técnicos, la propuesta abre interrogantes sobre los impactos ambientales de una intervención de este tipo en un ecosistema marino polar. La Antártida es un entorno altamente sensible, donde las dinámicas oceánicas, la vida marina y los procesos físicos están interrelacionados. Cualquier modificación artificial del flujo de agua podría tener efectos colaterales en el equilibrio local, lo que convierte la evaluación ambiental en un componente central de la discusión.
El debate en torno al muro submarino refleja una tensión entre la urgencia de actuar frente al deshielo acelerado y la cautela necesaria al intervenir en sistemas naturales complejos. En la Antártida, donde el conocimiento científico sigue ampliándose, propuestas de esta escala obligan a considerar cuidadosamente los riesgos y beneficios potenciales.
Un debate científico sobre intervención directa en glaciares
La idea de construir una infraestructura para proteger un glaciar específico introduce un debate científico y ético sobre el papel de la ingeniería en la gestión de procesos naturales a gran escala. En la Antártida occidental, el glaciar Thwaites se ha convertido en un símbolo de la vulnerabilidad de los sistemas de hielo frente al calentamiento global, y la propuesta del muro submarino refleja hasta qué punto se exploran soluciones fuera de los enfoques tradicionales.
Para algunos sectores de la comunidad científica, la intervención directa puede entenderse como una medida de emergencia destinada a mitigar riesgos inmediatos, mientras se abordan las causas estructurales del deshielo. Para otros, la magnitud de la obra y la incertidumbre sobre sus efectos colaterales plantean dudas sobre su viabilidad y conveniencia.
En cualquier caso, la discusión pone de relieve la complejidad del desafío que enfrenta la Antártida en el contexto del cambio climático. El glaciar Thwaites se sitúa en el centro de este debate como un punto crítico del sistema glaciar, donde las decisiones sobre investigación, monitoreo e intervención adquieren una relevancia global.
Referencias
– AS Ciencia (España): propuesta científica para construir un muro submarino de 80 kilómetros con el fin de frenar el deshielo del glaciar Thwaites en la Antártida occidental.
Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.
