Comer pescado puede ser beneficioso, pero conlleva un riesgo oculto de exposición a las llamadas «sustancias químicas permanentes». Un nuevo estudio publicado en la revista Science ha revelado que el comercio mundial de productos del mar actúa como un sistema de distribución masivo de sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS), contaminantes industriales que persisten en el medio ambiente durante décadas.
por Paul Arnold , Phys.org
Estos químicos permanentes se utilizan en numerosos productos, desde utensilios de cocina antiadherentes y cosméticos hasta envases de alimentos y espumas ignífugas. Son extremadamente resistentes a la degradación ambiental y se han relacionado con diversas enfermedades graves, como el cáncer y las enfermedades hepáticas.
De los océanos a los platos
Los PFAS pueden viajar largas distancias alrededor del planeta por el aire y el agua. Una vez que llegan al océano, son absorbidos por pequeños organismos en la base de la cadena alimentaria, como el plancton y las algas. Dado que estas sustancias químicas no se descomponen, se acumulan en sus cuerpos, y cuando los peces pequeños las ingieren, las sustancias tóxicas ascienden por la cadena alimentaria. Los grandes peces depredadores, los que terminan en nuestros platos, se alimentan de estas pequeñas criaturas marinas y, como resultado, las concentraciones químicas se acumulan en sus tejidos y órganos.
En su artículo, los investigadores se propusieron mapear cómo se mueven estas sustancias químicas una vez dentro del pez. Construyeron un modelo informático que abarca 212 especies diferentes para rastrear cómo se acumulan las toxinas a lo largo de la cadena alimentaria y lo validaron con pruebas de laboratorio en peces de numerosos países. Posteriormente, el equipo combinó estos datos con registros de comercio mundial para observar cómo el pescado y los PFAS viajan de un país a otro.

Riesgo importado
Uno de los hallazgos más significativos fue que el comercio internacional de pescado actúa como una cinta transportadora global, redistribuyendo PFAS desde regiones contaminadas a consumidores a miles de kilómetros de distancia.
Antes de este estudio, se asumía generalmente que los productos químicos permanentes eran un problema local. Si los ríos y mares de un país estaban limpios, también lo estaban los peces. Sin embargo, un país con agua limpia aún puede estar expuesto a altos niveles de PFAS a través de los mariscos que importa de otras partes del mundo. Por ejemplo, los investigadores descubrieron que los italianos compran solo el 11% de su pescado de Suecia, pero esto representa más del 35% de su exposición a PFAS.
Dado que este problema no respeta fronteras, los investigadores sostienen que se necesita una estrategia global unificada para proteger la salud pública.
Nuestro estudio destaca la urgencia de fortalecer la cooperación y las políticas globales para facilitar la minimización de la exposición humana a los PFAS provenientes del consumo de peces marinos, en particular mediante el avance de directrices pertinentes para el comercio pesquero internacional y un control más estricto de los PFAS de cadena larga.
Hay evidencia de que este enfoque funciona. Los esfuerzos globales para eliminar gradualmente el PFOS (ácido perfluorooctanosulfónico) han ayudado a reducir el riesgo para la salud de esta sustancia química permanente en los peces marinos en un 72 % desde 2009.
Más información: Wenhui Qiu et al., Riesgos de exposición a sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas a través del consumo de pescado marino, Science (2025). DOI: 10.1126/science.adr0351
Jennifer Sun et al., Reevaluación de los riesgos de exposición a PFAS en peces marinos, Science (2025). DOI: 10.1126/science.aed7431
Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.
