Un riesgo creciente para las ciudades que aún no entra en la agenda pública
Redacción Noticias de la Tierra
El ascenso del agua subterránea, impulsado por el cambio climático, se está convirtiendo en un riesgo silencioso para las ciudades costeras del mundo. Según una reciente publicación encabezada por Christopher Russoniello, profesor asistente de geociencias de la Universidad de Rhode Island, este fenómeno está siendo ampliamente subestimado por autoridades y planificadores urbanos, a pesar de sus profundas implicaciones para la infraestructura moderna. Aunque la atención pública suele centrarse en el aumento del nivel del mar, las tormentas o la erosión costera, los científicos advierten que el agua subterránea ascendente puede causar daños igual o incluso más graves, al afectar desde cimientos hasta redes de servicios esenciales.
¿Por qué está subiendo el agua subterránea?
El calentamiento global no solo derrite glaciares y eleva los mares. También altera el equilibrio hídrico de los acuíferos costeros. A medida que el nivel del mar aumenta, empuja hacia arriba las capas de agua subterránea situadas bajo zonas urbanas. Este proceso ocurre incluso sin inundaciones visibles, lo que lo vuelve aún más peligroso. Las ciudades construidas sobre terrenos bajos, rellenados o cercanos a bahías y estuarios, son especialmente vulnerables.
En muchas zonas costeras, las capas freáticas ya se encontraban relativamente cerca de la superficie por razones naturales o históricas. El cambio climático simplemente acelera un proceso de saturación del subsuelo que fuerza al agua ascender lentamente, interactuando con infraestructuras desarrolladas bajo supuestos que ya no se cumplen. Mientras los sistemas urbanos se diseñaron para manejar lluvias, mareas y escorrentías, muy pocas ciudades fueron planificadas pensando en una elevación gradual y permanente del nivel del agua subterránea.
Un enemigo silencioso: corrosión, inundaciones internas y fallos estructurales
El ascenso del agua subterránea tiene impactos que no siempre se perciben de inmediato. Sin embargo, las consecuencias pueden ser devastadoras. Cuando el nivel freático sube, interactúa directamente con tuberías, cables subterráneos, cimientos de edificios, sótanos, túneles, estacionamientos subterráneos y otros elementos críticos.
El principal peligro para la infraestructura es la corrosión acelerada. Materiales como acero, concreto armado y aislamientos eléctricos no están hechos para permanecer sumergidos de manera constante. La exposición continua al agua salina —frecuente en acuíferos costeros— puede debilitar puentes, carreteras, sistemas de drenaje y redes eléctricas. Incluso los cimientos de edificios modernos pueden verse comprometidos, especialmente en zonas desarrolladas sobre rellenos artificiales.
Además, el ascenso del agua subterránea puede generar inundaciones internas, aquellas que no se originan en la superficie, sino desde el subsuelo hacia arriba. Sótanos que se llenan sin lluvia, calles que presentan humedad persistente o sistemas de alcantarillado que retroceden son síntomas que ya se observan en varias ciudades del mundo, pero que aún se interpretan como problemas aislados, no como señales de una tendencia global.
Las ciudades no están preparadas para este desafío
A pesar de la creciente evidencia científica, muchas ciudades costeras no han incorporado el ascenso del agua subterránea en sus planes de adaptación climática. Los autores de la publicación subrayan que la mayoría de los análisis de riesgo se enfocan en inundaciones superficiales y marejadas, ignorando la realidad subterránea. Esto significa que algunos proyectos de resiliencia —como muros marinos o sistemas de bombeo— ofrecen una protección incompleta, pues no abordan el problema desde abajo.
La falta de monitoreo adecuado agrava el problema. En muchas regiones, los niveles freáticos no se miden con la frecuencia necesaria, o los registros son antiguos e insuficientes. Sin datos actualizados, resulta difícil anticipar dónde y cuándo los efectos serán más severos. Y sin esa información, la planificación urbana continúa basada en supuestos que ya no reflejan la realidad climática del siglo XXI.
Impactos en servicios esenciales
El agua subterránea ascendente puede afectar servicios esenciales como electricidad, transporte y saneamiento. Conductos eléctricos pueden cortocircuitarse, estaciones de bombeo pueden fallar y los sistemas de drenaje pluvial pueden saturarse incluso en ausencia de lluvias. El resultado es un colapso potencial en cadena.
Otro punto crítico es el riesgo para los sistemas de aguas residuales. Cuando el agua subterránea se mezcla con estos sistemas, puede provocar desbordamientos, contaminación y problemas de salud pública. En zonas donde las redes son antiguas, el impacto es mayor, pues la infraestructura vieja es más susceptible a infiltraciones y roturas.
¿Qué se puede hacer?
Los expertos llaman a un enfoque integral que combine monitoreo, rediseño urbano y nuevas normas de construcción. Ciudades vulnerables deben considerar:
La instalación de redes modernas de monitoreo freático para medir y anticipar los cambios del nivel subterráneo.
La incorporación del riesgo subterráneo en códigos de edificación y en proyectos de infraestructura, incluyendo nuevos materiales más resistentes a la humedad y a la corrosión.
La planificación de sistemas de drenaje capaces de manejar el agua ascendente, no solo la lluvia.
La reubicación o modernización de infraestructuras críticas en zonas donde el riesgo es irreversible.
Además, los científicos subrayan que es fundamental que este peligro se “visibilice” en la conversación pública. El ascenso del agua subterránea es un fenómeno lento pero constante, y lo que hoy parece un problema menor puede convertirse en una crisis para millones de personas en décadas próximas.
Un llamado urgente desde la ciencia
El trabajo liderado por Russoniello busca precisamente poner este tema en la agenda global. Las ciudades costeras del mundo —desde Estados Unidos hasta Europa, Asia y América Latina— enfrentan un desafío que aún no se discute con la seriedad necesaria. La infraestructura urbana, construida bajo paradigmas del siglo pasado, no está preparada para un futuro en el que el agua subterránea se convierta en un actor decisivo. El riesgo es silencioso, sí, pero no invisible para la ciencia.
Las autoridades, urbanistas y comunidades locales tienen en sus manos la oportunidad de actuar antes de que los daños sean irreversibles. El futuro de muchas ciudades dependerá de que logremos mirar hacia abajo, literalmente, y entender que la adaptación climática no solo se juega en la superficie.
Referencias
Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.
