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Panorama Planetario

15 de septiembre de 2026
Resumen ejecutivo: el sistema Tierra mantiene señales simultáneas de calor elevado, océanos anormalmente cálidos y presión hídrica en varias regiones. La evolución de El Niño añade energía y humedad a la circulación atmosférica, pero sus efectos no son uniformes: mientras unas zonas afrontan lluvias intensas, otras registran sequedad, incendios y reducción de reservas de agua. La vigilancia conjunta de atmósfera, océano, hielo y superficie resulta esencial durante la transición hacia el otoño boreal y la primavera austral.
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Temperatura global

La temperatura media mundial continúa en un nivel excepcionalmente alto. El calor acumulado en continentes y mares favorece noches cálidas, estrés térmico y evaporación acelerada. Los registros recientes mantienen a 2026 encaminado a figurar entre los cinco años más cálidos de la serie instrumental.

Señal: calor persistente
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Océanos

Grandes áreas oceánicas conservan temperaturas superficiales superiores a sus referencias estacionales. Este exceso de energía afecta ecosistemas marinos, incrementa el riesgo de olas de calor oceánicas y puede aportar más humedad a tormentas que encuentren condiciones atmosféricas favorables.

Vigilancia: calor marino
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CO₂ atmosférico

La concentración de dióxido de carbono permanece muy por encima del rango preindustrial. Aunque existe un ciclo estacional de absorción y liberación, la tendencia de fondo continúa ascendente por las emisiones humanas y la capacidad limitada de bosques y océanos para retener carbono adicional.

Tendencia: ascendente
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Hielo polar

El hielo marino del Ártico se aproxima a su mínimo estacional, una fase que exige observar extensión, concentración y espesor. En la Antártida, la evolución del hielo marino y de las plataformas flotantes continúa siendo clave para comprender los intercambios entre océano, atmósfera y capas de hielo.

Momento crítico: mínimo ártico
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Incendios

Los combustibles vegetales secos mantienen focos de peligro en sectores del hemisferio norte. Temperaturas altas, baja humedad y viento pueden acelerar la propagación. El humo representa además un riesgo transfronterizo al degradar la calidad del aire lejos del frente de fuego.

Riesgo: propagación rápida
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Sequías

Persisten déficits de humedad del suelo y presión sobre embalses en áreas agrícolas y urbanas. El impacto depende de la duración del déficit, la demanda de agua y la capacidad local de almacenamiento. La lluvia puntual no siempre corrige una sequía acumulada durante meses.

Presión: agua y cultivos
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Tormentas y extremos

Los mares cálidos pueden intensificar lluvias y ciclones cuando coinciden con baja cizalladura y circulación favorable. En zonas continentales, contrastes térmicos marcados elevan el potencial de tormentas severas, inundaciones repentinas, granizo y ráfagas dañinas.

Clave: impactos compuestos
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Atmósfera y aire

Polvo, humo y ozono superficial pueden coincidir con episodios de calor y estabilidad atmosférica. La observación satelital permite seguir grandes penachos, pero las redes terrestres siguen siendo indispensables para determinar concentraciones respiradas por la población.

Atención: calidad del aire
🔎 Señal planetaria destacada: la combinación de océanos cálidos, El Niño y una atmósfera con mayor capacidad para retener vapor de agua amplía el riesgo de extremos opuestos. Una misma configuración climática puede favorecer precipitaciones destructivas en una cuenca y agravar la falta de agua en otra.

Perspectiva para los próximos 7–14 días

Se recomienda vigilar la actividad ciclónica sobre cuencas tropicales, las anomalías de lluvia relacionadas con El Niño y la persistencia de calor y sequedad en zonas vulnerables. En Europa, los cambios de circulación propios del final del verano pueden alternar episodios cálidos con frentes tormentosos. En el hemisferio sur, el avance de la primavera puede reforzar contrastes de temperatura, viento y humedad. La prioridad operativa será atender alertas meteorológicas oficiales y evaluar riesgos combinados de calor, fuego, inundación y mala calidad del aire.
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Los peligrosos efectos del cambio climático en las masas glaciares

La fusión de los glaciares puede dar lugar a avenidas repentinas de agua y escombros. Naveedroy / Shutterstock

En las últimas décadas, el ascenso generalizado de las temperaturas en el planeta y la alteración de las precipitaciones están causando un impacto severo en los glaciares a escala global.


Javier Lillo Ramos, Universidad Rey Juan Carlos


Aunque la pérdida de masa glaciar es crítica en zonas de montaña de latitudes bajas y medias, también puede ser muy acusada en otras regiones en latitudes altas o próximas a los polos.

Los efectos de tal pérdida no solo se traducen en el descenso de las reservas hídricas de agua dulce en las cuencas afectadas por la fusión y regresión glaciar. También pueden aumentar la incidencia de inundaciones o avenidas repentinas y violentas aguas abajo del glaciar.

Hidrología glaciar

El efecto aditivo de la fusión, por una parte, y el descenso de precipitación nival, por otra, está generando la pérdida acelerada de masa glaciar. Y con ello, su regresión y el aumento de la cantidad de agua líquida tanto en el propio glaciar como en los ríos y lagunas próximas alimentados por su deshielo.

Así, se estima que el volumen de agua en lagunas glaciares ha aumentado en casi un 50 % desde 1990.

La fusión no solo genera una mayor presencia de agua líquida que circula sobre la superficie del glaciar en un sistema de cauces y lagunas (drenaje supraglaciar) o que circula en la interfase basal con el lecho rocoso (drenaje subglaciar). También da lugar a la formación de un sistema interior (agua englaciar) muy dinámico, conformado por conductos, sumideros y cavidades interconectados en los que el agua líquida circula y se puede acumular.

Inundaciones por desbordamiento de lagunas

Ambos factores, la mayor cantidad de agua englaciar y subglaciar y la presencia notable de huecos, afectan al comportamiento mecánico del conjunto del glaciar, siendo este más susceptible a la fragmentación y al incremento en la velocidad de desplazamiento.

En estas circunstancias, se favorece una situación en la que se puede desprender por gravedad una porción importante de hielo (en inglés, el fenómeno denominado calving), que invade de manera repentina la laguna que se sitúa cercana al glaciar (laguna proglaciar).

La entrada de un gran volumen de material en la laguna produce su desbordamiento al rebasar la barrera natural (generalmente una morrena frontal que ha dejado el glaciar en su regresión) que la represa.

Este fenómeno catastrófico es conocido como GLOF, siglas en inglés de Glacial Lake Outburst Flood. Los GLOF son avenidas repentinas de agua y escombros que pueden afectar a tramos fluviales situados entre decenas y cientos de kilómetros aguas abajo del lugar donde se produjo. Si allí existen poblaciones, la avenida puede causar grandes pérdidas materiales y de vidas humanas, como ocurrió en la localidad de Huaraz (Perú) el 13 de diciembre de 1941. Aunque condicionado por factores climáticos y geomorfológicos, este fenómeno se ha referido en áreas glaciares de prácticamente todo el mundo.

No todos los GLOF están relacionados exclusivamente con la dinámica de la masa glaciar y el desprendimiento súbito de materiales de este. En ocasiones, especialmente en áreas con una tectónica muy activa como el Himalaya o los Andes, la avenida repentina de agua y materiales puede estar causada por roturas o movilización de los materiales que represan la laguna glaciar o de aquellos situados en las laderas, provocados por terremotos o por otras causas como la fusión de permafrost.

Peligrosidad de avenida en un lago glaciar represado por una morrena. Los posibles desencadenantes son: (A) desprendimiento de bloques del glaciar principal; (B) desprendimientos de hielo en glaciares secundarios laterales; (C) avalanchas de rocas/hielo/nieve en valles laterales; (D) asentamiento o lavado de materiales que represan; (E) fusión del hielo enterrado en la morrena; (F) entrada rápida de agua supra, eng- o subglaciar. A estos desencadenantes, habría que sumar los terremotos. Adaptado de ‘An overview of glacial hazards in the Himalayas’ de Richardson y Reynolds (2000), CC BY-SA

Otros fenómenos de avenidas de origen glaciar

Otro fenómeno también relacionado con la fusión glaciar es la ocurrencia de surgencias violentas del agua contenida en grandes cavidades en el interior del glaciar y que pueden ocasionar repentinas avalanchas de un volumen de material considerable.

Uno de los casos más notables documentados es el del glaciar alpino de Tête Rousse, en el macizo del Mont Blanc. Allí, en 1892 la rotura de una cavidad englaciar liberó 200 000 m³ de agua y hielo, devastando el pueblo de Saint-Gervais-Le Fayet y causando 175 víctimas mortales.

Desde entonces, el glaciar de Tête Rousse es objeto de una monitorización continua para detectar una acumulación excesiva de agua en su interior. Se llevan a cabo bombeos para mitigar el peligro.

Un suceso más reciente, también con consecuencias trágicas (perdieron la vida 11 personas), tuvo lugar en julio de 2022 en el glaciar de la Marmolada, en Dolomitas (Italia). De nuevo, la cantidad de agua de fusión acumulada en las cavidades del glaciar fue el origen del desgajamiento y consiguiente avalancha de una gran porción de la masa glaciar .

¿Qué podemos hacer para mitigar los efectos de estos peligros glaciares?

Con la tendencia climática prevista en las próximas décadas, se multiplicarán los incidentes relacionados con la regresión y fusión de las masas glaciares. La predicción temporal precisa de cuándo ocurrirá, como ocurre con otros fenómenos naturales, es prácticamente imposible.

La monitorización continua en las áreas glaciares, basada en técnicas de observación remota satelital, técnicas geofísicas y en observaciones directas del terreno –tanto relativas a la evolución glaciar actual como al registro de eventos pasados–, permite evaluar el grado de peligrosidad, estimar el potencial material movilizado y prever el alcance de la avenida. Y eso permite realizar cartografías de peligrosidad.

Esta vigilancia no solo sirve para identificar las situaciones o áreas de peligro. También en algunos casos, como el del glaciar de Tête Rousse, donde se extrae el agua acumulada, es posible reducir el nivel de peligrosidad y con ello el riesgo que genera.

Javier Lillo Ramos, Profesor de Geodinámica e investigador en geología y cambio global, Universidad Rey Juan Carlos

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.